29/5/13

El intelectual cosmopolita Antonio Gramsci sobre Benedetto Croce

Benedetto Croce
✆ Manlio Paolocci
Benedetto Fontana

El periodo en el cual Benedetto Croce se hace prominente y su pensamiento moral e intelectual se propaga en la mayor parte de la cultura y el pensamiento italianos -finales del siglo XIX a principios del XX- es aquel que los contemporáneos denominan como la edad de las dos Italias, una oficial, la de los grupos en el poder y otra, la real, la Italia de las masas . Estas dos "ciudades" se enfrentaban en varios niveles: la ruptura tenía sus raíces en los conflictos socioeconómicos, se reflejaba en los ámbitos moral, cultural e intelectual, y tenía su expresión más visible en los lenguajes hablados en estos dos mundos, por una parte, un lenguaje latino, altamente literario y florido, y por otra, un lenguaje fragmentado, constituido por múltiples dialectos local, regional y socialmente diferenciados. El primero se componía de un sistema denso e intrincado de símbolos conocido por las bases que constituían los intelectuales medios y altos de los grupos en el poder; el segundo era el lenguaje de las masas.

En esta pluralidad de lenguajes encuentra Gramsci fundamentos para su tesis de que la sociedad italiana no existe como entidad moral y colectiva excepto, quizás, en la literatura abstracta y formal de los intelectuales.


La "latinización" del lenguaje italiano era la más alta expresión, en el ámbito de la cultura y la literatura, de la amplia distancia que separaba a las dos Italias, y como tal, el lenguaje se convierte en un instrumento político e ideológico de los conflictos y las luchas que se dan en los ámbitos económico y social.

Gramsci ve en Croce a la figura representativa de esta brecha y lo define como "una especie de papa laico" del pensamiento cultural, moral e intelectual italiano. Para Gramsci, Croce ocupa al mismo tiempo la cúspide del pensamiento italiano y el punto más bajo de la historia y la política  italianas.

El término papa laico se emplea para connotar o señalar la separación entre alta cultura y cultura popular, entre una considerada como propiedad de una élite intelectual que se autoperpetúa empleando el conocimiento de un lenguaje abstruso manteniendo el poder y el control sobre los instrumentos de la cultura y la educación -una cultura cuya naturaleza es una distorsión simplificada y resultado natural del propio lenguaje y cuyas categorías son un reflejo opaco y viciado del mismo, de igual forma que los dialectos son un espejo imperfecto del idioma nacional dominante. Los dos tipos de intelectuales, el croceano laico y el eclesiástico clerical son social y políticamente equivalentes y constituyen conjuntamente lo que Gramsci llama "el intelectual tradicional o cosmopolita". Aunque opuestos filosófica y teológicamente, son aliados naturales en el intento de mantener y reproducir el divorcio cultural, moral e intelectual entre los grupos que dominen, incluyendo a sus intelectuales, y los "simples" (esto es, la masa de trabajadores, campesinos y los grupos subordinados en general). Pero donde el intelectual clerical ha tenido éxito en la reproducción de una versión simplista y popular de la teología cristiana, que se ha incorporado a la vida y el pensamiento de los simples, los intelectuales burgueses, en la figura de Croce, no han podido diseminar y popularizar su punto de vista moral e intelectual sobre el mundo.

Así, la crisis del orden y de la legitimidad institucional que experimenta el nuevo Estado italiano es un reflejo del aislamiento y la esterilidad social de la filosofía expresada por Croce y sus seguidores. El símbolo de la sofisticación y la urbanidad de la sociedad liberal y burguesa italiana es, al mismo tiempo, la figura que expresa la ruptura política y social de la clase italiana en el poder. 
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Esta ruptura, tomada en su totalidad política, social, oral, intelectual y cultural era precisamente la anomia estructural y social del Estado italiano que fue la base política y moral para la victoria del fascismo.