2/5/13

Tinaquillo / Breve noticia acerca de los orígenes del nombre y la fundación del burgo

Vista de Tinaquillo, Edo. Cojedes
Julio Rafael Silva Sánchez

Los avatares de un vocablo indígena

Especial para Gramscimanía
Señala Arístides Rojas, en su obra Estudios indígenas: contribución a la historia antigua de Venezuela (1878, 1941, 1944), que los radicales del agua en las lenguas aborígenes americanas tienen un significado especial en la denominación de sitios y lugares. Así por ejemplo: el radical “tuna”, significa “río”, “agua”, en lengua caribe. Entre los cumanagotos “tuna-yechemar” significa “río” y “tunayar”, “ribera”. El mismo autor señala que “...el radical “tuna” tiene su origen en la nación movina, de la familia de los moxos, al este de los Andes peruanos; entre los moxos, el radical es “tuoni”, igual agua.” (Rojas: 1944,107-109)

Siguiendo con los vocablos caribes, “tunapuy” hace mención a un río que nace en las serranías de Upata; “tunapuirer” significa “agua fétida”. En el territorio del hoy estado Cojedes existe un río que se conoce con el nombre de Tinapui, en cuyas márgenes habitaban grupos indígenas pertenecientes a la familia Caribe. En el sitio de Tinaco encontramos también la palabra “tinatepo”, que designa a una hermosa montaña de aspecto cómico, situada cerca de la montaña denominada Tiramuto, como es conocida hoy, pero que pudo haber sido denominada así ya desde la  época del dominio Caribe.

No resulta extraño, entonces, que algunos lugares y pueblos fundados en esta región llevaran nombres alusivos a los accidentes geográficos, como ríos o montañas. De modo que los conquistadores (adelantados, encomenderos o evangelizadores) usaron como patronímicos -para bien de nuestros orígenes étnicos y lingüísticos- estos vocablos indígenas. Entonces, “tinapui”, “tinatepo”, “tiramuto”, “tinaco” y “tinaquillo” son vocablos indígenas y también son señales o fonemas que los pobladores españoles continuaron usando, aunque algunas de estas voces fueran posteriormente españolizadas.
                                  
No creemos - y en esto coincidimos con lo que plantea José Ramón López Gómez en su obra Fundaciones  de  pueblos  en  Cojedes (siglos XVII-XVIII) (2001) - que el vocablo “tinaco” y, por ende, el diminutivo “tinaquillo”, tengan su origen (como piensan algunos) en la simple denominación de “recipiente para contener líquido”, que con el nombre de “tinaco” aparece en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Por el contrario, todo parece indicar que el nombre de Tinaquillo, al igual que el de Tinaco, derivan del radical caribe “tuna”, que, a su vez, pudiera provenir del radical moxo “tuoni”: “agua”.

Los primeros viajeros europeos: huella, simiente y poblamiento

Nicolás Federmann 
Estas raíces lingüística parecerían confirmar la sospecha de que en  nuestra más antigua conformación antropológica está la estirpe de Nicolás Federmann, suscitada en la obra de Pedro Manuel Arcaya, Narración del Primer Viaje de Federmann a Venezuela (1916) (versión en español de la obra en francés aparecida en la colección de Voyages, relations et memories originaux pour servir à l´histoire de la dècouverte de l´Amérique, editada en Paris, en 1837, por M. Henri Ternaux). Allí se dice que Federmann, al realizar su exploración por tierras venezolanas entre 1530 y 1531, y luego de adelantarse por territorios de los caquetíos, xideharas, ayamanes, cayones, xaguas, llega (el día 15 de diciembre de 1530) “...hasta un gran pueblo o aldea de la nación cuyba, llamado Hacarygua, situado al lado de un gran río con una anchura de casi dos tiros de arcabuz.” En ese sentido, Marco-Aurelio Vila, en su ensayo El primer viaje de Nicolás Federmann visto por la geografía (1960), anota que:
...La Hacarygua de Federmann estaba situada, pues, sobre el propio río Cojedes, Coahery,  tal vez en la confluencia de alguno de sus tributarios derechos, probablemente en el lugar donde comienza el “Río Viejo”, antiguo lecho del mismo río, donde se encuentra el actual pueblo de Cojedes. (Vila: 1960, 140)

Es a partir de este sitio desde donde Federmann comienza a penetrar en el territorio de lo que es hoy el estado Cojedes. De allí, el alemán cruzará el río Coahery, llega a los cerros de El Baúl, sube la “galera” de El Pao y, antes de descender hasta El Tinaco, el viajero observa:
...no pudimos darnos cuenta de si esta agua constituía un gran lago y laguna, pues estaba cubierta de niebla, como sucede ordinariamente en las regiones húmedas y pantanosas, sobre todo por la mañana temprano, como entonces... (Vila: 1960, 141)

Al sur de la “galera” donde debió subirse Federmann está Libertad, antiguamente denominada Lagunitas, antiguo nombre que indicaba las características hidrográficas del sector. Estas Lagunitas cubiertas por la niebla matutina pudieron hacer creer que se trataba de un gran espejo de agua. Es, pues, innegable la presencia de Nicolás Federmann en tierras cojedeñas y su influencia como elemento poblador. Es absolutamente probable que su huella llegase hasta las riberas del río Tinapuy, en el origen más remoto de nuestro gentilicio.

También es de interés el conjunto de descripciones que hace el comerciante florentino Galeotto Cei, en su obra Viaje y descripción de las Indias 1539-1553 (1995), quien estuvo viajando por estas tierras durante 14 años, a partir de 1539. Dejará Cei testimonio acerca de costumbres y actividades de los pobladores de estas tierras llaneras: …duermen estos indios en ciertas telas o redes, colgadas al aire. Llaman a estas telas o redes amacas (Cei, 1995: 107). O describe maravillado el entorno:
…hacen aquí las más bellas y amenas noches del mundo, con un fresco templado que bastan para atemperar el fuego del día (…) Las noches son muy serenas, sin una nube, en cambio de día, nunca he visto en parte alguna cielo sin nubes, pocas o muchas, desde que se levanta el sol hasta ponerse. (Cei. 1995: 47)

Según el Diccionario Geográfico-Histórico de las Indias Occidentales ó América (1786),  “...Tinaquillo es una población perteneciente al nuevo reino de Granada sitiado a las orillas y cabeceras del río “Coxedes”, al sur de la ciudad de Valencia.” (Diccionario Geográfico: 1786, 71). Este pueblo aparentemente no tiene partida de nacimiento exacta: no hay ningún documento, edicto o acta de fundación que nos haga pensar lo contrario. Tampoco fue creado como pueblo de Indias, ni como misión. Por tanto, cobra cada vez más sentido la idea de que este pueblo se fue formando alrededor de vecinos que juntaron sus casas y sus solares, para formar un poblado, durante las últimas décadas del siglo XVII, criterio compartido por el antropólogo Argenis Agüero, en Tinaquillo no tiene fecha de fundado: surgió por formación espontánea, nota de prensa publicada en el diario LA OPINIÓN DE COJEDES (25 de abril de 2004), quien afirma:
...Tinaquillo no tiene fecha de fundado, puesto que surgió por formación espontánea. Los únicos datos que se conocen son los escritos que forman parte del testimonio que han dado a través del tiempo los sacerdotes o religiosos, de que los pueblos de Cojedes que sí fueron fundados son San Carlos, Lagunitas y El Baúl (...) Tales escritos se remontan al mes de marzo de 1630, cuando un conquistador de nombre Antonio Luis Reyes, venido de Nirgua, recibe una merced de tierra por parte del Gobernador y Capitán de Venezuela Juan Meneses y Padilla, en nombre del Rey de España, para instaurar allí (sic) dos hatos de cría y labor de 18 fanegadas cada uno, o sea 35 hectáreas cada pedazo o parcela. (Agüero: 2004, 5)

Sin embargo, la primera mención sobre el burgo, según testimonio de María Cristina  González de Bocaney (1969), se remonta al año de 1680, cuando, por mandato de Fray Luis de Salaverría, se funda un pueblo intermedio entre San Carlos y Valencia, al cual llamó “Nuestra Señora del Tinaquito”.  Otros datos refieren que, según el Archivo Nacional, Tinaquillo fue fundado por colonos que en 1705 vinieron del cantón del Pao a establecerse en estas tierras, lo cual es posible, por cuanto para 1661, Fray Pedro de Berja, en tierras del río Pao, donde solo había unos  “...hatos de ganado de los Señores Tabares, funda un pueblo con 160 indios Guamos de ambos sexos...” (como lo indica el Misionero Buenaventura de Carrocera, en la obra Misión de los capuchinos en los Llanos de Caracas (1972).

Para 1666, Fray Plácido de Belicena, había fundado, con más de cuatrocientos indios gentiles, un poblado en el sitio de Paraima, el cual estaba cercano al río del Pao. Este fraile, quien había realizado una encomiable labor fundacional fue salvajemente asesinado por aquellos a quienes había querido favorecer, convirtiéndose así en el primer religioso mártir en estas tierras. En sucesivas campañas, entre 1666 y 1667, Fray Pedro de Berja y Fray Pedro de Marchena fundan nuevos pueblos de indios sobre dicho río Pao, los cuales tuvieron vida escasa, inestabilidad que pudo haber desplazado gente hacia el sitio que hoy ocupa Tinaquillo, el cual aparentaba ser más tranquilo.

Para estas fechas existían en estas regiones varias naciones indígenas: aracuaymas, otomacos, amaibas, guaramaos, caquetíos o guamos, achaguas o taparitas, mapoyes, guamonteyes y los belicosos guaiquires (o guaycaríes). El Obispo Mariano Martí (en su visita pastoral de 1781), nos habla de los pueblos tamanos, güires y yaruros, y afirma que “...usaban lanzas y flechas y tenían un gobernador o cacique general, como los guayones de Acarigua.”  (Herrero Fuentes: 1978, 45).

Se menciona también a Tinaquillo en 1721, cuando Pedro José de Olavarriaga, en su obra Instrucción General y Particular del Estado Presente de la Provincia de Venezuela en los años de 1720 y 1721, afirma que: “...la Villa de San Carlos se alimenta necesariamente de la contribución que Tinaquillo aportaba a la economía regional (...) con su ganado vacuno y sus muy buenos quesos.” (De Olavarriaga: 1721, 46)

Hay otra mención del “sitio de Tinaquillo”, el 12 de septiembre de 1741, en la relación que sobre el viaje de Don Miguel de Santiesteban por estas tierras (desde Lima hasta Caracas), hace Antonio Arellano Moreno, en sus Documentos para Historia Económica de la Época Colonial, de 1970.  Por otra parte, José Carrillo Moreno, en Matías Salazar-Historia Venezolana (1954), afirmaría que ya para 1760 existía el pueblo de Tinaquillo “...con antigüedad de por lo menos 20 años.” (Carrillo Moreno: 1954, 39)

En el año 1759,  Fray Phelipe de Marchena escribe al Señor Gobernador y Capitán General de la Provincia, que se le había nombrado el calidad de cura del pueblo de Tinaquillo (registrado en el Archivo Arquidiocesano, Sección Parroquias, San Carlos), que para aquel entonces tenía 250 almas:
..sin concurrencia a doctrina cristiana ni instrucción política cristiana (...) en tal razón solicito el auxilio real y el apoyo necesario para que los indios y vecinos dispersos de aquel parage sean traídos y reducidos a población devajo de aquella campana donde puedan ser instruidos política y cristianamente, a cuyo logro aplicaré todo mi cuidado por los medios conducentes hasta que queden fundados y poblados. (De Marchena: 1759, 62)

Por otra parte, Monseñor Gregorio Adam, Obispo de la Diócesis de Valencia, en su obra La ciudad de Nuestra Señora del Socorro de Tinaquillo (1950), escribe que: “...un día 27 de Febrero (de 1769)...se administró en primer bautizo, por el cura de San Carlos de Austria, que rema más de siete leguas, para celebrar aquí en Tinaquillo el sacrificio de la misa, predicar a Jesucristo y santificar los hogares.”  (Adam: 1950,13)

La visita pastoral del Obispo Mariano Martí

El día 27 de febrero de 1781 (y hasta el 2 de marzo), el Obispo Mariano Martí dispensa visita pastoral al  pueblo de Tinaquillo. El Ilustre Prelado, citado por Hugo Gómez Canedo, en Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela (1969), nos describe así su visita:
...pasamos el sitio llamado de Chirgua, que da el nombre a este sitio, en donde hay casas. Pero una o dos leguas antes de llegar a este pueblo es todo llano. Unas seis cuadras antes de llegar (...) pasamos un río pequeño llamado Tinaquillo. La iglesia es de una sola nave (...) el ministro de esta iglesia es el Padre Fray Simón Fernández de Lemus, religioso dominico de la provincia Dominicana de Islas Canarias, natural de la Isla de Tenerife, de edad de 39 años (...) me dize este religioso que muchos de estos vecinos tienen trapiches aunque cortos, unos los tienen de caballos, otros de mano donde hacen papelones y también aguardientes (...) Acá se coge maíz, yuca, plátanos, arroz, algodón y algunas legumbres y todo cuanto se siembra (...) y si no cogen más frutos, es también a causa porque no tiene salida, ni hay comercio; y los únicos o casi únicos reales que corren en este pueblo son los quarenta o cinquenta pesos mensuales que se dan a los oficiales de una Compañía de Pardos Milicianos agregados pertenecientes al Regimiento o Batallón de la Ciudad de Valencia.  (Se respeta la grafía original: Nota del Autor). (Gómez Canedo: 1969, 47)

Otro dato interesante señalado en esta visita del Obispo Martí es que en Tinaquilllo:
...había una escuela, la cual era tenida por tres mujeres, una casada y las otras dos solteras viviendo con sus padres y madres (...) enseñaban a los niños y a las niñas la Doctrina Christiana, a leer y a escribir a unos diez muchachos y a uno de ellos le enseñaban gramática (...) la incipiente población estaba compuesta por 191 indios, 14 blancos y 41 esclavos, lo que sumaban unas 847 personas agrupadas en 81 casas que constituían un número de 80 familias, las cuales se ocupaban del cultivo del café y otros frutos menores, así como también del pastoreo de los pequeños rebaños existentes. (Gómez Canedo: 1969, 52)

El Obispo Mariano Martí también nos dejó sus anotaciones precisas sobre estos primeros habitantes, su ubicación social y sus apellidos. En tal sentido, escribe:
...Víctor Guevara, mulato, soltero, vive mal con Juana Victoria Monagas, mulata libre, casada con Pedro Boscán, mulato, ausente sin saberse su paradero (...) Laurencio, esclavo del clérigo sacerdote don Luis Dias, de Valencia, vive mal con Petrona Alvarado, viuda mulata, en el Tinaquillo. (Martí: 2004, CD Rom) 

Nos parece oportuno incluir la matrícula o padrón de todos los habitantes de Tinaquillo, elaborado por el Obispo Mariano Martí “...conforme al método, é individualidad mandada observar por orden circular novísima, con advertencia de que en la distinción de Clases van colocados los mestizos en la de los Blancos y los Zambos en la de los Negros...”:

Clases
Hombres Casados
Hombres Solteros
Mugeres Casadas
Mugeres Solteras
Parvulos
Parvulas
Indios
2
1
2
2
5
2
Blancos
37
37
32
40
20
25
Mulatos
79
130
84
131
91
86
Negros
...
...
...
...
...
...
Negros y Mulatos
...
13
...
15
7
6
Total general de todas las personas
                          847
Cuadro 1  Fuente: Visita del Obispo Mariano Martí a la región histórica del estado Cojedes en el año 1779.

Los primeros apellidos censados por el Obispo Martí en Tinaquillo y los cuales serán el germen de las familias pueblerinas, son: Alvarado, Álvarez, Arias, Arocha, Arroyo, Ávila, Báez, Betancourt, Blanco, Bocanegra, Boscán, Cabrera, Carballo, Castillo, Carvajal, Chávez, Chirivella, Clavo, Colmenares, Dias,  Domínguez, Figueredo, Franco, García, Gómez, González, Guevara, Hernández, Herrera, Hurtado, Landaeta, López, Losada, Machado, Matute, Méndez, Mendoza, Mercado, Monagas, Moreno, Montenegro, Ochoa, Pérez, Pinto, Quiñónez, Ramos, Reyes, Rincones, Rivas, Rodríguez, Salazar, Sánchez, Sanoja, Silva, Sucre, Torres, Tortolero, Urraca, Vargas, Vera, Villegas, Vivas, Yánez, Zambrano, Zapata... 
           
En estos días el estado de la educación era muy pobre, pero sí existían abnegados maestros de primeras letras. Sólo los integrantes de las familias más pudientes y mantuanas podían aspirar a realizar ciertos estudios, como los eclesiásticos, lo cual le permitía a sus vástagos ordenarse de sacerdotes. En ese sentido, anota Héctor Pedreáñez Trejo, en su obra Breve semblanza de la ciudad de San Carlos (1978) que:

Estas familias, en su mayoría descendientes de hijosdalgos que en América habían obtenido prestigio como conquistadores y fortuna como comerciantes y agricultores, sobre todo como criadores, alardeaban de su prosapia, reservándose el privilegio de usar la espada, la toga y el birrete, y otros sólo reservados a los blancos, como, por ejemplo, el arrodillarse sobre almohadillas o alfombras en las iglesias. (Pedreáñez Trejo: 1978, 4-5)

Es de subrayar que en tales circunstancias la educación estaba identificada totalmente con los valores cristianos. En consecuencia, el maestro enseñaba a leer, escribir y contar usando para su enseñanza las cartillas, los libros devotos y los autores autorizados que se empleaban en España: la Gramática de la Lengua Castellana  y las Reglas de ortografía castellana de Elio Antonio Nebrija, las cuales destacaban la importancia de la morfología, la sintaxis, la ortografía, las figuras de dicción y el léxico, y su De liberis educandi (Normas de educación para los hijos), en la cual se emprende la educación a través del trabajo o servicio propio. También era de estudio obligatorio la poesía de Ovidio, especialmente sus Églogas (en donde la vida sencilla aparece en estrecha armonía con la naturaleza); las obras de Virgilio: La Eneida, las Geórgicas y las Bucólicas; los Epigramas de Marco Valerio Marcial; La Ilíada y La Odisea de Homero y las principales obras de Marco Tulio Cicerón: Catilinarias, Filípicas, De legibus (Sobre las leyes), De officiis (Sobre el deber), De natura deorum (Sobre la naturaleza de los dioses), De oratore (Sobre la retórica), De senectute (Sobre la vejez) y De amicitia (Sobre la amistad), y, por supuesto, las siete artes liberales: gramática, retórica y lógica (integrantes del trivium) y aritmética (geografía e historia natural), astronomía (astrología) y música (eclesiástica) (integrantes del cuadrivium). Tal y como lo anota Ildefonso Leal  en su obra Materiales para la historia de la educación colonial (1968):
...la pedagogía cristiana que España trae a Venezuela responde desde el punto de vista filosófico a la fundamentación que Santo Tomás de Aquino elaboró para el dogma cristiano en la Edad Media. Tal fundamentación estuvo precedida por la oposición continua de dos factores: un principio de razón y un principio de fe. En consecuencia, todo el esfuerzo de los educadores será una tentativa constante por conciliar esos factores en una epistemología válida, es decir, para justificar la autoridad por un llamado a la razón en el interés de la fe.  (Leal: 1968, 37)
  
Tal vez tomando en consideración todo lo antes dicho, es por lo que José Ramón López Gómez, en su obra ya citada Fundaciones de pueblos en Cojedes (siglos XVII-XVIII)  (2001), afirma que:
...debemos remontarnos a las brumosas medianías del siglo XVII y desde allí comenzar a seguir estos pasos en el devenir histórico del pueblo, que nace en medio de la soleada llanura que lo rodea, con sus caminos bordeados de chaparros y alcornoques en la margen del río que baja presuroso hacia el Sur, próximo a la ceja del monte y al pantano que acecha con la amenazante presencia del saurio y la raya. Por el Norte y el Oeste circundado por la onduladas cimas y vertientes de las Serranías de Nirgua, que rematan, como atalayas de llanura, las empinadas cumbres de la montaña de “Las Tetas”. De hondonadas boscosas y penachos de palmas. (López Gómez: 2001, 139)

Referencias bibliográficas

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