17/5/13

La Educación en la teoría de Antonio Gramsci

Rita Ferrari Marchioni

Antonio Gramsci nació en Ales, Cagliari (Cerdeña) el 22 de enero de 1891; entre 1897 y 1903 acudió a la escuela elemental en Ghilarza. En 1903 la situación económica de su familia lo obligó a trabajar durante dos años en la oficina de Catastro de Ghilarza, teniendo que abandonar la escuela, sin embargo, durante ese tiempo estudió personalmente latín. De 1905 a 1908, Gramsci, cursó la escuela media elemental en Santulussurgui, a 15 kilómetros de Ghilgarza. En 1910 se inscribió en el liceo de Cagliari y, en ese mismo año, publicó su primer artículo en el diario de Cagliari, la Unión Sarda.

En 1911 ganó una beca que le permitió inscribirse en la Facultad de Letras de Turín. En 1912 estableció los primeros contactos con el movimiento socialista turinés; para octubre de 1914 intervino en el debate sobre la posición del Partido Socialista Italiano frente a la guerra con un artículo publicado por II Grido del Popolo y denominado “Neutralidad Activa y Operante”.

En 1915 ingresó a la redacción de un diario turinés, el Avanti. En los dos siguientes años tuvo una intensa actividad periodística como cronista teatral y en agosto de 1917 participó en los preparativos de la Sección Socialista por la visita a Turín de un grupo de delegados de los Soviets. Después de un motín popular y del arresto de casi todos los representantes socialistas de Turín, Gramsci se convirtió en Secretario de la Comisión Ejecutiva Provisional de la Sección de Turín y asumió la dirección del II Grido del Popolo, la cual conservó hasta octubre de 1918.

En mayo de 1919, Gramsci, Tasca, Terracini y Togliatti, publican la revista semanal de cultura socialista L’ Ordine Nuevo. En ese mismo año Gramsci es electo a la Comisión Ejecutiva de la Sección Socialista Turinesa dirigida por Boero. En julio,  por la huelga política de solidaridad con las repúblicas comunistas de Rusia y Hungría, Gramsci fue detenido y enviado a la prisión de Turín. A partir del otoño de 1919 dirigió el movimiento de los “Consejos de Obreros” y tuvo una activa participación  en la “Escuela de Cultura “ organizada por la revista.

En abril de 1920, al comenzar la huelga turinesa de la metalurgia, Gramsci redactó un documento para la renovación del Partido Socialista Italiano, el cual fue considerado por Lenin en el II Congreso de la Internacional Comunista como la base para el desarrollo del movimiento.

En Turín, Gramsci por intermedio de L’Ordine Nuovo, apoyó la iniciativa de constitución de “ grupos comunistas de obreros”, conformando un pequeño grupo de “educación comunista” en la sección de Turín y  en septiembre de 1920 participó en el movimiento por la ocupación de las fábricas. Para noviembre del mismo año quedó constituida la fracción comunista dirigida por Bordiga. En marzo de 1922 participó en el segundo congreso del Partido Comunista Italiano donde sostuvo la línea de Bordiga.

Durante ese mismo año fue designado para representar al Partido Comunista Italiano en Moscú. Llegó a la Unión Soviética a fines de mayo de 1922 y a causa de su estado de salud fue hospitalizado, fue así como conoció  a Julia Schucht, quién se convirtió en su compañera y con ella tuvo dos hijos.

En marzo de 1925, Gramsci viajó nuevamente a Moscú para participar en los trabajos de la Quinta Sección del Ejecutivo Ampliado de la Internacional Comunista. En 1926 participó en el III Congreso Nacional del Partido Comunista Italiano en Lyon y elaboró con Togliatti las tesis sobre la nueva estrategia del partido; el 8 de noviembre es arrestado y encerrado en la cárcel de Regina Coeli. El 7 de diciembre fue enviado en confinamiento a la isla de Ustica; el 7 de febrero de 1927 fue trasladado a la cárcel de San Vittore en Milán, donde fue inculpado por el tribunal especial para la defensa del estado, constituido para perseguir a los adversarios del régimen fascista.

En mayo de 1928 fue trasladado a una cárcel de Roma  y  condenado el 4  de junio a 20 años, 4 meses y 5 días de reclusión. Dejó Roma el 8 de julio y llegó a Turín 11 días después. Entre 1929 y 1936 trabajó en la cárcel en la redacción de sus Cuadernos. Durante su detención fue víctima de una crisis nerviosa grave y una hemoptisis. En noviembre de 1932 obtuvo una reducción de su pena a 13 años y 4 meses. El 7 de marzo de 1933 sufrió una segunda crisis; en octubre logró su traslado de Turín a Formia, donde es hospitalizado en una clínica.

El  25 de octubre de 1934 se decretó la obtención de la libertad condicional para Gramsci, siendo hospitalizado en una clínica de Roma, donde sufre una nueva crisis y una hemorragia cerebral, por la cual  muere el 27 de abril de 1935.

El entorno / Movimiento obrero en Italia

En Italia una de las primeras manifestaciones de actividad obrera organizada fue la de resistencia que hicieron los impresores de Turín a la reducción del salario en 1848; sin embargo, para 1860 el movimiento obrero italiano no había progresado mucho. En todos los estados italianos estaban prohibidas las organizaciones obreras y se deportaba a los obreros que tomaban parte en las huelgas.

La considerada  ala izquierda del  Partido Republicano descuidaba la lucha obrera para prestarle atención al movimiento político para la unidad nacional.

Entre 1870 y 1906, a  raíz del desarrollo de industrias modernas de gran escala en el norte de Italia, nacieron algunas organizaciones obreras, inspiradas en teorías socialistas; varias de ellas se unieron en 1906 para formar la Confederación General del Trabajo (Confederazione Generale del Lavoro ó C.G.L.) que estaba estrechamente ligada al Partido Socialista Italiano, al cual se asoció oficialmente en 1917.

A diferencia de otros países los trabajadores agrícolas italianos representaban una parte importante (39% en 1914) del total de afiliados de la C.G.L. Aunque mucho más pequeña que la C.G.L. existía otro grupo de organizaciones, los sindicatos católicos.

Otra rama del movimiento obrero era la Unión Sindical Italiana, organizada siguiendo  orientaciones sindicalistas revolucionarias; asimismo, la Oficina Nacional del Trabajo, organizada en 1908, de carácter nacionalista, fue precursora del sindicalismo fascista. En 1914 las organizaciones italianas tenían en conjunto, aproximadamente, un millón de afiliados.

El Partido Socialista Italiano, se formó en 1892, fecha en que obtuvo 26,000 votos y sacó 6 diputados. En 1913, obtuvo 883,000 votos y eligió 52 diputados. Sin embargo, había marcado disensión entre los socialistas de derecha -que proponían reformas graduales-, el grupo de izquierda, anarcosindicalista, y el centro.

Benito Mussolini pertenecía al grupo centrista; la denominada ala derecha fue expulsada y al estallar la Primera Guerra Mundial el Partido Socialista Italiano se declaró en favor de la neutralidad.

En 1889 los socialistas marxistas organizaron en París la Segunda Internacional; en su primer congreso se acordó celebrar todos los años una “fiesta” obrera el primero de mayo; ya para 1890, en ese día se organizaron manifestaciones pro  jornada de 8 horas.

El movimiento sindical internacional comenzó en Copenhague en 1901, donde se reunieron representantes sindicales de ocho países. El “Secretario Internacional de las Organizaciones Sindicales Nacionales” quedó establecido en una tercera conferencia, celebrada en Dublín en 1903. Tiempo después se le adhirió la Federación Norteamericana del Trabajo, por indicación suya se cambió el título al de Federación Internacional de Sindicatos. En 1913 decía contar con 7,500,000 afiliados en 19 países, de un total de 16,000,000 miembros de sindicatos en 30 países. Esta Federación se alió a la Segunda Internacional y, como ella, se hundió durante la Primera Guerra Mundial.

Después de la Primera Guerra Mundial, los trabajadores italianos estaban organizados principalmente en la Confederación General Socialista del Trabajo y en la Confederación Católica Italiana de Trabajadores. Menos importantes eran los sindicatos reformistas Republicanos y los sindicatos anarcosindicalistas.

El movimiento fascista, fundado en 1919, organizó a sus elementos en sindicatos o “corporaciones” fascistas; y, en 1912, el Partido Fascista unificó sus organizaciones en la Confederación  Nacional de Corporaciones Sindicales.

La legislación social se extendió en Italia en los años 1918-1921 debido a la intensa actividad sindical; se estableció el derecho de vacaciones pagadas; se extendió a la agricultura la indemnización por accidentes de trabajo; y se implantó el seguro contra la desocupación, invalidez y vejez. La jornada de ocho horas y la semana de cuarenta y ocho se estipulaban en todos los acuerdos colectivos de trabajo, industriales y agrícolas, con algunas excepciones permitidas antes de 1919. La semana media de trabajo del período anterior a 1918 era de sesenta a sesenta  y seis horas.

Después del armisticio, la inquietud social se manifestó de muchas formas: la pobreza fue causa de desórdenes; obreros y campesinos, sin tierra ni trabajo intentaron apoderarse de las tierras; los trabajadores de las industrias del norte del país ocuparon las fábricas en un intento de apoderarse del gobierno del país. Existía un ambiente de intranquilidad. Mussolini marchó sobre Roma en octubre en 1922 y el rey lo nombró primer ministro.

En 1924 estuvo a punto de derrumbarse el régimen fascista a causa del escándalo Matteoti -opositor el régimen fascista-, quién fue asesinado después de pronunciar un discurso contra las intimidaciones y los fraudes fascistas en las elecciones de 1924. Los indicios señalaban que Mussolini había ordenado personalmente el asesinato.

En 1926, los sindicatos estaban destruídos - a excepción de los fascistas- que no lo eran. Las huelgas, los paros y el incumplimiento de contratos se convirtieron en delitos penales. Las corporaciones sindicales tenían que ponerse de acuerdo con el estado fascista para realizar los objetivos que el mismo estado marcaba, como el apoyo al gobierno fascista y estímulo a la iniciativa privada.

En 1927 Mussolini promulgó la Carta del Trabajo. En ella, se convertía al trabajo en deber social protegido por el Estado; se reiteró una ley que hacía obligatoria la organización obrera y la patronal en cada rama de la economía; empresas y obreros tenían que atenerse al principio de solidaridad con el estado; y se estimulaba la propiedad privada en la esfera de la producción.

La educación en la teoría de Antonio Gramsci

La teoría de Gramsci o Filosofía de la Praxis se ubica dentro de las corrientes contemporáneas del marxismo. Esta filosofía considera  a la práctica como la categoría central. Tiene como objeto de conocimiento al “ser constituido por la actividad humana real, es decir, como un producto del sujeto, de ahí que esta filosofía subraya su carácter subjetivo ...considera al hombre como creador de la realidad y de si mismo entendiendo por realidad lo que tiene significación para el hombre”[1]; estos elementos la separan de otras teorías marxistas, y es por ello que puede ser considerada como subjetivista.

Gramsci concibió a la política fundamentada en la filosofía y encuentra en la actividad política la posibilidad de transformación de la sociedad; asimismo es considerado como un teórico del marxismo y organizador del movimiento obrero en Italia.

Antonio Gramsci no fue un especialista en temas de educación, su preocupación por los problemas educativos tenían una doble motivación: por un lado, la educación de sus hijos, Delio y Giuliano; y por otro, la investigación teórico-práctica.

Para entrar al análisis de la educación en la teoría de Gramsci se revisarán primero algunos conceptos, como el de Estado y hegemonía, que permiten la comprensión del proceso educativo.

El centro del análisis gramsciano lo encontramos -a diferencia de Marx- en la superestructura, de ahí la gran importancia que le dio al Estado y a la educación.

Gramsci le confirió al Estado la función de difundir una concepción del mundo; lo concibió como un organismo que crea las condiciones para la permanencia y expansión de una determinada clase social, la hegemónica. Es decir, para él el Estado no sólo tiene una función coercitiva sino que es un medio para que una clase social logre la hegemonía en la sociedad.

La hegemonía se consolida dentro del bloque histórico cuando se logra el consenso entre las sociedades política y civil. El Estado, como instrumento de hegemonía conduce a lograr el control de la conciencia. Es aquí donde encontramos la relación entre la función del Estado y la educación.

En realidad - nos dice Gramsci- el Estado debe concebirse como “educador” precisamente en cuanto tiende a crear un nuevo tipo de civilización.

Para Gramsci existe una clara relación entre pedagogía y hegemonía: “Toda relación de hegemonía es necesariamente un rapport pedagógico” [2]

Los intelectuales

Este tema fue tratado por Gramsci en 1930 y apareció en uno de los primeros Cuadernos de la Cárcel, posteriormente hizo algunas modificaciones en otro Cuaderno. No se trata de un ensayo orgánicamente elaborado sino de notas y apuntes fragmentados.

Gramsci sostiene que todos los hombres son intelectuales, ya que cualquier actividad humana -aunque se trate de la más mecanizada- lleva implícita un mínimo de actividad intelectual. El obrero o proletario “no se caracteriza específicamente por el trabajo manual o instrumental , sino por la situación de ese trabajo en determinadas condiciones y en determinadas relaciones sociales” [3]; aunque distingue entre diversos grados de actividad intelectual.

Por otra parte, aclara Gramsci, que existen dos tipos de intelectuales: los tradicionales y los orgánicos. A los intelectuales tradicionales los identifica con aquella categoría de intelectuales preexistentes a una formación social, que representan una continuidad histórica y con cierta autonomía e independencia de la clase social hegemónica.

Los intelectuales orgánicos son aquellos que sirven intencionalmente a alguna clase social , son ‘orgánicos’ a la clase; provienen de la clase dominante y sirven para darle “ homogeneidad y conciencia de la propia función, no sólo en el campo económico sino también en el social y en el político”[4]

Gramsci propuso la creación de un nuevo tipo de intelectuales que se encuentre ligado al proletariado. “El problema de la creación de un nuevo grupo intelectual consiste por tanto en elaborar críticamente la actividad que existe en cada uno en cierto grado de desarrollo modificando su relación con el esfuerzo muscular y nervioso en un nuevo equilibrio, logrando obtener que el mismo esfuerzo muscular y nerviosos que como elemento de una actividad práctica general innova constantemente al mundo físico y social, llegue a ser el fundamento de una nueva e integral concepción del mundo.” [5] Al mismo tiempo, este nuevo intelectual deberá encontrarse relacionado estrechamente al trabajo industrial.

La Escuela

Para Gramsci la escuela contribuye a lograr la hegemonía política de una determinada clase social. Sin embargo, dice: “la escuela con su enseñanza lucha contra el folklore con todos sus sedimentos tradicionales de concepción del mundo para difundir una concepción más moderna cuyos elementos primitivos y fundamentales son provistos por el conocimiento de las leyes de la naturaleza como dato objetivo al que hay que adaptarse para dominarlo y las leyes civiles y estatales que son producto de la actividad humana que son establecidas por el hombre y pueden ser cambiadas por el hombre para los fines del desarrollo colectivo. “[6]

A Gramsci le tocó participar por un lado, de la crisis de la escuela tradicional italiana, y por el otro, de la proliferación de las escuelas activas, liberales y de las escuelas profesionales especializadas.

Sobre el liberalismo pedagógico opinó que ha dado lugar a ‘involuciones’ de las que el espontaneismo es el más característica. Considera que la conciencia del niño se forma en relación a su ambiente y a su medio social, por lo que la ‘espontaneidad’ se hace problemática. El permitir el espontáneo desarrollo de la personalidad del niño es una actitud reaccionaria, lo que debe hacerse es crear instituciones preescolares que permitan superar las deficiencias del ambiente del origen del niño.

Gramsci opinó sobre las escuelas liberales que no educan democráticamente a los niños; para que así fuera, debería favorecer el paso de los grupos dirigidos al grupo dirigente.

Gramsci prefería la escuela clásica italiana, a la que considera como formativa, humanista, capaz de captar todos los aspectos de la realidad. Este tipo de escuela fue sustituida por la escuela profesional, especializada, originada en una sociedad de la civilización moderna por el complejo de todas sus actividades prácticas.

El mencionado autor veía con preocupación el reemplazo de la escuela ‘formativa’ por la profesional , “ el aspecto más paradojal es que este nuevo tipo de escuela aparece y se proclama como democrática”[7] cuando “la multiplicación de los tipos de escuela profesional tiende a eternizar las diferencias tradicionales , pero como en esas diferencias tiende a provocar estratificaciones internas, hace nacer por eso la impresión de ser una tendencia democrática.”[8]

Gramsci presenta una solución tendiente a superar los problemas de las escuelas de tipo liberal y de las especializadas o profesionales, él propone la creación de una escuela unitaria: “escuela única inicial de cultura general, humanista, formativa, que equilibre justamente el desarrollo de la capacidad de trabajo manual (tecnicamente-industrialmente) y el desarrollo de la capacidad del trabajo intelectual.”[9]

A la escuela unitaria la concibe como activa, aunque -dice se tengan que poner límites a las ideologías liberales: debe ser una escuela ligada a la vida y sostenida por el Estado.

Considera que la escuela unitaria debe tener varias etapas: en la primera, se disciplina al niño tratando de obtener un “conformismo dinámico” con la finalidad de desarrollar la personalidad. En el siguiente, cuando el niño ya es responsable y autónomo, el aprendizaje se produce por el esfuerzo espontáneo y el maestro se convierte en guía. En esta etapa se tiende a crear los valores del ‘humanismo’, la autodisciplina intelectual y la autonomía moral que serán necesarias para seguir estudiando. De la escuela única se pasará a las escuelas especializadas o a la universidad.

El autor propone además, una serie de servicios preescolares tendientes a homogeneizar; a superar las deficiencias y diferencias debidas a la procedencia social.

En su etapa de dirigente del Partido Comunista Italiano, Gramsci propuso la creación de escuelas de partido, “aptas para formar organizaciones y propagandistas bolcheviques, no maximalistas, es decir que tengan cerebro, además de pulmones y garganta.”[10] , donde los elementos más ancianos participen a los más jóvenes de sus experiencias y ayuden a elevar el nivel político de la ‘masa’.

Educación

Para Gramsci la conciencia del niño es el reflejo de la parte de la sociedad civil de la que el niño participa; por lo que su formación no se puede dejar al azar de las impresiones del ambiente.

Gramsci marca en la vida del niño dos etapas: antes y después de la pubertad: en la primera etapa, la educación debe caracterizarse por cierta acción  y disciplina necesaria para formar la personalidad del niño; después de la pubertad, toda intervención se hace odiosa, tiránica, insoportable, en esta etapa, la educación debe ser más creativa y libre, fomentando la autodisciplina y la autonomía.

Cada generación educa a la nueva generación. La educación es una lucha contra la naturaleza para dominarla y crear el hombre adecuado a su época.

En cuanto a la educación del ‘dirigente’ político opina que debe lograr un mínimo de cultura general técnica que le permita, juzgar las soluciones presentadas por los expertos.

Liberalismo y autoritarismo

Gramsci consideró que las ideas pedagógicas de Rousseau fueron originadas por una reacción contra los métodos pedagógicos de los jesuitas y en cuanto tal representan un progreso; pero, el liberalismo de Rousseau comete errores: el de suponer que el niño está en potencia todo el hombre y que la educación debe ayudar a desarrollar lo que el niño ya tiene latente, sin coerciones; y , que esta pedagogía , combate el dogmatismo en donde cierta dosis de dogmatismo es prácticamente imprescindible.

Disciplina, autoridad y formación

Gramsci afirmó que se deben poner ciertos límites a la libertad individual; es necesario un cierto grado de disciplina, de coacción, que forme hábitos y normas para conducir a los individuos a incorporarse conscientemente al proceso histórico, sin dispersiones inútiles.

 El autor concibió a la disciplina no como pasiva aceptación de órdenes, “sino como una asimilación consciente y lúcida de la directriz que ha de realizarse. La disciplina no anula por tanto la personalidad en sentido orgánico, sino que limita tan sólo el arbitrio y la impulsividad irresponsable.” [11]

Enseñanza del latín y griego

Sobre la enseñanza de Latín y el Griego -Gramsci opinó- que son útiles ya que habitúan a los niños a estudiar de un cierto modo; acostumbran a razonar, a abstraer y a  ser capaz de ver en todo hecho lo que tiene de general y de particular.

Bibliografía

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·     Carnoy Martín. Enfoques Marxistas de la Educación, Col. Estudios Educativos,  Centros de Estudios Educativos, México, D.F., 1984.
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·     Palacios Jesús. La Cuestión Escolar,  Italia Barcelona, 1981.
·     Friedlaender H.E. y Oser J. Historia Económica de la Europa Moderna,  Fondo de Cultura Económica, México, D.F. 1957.
·     Salas de León Santiago A. Filosofía y Ciencia Superior del Estado de Nuevo León, Monterrey, 1983.


Notas

[1]Salas de León, Santiago Alfredo. Filosofía y Ciencia, Col. Filosofía y Metodología de la Ciencia, Escuela Normal Superior del Estado de Nuevo León, Monterrey, 1983.

[2]Gramsci, Antonio: La Hegemonía como Relación Educativa, en: De Ibarrola Nicolín María. Las Dimensiones Sociales de la Educación, Col. Biblioteca Pedagógica, El Caballito, México, D. F. 1985, p.51.

[3]Gramsci, Antonio. Los Intelectuales y la Organización de la Cultura, Juan Pablos, México, D.F., 1975, p.14.

[4]Gramsci, Antonio. Los Intelectuales y la Organización de la Cultura, p.2

[5]Ibidem, p. 15.

[6]Gramsci, Antonio. Los Intelectuales y la Organización de la Cultura, p. 116.

[7]Ibidem.

[8]Ibidem, p. 122

[9]Ibidem, p. 108

[10]Gramsci, Antonio . Partido y Revolución. Cultura Popular, Mexico, D.F., 1974, p. 25.

[11]Gramsci, Antonio. La Alternativa Pedagógica, en: Antología preparada para la Especialización en Teoría Educativa y Modelos Pedagógicos, programa del segundo trimestre, Universidad Pedagógica Nacional, 1987