30/4/13

Cómo nacieron los Grundrisse

Roman Rosdolsky

Cuando, en 1948, el autor de este trabajo tuvo la fortuna de poder ver uno de los entonces rarísimos ejemplares de los Grundrisse de Marx, (1) comprendió claramente de inmediato que se trataba de una obra fundamental para la teoría marxiana, pero que por su forma peculiar y en parte por su lenguaje, de ardua comprensión, era difícilmente apropiada para penetrar en vastos círculos de lectores. De ahí su decisión de, por una parte, “comentar” la obra y, por la otra, de aprovechar científicamente algunos de los nuevos descubrimientos allí contenidos. El primer propósito (al que sirven sobre todo las partes II-VI de este trabajo) creó la necesidad de reproducir las ideas más importantes de los Grundrisse, en lo posible con las palabras del propio Marx; el segundo objetivo exigía digresiones minuciosas, que se situaron en su mayoría en la primera parte, que inicia esta obra, y en la séptima, que le da término.

Para la confección de su trabajo, el autor debió luchar contra innumerables dificultades. Las bibliotecas de la ciudad en la que vive sólo contienen escasísimas obras socialistas en alemán, ruso o francés. (Y ni hablar de publicaciones tan imprescindibles como la Neue Zeit de Kautsky y otros.) Por ello se vio obligado a limitarse mayormente a los pocos libros de su propiedad, lo que a menudo, como es natural, le hizo desesperar de la viabilidad de sus objetivos. Pero eso no es todo. Cuanto más penetraba en el tema, tanto más claramente comprendía el autor que sólo habría de rozar el problema más importante y teóricamente más interesante que ofrecen los Grundrisse, sin poderlo tratar con mayor profundidad. Y ese problema es la relación entre la obra marxiana y Hegel, y, en especial, con la Lógica de este autor.

Por cierto que no existe problema de la teoría económica de Marx que haya sido más descuidado que el de su método en general, y el de su relación con Hegel en particular. Lo que puede leerse últimamente al respecto son, en su mayoría, lugares comunes que, para decirlo con palabras de Marx, sólo revelan el “interés enorme por el tema” propio de los autores y atestiguan una total indiferencia con relación al método de Marx. ¿Qué podría decirse, por ejemplo, de un psicólogo teórico que sólo se interesase por los resultados logrados por Sigmund Freud, pero que rechazara por improcedente y hasta por “metafísico” el problema de la manera en que arribó Freud a dichos resultados? Todo cuanto podría dedicársele sería —y con razón— un mero encogimiento de hombros. ¡Pero precisamente ésa es la manera en que la mayor parte de los actuales críticos y “conocedores” de Marx emiten juicios acerca de su edificio teórico-económico! Una de dos: o se niegan en absoluto a hablar del método dialéctico de Marx, ya que (tal como cuadra a los partidarios de la “teoría moderna”) están en contra de toda metafísica (lo cual tiene, por añadidura, la ventaja de que de ese modo pueden ahorrarse el verdadero estudio de este método), o bien se limitan a un par de frases bienintencionadas, que mejor hubiesen hecho en omitir. Esto vale incluso para un crítico de Marx tan destacado como Joseph A. Schumpeter.

En una de sus últimas obras afirma que pese a que el autor de El Capital era un neo-hegeliano, sería “un error y una injusticia respecto a la capacidad científica de Marx” convertir a ese elemento filosófico “en la clave fundamental de su sistema”. Es verdad que Marx “se mantuvo fiel a su primer amor durante toda su vida. Se complacía en ciertas analogías formales, tales como las que pueden hallarse entre su argumentación y la de Hegel. Le gustaba rendir testimonio de su hegelianismo y emplear el lenguaje hegeliano. Pero eso es todo. En ninguna parte traicionó la ciencia positiva en beneficio de la metafísica” (2).

Lo que dice Schumpeter en este pasaje no es evidentemente nada nuevo. Ya en 1922 se quejaba Lukács del vicio
“de considerar a la dialéctica en Marx como un ingrediente estilístico superficial [...] De manera que hasta investigadores por lo demás conscientes, como por ejemplo Vorlánder, creían comprobar exactamente que Marx ‘en realidad sólo había coqueteado en dos pasajes’, aunque luego les añade un ‘tercer pasaje’, con conceptos hegelianos, ello sin advertir que toda una serie de las categorías decisivas constantemente aplicadas del método proviene directamente de la Lógica de Hegel. Aun cuando el origen hegeliano y la significación metodológica efectiva de una diferenciación a tal punto fundamental para Marx como la existente entre ‘inmediatez’ y ‘mediación’ pudiera permanecer inadvertida, lamentablemente aún hoy puede decirse, con razón, que a Hegel (pese a ser de nuevo ‘aceptable para las universidades’, e incluso haberse puesto de moda) se lo sigue tratando como a un ‘perro muerto’. Pues, ¿qué diría Vorlánder de un historiador de la filosofía que ante un continuador del método kantiano, por muy original y crítico que fuese, no advirtiese que, por ejemplo, la ‘unidad sintética de la apercepción’ tiene su origen en la Crítica de la razón pura? (3)

Vemos, pues, que las cuatro décadas que han pasado desde la publicación del revolucionario estudio de Lukács no han aportado modificación alguna. Desde luego que Schumpeter no era profesor de filosofía, como Vorlánder, y en cuanto economista acaso ni siquiera estuviese obligado a leer el libro de Lukács (o, digamos, los Cuadernos filosóficos de Lenin, en los cuales se dice aproximadamente lo mismo). Pero no hubiese debido pasar por alto en modo alguno al propio Marx. Y precisamente en el epistolario de Marx aparece este conocido pasaje:
“Por otra parte encuentro bonitos desarrollos; por ejemplo, he arrasado toda la teoría de la ganancia, tal como era hasta ahora. En mi método de elaboración me ha prestado grandes servicios el hecho de haber vuelto a hojear, por pura casualidad, la Lógica de Hegel”.(4)

¿Acaso suena eso a “analogías formales” y al mero empleo del “lenguaje” de Hegel? Por el contrario, ¿no habrá que concluir de ello una cierta superficialidad de la crítica marxista, inclusive de la más seriamente profesoral? (5)

En todo caso, los Grundrisse de Marx pondrán fin a esta superficialidad. Pues así como en El capital de Marx la influencia de Hegel sólo parece manifestarse, a primera vista, en algunas notas al pie, cabe señalar a los Grundrisse como una gran remisión a Hegel, y en especial a su Ciencia de la lógica, demostrando la forma radicalmente materialista en que se revirtió a Hegel en este caso. Por ello, después de la aparición de los Grundrisse, a los críticos académicos de Marx ya no les resultará prácticamente posible escribir sobre su obra económica sin haber estudiado previamente su método y su relación con Hegel. De cualquier manera, los Grundrisse serán un hueso muy duro de roer tanto para los adversarios como para los partidarios del marxismo, pero en última instancia su publicación no hará más que elevar el nivel general de la literatura económica marxista (6)

Para terminar, algunas palabras pro domo sua. El autor no es un economista ni un filósofo ex profeso. Por ello, no se hubiese atrevido a escribir un comentario a los Grundrisse si aún existiese en la actualidad —tal como la había en el primer tercio de nuestro siglo— una escuela de teóricos marxistas que se hallasen más a la altura de esa tarea. Sin embargo, la última generación de teóricos marxistas de renombre cayeron, en su mayoría, víctimas del terror hitlerista y estalinista. Ello interrumpió durante décadas la prosecución de la formación del patrimonio ideológico marxista. Bajo tales circunstancias, el autor se cree en la obligación de presentar su trabajo —por defectuoso e incompleto que pueda ser— a los lectores, con la esperanza de que después de él vendrá gente más joven, para quienes la teoría marxiana volverá a ser una fuente viva de conocimientos y de la práctica que por ella se guía.

Advertencia a la edición española

La profusa bibliografía utilizada por Rosdolsky y las características de parte de la misma hace necesario la aclaración de ciertos criterios utilizados en la presente edición.

Habida cuenta de la importancia de este libro y de su tomo polémico, lo cual seguramente motivará que los textos citados sean consultados una y otra vez, hemos creído conveniente, para una mayor comodidad del lector, mencionar las páginas de las ediciones españolas —en todos los casos en que éstas existen— de los textos citados. En alguna oportunidad, cuando el texto es objeto de diversas interpretaciones, decidimos incorporar más de una versión en la creencia de que, de esa manera, se tendrá una comprensión más acabada del problema. En todos los casos —a excepción de los Grundrisse, cuya versión utilizada registra además la paginación de la edición alemana— se respetó la foliación de la edición citada por el autor, y se incorporó entre corchetes la correspondiente a la versión española. Por otro lado, en las notas, en no pocas ocasiones, empleamos abreviaturas para designar algunas versiones españolas de libros citados, todas las cuales se podrán consultar en una lista agregada a continuación de esta advertencia.

Para los Grundrisse der Kritik der politischen ókonomie (Rohentwurf) 1857-1858 —que en el texto siempre se menciona como Grundrisse— hemos utilizado la traducción de Pedro Scaron que Siglo XXI publicó con el título de Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858. En cuanto a El capital hicimos uso de la edición en ocho volúmenes, a cargo del mencionado Scaron, que también publicara nuestra editorial.

A su vez, en lo que concierne a las Theorien über den Mehrwert, a pesar de que Rosdolsky sigue la edición de Kautsky, y ante los inconvenientes que se le presentarán al lector para poder utilizar la versión española de la misma que publicara el Fondo de Cultura Económica, hemos preferido emplear la traducción indirecta que Floreal Mazía hiciera de la edición preparada por el Instituto de Marxismo Leninismo de la URSS y que fuera publicada por Editorial Cartago.

Finalmente incorporamos la lista completa de la bibliografía empleada por Rosdolsky, con todos los datos relacionados con las ediciones españolas de las mismas.

Lista de abreviaturas

A             La acumulación del capital
C             Correspondencia
CC          Cartas sobre “El capital”
CK          Cartas a Kugelman
C de P   Cuadernos de París
EBYEM  Economía burguesa y economía marxista
EEV        Escritos económicos varios
ESC        Ensayas sobre “El capital”
IAC         El imperialismo y la acumulación del capital
IEP         Introducción a la economía política
IGCEP   Introducción general a la crítica de la economía política
MEF       Manuscritos económico-filosóficos de 1844
OE          Obras escogidas

I. Cómo nacieron los Grundrisse

El manuscrito del que trata nuestro trabajo tiene una prolongada historia previa. Era, tal como lo destacara Marx en una carta a Lassalle,(7) fruto de quince años de estudios, en cuyo transcurso enfocó los problemas de la economía política desde puntos de vista siempre renovados, creando sólo entonces las bases para su propia construcción teórica en la economía. Por ello es necesario que nos procuremos primeramente cierta claridad acerca de las etapas durante las cuales fue madurando la obra de Marx.

Como primera de tales etapas debe citarse el trabajo de Marx en una obra de vastos alcances, su Kritik der Politik und Nationalókonomie [Crítica de la política y la economía política] (1844-1846),(8) de la cual lamentablemente sólo se han conservado fragmentos, que se publicaron bajo el título de Ókonomisch-Philosophische Manuskripte [Manuscritos económico-filosóficos de 1844] en el tomo ni de la edición de las obras completas.(9) Aquí nos encontramos todavía con un Marx que es principalmente filósofo y que trata de aplicar al terreno de la economía social, de importancia decisiva, su recién forjada concepción “humanística” —o, mejor dicho, materialista— de la historia. Por ello, a menudo recoge simplemente las categorías económicas tradicionales para demostrar el carácter “cosificado”, alienado con relación al hombre, tanto del orden social imperante como de la ciencia económica que refleja su desarrollo. Pese a toda la genialidad de esta tentativa, aún se sigue tratando, desde el punto de vista económico propiamente dicho, de un mero esbozo, del marco general que sólo habría de colmarse gracias a la infatigable labor de investigación de las dos décadas siguientes.(10)

La etapa siguiente sería la época en que aparecen la obra de Marx contra Proudhon Das Elend der Philosophie [Miseria de la filosofía], el Manifest der kommunistischen Partei [Manifiesto del partido comunista] redactado conjuntamente con Engels, y sus ensayos sobre Lohnarbeit und Kapital [Trabajo asalariado y capital]. Aquí Marx ya se revela en toda su estatura como un investigador de la economía, totalmente independiente y original, plenamente consciente de su parentesco con la escuela clásica como de su profunda oposición a ella. Sin embargo, en algunos terrenos aún no ha superado las concepciones de Ricardo, que más tarde habría de reconocer como erróneas o parciales, como por ejemplo en la teoría del dinero o en la teoría de la renta de la tierra.(11) Tampoco está elaborada aún su teoría específica de la ganancia. En cambio “hacia 1048 estaban trazadas las líneas fundamentales de su teoría del plusvalor“,(12) piedra angular de su doctrina económica, y sólo quedaba la tarea de desarrollar dicha teoría en detalle, proceso que podemos estudiar minuciosamente en los Grundrisse.

La revolución de 1848-1849 interrumpió los estudios económicos de Marx, quien sólo los retomó en el verano de 1850, en su exilio londinense. Los motivos que lo impulsaron a ello eran, en primera instancia, de índole política: de acuerdo con la concepción materialista de la historia, anteriormente descubierta, tratábase de investigar en qué medida habían estado determinados por el aspecto económico el estallido y la derrota de la revolución. Con tal fin estudió Marx (especialmente basándose en el Economist de Londres) la historia económica concreta de los años 1848-1850,(13) llegando a la conclusión de que, del mismo modo que “la crisis del comercio mundial de 1847 había sido la verdadera madre de la revolución de febrero y marzo”, la “prosperidad industrial, que volvió a iniciarse paulatinamente desde mediados de 1848, y que alcanzó su pleno florecimiento en 1849 y 1850”, fue “la fuerza que reanimó a la reacción europea nuevamente fortalecida [...]” (14) Pero ya en septiembre de 1850, y cediendo a la insistencia de sus correligionarios,(15) Marx retoma el trabajo en su “economía”, lo cual se manifiesta, en primer término, en numerosos extractos de obras de economía (que en esta ocasión ya no leía en francés, sino en inglés). (16) (También es posible que la actividad “pedagógica” de Marx —las clases sobre economía que dictara en parte para sus amigos más íntimos en su casa, en el curso de 1850(17)—  lo haya incitado a reemprender sus estudios teóricos.) De cualquier manera, su trabajo progresó tan bien que ya en mayo o junio de 1851 creía poder comenzar a redactar la obra propiamente dicha.(18)

Lamentablemente no podemos decir si llegó efectivamente a ello, ya que, según el testimonio de Riazánov, (19) no se encontró ningún manuscrito de esa índole entre el legado de Marx. Sólo sabemos que Marx negoció (sin resultados) con varios editores sobre la publicación de la obra, y que a tal efecto envió al amigo de Freiligrath, el periodista H. Ebner, de Francfort, un memorándum (que se ha perdido) sobre esta obra (20). Desde luego que ello no basta para deducir que Marx haya comenzado con la elaboración definitiva del manuscrito; es muy posible que “se limitara a la confección de un memorándum y a la preparación del material, para luego, una vez celebrado el contrato, abocarse a la elaboración de la obra“. (21) Pero hay varios indicios que pueden hallarse en la correspondencia entre Marx y Engels de ese período, que hablan en contra de esa alternativa. Así, por ejemplo, el 14 de agosto de 1851 Marx solicita a su amigo que le ayude en su corresponsalía para el New York Tribune, ya que en ese momento “tengo las manos ocupadas con la Economía“(22). Y más clara aún es la carta del 13 de octubre de ese mismo año: “Por otra parte —le escribe Marx a Engels— tienes que comunicarme finalmente tus puntos de vista sobre Proudhon. Me interesan tanto más cuanto que en este momento estoy abocado a la elaboración de la economía.”(23)  Correspondientemente aconseja Engels (el 27 de noviembre de 1851) hacerle saber al editor de Francfort, Lowenthal, quien al parecer se habría manifestado contra la estructura dada por Marx a la obra, que “no es posible que modifique todo tu plan, ya que has comenzado a elaborar la crítica (24), etcétera“(25). Y finalmente escribía Marx a Engels, ya luego del fracaso de todos los planes de publicación, el 13 de febrero de 1855: “Me he echado a perder la vista por leer mis propios cuadernos sobre economía, si no para elaborar el asunto, cuanto menos para dominar el material y mantenerlo listo para su elaboración.”(26)  De todo ello acaso pueda deducirse la confección, por lo menos iniciada, de un proyecto de la “Economía” planeada. Pero qué ocurrió con ese manuscrito, y por qué no se ha conservado, es un interrogante al que tal vez jamás pueda responderse.

En lo que atañe al contenido y estructura de la obra planeada, dependemos únicamente de las escasas noticias que al respecto se hallan en la ya citada carta de Engels del 27 de febrero y de la precedente carta de Marx del 24- de noviembre de 1851. De ambas cartas surge que Marx abandonó su plan anterior de incluir también una “crítica de la política” en su obra (27), en la medida en que ahora quería limitarse a un “ajuste de cuentas” con la economía anterior y los sistemas socialistas. Concordantemente, toda la obra estaba calculada para publicarse en tres tomos, de los cuales el primero debía contener la crítica de las categorías económicas tradicionales, (28) el segundo la de los socialistas, y el tercero la historia de la propia ciencia de la economía. (29) Precisamente éste es el plan que hubiese debido “trastocar” Marx si, de acuerdo con las ideas del editor Lowenthal, hubiese puesto la parte dogmático-histórica al comienzo de la obra (30). Naturalmente que semejante modificación no podía resultarle cómoda a Marx; pero, por otra parte, era tan desesperada su situación pecuniaria que ese motivo no hubiese bastado para hacerle interrumpir las negociaciones. Por ello le aconsejaba Engels que, en caso de necesidad, aceptase la proposición de Lowenthal, sólo que ante esta eventualidad el editor debía comprometerse a publicar no uno, sino dos tomos de la historia del dogma, pues de ese modo resultarían inevitables numerosas “anticipaciones del aspecto crítico“. “Entonces vendrían, como tercer tomo, los socialistas, y como cuarto volumen —ce qu’il en resterait— lo famosísimamente ‘positivo’, lo que quieres en realidad. De esta forma, la cuestión tiene sus dificultades, pero tiene la ventaja de que el muy anhelado secreto sólo se dice al final de todo, y sólo después de que la curiosidad del lector se ha mantenido atizada a lo largo de tres tomos se le revela que uno no fabrica pildoras de Morrison.” Además, dada la situación política imperante, “lo mejor es” comenzar con la parte “menos comprometedora de la historia” (31).

Algunas cartas en las que Marx y Engels discuten problemas económicos echan un poco de luz sobre los estudios llevados a cabo por Marx durante 1850 y 1851 y sobre los progresos que había realizado como investigador económico desde 1847. Tal es el caso, especialmente, del interesantísimo intercambio de opiniones de enero de 1851, referente a la teoría de la renta de Ricardo (32). En ella Marx expone ya los reparos principales a la fundamentación de la renta diferencial por parte de Ricardo, los que encontraremos luego en las Teorías sobre la plusvalía y en el tomo III de El capital. Engels consideró tan acertados esos reparos, que respondió, bromeando: “No cabe duda de que tu solución es la correcta, y de esa manera te has ganado un nuevo título por sobre el de economista de la renta de la tierra. Si aún existiesen el derecho y la justicia sobre la tierra, el total de la renta de la tierra te correspondería a ti por lo menos durante un año, y eso sería lo menos que pudieras pretender.” Y agrega: “Si pudiera publicarse algún artículo tuyo sobre la renta de la tierra, traducido, en alguna revista inglesa, causaría enorme revuelo [...] Una razón más para que te apresures a concluir y publicar la Economía.” (33)

Igualmente importante parece en este contexto la carta de Marx del 3 de febrero de 1851, en la cual somete a Engels su crítica de la “currency-theorie”(34),  en la cual vemos cómo se separa de Ricardo también en la teoría del dinero.

Pero aquí reviste especial interés para nosotros la discusión detallada acerca de un libro de Proudhon aparecido en 1851 (L`idee genérale de la révolution au XIX siecle) y que se halla en el epistolario. Pues precisamente sobre este libro escribió Marx un folleto de considerable extensión, que ofreció (nuevamente sin éxito) a varios editores, (35) y cuyo manuscrito también se perdió, como varios de sus trabajos anteriores. Sólo sabemos que ese escrito permaneció durante un tiempo en manos de un íntimo conocido de Marx, Wilhelm Pieper, quien prometió ofrecérselo a editores alemanes durante su viaje por Alemania en 1851, (36) y que más tarde Marx quiso publicar ese mismo ensayo en forma de una serie de artículos bajo el título de Neueste Offenbarungen des Sozialismus oder “Idée genérale de la révolution au XIX siecle” par P. J. Proudhon. Kritik von Karl Marx, en el periódico neoyorquino Révolution, editado por Weydemeyer. (37) Sin embargo (y tal como puede verse en las notas de la redacción a los Grundrisse), (38) en los papeles póstumos de Marx se ha encontrado un manuscrito, inédito hasta el presente, fechado en 1851, cuyo título es Das vollendete Geldsystem [El sistema monetario perfecto] y que, según suponemos, constituye un fragmento precisamente de ese escrito contra Proudhon. Sea como fuere, la ya mencionada discusión en detalle sobre el libro de Proudhon en la Briefwechsel [Correspondencia]  constituye en cierto modo un sustituto del folleto perdido. (39)

Por la Marx-Chronik nos enteramos de que, en agosto de 1852, Marx ofreció al editor Brockhaus un tratado sobre La literatura económica moderna en Inglaterra entre 1830-1852, en el que se hablaría 1) de “las obras generales” y 2) de los “trabajos especiales” sobre “población, colonias, el problema bancario, la protección aduanera y la libertad de comercio, etc.” (40) Puesto que Brockhaus rechazó el ofrecimiento de inmediato, seguramente la obra no pasó de la etapa de plan.

Entre el verano de 1852 y el otoño de 1856, la labor de Marx en la “crítica de la economía política” se vio interrumpida por su actividad en materia de publicaciones propagandísticas. Ello no significa, naturalmente, que los estudios que llevaba a cabo a tales efectos carecieran de importancia para su obra sobre economía. Por el contrario, puesto que muchas de sus colaboraciones de corresponsal trataban acerca de “llamativos sucesos económicos en Inglaterra y en el continente“, Marx debió “familiarizarse con detalles prácticos” que si bien “residían fuera del ámbito de la ciencia político-económica propiamente dicha” (41) luego le fueron muy útiles. Baste señalar aquí sus numerosos artículos sobre la coyuntura económica, los problemas de la política comercial y sobre el movimiento laboral y huelguístico inglés. Pero también sus informes sobre las relaciones agrarias en Irlanda y en Escocia, así como sobre la política inglesa respecto a la India se revelaron como sumamente fructíferos en este aspecto, ya que los mismos indujeron a Marx a realizar un profundísimo estudio de las “formas asiáticas de producción” y los resabios del comunismo agrario en Europa y Asia, con lo cual experimentaron un enriquecimiento y una profundización fundamentales las partes de su obra económica dedicadas a la historia de la economía.(42)

Eso es todo cuanto diremos acerca de los antecedentes propiamente dichos de los Grundrisse de 1857-1858. El nacimiento de los propios Grundrisse y la historia de cómo la primera parte del mismo pudo publicarse, luego de una profunda reelaboración, a comienzos de 1859, bajo el título de Contribución a la crítica de la economía política, han sido descritos con tantos pormenores en el trabajo ya citado de Riazánov y en el prólogo de los editores de los Grundrisse, (43) que aquí nos limitaremos a lo más necesario.

Resulta sumamente característico que la decisión directa de redactar los Grundrisse, y la prisa febril con que ello ocurriera (todo el manuscrito, de casi 50 pliegos de imprenta, se concluyó en 9 meses, entre julio de 1857 y marzo de 1858) (44) se debieran especialmente al estallido de la crisis económica de 1857. Esa crisis colmó de elevadas esperanzas al “partido de los dos hombres en Inglaterra“, como denominara a los dos amigos Gustav Mayer, el biógrafo de Engels, (45) y por ello es natural que Marx quisiera llevar al papel cuanto menos los rasgos fundamentales de su teoría “antes del diluvio“, es decir, antes del comienzo de la esperada revolución europea. (46) Desde luego que su pronóstico revolucionario se basaba en una ilusión; ¡pero cuántas veces se han revelado como fructíferas esta clase de ilusiones! Así ocurrió también en este caso. “Trabajo de una manera colosal, mayormente hasta las 4 de la madrugada —escribía Marx a Engels el 18 de diciembre de 1857. Porque el trabajo es doble: 1) Elaboración de los rasgos fundamentales de la economía [. . .] 2) La crisis actual. A ese respecto, y salvo los artículos del Tribune, me limito a contabilizarla, pero eso me quita un tiempo considerable. Pienso que hacia la primavera debemos hacer conjuntamente un folleto sobre el asunto, como una nueva presentación al público alemán: que aún estamos, y nuevamente, aquí, always the same. He iniciado tres grandes libros: Inglaterra, Alemania, Francia [...] Todo el material relativo a Norteamérica está en el Tribune. Más tarde se lo podrá compaginar.” (47) También en este caso todo no pasó, evidentemente, de un plan, si hacemos abstracción de la sinopsis detallada del capítulo sobre Francia (en carta de Marx a Engels del 25 de diciembre de 1857), (48) así como de los numerosos artículos en el New York Tribune (49) dedicados a la crisis financiera y comercial. Pero hasta dónde el hecho de ocuparse intensivamente de los fenómenos de la crisis de 1857-1858 agudizó la visión teórica de Marx, puede verse en la brillante digresión acerca del problema de la realización y la crisis, que se halla en los Grundrisse. (50) En tal medida hemos sido ampliamente compensados por la no concreción del folleto planeado.

Tan exterior como la esperanza depositada en el “turbulento año de 1858” (51) parece, a primera vista, el otro motivo que impulsara a Marx a redactar sus Grundrisse: su aspiración a ajustar cuentas con el “hermano falso” del movimiento obrero socialista, el proudhonismo. Por cierto que no era casual que los Grundrisse comenzasen con una aniquiladora polémica contra el proudhonista Darimon y contra la así denominada teoría del bono-horario, y que también en el texto ulterior la refutación del proudhonismo ocupe un espacio considerable. Tal como lo sabemos por su intercambio epistolar, el propio Marx veía en ello uno de los resultados científicos decisivos de la primera parte de su obra (es decir, de la Contribución). (52) Hoy en día, la variante específicamente proudhoniana del socialismo no desempeña prácticamente papel alguno, y por eso nos debe parecer “desproporcionado” el que Marx destaque ese punto de vista. Por el contrario, para nosotros el aniquilamiento teórico del proudhonismo está muy a la zaga del segundo resultado que enfatiza Marx: que su análisis de la mercancía y del dinero ya revela “el carácter específicamente social, y en modo alguno absoluto, de la producción burguesa“. Sin embargo, no hay que pasar por alto que también en este caso la práctica fertilizó a la teoría, y que precisamente la disputa con el proudhonismo contribuyó en forma muy fundamental a la formación de la teoría marxiana del dinero. Pero éste es un punto de vista del que sólo tendremos que ocuparnos en el capítulo dedicado a esta teoría.

Notas

(1) Los Grundrisse fueron reimpresos en Berlín en 1953. (Cf. Karl Marx, Grundrisse der Kritik der politischen Okonomie. Rohentwurf, 1857-1858.) Hasta ese momento sólo existían en el mundo occidental unos 3 ó 4 ejemplares de la obra, editada por vez primera en Moscú en 1939. El bibliotecario de la Biblioteca Jos Buttinger de Nueva York, O. Bauer, puso a mi disposición, con la mayor generosidad, uno de dichos ejemplares, por lo cual le manifiesto aquí mi más sincera gratitud.
(2) Joseph Alois Schumpeter, Kapitalismus, Sozialismus und Demokratie [Capitalismo, socialismo y democracia] 1946, p. 25 [p. 34].
(3) Gyórgy Lukács, Geschichte und Klassenbewusstsein, [Historia y conciencia de clase], p. 9 [pp. XLVI y XLVII]. Lo que dice Lukács también vale, en todo su Contenido, para la teoría marxista de la época de la II Internacional. Así por Ejemplo respondía en 1911 Otto Bauer a la pregunta “¿qué vincula al Marx Maduro con Hegel?”: “La reflexión gnoseológica sobre la esencia de la ciencia, que no es meramente un reflejo del acontecer, sino un ‘producto de la mente, que se apropia del mundo de la única manera que le es posible’ ” [cita de la Introducción de Marx], “vale decir, la parte de Kant que hay en Hegel, desarrollada por Marx, sin el conocimiento de Kant, en el lenguaje de Hegel, pero libre de la reinterpretación ontológica de Kant por parte de Hegel“. [Der Kampf, vi, pp. 189-190.)
(4) Briefwechsel,II, p. 341 [C., p. 91].
(5) Los contemporáneos de Marx filosóficamente instruidos comprendían con toda claridad el estado de cosas. Así, Lassalle comparó Zur Kritik der Politischen Okonomie [Contribución a la crítica de la economía política] de Marx con la fenomenología de Hegel, ensalzando a Marx como un “Ricardo convertido en socialista, un Hegel convertido en economista“. Por su parte, Engels consideraba el “método dialéctico alemán” en que se basaba el sistema económico de Marx como “un resultado que prácticamente no le iba a la zaga en importancia al punto de vista materialista fundamental“.
(6) Lamentablemente, el autor fue demasiado optimista en este aspecto… (el presente Prólogo fue concluido en diciembre de 1955). Pues si bien los Grundrisse de Marx ya se hallan editados desde hace 14 años, hasta el momento han permanecido poco menos que inadvertidos. La única regocijante excepción la constituye la obra dedicada a los Grundrisse por el erudito japonés Kojiro Takagi, aparecida hace varios años en el Japón. (Los propios Grundrisse existen en traducción al japonés.)
También el trabajo Der Begriff der Natur in der Lehre von Marx [El concepto de naturaleza en Marx], (Francfort del Meno, 1962) de Alfred Schmidt atribuye gran importancia a la comprensión del “Marx maduro” mediante la comprensión de los Grundrisse.
(7) Ferdinand Lassalle, Nachgelassene Briefe und Schriften, m, p. 117 ["Carta a Lassalle", 22.1.1858, en CC., p. 71].
(8) Cf. al respecto: Karl Marx, Chronik seines Lebens (en lo sucesivo citado como Chronik), pp. 22-23, 25-26, 30, 32, 35 y 37, así como Briefwechsel, i, pp. 15, 22-23, 78 y 80.
(9) MEGA, III, pp. 31-172.
(10) Desde entonces han aparecido numerosos entusiastas comentaristas de los Manuscritos económicos filosóficos. También nosotros compartimos ese entusiasmo, aunque no podemos evitar la impresión de que mucho de lo que parece tan sorprendente en los Manuscritos ya hubiese podido encontrarse en El capital, de habérselo leído correctamente. El hecho de que permaneciera inadvertido debe atribuirse, ante todo, a la concepción tradicional, puramente “economicista”, de la obra fundamental de Marx.
(11) Cf. Das Elend der Philosophie, pp. 69 y 174JJ. [pp. 29 y 141tt.].
(12) Grundrisse, VII (Prólogo de los editores) [p. XLI].
(13) Chronik, p. 92.
(14) La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850, en Obras escogidas, en 3 tomos, Moscú, Editorial Progreso, 1973, t. I, p. 293. [E.]
(15) Carta de la Liga Comunista de Colonia del 14.9.1850. (Ibid., p. 95.)
(16) Asi, entre septiembre de 1850 y octubre de 1851, Marx extractó obras de no menos de 52 economistas. (Cf. ibid., pp. 96-113.) Cf. asimismo Grundrisse, p. 766.
(17) Chronik, pp. 80, 84 y 90. (Cf. asimismo Wilhelm Liebknecht, Erinnerun- gen an Marx, en Ausgewáhlte Schriften, 1934, i, pp. 109-110.) Es de suponer que esas clases continuaran, en su contenido, las conferencias pronunciadas en Bruselas sobre “trabajo asalariado y capital”. La breve indicación contenida en el fascículo I de la Neue Rheinische Zeitung, 1850 (“Was ist bürgerliches Eigentum? I. Das Kapital; II. Das Grundeigentum” ["¿Qué es la propiedad burguesa? 1) El capital; 2) La propiedad de la tierra"]), abona esta hipótesis
(18) Cf. carta de Marx a Engels del 2.4.1851: “Ya he llegado a tal punto que en cinco semanas más habré terminado con esa mierda de la economía. Et cela fait elaboraré en casa la Economía y me lanzaré sobre alguna otra ciencia en el Museo. ça commence á m’ennuyer. Au fond, esta ciencia ya no hizo progreso alguno desde A. Smith y D. Ricardo, por mucho que haya ocurrido en algunas investigaciones aisladas, a menudo excesivamente sutiles.” (Briefwechsel, |, p. 218 [CC., pp. 43-44].)
(19) David Riazánov, “Siebzig Jahre ‘Zur Kritik der politischen Okonomie’ “, en Grünbergs Archiv, 1930, (xv), pp. 5 y 8-9.
(20) Ibíd., pp. 4-5. (Según sabemos por las actas del Archivo de la Casa Real, la Corte y el Estado de Viena, por entonces Ebner era confidente del gobierno austríaco.)
(21) David Riazánov, ibid. p. 8.
(22) Briefwechsel, i, p. 295 [CC., p. 48],
(23) Ibid., p. 335.
(24) Véase el párrafo siguiente.
(25) Briefwechsel, p. 348.
(26) Ibid. ii, p. 101.
(27) Cf. p. 21 de este capítulo. También esto constituía ya una modificación del plan juvenil de Marx, el cual —además de la economía y la política— comprendía también una crítica del derecho, de la moral, y sobre todo de la filosofía. (Véase el prólogo de Marx a los Manuscritos económicos filosóficos en el t. III de MEGA, p. 33 [pp. 7-9].)
(28) La “crítica de la economía” debe entenderse aquí tal como la bosquejaba Marx, ocho años después, en una carta a Lassalle: “Es al mismo tiempo una descripción del sistema y, en virtud de la descripción, una crítica del mismo“. (Carta del 22 de febrero de 1858, en Nachgelassene Briefe und Schriften [de Lassalle], III, p. 116 [CC„ p. 70].)
(29) Cf. Chronik, p. 114.
(30) En ese sentido habría que enmendar el equívoco relato de este episodio en el citado trabajo de Riazánov, ibíd., pp. 5-7.
(31) Briefwechsel, 1, p. 348.
(32) Ibid., pp. 152-155 y 163 [C„ pp. 31-36],
(33) Ibid., p. 163 C., pp. 31-36
(34) Ibid., pp. 165-170 y 190-191 (respuesta de Engels) [CC., pp. 36-42 y 42-43],
(35) Chronik, pp. 110 y 111, así como Briefwechsel,I, pp. 293 y 334.
(36) Briefwechsel, i, pp. 345, 347 y 357.
(37) Chronik, pp. 116.
(38)Grundrisse, p. 987.
(39) Briefwechsel, i, pp. 277-283, 288-289, 289-292, 293-295 y 297-298.
(40)  Chronik, p. 126.
(41) Zur Kritik, p. 16 [p. 16].
(42) Seguramente valdría la pena comparar con mayor detalle los temas histórico-económicos que trata Marx en sus artículos en el New York Tribune, por una parte, y en El capital, por la otra.
(43) Grundrisse, VII-XIV [pp. XLI-LII],
(44) Véanse las notas del editor en las pp. vii-viii [pp. XLI-XLII], 4, 150 y 842 de los Grundrisse. En ese sentido cabe enmendar los datos inexactos de la Marx-Chronik (pp. 162-168).
(45) Baste citar aquí algunos pasajes característicos del epistolario de Marx- Engels: “Por mucho que yo mismo estoy en financial distress —escribe Marx el 13 de noviembre de 1857— desde 1849 no [me] he sentido tan cosy como en este outbreak.” Y Engels respondía el 15 de noviembre: “El aspecto general de la Bolsa local [a la que Engels debía concurrir por motivos profesionales] era de lo más regocijante durante la semana pasada. Esos tipos se hacen una mala sangre tremenda por mi estado de ánimo, súbita y curiosamente eufórico. Indeed la Bolsa es el único lugar donde mi actual dullness se transforma en elasticidad y bouncing. A todo esto, como es natural, siempre profetizo sombríamente, y eso hace rabiar doblemente a esos burros.” (Briefwechsel, II, pp. 297 y 300.)
(46) Ibíd., p. 314: “Trabajo como enloquecido durante todas las noches en la recopilación de mis estudios económicos, para tener en claro por lo menos los Grundrisse (elementos fundamentales [de ahí el título dado por los editores al borrador]) antes del déluge.“
(47) Ibid., p. 320 [CC„ pp. 67-68],
(48) Ibid., pp. 323-326.
(49) Cf. Chronik, pp. 164-165.
(50) Véase el capítulo 21 de este libro.
(51) Briefwechsel, III, p. 331.
(52) Así escribía el 1.2.1859 a Weydemeyer: “En esos dos capítulos [de la Contribución...] se destroza al mismo tiempo en sus fundamentos al socialismo proudhoniano, actualmente de moda [fashionable] en Francia, que pretende dejar subsistir la producción privada pero organizar el intercambio de los productos privados, que quiere la mercancía pero no quiere el dinero. El comunismo debe deshacerse antes que nada de ese hermano falso“. (Ausgewáhlte Briefe, 1° edición, p. 99 [C., p. 105].) Y algo semejante se dice en la carta de Marx a Engels del 22.7.1859: “En caso de que escribas algo [sobre la Contribución...], no debes olvidar 1) que [en ella] se aniquila al proudhonismo de raíz, 2) que ya en su forma más sencilla, la de la mercancía, se analiza el carácter específicamente social, y en modo alguno absoluto, de la producción burguesa.” (Briefwechsel, II, p. 500 [CC., p. 89].)
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