17/5/13

Gramsci en Cuba

Jorge Luis Acanda González

La recepción de Gramsci en Cuba ha de estudiarse y entenderse como un momento de la recepción del marxismo en este país y lo que es más importante de la interpretación de qué es el socialismo y cómo se construye, y por lo tanto en su vinculación con los derroteros de la revolución cubana en los 40 años de su existencia en el poder.

Es ya un lugar común entre los estudiosos de la historia del marxismo en Cuba destacar tres etapas de su evolución después del triunfo revolucionario. La primera transcurre durante la década del 60 y finaliza hacia 1971; la segunda abarca desde esa fecha hasta mediados de los años 80, y la tercera comienza en esos años y llega hasta hoy. Es preciso hacer una breve caracterización de esas etapas. Lo que al respecto voy a decir aquí no es nuevo, ni nada que no haya sido ya escrito, publicado y debatido en Cuba ampliamente. En especial me voy a apoyar en los enjundiosos artículos publicados sobre este asunto en el número 3 de 1995 de la revista Temas por Fernando Martínez, Aurelio Alonso y Joaquín Santana.

Recordemos que el proceso que da lugar a la victoria de 1959 no estaba conducido por un partido marxista, ni fue expresamente movido por ideas marxistas. Es, en sentido inverso, la revolución la que asume las ideas del marxismo. La presencia hegemónica del marxismo se introduce, de manera progresiva aunque vertiginosa, en los cuatro primeros años que siguen a la toma del poder. Y esta conversión del marxismo en referente hegemónico se produce en un contexto internacional caracterizado por el auge de una oleada revolucionaria mundial, las disensiones al interior del campo socialista y por las primeras muestras de agotamiento de la institucionalidad política y el doctrinarismo implantadoen los países del socialismo histórico (término que tomo de Helio Gallardo y que prefiero al de “socialismo real”). En la primera etapa, el marxismo es campo de debates y pugnas. La revolución cubana fue y se comprendió a sí misma como una herejía, y la herejía le dio alas al pensamiento social contra la visión dogmática y sectaria, que también trató de imponerse en Cuba desde entonces. Esos años del 60 se caracterizaron por el debate, la diversidad de opiniones y la libertad creativa. No existió un patrón único de enseñanza, interpretación y utilización del marxismo. Se desarrolló una aguda confrontación entre el marxismo dogmático, que copiaba los patrones provenientes de la Unión Soviética, y un marxismo creador, generador de una experimentación no convencional y una reflexión no ortodoxa. Fueron variados los escenarios del debate, desde los de la creación artística y literaria hasta los de la economía. Con respecto al pensamiento filosófico, fueron el entonces Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana y la revista Pensamiento Críticolos principales difusores del marxismo revolucionario. En Cuba se publicó a autores como J. P. Sartre, G. Lukacs, K. Korsch, H. Marcuse, I. Deutscher, N. Poulantzas, G. Della Volpe, L. Colleti, A. Labriola, M.Godelier, L. Althusser, M. Weber, S. Freud, A. Gunder Frank, entre otros. Es en ese contexto que aparece Gramsci en Cuba. Desde fines de la década del 50 había comenzado en Argentina la edición de sus obras traducidas al español. Ya en 1965, en las selecciones de lecturas para los estudiantes, publicadas por el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana, se incluyeron fragmentos de El Materialismo Histórico y la Filosofía de Benedetto Croce, y Gramsci es incorporado, por primera vez en un país socialista, a la enseñanza de la filosofía en todas las carreras universitarias. En 1966 se publicó íntegramente El Materialismo Histórico..., y en la revista Pensamiento Crítico, en el número 23 de marzo-abril de 1967 aparecería el artículo “La metodología del marxismo en el pensamiento de Antonio Gramsci”, de Cesare Luporini. 

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La publicación en 1967 de Leer El Capital, de Louis Althusser, con sus comentarios críticos al historicismo gramsciano, y del extenso artículo de Nicos Poulantzas “Preliminares al estudio de la hegemonía en el Estado”, en los números 7 y 8 de 1967 de Pensamiento Crítico, propiciaron la reflexión sobre algunos aspectos del pensamiento del comunista italiano.
 
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