2/6/13

Del ‘Nac&Pop’ a la restauración (leyendo desde Gramsci al kirchnerismo)

Fernando Rosso

Existe más o menos un acuerdo generalizado de que en el 2001 hubo, en términos gramscianos, una "crisis orgánica". Una crisis catastrófica de la economía, combinada con una crisis social y política. El fracaso de la "gran empresa" de la convertibilidad que nos llevaría al moderno primer mundo y por la cual hubo que sacrificar hasta las joyas de la abuela, devino en una crisis de representación y una movilización de masas que se convirtieron en  "jornadas revolucionarias".

Siguiendo a Gramsci, los momentos de crisis orgánica y sobre todo cuando existe un "empate catastrófico" entre las fuerzas "progresistas" y "reaccionarias", son propicios para soluciones de fuerza y para diferentes variedades de "cesarismo".

En esto no hacía más que seguir al Marx del 18 Brumario. Incluso planteaba que lo distintivo de los cesarismos-bonapartismos modernos, era que el rol de apoyo que antes cumplía la "soldadesca" o elemento militar (sustancial en los bonapartismos clásicos), ahora podían cumplirlo las asociaciones, sindicatos y partidos, con un papel de control policial sobre el movimiento de masas. Por eso caracterizada al cesarismo moderno como policial, más que militar.

En el mundo moderno, las fuerzas sindicales y políticas, con medios financieros incalculables puestos a disposición de pequeños grupos de ciudadanos, complican el problema. Los funcionarios de los partidos y de los sindicatos económicos pueden ser corrompidos o aterrorizados, sin necesidad de acciones militares en vasta escala, tipo César o 18 Brumario (…) La técnica política moderna ha cambiado por completo luego de 1848, luego de la expansión del parlamentarismo, del régimen de asociación sindical o de partido de la formación de vastas burocracias estatales y "privadas" (político-privadas, de partido y sindicales) y las transformaciones producidas en la organización de la policía en sentido amplio, o sea, no sólo del servicio estatal destinado a la represión de la delincuencia, sino también del conjunto de las fuerzan organizadas del Estado y de los particulares para tutelar el dominio político y económico de las clases dirigentes. En este sentido, partidos "políticos" enteros y otras organizaciones económicas o de otro tipo deben ser considerados organismos de policía política, de carácter preventivo y de investigación (Notas sobre Maquiavelo).

Recortamos a propósito la cita sobre la "fórmula cuarenta-y-oechesca de la revolución permanente", que es parte de una lectura equivocada de Gramsci sobre la teoría de la revolución de Trotsky).

Este costado del pensamiento gramsciano es poco considerado por muchos de sus presuntos seguidores criollos, que pretenden ver en el peronismo al partido de la transformación, más que al partido de la contención y en la burocracia sindical a los genuinos representantes naturales de los trabajadores, más que a la policía interna del movimiento obrero.

Pero volviendo a la cuestión del cesarismo, Gramsci también planteaba que podía darse un "cesarismo" sin un Cesar o una gran personalidad "carismática", ya que el concepto de "cesarismo" es una fórmula "polémico-ideológica", no un canon y que "Todo gobierno de coalición es un grado inicial de cesarismo, que puede o no desarrollarse hasta los grados más significativos". Para caracterizar históricamente al "cesarismo-bonapartismo", para saber si se estaba frente a Cesar o Napoleón I o frente Bismarck o Napoleón III "Se trata de ver si en la dialéctica revolución-restauración es el elemento revolución o el elemento restauración el que prevalece, ya que es cierto que en el movimiento histórico jamás se vuelve atrás y no existen restauraciones in toto". Por último explicando la mecánica política de los cesarismos, Gramsci plantea:

"El cesarismo es progresista cuando su intervención ayuda a las fuerzas progresivas a triunfar aunque sea con ciertos compromisos y temperamentos limitativos de la victoria, es regresivo cuando su intervención ayuda a triunfar a las fuerzas regresivas, también en este caso con ciertos compromisos y limitaciones, los cuales, sin embargo, tienen un valor, una importancia y un significado diferente que en el caso anterior".

Las coaliciones o "cesarismos" (en el sentido polémico-ideológico), que muchas veces se imponen como salidas a los momentos de crisis orgánica, tienen una gran base en la debilidad de la fuerzas "progresistas" en el sentido histórico. En el 2001 argentino, tanto el partido proletario en el sentido amplio de Marx, es decir la dinámica de la propia clase obrera en tanto potencia de partido político, así como el partido en sentido coyuntural (la izquierda marxista realmente existente) eran débiles para dar una salida "progresista" (es decir revolucionaria). Las derrotas de la clase obrera bajo el "neoliberalismo" y el rol de policía interna de la burocracia sindical peronista, fueron elementos limitantes para que el 2001 no se convierta en un "argentinazo" y mucho menos en una revolución. La situación económica internacional y la medida "económico-política" de la devaluación, sacaron del medio el elemento catastrófico de la economía.

La "etapa superior del kirchnerismo", es decir el cristinismo y su coalición al haber desarrollado el fenómeno político hasta su madurez, permite ver más claramente el rol cumplido en sus fases anteriores ("en el hombre hay una clave para la anatomía del mono", Marx).

Es evidente el rol restaurador de la coalición gobernante, hoy con elementos de "bonapartismo fiscal". Tuvo su primera fase ("kirchnerista pura") donde la propia burguesía tuvo que aceptar "compromisos y limitaciones" para ocultar el elemento restaurador: paritarias, discurso "setentista", de "no represión" a la protesta social, demagogia en DDHH, ocultamiento de los impresentables del peronismo; y la nueva fase ("cristinista") donde se propone realizar la restauración hasta el final: perdida de peso y poder de los sindicatos y ataque a la izquierda sindical clasista en particular, discurso contra los piquetes, alianza más fuerte con los empresarios, Buodou como la "gran figura" del "nueva" coalición, apoyo abierto en y al aparato pejotista.

Tanto en el terreno de las relaciones económicas y sociales, como en el régimen político donde donde vuelve al centro el pejotismo y personajes como Scioli o Boudou o De la Sota, "recuperados"; como últimamente en el discurso, el kirchnerismo muestra su carácter restaurador.

Cuando la crisis mundial amenaza con posibles nuevas crisis orgánicas y cuando se cae a pedazos el relato del peligro de la derecha y la "restauración conservadora", hay que prepararse para saber aprovechar las nuevas coyunturas estratégicas, ya que el éxito o fracaso de esa empresa política, en su fase abiertamente restauradora depende de la relación de fuerzas y de la lucha viva.

Desde ya que el uso de las metáforas y comparaciones históricas tiene muchos límites, los elementos "nac&pop" (los reales y los del relato), así como los de "restauración", tienen una relación directamente proporcional a las potencialidades y límites de la crisis y las jornadas del 2001. Pero consideramos que esta lectura es mucho más acorde al profundo pensamiento de Gramsci, que la que hacen muchos de los que se creen sus más fieles seguidores.