27/5/13

Multitudes y programa / El verdadero rostro del sistema imperante es el del capitalismo neocolonial, salvaje y destructor

  • Gramsci se pregunta: “¿puede la teoría moderna encontrarse en oposición con los sentimientos “espontáneos de las masas”? Y se contesta: “No puede estar en oposición: hay entre una y otros diferencia “cuantitativa”, de grado, no de cualidad: tiene que ser posible una “reducción”, por así decirlo, recíproca, un paso de los unos a la otra y viceversa”
  • “Gramsci estableció un sentido creativo a la espontaneidad, al precisar que esta no existe “pura” en la historia y es característica de la “historia de las clases subalternas”, incluyendo a los marginales y periféricos”
Especial para Gramscimanía
Ricardo Sánchez Ángel

Pensar o repensar la izquierda, mejor las izquierdas, requiere estudiar los cambios en los sujetos colectivos que son su destino y forman su existencia. Desde la Revolución Francesa, cuando la expresión tomó carta de ciudadanía en las calles y en la Asamblea Nacional con los diferentes componentes del pueblo, luego el proletariado que acompañó la revolución industrial, hasta los trabajadores de toda condición en los períodos más contemporáneos. Tales cambios se han operado en entrelazamientos sectoriales con intereses coincidentes y diferentes, de acuerdo a los patrones del desarrollo del capitalismo y de las experiencias de las revoluciones triunfantes y fracasadas.

Las multitudes, como sujeto colectivo, acompañan el reconocimiento de los de abajo desde los albores de la modernidad y disputan su lugar en los pensamientos. Siempre, en todos estos espacios y momentos, Las Mujeres han sido sujeto colectivo integrado e integrador. Sin embargo, solo esporádicamente han sido reconocidas y asumidas. Ellas todo lo problematizan en la historia, y confunde, con fortuna, los pensamientos establecidos.

El fracaso de las izquierdas está íntimamente ligado a su homocentrismo e incapacidad de asumir el mundo de la vida, donde Las Mujeres despliegan su potencia creativa. Pensar la izquierda hoy desde sus sujetos colectivos significa pensar en términos de género, de la presencia de ellas con ellos. Al igual que es necesario estudiar sus singularidades en la sociedad, en la política y en sus luchas. Pensar las izquierdas significa asumir el quehacer de Las Mujeres en la historia y la política, en todos los movimientos y multitudes y de su propia personalidad. Todo esto se traduce en las formulaciones programáticas que recogen experiencias, elaboraciones colectivas, investigaciones, y colocan de nuevo las teorías y los pensamientos como parte de la acción.

Pueblo, Multitud y Clase

En la historia de la filosofía política, un buen punto de partida es el análisis realizado por Thomas Hobbes y Baruch Spinoza, en torno a las categorías de Pueblo y Multitud. En Hobbes prevalece el Uno a través del pueblo como creación institucional. En sus palabras, el pueblo es algo que tiene que ver con lo Uno, tiene una voluntad única, y por ende, se le puede atribuir una voluntad única[1]. Es el tránsitodel estado de naturaleza, a la conformación del cuerpo político como Estado. Su valoración de la multitud es negativa, incluso peyorativa, ya que es lo amorfo, lo desobediente, lo desagregado.

Esta apreciación de la multitud y del pueblo como categorías binarias, ya que pueblo es opuesto a multitud, va a ser cuestionado por Spinoza[2]. Para él, la ecuación es al revés: la multitud es una categoría política de signo positivo, se trata de reconocer la existencia sociopolítica de los muchos en forma permanente, desmontando el mito de lo Uno como pueblo. Tal reconocimiento es la base de las libertades civiles, lo que encauza a la constitución republicana hacia ser el garante de las libertades. Sobre esto han reflexionado ampliamente Negri y Hard, Paolo Virno y está en la base de la formación del pensamiento político de Marx[3].

Muchos no significa masificación, y multitud no disuelve lo individual. Es la unidad de la diversidad, que se constituye en el complejo campo de lucha de los intereses en pugna. La diversidad no es solo lo distinto, es lo desigual, que remite a lo fundacional, a la clase trabajadora como constitución económica y categoría político-cultural. Las clases se constituyen en la movilización y es en la contradicción de esos escenarios que adquieren su existencia plena. Sobre ello, se funda el más elocuente trabajo intelectual de Carlos Marx, El Capital, y el conjunto de su obra. También el arsenal teórico que construyó E.P. Thompson para la historia de los comunes[4].

La multitud es un concepto útil a condición de reconocerlo como lucha de clases, géneros, edades y culturas, en que la lógica del capitalismo opera a nivel internacional como economía y sociedad, en forma desigual y combinada.  Es lo que sucedió con el concepto de pueblo, que virtualmente estalló por la intensa lucha de contrarios, por el antagonismo de los intereses socio-políticos. Jules Michelet, que escribió en extenso sobre la revolución francesa desde el campo de lo popular, reflexionó sobre el sujeto histórico El Pueblo, advirtiendo: “El verdadero nombre del hombre moderno, el de trabajador”[5]. El mismo historiador que buceó en las profundidades de las gentes del común precisó: “Examinad bien a esas multitudes ingeniosas y corrompidas de nuestras grandes urbes que tanto ocupan al observador; escuchad su lenguaje, recoged sus ocurrencias, con frecuencia felices, y descubriréis algo que nadie ha notado aún: estas personas que a veces no saben leer, no por ello dejan de ser, a su manera, espíritus muy cultivados”[6].

La multitud es una categoría teórica, de orden abstracto, y por ende con pretensiones de generalidad y de permanencia. Pero, lo que existe en la historia de las sociedades son las multitudes. Ellas se conforman de acuerdo a las estructuras y procesos, coyunturas y acontecimientos.

George Rudé analizó el asunto distinguiendo la multitud en la sociedad preindustrial de la industrial. Advirtiendo que la superposición de los períodos es considerable, y por ello, formas de protesta tradicional reaparecen en la contemporaneidad, como las revueltas del hambre y expresiones como la huelga, tan propia de la era industrial, se dan desde antes[7].

Así las cosas, se hace necesario delimitar lo que a su vez es en concreto la multitud en la historia: se refiere a la manifestación de protesta social y política, de resonancia simbólica y cultural en el sentido de preanunciar la ruptura con lo establecido y con conmocionar transitoriamente la esfera de la vida social. Se trata de actividades como las revueltas, huelgas, paros cívicos, rebeliones, motines, levantamientos con o sin insurrección, y hasta revoluciones. Se excluye de este repertorio las procesiones religiosas o académicas, las ceremonias, las audiencias de estadio para los deportes o en teatros para conferencias o convenciones. Al igual que se excluyen las fiestas y el acto por excelencia de la contracultura multitudinaria, el carnaval, que presenta su propia personalidad[8].

La multitud en la historia se puede estudiar: 1. En cada período histórico que la moldea en su singularidad, sin que niegue las experiencias y las tradiciones, las costumbres en común. 2. Enfatizando en quiénes la componen, su diversidad de actores, sus rostros, su pluralismo y precisando sus objetivos, que suelen expresarse en distintos sentidos. 3. Definiendo a quiénes ataca o de quiénes se defiende la multitud, los prejuicios, creencias y formas de percibir en la conciencia de los comunes a sus antagonistas, en una compleja dialéctica de contrarios. 4. Consecuente con lo anterior, se debe precisar la respuesta de quienes se oponen a la protesta, el alcance de la represión, con sus heridos y muertos, presos y desaparecidos, los discursos de los dominadores, el alcance de su ideología para explicar los acontecimientos y justificar las actuaciones. 5. Finalmente, mostrando las consecuencias de la lucha establecida, su desenlace en el proceso como impacto e influencia, lo cual varía en intensidad de un movimiento a otro, de acuerdo a los tiempos y espacios de la acción. Más que éxitos y fracasos, que son relativos y que hay que mostrarlos, se trata de “señalar una etapa importante en el proceso histórico”. Dice George Rudé, a modo de conclusión: “Así como la sociedad fue cambiando, así cambió la multitud con ella y, al hacerlo, dejó su legado a las generaciones posteriores”[9]

No obstante, las manifestaciones excluidas en el modelo Rudé de la multitud, estas suelen permearse y relacionarse por vasos comunicantes de la política y la cultura con multitudes que conforman las protestas. Una multitud puede tomar formas carnavalescas y envolturas religiosas, buscando con las primeras ridiculizar, hacer de la alegría un detonante explosivo de la ira, y los segundos buscando en este mundo la redención de la justicia social. E.P. Thompson advierte: “Lejos de tener la permanencia fija que sugiere la palabra “tradición”, la costumbre era un campo de cambio y de contenido, una palestra en la que intensos opuestos hacían reclamaciones contrarias”[10]. De allí que suele encontrarse en las protestas de la multitud, al lado de su rebeldía, una defensa de la costumbre, de lo adquirido incluso en la formulación de los derechos naturales, que dieron pábulo a las teorías de la guerra justa, la resistencia a la opresión y el derecho a la insurrección, formulaciones que se incorporaron, tanto en la Declaración de Independencia Norteamericana, como en la Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano de los franceses.

Pese a que estos documentos paradigmáticos son producto de dos revoluciones, en que la francesa fue obra de las multitudes en femenino y masculino, ejerciendo la protesta en la esfera de lo público, ambas declaraciones excluyeron a Las Mujeres. En la revolución de las antiguas trece colonias, el protagonismo de Las Mujeres no ha sido reconocido permaneciendo en la penumbra de la historia.

Desde las costumbres en común, las multitudes encontraron su legitimidad, y de acuerdo a E.P. Thompson, la mejor manera de entenderla es utilizando el concepto de hábitusde Bordieu: “Un entorno vivido que comprende prácticas, expectativas heredadas, reglas que determinan los límites de los usos a la vez que revelan posibilidades, normas y sanciones tanto de la ley como de las presiones del vecindario”[11].
La poderosa fuerza que alimenta la rebelión de las multitudes es la economía moral. El derecho natural remite al objetivo del derecho justo, cuyo cumplimiento es la dignidad. Pero, la dignidad no discurre sola en el carril de la historia, ya que existe otro poderoso motivo que alimentó, y lo sigue haciendo en los levantamientos de las multitudes: son los imaginarios de las utopías sociales, con su propósito de búsqueda de la felicidad.

Va a ser desde la filosofía del derecho que ErnestBloch formuló estas dinámicas: “El problema de la herencia del derecho natural es, a su manera, tan urgente como lo era el de la herencia de las utopías sociales. Utopías sociales y Derecho Natural han tenido un cometido complementario en el mismo ámbito humano; marchando juntos, pero, desgraciadamente, no golpeando juntos. Aún cuando las utopías sociales y las teorías iusnaturalistas estaban de acuerdo en lo decisivo, en el logro de una sociedad más humana, entre ambas se dan diferencias muy importantes. Concisamente expresadas, estas diferencias son: la utopía social estaba dirigida a la felicidad humana; el Derecho Natural, en cambio, a la dignidad humana. La utopía social diseñaba de antemano situaciones en las que dejan de existir los agobiados y oprimidos, mientras que el Derecho Natural construye situaciones en las que dejan de existir los humillados y ofendidos”[12].

Rosa Luxemburgo construyó una teoría de las masas desde una perspectiva histórica  teniendo en cuenta la experiencia de la revolución rusa de 1905. Para ella, la lucha es el espacio que permite conformar el movimiento multitudinario de las masas, no sólo de la clase obrera industrial, sino de las otras capas del pueblo y también de los trabajadores agrícolas.

En ese tiempo explosivo, en que la iniciativa pertenece a los de abajo, se manifiesta una claridad en la espontaneidad de las masas, porque allí se cocinan los sentimientos, se decantan las razones, se conforman como consciencia colectiva los objetivos contra la opresión y la explotación.

Nuestra autora reconoce la grandeza de la espontaneidad de las masas, que se articulan hacia lo organizativo, hacia lo reivindicativo, combinado con lo político, de la reforma con la revolución. Luxemburgo funda una teoría política de la conciencia espontánea[13]

Antonio Gramsci estableció un sentido creativo a la espontaneidad, al precisar que esta no existe “pura” en la historia y es característica de la “historia de las clases subalternas”, incluyendo a los marginales y periféricos. Allí existen elementos de dirección consciente, aunque sean a nivel de la “ciencia popular”. Se trata de lograr la unidad de la espontaneidad y la “dirección consciente” y esto es lo que confirma la acción política real de las clases subalternas.

Gramsci se pregunta: “¿puede la teoría moderna encontrarse en oposición con los sentimientos “espontáneos de las masas”?”. Y se contesta: “No puede estar en oposición: hay entre una y otros diferencia “cuantitativa”, de grado, no de cualidad: tiene que ser posible una “reducción”, por así decirlo, recíproca, un paso de los unos a la otra y viceversa”[14].

La confirmación en la arena de las luchas de las clases subalternas avanza en medio de contradicciones con los grupos dominantes, lo que dificulta la unidad y la constitución de una consciencia y voluntad colectivas en los subalternos[15].

Las mujeres

Las Mujeres discurren en la historia, superando los olvidos, las exclusiones, recuperando su visibilidad. Ellas son protagonistas de la vida social, cultural, económica y política. Tienen una existencia determinante, una historia que exige ser más objetiva y veraz.

La historia es en femenino y masculino, profundamente interrelacionados estos géneros, con el poder de los hombres sobre Las Mujeres y las resistencias creativas de ellas. La historia es binaria, en que hombres y mujeres están presentes, de la misma manera que la historia es la del discurrir contradictorio de clases sociales, estamentos, profesiones, élites, partidos, individualidades, distintos pueblos, culturas, religiones y creencias, en el desarrollo desigual de la sociedad planetaria.

Si se asume esta perspectiva, buena parte de la historia escrita, la antigua y la moderna, deberá ser reelaborada, vuelta a escribir, y será más compleja, menos unilateral y cerrada.

Existe también la perspectiva de la historia de Las Mujeres, de sus singularidades individuales y colectivas, de sus oficios y profesiones, de sus intercambios de roles y valores, y de sus protagonismos. Es una historia de énfasis, de jerarquizaciones, desplazamientos, y que potencia más el análisis de Las Mujeres en la historia. Ambas historias se complementan en un paradigma narrativo.

La historia de Las Mujeres es la de su género, y por ende, es una historia natural y social, enraizada en los determinantes culturales. Así como constituye un error reducir las diferencias a la sexualidad natural, es igual de equivocado ver el género sólo como una categoría socio-cultural, porque es una historia de la humanidad, de su naturaleza y de su sociedad.

Cuando está en vilo la existencia de la vida planetaria en todas sus formas, incluyendo la humana, resulta más imperativo superar las visiones unilaterales de la historia. Lo socio-cultural actúa sobre lo natural, lo transforma y lo modela, pero no lo elimina, como que los ciclos de la existencia continúan, con la incertidumbre de la vida y la certeza de la muerte. Por ello es necesario el estudio del cuerpo, de la vitalidad femenina, de su papel –verdadera virtud- de reproductora de vida, con su cortejo de simbolismos, rituales y creaciones, remitiendo a la conformación de las familias y al universo de los afectos, al desarrollo fundante de la sicología de los niños. También a su conversión en una subordinación por la dominación: tener hijos como mandato.

Las Mujeres vienen a ser en la historia, no solo reproductoras de vida, sino productoras de la misma. La familia es lugar de los afectos, la educación temprana, la sexualidad y el espacio de la maternidad. Pero es en igual forma proveedora de alimentación, mantenimiento y cuidado. El manejo del espacio doméstico es un trabajo productivo de calidad, indispensable para el funcionamiento global de las sociedades rurales y urbanas, de la aldea y la ciudad. El trabajo doméstico está en el centro de la historia de Las Mujeres y de Las Mujeres en la historia, y como tal hay que visibilizarlo. Forma parte de la familia, donde se forjan interrelaciones complejas, como hogar para vivir y comunicarse, como encierro para Las Mujeres e hijos, donde el autoritarismo diseña su rostro y su máscara.Pero lugar de amores y pasiones que fraguan un mundo de lo cotidiano variopinto. La familia viene a ser transmisora de memoria, de costumbres en común, lugar de resistencia frente a las vicisitudes del mundo, donde la mujer ocupa lugar central.

Este carácter complejo dificulta la comprensión de la emancipación de la mujer, de la familia como cárcel e instituto productivo de explotación. Y a ello apuesta la dinámica de sus luchas y programas. Deben levantarse reivindicaciones como las guarderías infantiles, comedores comunitarios, escuela pública obligatoria y temprana, derechos políticos reales, al igual que al divorcio, al aborto y al libre desarrollo de su personalidad, educación plena y trabajo digno. Estos puntos, que están en los programas feministas, tienen como horizonte la emancipación de la mujer.

Las Mujeres en la historia son también esas luchas, con sus avances y retrocesos, con sus perfiles definidos en los procesos y estructuras, en el pasado y presente. Las experiencias constituyen unas vidas de saberes que se busca borrar de las escenas de la historia para que haya una historia homocentrista, y ¡vaya sí lo han conseguido! Pero, lo sabemos bien, hegemonía no es homogeneidad, y es a través de la rebeldía, con sus memorias en recuperación, en la batalla contra el olvido, que la mujeres se constituyen en multitudes capaces de ser decisivas en los grandes acontecimientos y en la vida material con sus quehaceres varios. En la resistencia suelen ser artistas de la protesta.

Joan Wallach Scott da este concepto sobre las relaciones entre género y clase: “El género está tan implicado en los conceptos de clase, que no hay forma de analizar a uno sin el otro. No podemos analizar la política separándola del género, la sexualidad y la familia, porque no estamos hablando de compartimientos de la vida sino de sistemas relacionados discursivamente, y es el lenguaje lo que hace posible el estudio de sus interrelaciones”[16] Así mismo añade: “No hay una opción entre focalizarse en la clase y en el género; cada uno es necesariamente incompleto sin el otro”[17].

La incorporación masiva de Las Mujeres al trabajo visible, productivo y material, también significó su constitución en trabajadora intelectual, el general intellect, con sus saberes, delicadezas, pericias, experiencias y vínculos cada vez más decisivos a la educación formal y a la cultura como actoras.
El papel del lenguaje en el pensar, conocer y actuar es cada vez más decisivo e inevitable, aún en las condiciones más cerradas, de clausura, como la empresa capitalista o con la masificación de los gustos  y sensibilidades como las agencia la televisión, con la ficción uniformadora de la sociedad del espectáculo, con el pensamiento único del capitalismo tardío neoliberal. Las resistencias y contraculturas son inevitables y evidentes en el escenario de la política y empieza siempre como lenguaje: rumor, miedo, que se propaga en las conversaciones, intercambios directos y mediáticos. Y están los periódicos, universidades, escuelas, la calle, los cafés, tabernas y el hogar,  donde centralmente se comenta en familia las vicisitudes de lo cotidiano privado-público.

Conviene recordar la reflexión de Wittgenstein a la pregunta ¿Qué es el lenguaje?: “Una palabra tiene el significado que alguien le ha dado… El lenguaje ordinario está perfectamente”[18]. También añade: “Para nosotros el significado de una expresión está caracterizado por el uso que hacemos de ella”[19]. Por el último: “Esta es también la razón por la que nuestro método no consiste simplemente en enumerar los usos actuales de las palabras, sino más bien en inventar otros nuevos de modo deliberado, algunos de ellos a causa de su apariencia absurda”[20].

De allí que resulte tan conveniente democratizar el uso del lenguaje, su formulación en clave de género. Porque no resulta lo mismo la expresión de los derechos del hombre sin los derechos de Las Mujeres en la misma conceptualización. Ni es lo mismo homogeneizar los auditorios con la expresión unívoca de nosotros. Hay que incursionar más en la necesaria subversión de los lenguajes especializados, como las jergas de las profesiones.
Avanzar en todas las esferas de la vida, desde lo económico a lo social, cultural, político y viceversa, en una circularidad de propósitos, trazar el horizonte emancipador de Las Mujeres, enfrentado el asunto grueso de la alienación de las relaciones hombre-mujer que produce la sociedad de mercado.

Pero estas condiciones liberadoras que la cooperación y el intelecto generan en la sociedad, no superan la égida del capital, aunque crean condiciones para su superación. No son todavía la emancipación y el fin de la explotación[21].

Nuestra América

Estas reflexiones tienen validez para América Latina y Colombia, que han vivido el siglo XX, y lo que va del actual,como un largo proceso de transición, en que lo tradicional se manifiesta en lo moderno y que al lado de la lenta industrialización y crecimiento económico, vive la reproducción del atraso, la pobreza, lo secular y los arcaísmos sociales, la servidumbre y la neoesclavitud asalariada. La precarización del trabajo y de la existencia social conlleva el recuperar las tradiciones de la protesta.En todas las actividades de las multitudes, Las Mujeres le han dado su personalidad como trabajadoras y con sus leguajes femeninos.
Las Mujeres han sido protagonistas de primer orden: en la Revolución Comunera de 1781 en la Nueva Granada y en las guerras de independencia contra el colonialismo español, en las revoluciones francesas, la Comuna de París y de Octubre en Rusia, en la Revolución Cubana e Indochina, en las grandes luchas contra el Apartheid en Sudáfrica, contra el racismo en la década de los sesenta del s. XX, y están a la cabeza de las grandes movilizaciones contra el capitalismo en el mundo entero.

La singularidad colectiva de los indígenas en Colombia y en América Latina, a partir de sus comunidades ancestrales, trabajadores de la selva, de la tierra, de las aguas, es uno de los hechos más sobresalientes de las luchas de los de abajo. Es una movilización permanente y ejemplar. Todo el cortejo de las violencias –la conquista blanca permanente- no ha podido someter a los erguidos compatriotas indígenas.

La caída del Apartheid en Sudáfrica producto de una larga lucha, mostró la potencia revolucionaria de los africanos negros contra los racistas de ese país y de todo el mundo. Fue un triunfo de los negros a escala internacional, al igual que lo fue la inmensa gesta de dignidad antirracista en los años sesenta en los Estados Unidos. Desde entonces, las multitudes negras se constituyeron en un movimiento político de grandes incidencias en la praxis de los trabajadores en todo el mundo. También en Colombia y el Caribe existen, como en toda la América afro, una dignidad en lucha[22].

El movimiento estudiantil en Chile, Colombia, México y otros países, como multitud de la juventud, es mixto en su conformación cualitativa, donde la fuerza de Las Mujeres es caudalosa. Dicho movimiento está enfrentado la mercantilización, renovando lo público y lo social, lo democrático y la cultural educativa.
La liberación sexual que comenzó en los años sesenta del s. XX se mantiene, pese a la contrarrevolución ideológica del neocapitalismo de la época de Thatcher-Reagan, y es una base de la civilización de las gentes sencillas. El protagonismo de los movimientos homosexuales y de lesbianas adquirió importante visibilidad e impacto sobre las costumbres y los paradigmas de los dogmas religiosos y machistas. Sus movilizaciones reivindicativas de derechos se conectan horizontalmente con las exigencias de Las Mujeres.

Los movimientos ecologistas, que son multitudes internacionales y que están enfrentados a la destrucción de la vida planetaria, son expresiones de los profundos cambios en las luchas de clases a escala internacional. La lucha por la vida es el eje de su programa.

Un ejemplo de preponderancia femenina en los movimientos de derechos humanos en la Colombia contemporánea, especialmente dinámico, es el de los movimientos de víctimas contra las violencias de todo orden: crímenes, desaparecidos, torturados, desalojos, persecuciones…   

Son estos espacios de las luchas desde abajo, donde las izquierdas encuentran mejores condiciones para proponer sus programas, que surgen de las experiencias de los movimientos y de las elaboraciones teóricas, de las herencias y de las autocríticas[23].

La escena contemporánea es reconfortante, por la riqueza de movimientos de la clase y las multitudes. Movilizaciones permanentes, ocupación de las plazas emblemáticas, las calles como escenarios de encuentros, fiestas de ironía y alegría colectiva de las multitudes. El movimiento Occupy Wall Street, en el epicentro del capitalismo financiero, es un potente mensaje a favor de la rebelión de los indignados de todo el mundo.

En Grecia y España, al lado de las movilizaciones, redes sociales, toma de calles y plazas, se han dado en los dos últimos años numerosas huelgas en la producción, transporte y servicios públicos. Además de varios paros generales. Igual en los levantamientos y conformación multitudinaria en Egipto, Túnez y otros países, en los que es conocido como la Primavera Árabe. Los indignados de todos los países ocupan la escena de las redes sociales y los medios de comunicación.

Las formas de lucha clásicas de los trabajadores y sindicatos han tenido un renacer extraordinario, dando un mentís al adiós al proletariado.

Las izquierdas hacen parte de las multitudes, no son algo independiente de ellas y están al servicio de sus intereses. Son necesarias organizaciones para coordinar, orientar y educar en las luchas de las gentes del común. Siempre hay que recordar que el primer punto de nuestro programa internacional es que la liberación de los trabajadores es obra de los trabajadores mismos.

La praxis de las multitudes busca ejercer su potencia como poder local y nacional. Lo logra en coyunturas revolucionarias de crisis extrema de los de arriba y dedecisión constituyente de los de abajo; la dualidad de poderes.

El Programa

Todo el sentido de las luchas de las multitudes en la historia tienen un horizonte emancipador, y en la actualidad su objetivo es la superación del capitalismo. Lo cual hace necesario tener formulaciones programáticas que resultan del movimiento mismo, del desarrollo económico-social, de las ciencias, de las artes y las letras, de la filosofía y la historia, de la experiencia histórica de las derrotas, y de los debates e investigaciones sobre la sociedad y la revolución. Toda la experiencia histórica de las revoluciones en el mundo, desde 1789 hasta hoy, incluida América Latina, demuestran que en el programa los mínimos:vida digna, paz, seguridad social, vivienda, trabajo y educación, deben estar articulados a medidas de transición, que en lo contemporáneoson democráticas, internacionalistas,antiimperialistas, anticapitalistas, hacia el socialismo.

El socialismo se define por la apropiación de los trabajadores de los medios de producción, la conversión de la propiedad privada en propiedad social en forma colectiva, y el manejo democrático de las ciudades, sociedades, el ejercicio de la planeación de abajo hacia arriba y de la región al centro, e integrada a la federación y bloques de países y continentes. En la planeación, los técnicos y funcionarios deben estar al servicio de los trabajadores y sus órganos de decisión y ejecución, y no al revés, evitando la burocratización y la corrupción. Los objetivos inmediatos son: mantener las energías creadoras en toda la sociedad, dinamizar la cultura, las ciencias y las artes en un despliegue de internacionalismo y libertad completa.

La fórmula actualizada de nuestro movimiento y programa es el del socialismo ecofeminista, porque enriquece la comprensión de las nuevas realidades y aspiraciones liberadoras. La dimensión ecofeminista del socialismo se corresponde con la naturaleza de la nueva época que vivimos, en donde las crisis económica, social y ambiental están interrelacionadas en forma tal que es toda la vida planetaria y la existencia de la sociedad humana lo que está en cuestión. En reconocimiento al despertar, tanto en la conciencia, como en las luchas, del enorme protagonismo de los movimientos de Las Mujeres, de sus resistencias y su papel en la vida sociocultural. La emancipación de la mujer es el primer punto del socialismo. Este es un principio rector de nuestro programa, lo que involucra la dignidad como esencial en el quehacer, en la praxis socialista.El socialismo es un movimiento de la sociedad y la cultura, que asume la clase trabajadora en femenino y masculino.

La actualidad del capitalismo no elimina sino que reproduce todas las formas de la historia del trabajo y las engloba en los patrones de explotación y dominación neocapitalista y neocolonial. Exacerba el sexismo, el tráfico y la esclavitud de mujeres y niños, el racismo camaleónico, la servidumbre inducida o voluntaria y la explotación. El capitalismo tardío reinstala la barbarie con las guerras, masacres, éxodos, hambrunas, despotismos… La explotación de la fuerza de trabajo global se puede y debe eliminar, acudiendo a la colectivización de la economía productiva.

La economía debe subordinarse a la sociedad y no continuar bajo la dictadura del mercado y las finanzas. Debe entonces eliminarse la banca privada, el gran comercio y transporte, reemplazándolos por sistemas públicos. En los países neocoloniales, donde existe un agudo problema agrario sin resolver, como Colombia y los de América Latina, el logro de una reforma agraria campesina, indígena y afro, de tipo democrático e integral, adquiere preponderancia.

La ciudad contemporánea actual está globalizada como espacialidad del capital, las comunicaciones y las culturas. La globalización financiera, comercial y telemática determina el comportamiento de las pautas urbanas y culturales. Es la ciudad y la arquitectura posmodernas, el triunfo de la mercantilización en todas las esferas de la sociedad, la vida y la naturaleza. El reconocimiento pleno hay que asumirlo, el capitalismo se impuso como civilización a escala planetaria. Se trata de una fase más pura del sistema, en que lo que queda de naturaleza, está también incorporada a su dinámica. El espacio urbano ha mutado hacia un nuevo hiperespacio con su predominio sobre el tiempo. La perspectiva es la ciudad internacional, arraigada a las realidades geográficas y ambientales, con sus tradiciones regionales, de estirpe democrática y ambiental, como verdadera obra de arte para el disfrute colectivo. 

La educación y la cultura están interrelacionadas, aplicando el querer que la educación sea cultura y la cultura sea educativa. La sociedad entera educa y todos en forma permanente se educan. Las raíces regionales le dan su forma a la educultura y a su vez estas se integran al legado y praxis internacional de los saberes y las creaciones artísticas.

La radio, la televisión y la gran prensa deben ser públicas en sus distintos momentos: en la propiedad, en la producción y en el servicio. Deben transformarse en medios reales de información y análisis, integración continental y planetaria. Su regla de oro debe ser el pluralismo, las libertades de opinión, crítica y fomento cultural educativo, superando el ser generador y reciclador de la sociedad del espectáculo.

El socialismo se apoya en las conquistas científicas, culturales y lo que resulte provechoso de la era de la modernidad capitalista, su protagonista principal es la clase trabajadora internacional. La técnica y los logros de la revolución científico-tecnológica deben reorientarse en su sentido y relación ambiental en provecho de las nuevas relaciones sociales. Para América Latina, la planeación, los modos de producción, los modelos y estilos económicos, deben recrearse de acuerdo a las realidades geohistóricas y socioambientales, de lo holístico y telúrico de que está dotado el Continente. Estas medidas y otras más se ubican en la integración de las distintas sociedades con métodos de cooperación y federación internacional.

No es ilusorio visualizar una Europa socialista al igual que una Norteamérica socialista y con las transiciones necesarias en bloques regionales, una América Afro-Indoamericana socialista, igual que en África, Oceanía y Oriente Medio, en China y los países asiáticos como Japón, las Coreas, Vietnam e Indochina. Todos pueden marchar hacia la integración de sus economías y sociedades con criterios pluralistas.

El derrumbe de la Unión Soviética fue el del burocratismo de gran potencia. Su inserción en las dinámicas del capitalismo internacional, mantuvo en la subalternidad a las naciones que formaban parte de la Federación. Al igual que los países del socialismo realmente existente en la Europa Oriental, que fueron satélites a través del Pacto de Varsovia de la URSS, se atomizaron.  

Alemania Oriental fue anexada bajo el eufemismo de la unidad a la República Federal, en el retorno al gran Estado capitalista en Europa. La Federación Yugoslava se balcanizó, en una especie de eterno retorno de esta zona histórica, convertida en un espacio de disputa bélica, de intereses económicos, de poder, con las envolturas religiosas y racistas y la manipulación de las grandes potencias.

El capítulo del colapso del socialismo burocrático con su enorme tragedia a cuestas, clarifica que el socialismo en su dimensión internacional debe ser horizontalmente democrático en las relaciones entre distintos países, naciones, culturas, pueblos, religiones y tradiciones. Y sobre la fuerza de la diversidad encontrar las complementariedades y cooperación necesaria.

José Carlos Mariátegui concibió el internacionalismo,en forma acertada, como expresión de la revolución de nuestro tiempo y abogó desde Indoamérica por la unidad con el socialismo europeo y la revolución rusa. Con el horizonte de ser creación nuestra, y no calco y copia.

La reforma y la revolución son un movimiento en curso por mejorar o transformar las condiciones de sociedad y vida. La lucha por el socialismo y la revolución como movimientos, debe buscarse articulando ambas dinámicas. Es el papel del programa, la política, las organizaciones y partidos a escala internacional, donde el socialismo en Nuestra América forma parte de los socialismos del planeta.

La transición al socialismo es el comienzo de la superación radical del capitalismo y sus formas de sociedad y del Estado espectáculo[24]. Es un proyecto no solo anticapitalista sino postcapitalista y postliberal. El socialismo sintetiza las experiencias y herencias en común de la clase trabajadora, ya que este legado es parte integral de los saberes populares, de la teoría materialista de la historia. Lo hace al mismo tiempo que se corrige, se autocritica, se recupera y por ende se libera. Las tradiciones de las luchas del pasado libradas por los explotados, oprimidos y humillados que se mantienen ocultas, desconocidas, borradas por la historia de los dominadores, hay que recuperarlas para la memoria, la historia y la política del presente, dotándolas de sentido, enlazadas en el porvenir para superar su dispersión y discontinuidad. Radicalmente todas las luchas del pasado forman parte de las nuevas luchas del presente y el porvenir[25].

Al mismo tiempo, el socialismo elabora y proyecta los aportes de las ciencias sociales y naturales, realiza las críticas a la economía de los capitalistas, a la tecnoburocracia y a la idea religiosa según la cual el capitalismo es lo naturalmente existente, inevitable y necesario. Precisamente es el pensamiento social complejo el que permite refutar que lo existente es lo mejor y si acaso mejorable sin alterar su orden lógico esencial. Es posible erradicar en breve tiempo la miseria, el hambre, el abandono, las enfermedades sociales, reorientando el uso de los recursos utilizados en la industria armamentista, las guerras, los consumos suntuarios.

Este tipo de reflexiones suelen ser calificadas de utópicas, de irrealizables, sacadas del magín, como contraparte se ofrece los edulcorados programas de la Socialdemocracia y la Tercera Vía, que no han dado respuesta a la gran depresión en que está sumida la sociedad humana, con su correlato de destrucción ambiental. Precisamente este programa de transición es el más adecuado como alternativa a la barbarie instalada por el capitalismo con su pensamiento único que reproduce por doquier: guerras, hambrunas, desigualdades, desempleo, opresión, humillación, alienación consumista, con aumento de la explotación femenina y de la niñez. El verdadero rostro hoy del sistema imperante es el del capitalismo neocolonial, salvaje y destructor.

Lo que viene luego hay que soñarlo, desearlo y buscarlo.

Notas

[1] Hobbes, Thomas. De Cive: elementos filosóficos sobre el ciudadano. Madrid: Alianza Editorial, 2000.
[2] Spinoza, Baruch. Tratado teológico-político. Madrid: Alianza Editorial, 2008.
[3]Hardt, Michael y Negri Antonio. Multitud. Debate: Barcelona, 2004. Virno, Paolo. Gramática de la Multitud. Para un análisis de vida contemporánea. Buenos Aires: Colihue, 2003. Marx, Karl. Cuaderno Spinosa.Traducción, estudio preliminar y notas de Nicolás Gonzales Varela. Ediciones Montesinos Ensayos. España. (s.f.).
[4]Thompson, E.P. Costumbres en común. Barcelona: Editorial Crítica, 1995. También su libro: La formación de la clase obrera en Inglaterra. Barcelona: Editorial Crítica, 1989. Tomo I y II.
[5]Michelet, Jules. El Pueblo. México D.F.: Fondo de Cultura Económica, 2005. p. 10.
[6] Michelet, Jules. Op. Cit. p. 129.
[7]Rudé, George. La multitud en la historia. Buenos Aires: Siglo XXI Argentina editores, 1971.
[8] Ver: Bajtin, Mijail. La cultura popular en la edad media y el renacimiento. El contexto de FrancoisRabelais. Madrid: Alianza Editorial, 1990. 
[9]Rudé, George. Op. Cit. p. 276.
[10] Thompson, E.P. Costumbres en común. p. 19.
[11]Thompson, E.P. Op. Cit. p. 122.
[12]Bloch, Ernst. Derecho Natural y dignidad humana.Madrid: Aguilar, 1980. p.  xi.
[13] Luxemburgo, Rosa. Huelga de masas, partido y sindicatos. Córdoba: Ediciones Pasado y Presente, 1970
[14] Gramsci, Antonio. “Espontaneidad y dirección consciente”. En: Antología. Siglo XXI editores: México D.F., 1970. p. 311.
[15]Gramsci, Antonio. “Apuntes sobre la historia de las clases subalternas. Criterios metodológicos”. En: Op. Cit. p.p. 491-493.
[16] Scott, Joan Wallach.“Sobre lenguaje, género e historia de la clase obrera”. En: Género e Historia.Fondo de Cultura Económica/Universidad Autónoma de México: México D.F., 2008. pp. 85 y 86.
[17]Scott, Joan Wallach.Op. Cit. p. 93.Ver igualmente: Sánchez Ángel, Ricardo. “El ressurgir de un paradigma”. En: Huelga. Luchas de la clase trabajadora en Colombia, 1975-1981. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 2009. pp. 27-46.
[18]Wittgenstein, Ludwig. Los cuadernos azul y marrón.Madrid: Editorial Tecnos, 2009. p. 57.
[19]Op. Cit. p. 99.
[20]Op. Cit. p. 57.
[21]Para otras valoraciones de las luchas de los de abajo,ver de Fanon, Frantz. Los condenados de la tierra. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 1963;Scott, James C. Los dominados y el arte de la resistencia. México D.F.: Ediciones Era, 2004;Tilly, Charles y Wood Lesley. Los movimientos sociales, 1768-2008. Desde sus orígenes a facebook. Barcelona: Crítica, 2010; Tarrow, Sidney. El poder en movimiento. Los movimientos sociales, la acción colectiva y la política. Alianza Editorial: Madrid, 1997; Bensaid, Daniel. Resistencias. Ensayo de topología general.España: Editorial El Viejo Topo, 2001.
[22]Sánchez Ángel, Ricardo. “Movimientos anteriores a la independencia”. En: Independencia: historia diversa. Bernardo Tovar (Ed.) Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 2012.
[23] Ver Sánchez Ángel, Ricardo. Crítica y alternativa. Las izquierdas en Colombia. Bogotá: Editorial La Rosa Roja, 2001. 
[24]Ver: Debord, Guy. La sociedad del espectáculo. España: Pre-textos, 2005.
[25]  Ver de Walter Benjamin  sus tesis Sobre el concepto de historia, en: Löwy, Michael. Walter Benjamin. Aviso de incendio. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2005.


Ricardo Sánchez Ángel es doctor en Historia y profesor en la Universidad Nacional de Colombia. Este artículo  fue publicado recientemente formando parte de un libro colectivo, "La izquierda del siglo XXI. Definición conceptual. Perspectivas".