29/4/13

Hugo Chávez y el internacionalismo

Ricardo Sánchez Ángel

Especial para Gramscimanía
Destaco en la personalidad del internacionalista Hugo Chávez su origen humilde. También su condición de militar, lo cual siempre exhibió con orgullo en la tradición de Lázaro Cárdenas en México, Juan Velasco Alvarado en Perú, Juan Domingo Perón en Argentina y Omar Torrijos en Panamá, todos ellos insertos en el torbellino de los intereses en pugna sobre el papel de las Fuerzas Armadas en América Latina. Hugo Chávez luchó por emancipar a la institución de la tutela de los Estados Unidos y de los poderosos, logrando cambios más sustantivos en el campo armado que aquellos personajes. Sus creencias eran las del cristianismo, con su imagen ejemplar: Jesucristo. Predicó el evangelio revolucionario, conectándose con las comunidades cristianas de base y la Teología de la Liberación, esta última de reconocido ascendiente entre los católicos y marxistas.

Su estampa era la de uno de los nuestros: indígena y mulato, popular hasta los tuétanos, alegre y enérgico. Un líder de multitudes y un combatiente de la igualdad y la justicia. Nos mostró que las libertades formales deben acompañar a las reales, que los procedimientos republicanos son imperativos de la democracia y que las mayorías se construyen y no se suplantan. Su perspectiva era el partido político que organizó en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). 

El legado de Hugo Chávez es múltiple en dimensiones e intensidades. Revivió el internacionalismo a partir de luchar por la integración y unidad de Nuestra América, de los revolucionarios, de los pueblos y de los Estados, a través de distintas organizaciones que vienencoordinando las ventajas comparativas de la región. Su idea estratégica era la de un bloque continental que le diera fluidez a las transformaciones democráticas y revolucionarias.

El programa del bolivarismo que Hugo Chávez remozó era para construir el socialismo en Afroindoamérica, no sólo en Venezuela. De allí su enérgico internacionalismo, que dejó atrás cualquier ilusión del socialismo en un solo país. Su temprana alianza con Cuba, la constitución de Petrocaribe, del ALBA, la CELAC, su apoyo a UNASUR –iniciativa Lula da Silva como presidente de Brasil- sumado a foros, encuentros, coordinaciones… todo ello estuvo siempre en el día a día del presidente de Venezuela. Estas iniciativas están convirtiéndose a su vez en alternativas frente a la anacrónica OEA.

Venezuela no participó en la militarización de Haití, dedicando su ayuda a lo social. Dio siempre un apoyo a la causa Palestina, al igual que a los pueblos árabes, denunciando las guerras de agresión y clamando sin cansancio por la solidaridad con ellos. En esa misma perspectiva apoyó las iniciativas de Paz en Colombia,como la actual entre las FARC y el gobierno de Juan Manuel Santos, estimulando al ELN a seguir el mismo camino.

El gobierno que presidió Hugo Chávez durante 14 años enfrentó con dignidad y eficacia a la potencia imperial de los Estados Unidos, contra la explotación y la injerencia. Rescató con ello un sentido de pertenencia y de orgullo en nuestros pueblos.

Al colonialismo cultural que los grandes medios agencian por doquier, opuso la creación de una creativa red televisiva de alcance continental -TELESUR-, al igual que otras iniciativas contraculturales. 

La tarea principal de América Latina es su unidad, luchar por una confederación de Estados hacia el socialismo. Integrando sus economías, sus culturas, sus intelectuales, su envidiable naturaleza, sus pueblos multicolores, su historia, sin hegemonismos de parte de ninguno de los países, colocando la dignidad como primer punto de esa unidad, asunto que empieza con Haití. La deuda histórica y moral con la cuna de nuestra independencia debe ser saldada.

La columna vertebral del socialismo del s. XXI es el internacionalismo. Hugo Chávez lo aprendió en la experiencia global. Asistió al derrumbe de esa máquina horrorosa de la burocracia de la Unión Soviética y los Estados del “socialismo real”. Por ello el revolucionario venezolano pudo reivindicar con frescura las figuras y pensamientos de Rosa Luxemburgo y León Trotsky. Y tuvo la audacia de proponer, con todas las letras, la creación de una nueva internacional: la Quinta Internacional.

No puedo dejar de escribirlo: qué maravilla de sueño, de utopía, la que proponía Hugo Chávez, como lo soñaron para su tiempo los creadores de la utopía comunista, los científicos de la revolución: Carlos Marx, Vladimir Lenin, León Trotsky. Es verdad, Hugo Chávez no encontró eco en ello, ni condiciones, ni tiempo, pero lo planteó meritoriamente.

Bolivarismo

Para Hugo Chávez el legado de la Unidad que diseñó Simón Bolívar y los libertadores era el de la patria grande. Si la dominación española era continental, la liberación no era posible sino en la misma dimensión. A la dominación global, la independencia global. Se suma a la concepción decimonónica de Simón Bolívar el reconocimiento formulado por su “maestro loco”, Simón Rodríguez: o nos unimos o pereceremos.El paisaje internacional era el de los grandes bloques y potencias, desde los imperios en ascenso –Inglaterra y Francia- hasta el imperio en decadencia –España-, que volvió a sus andanzas con su empresa criminal de la reconquista.

El jefe del ejército pacificador, Pablo Morillo, fue un terrorista de Estado más que un militar. Y fue ese ejército derrotado de nuevo en la histórico combate de Ayacucho en diciembre 9 de 1824, una de las más grandes batallas de la era moderna y la más importante de Nuestra América.

El genio de Simón Bolívar y de su élite militar, con Antonio José de Sucre, quien dirigió la batalla, hicieron posible el hundimiento de la dominación hispano colonial y el surgimiento de las repúblicas.Hugo Chávez creía firmemente en la grandeza de esta herencia, en la trascendencia de la primera independencia, en la proyección de esa revolución. 

Finalmente Simón Bolívar y la élite libertadora resultaron derrotados y traicionados. El asesinato de Antonio José de Sucre en el punto más alto de su carrera político-militar, marca una inflexión negativa en el curso de los acontecimientos libertadores. Bolívar murió solo y desilusionado en Santa Marta, con plena conciencia del desastre incoado por la fragmentación de la Gran Colombia, recién divida en “repúblicas aéreas”, bajo la égida de caudillos y políticos como José Antonio Páez en Venezuela, Francisco de Paula Santander en Colombia y Juan José Flores en Ecuador. Todo el continente siguió el curso de la división,con su programa de defensa de los intereses de las oligarquías de la tierra y el comercio. La revolución fue interrumpida para la entrada impune de los nuevos colonialismos, siendo tergiversada desde entonces, sometida a la caricatura de una historiografía superficial o alienada.

El programa internacional de Hugo Chávez desenterró esta herencia de Simón Bolívar, con orgullo y conocimiento. Con documentación, redimió la gesta de nuestros libertadores, los puso en la escena de la historia en forma visible, actual, proyectando el pasado vigoroso a un presente creativo, con nuevas y difíciles tareas por adelantar. Se trata de una potencia creativa, multitudinaria, como praxis, memoria, conocimiento, cultura y herencias sentimentales profundas, acompañado de la gran tradición comunitaria de los indígenas y la libertad de los negros.

Esta síntesis de Hugo Chávez sirve de ilustración:

“Hace 200 años los padres libertadores no pudieron, ellos no pudieron hacerlo, y Bolívar recogió en una frase profunda, en una frase dramática aquella realidad dolorosa cuando dijo: “He arado en el mar…” ¿De qué sirvió esta independencia, decía Bolívar, muriéndose ya, ellos no pudieron, no pudieron cuajar las repúblicas que querían, eliminando las desigualdades, los privilegios, creando repúblicas de iguales y de libres; y luego, al mismo tiempo uniéndolas en la liga de repúblicas para equilibrar con el Norte, con el Este y con el Oeste; así los planteaba Bolívar cuando convocó al Congreso de Panamá en 1824.

El Congreso se reunió en el 26 en Panamá, pero murió al nacer, él decía que era necesario, era indispensable conformar la Unión del Sur, una Liga de Repúblicas, en lo político, en lo económico, en lo social y en lo militar, para luego ir en condiciones de igualdad y de dignidad a negociar sobre la paz, la economía y la guerra, con el Norte, con el Este y con el Oeste.

Esa estrategia, la estrategia de Bolívar, que era la misma de todos ellos, esa estrategia; sólo que quizás Bolívar logró llevarla más lejos, logró clavar una pica allá en Flandes, logró orientar la brújula mejor”[1].

Reforma y transición

En forma simultánea, combinó el internacionalismo con la realización de las tareas revolucionarias en Venezuela. Sus realizaciones saltan a la vista: incorporó a las multitudes de trabajadores de toda condición a la vida social y política, convirtiéndolos en protagonistas de su propio destino, con mayoría de edad. Los venezolanos se visibilizaron y se apropiaron cada vez más de sus decisiones, fundando democracia, donde el protagonismo de las mujeres es evidente.

El gobierno bolivariano procedió a una tarea colosal de reformas sociales de tipo educativo, salud, vivienda, alimentación y creación de vigorosas redes de solidaridad. Se logró un avance significativo contra la desigualdad y la pobreza, en contraste con la mayoría de los países del continente.

El proceso revolucionario en Venezuela realizó la reforma, o mejor, las reformas, impulsando la primacía de lo humano y de lo social, sobre el mercado y la economía. La dinámica de este proceso no ha superado el capitalismo, pero lo cuestiona, lo limita y crea condiciones para la transición revolucionaria. Este es el sentido, a mi juicio, del proceso revolucionario en Venezuela: la reforma y la transición.

El fortalecimiento de la industria petrolera y el ejercicio de la soberanía nacional estatal es un avance cualitativo frente al pasado de apropiación parasitaria de la renta petrolera. La acusación de los analistas de los grandes medios, de los ideólogos del neocapitalismo, de que el gobierno de Hugo Chávez se gastó la renta petrolera en la inversión social y en la solidaridad internacional, es cierta. Lo cual es una realización plausible que hay que defender. Los gritos de que ello es populismo son etiquetas para la galería de las élites ricas. Otra cosa es que este sea un proceso lleno de contradicciones y con las asechanzas y fortalezas de la burocracia y la corrupción, del atraso, los personalismos y los dogmatismos.

Toda experiencia revolucionaria, y la de Venezuela no es la excepción, se encuentra en permanente peligro. No es un lecho de rosas, sino desafío permanente.

La tarea de Hugo Chávez debe ser continuada.

Nota

1] Chávez Frías, Hugo. La Unidad Latinoamericana. Sergio Rinaldi (Ed.) Bogotá D.C.: Ocean Sur, 2006. p. 265.


Ricardo Sánchez Ángel
Ricardo Sánchez Ángel es abogado, Magíster en Filosofía y Doctor en Historia. Fue Secretario de Educación de la ciudad de Bogotá y actualmente se desempeña como Profesor Asociado en la Universidad Nacional de Colombia. Miembro del grupo de investigación THESEUS, clasificado en la categoría A1 por Colciencias, es decir, de Excelencia Académica. Su último libro se titula ‘Huelga. Luchas de la clase trabajadora en Colombia’, 1975-1981 (2009), editado por la Universidad Nacional de Colombia. También es autor del libro ‘Bonapartismo presidencial y la Neo Respice Polum’  (2012), editado por el grupo editorial Ibáñez.rsangel49@gmail.com