21/4/13

Marx, Kalecki, Keynes y la estrategia socialista / La superioridad de la economía política del trabajo sobre la economía política del capital (El gran debate de la izquierda del siglo XX, revisitado)

Colores estratégicos ✆ Alexandra Huber
John Bellamy Foster

Para ver con perspectiva histórica el estancamiento económico que afecta a los EEUU y a otras economías capitalistas avanzadas hay que retrotraerse a la grave desaceleración de 1974-75, que marcó el fin de la prosperidad de posguerra. La interpretación dominante de la recesión de mediados de los 70 dice que el pleno empleo de la primera época keynesiana sentó las bases de la crisis al robustecer la posición del trabajo en relación con el capital. Según han venido sosteniendo muchos destacados economistas de izquierda cuya visión no difiere en este punto de la corriente académica dominante, el problema era la existencia de una clase capitalista “demasiado débil” y una clase obrera “demasiado fuerte”. Con distintas pruebas empíricas, se atribuía comúnmente la caída a un aumento de la participación salarial en el ingreso, con la consiguiente contracción de los beneficios empresariales. Lo que ha venido en llamarse “teoría de la crisis por contracción de beneficios”.

La Monthly Review jugó un papel clave en la introducción de una variante radical de la perspectiva de la “contracción de beneficios causada por el pleno empleo” en los EEUU publicando en su número de octubre de 1974 el artículo seminal de Raford Boddy y James Crotty “Class Conflict, Keynesian Policies, and the Business Cycle” [Conflicto de clase, políticas keynesianas y ciclo económico] [4] Ese artículo iluminaba el bien establecido hecho de que los salarios y los costes de mano de obra por unidad crecen cuando se acerca el pico máximo del ciclo económico, apuntando indiciariamente al colapso del auge. Sin embargo, los autores pasaron a sugerir que el incremento de la participación salarial en el ingreso en condiciones de pleno empleo era responsable en buena medida del gran declive económico entonces en curso. “Los capitalistas –escribían—, guiados por algo más que su instinto de clase, piensan que el pleno empleo sostenido es manifiestamente absurdo… La maximización de beneficios precisa evitar el pleno empleo sostenido”. 
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Al sostener eso, los autores opusieron su perspectiva a la del gran economista marxista polaco Michał Kalecki, así como a las posiciones de Josef Steindl y Howard Sherman. [5]