9/4/13

La vida (en España) después de Gramsci

Antonio Miguel Carmona

Muchos aliados de clase, quienes no son propiamente clase trabajadora, muestran un interés desconocido a la hora de dar lecciones de izquierdismo a las organizaciones propiamente de clase, los partidos obreros o los sindicatos. Nos encontramos entonces en un punto en el que los socialistas pierden su discurso a favor de un sumatorio de propuestas de diferentes organizaciones y movimientos que convierten al partido socialista en un partido radical demócrata.

Entre los treinta y dos Cuadernos de cárcel, Antonio Gramsci elaboró unos postulados que se convierten en la actualidad en una puerta abierta a la salida de la crisis política de la izquierda europea. Así, el filósofo de Ales defiende que sólo con la clase trabajadora nucleada en la organización del partido, no podría obtenerse la hegemonía social.
Necesitaríamos sumar a los aliados de clase quienes, no siendo clase trabajadora propiamente dicha, confluyen sus intereses en un fin común que es la transformación social.

De esta manera, los partidos socialdemócratas han sido capaces de sumar a dichos aliados tales como las organizaciones feministas, las asociaciones ecologistas, los movimientos de gays y lesbianas, comerciantes, autónomos y otros. Sin embargo hay vida después de Gramsci. Los aliados de la clase trabajadora han impuesto, desde la buena voluntad un discurso de partido radical reconvirtiendo la organización socialista en un mero partido de derechos civiles.

Así, el discurso socialista se diluye víctima de sus propios aliados de clase. Se convierte en portavoz de los movimientos sociales que acaban protagonizando el proyecto y el discurso, fagocitando la idea original de los socialistas y de los socialdemócratas quienes pierden inmediatamente liderazgo.

Aún simpatizando con todos estos movimientos yo, personalmente, soy solo socialista. No formo parte de los aliados de clase con quienes, eso sí, simpatizo, pero sólo simpatizo. Por eso, me sorprende ver a activistas de las organizaciones aliadas explicándole a los socialistas cómo recuperar sus esencias.

Así, los aliados de la clase trabajadora son los que establecen la agenda política, no los socialistas quienes son los que debieran hacerlo y liderar a sus propios aliados. Por ello, perdido el liderazgo socialista a favor de un partido radical, el orden de prioridades se establece en el avance de los derechos civiles, el laicismo o la república. Y, siendo compartidos estos objetivos, formando parte también de nuestra agenda, no son empero las prioridades de los socialistas.

Por eso hay vida después de Gramsci. Y como hay vida, las prioridades de los socialistas pasan por impulsar el derecho al trabajo, recuperar la renta de los trabajadores, emancipar a la clase trabajadora del capitalismo financiero que lleva a los trabajadores al desempleo, a sus familias al desahucio y a sus derechos a la papelera. El resto son aliados, imprescindibles, pero aliados.

Antonio Miguel Carmona es miembro del Comité Federal del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y profesor de Economía
En Twitter es
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