29/4/13

Textos de dos grandes gramscianos internacionalistas / Manuel Sacristán & Francisco Fernández Buey

Salvador López Arnal
  • En el aniversario de la muerte de Antonio Gramsci (1891-1937)
“Hace 30 años daba Radio Barcelona la noticia de la muerte de Antonio Gramsci (el 27 de abril de 1937, a los 46 años de edad y a los seis días de haber cumplido condena bajo el primero de los fascismos europeos”. Así iniciaba Manuel Sacristán, en 1967, su texto sobre “La formación del marxismo de Gramsci” (Sobre Marx y Marxismo, Icaria, Barcelona, 1983, pp. 62-84). La noticia, si no ando errado, fue dada por el bridagista internacionalista italiano, el gran anarquista Carmelo Berneri.

Años después, unos textos de urgencia en su honor, sobre la obra del autor de los Quaderni, en este 76 aniversario de su prematuro fallecimiento, de dos grandes gramscianos hispánico-internacionalistas. Ambos, Sacristán y Fernández Buey, penetraron como pocos en la filosofía, en la política y en la vida del revolucionario sardo.


Sea este “¿qué es el hombre?” de Sacristán, de 1969 a título de ejemplo: “Gramsci propone un marxismo al que llama “filosofía de la práctica”. Esta filosofía de la práctica no es un pragmatismo, sino un modo de pensar que historiza los problemas teóricos al concebirlos siempre como problemas de cultura y de la vida global de la humanidad… La filosofía ha de entenderse en la práctica de la humanidad, “concretamente, es decir, históricamente”. Por eso el tema del hombre es “el problema primero y principal de la filosofía”, de la práctica.

En la concepción marxista de Gramsci la cuestión “¿qué es el hombre?” entendida como cuestión filosófica no pregunta por la naturaleza biológica de la especie sino por otra cosa que él formula del modo siguiente: “¿Qué puede llegar a ser el hombre? Esto es, si el hombre puede dominar su propio destino, si puede “hacerse”, si puede crearse la vida”. Piensa Gramsci que todas las filosofías han fracasado hasta ahora en el tratamiento de esa pregunta porque han considerado al hombre reducido a su individualidad biológica. Pero la humanidad del individuo comporta elementos de tres tipos: primero, el individuo mismo, su singularidad biológica; segundo, “los otros”; tercero, “la naturaleza”. El segundo y el tercer elementos son de especial complejidad: el individuo no entra en relación con los otros y con la naturaleza mecánicamente, sino ”orgánicamente” (con los otros) y “no simplemente (con la naturaleza) por ser él mismo naturaleza, sino activamente, por medio del trabajo y de la técnica” (incluyendo en este último concepto también los “instrumentos mentales”, esto es, la ciencia y la filosofía)” (…) Esas relaciones…, son activas, conscientes, es decir, corresponden a un grado mayor, o menor de inteligencia de ellas que tiene el hombre. Por eso puede decirse que uno se cambia a sí mismo, se modifica, en la medida misma en que cambia y modifica todo el complejo de relaciones del cual él es el centro de anudamiento. Con eso ultima Gramsci su reelaboración del concepto de “naturaleza humana” de Karl Marx: “que la “naturaleza humana” es el “complejo de las relaciones sociales” (como ha escrito Marx) es la respuesta más satisfactoria, ya que incluye la idea de devenir… Puede también decirse que la naturaleza del hombre es la `historia’” (“Gramsci, Antonio”, PM II, pp.414-416).

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