21/4/13

Leyendo a Marx a la luz de Marx

Adriano Nervo Codato

La historia intelectual del marxismo occidental en el siglo XX, antes de su ocaso como teoría social predominante de los análisis inspirados por la Historiografía, la Filosofía, la Economía, o la Sociología, conoció, grosso modo, dos fases bien distintas. Acerca de la primera, Perry Anderson observó que, a diferencia del marxismo clásico, que conjugó el trabajo teórico con la actividad militante, el marxismo de los intelectuales universitarios promovió, a partir del período de entre-guerras, un “divorcio estructural” entre el pensamiento y la práctica revolucionaria, abandonando progresivamente los estudios sobre “la economía y la política por la filosofía”. La consecuencia más importante de esa opción fue la primacía “del trabajo epistemológico centrado esencialmente en los problemas de método”.


Las discusiones de allí derivadas migraron a los análisis sobre la “estética, o, en un sentido más lato, de las superestructuras culturales” y su “primera expresión se dio en Alemania, en el Instituto de Investigación Social de Frankfurt”. Con excepción de Gramsci, el marxismo occidental se mantuvo indiferente a las cuestiones clásicas que movilizaron al materialismo histórico: el “examen de las leyes económicas de la evolución del capitalismo como modo de producción, el análisis de la máquina política del Estado burgués [y de la] estrategia de la lucha de clases necesaria para derribar” ese Estado. “Durante más de veinte años después de la II Guerra Mundial, la producción intelectual del marxismo occidental en el dominio de la teoría política o económica – en lo que hace a la producción de obras importantes tanto en un campo como en el otro – fue casi inexistente” (Anderson, 1976: 38, 43, 121, 46, 61 y 63, respectivamente).
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