1/4/13

Análisis gramsciano de lo cultural y de la lucha política

Francesco Scalambrino
Traducción del italiano para Gramscimanía por Omar Montilla

“La mia vita trascorre sempre ugualmente monotona. Anche lo studiare è molto piú difficile di quanto non sembrerebbe. Ho ricevuto qualche libro e in verità leggo molto (piú di un volume al giorno, oltre i giornali), ma non è a questo che mi riferisco; intendo altro. Sono assillato (è questo fenomeno proprio dei carcerati, penso) da questa idea: che bisognerebbe far qualcosa «für ewig», secondo una complessa concezione di Goethe, che ricordo aver tormentato molto il nostro Pascoli. Insomma, vorrei, secondo un piano prestabilito, occuparmi intensamente e sistematicamente di qualche soggetto che mi assorbisse e centralizzasse la mia vita interiore.” [1]

La cita anterior se puede leer en una de las más bellas (y conmovedoras) cartas de Gramsci, enviada a su cuñada Tatiana Schucht pocos meses después de su arresto, el 19 de marzo de 1927.
La carta continúa delineando un verdadero y propio proyecto cultural: 1) una investigación sobre los intelectuales italianos; 2) un estudio de lingüística comparada; 3) un estudio sobre el teatro de Luigi Pirandello y sobre la transformación del gusto teatral italiano; 4) un ensayo sobre novelas ‘di appendice’ [2] y sobre el gusto popular en literatura.

Desde mi primer contacto con ‘Nino’ [2], mucho me ha llamado la atención esta decisión de un activista político comprometido –que había habituado a sus lectores y camaradas de militancia política sobre todo a la corrosiva y cotidiana polémica política en aquellos que el mismo catalogó como ‘escritos de la jornada’ los cuales debían morir justamente ‘después de la jornada’ (Carta a Tatiana del 7 de septiembre de 1931)­– de escribir algo ‘para la eternidad’ (la expresión alemana es de Goethe) [3] y de dedicarse a un saber “desinteresado”. Sin embargo yo comenzaba como todos nosotros los “postreros”, de la concientización acerca de la importancia  de un autor que actualmente ha sido considerado un “clásico” de la cultura mundial. Por esta razón continúo todavía preguntarme cuál había sido la impresión que debió haber provocado la carta de Gramsci en Tatiana y en aquellos pocos e ‘íntimos’ lectores de entonces.

Hoy día, podría afirmar que en ‘Nino’ estuvo muy clara la convicción de la enorme diferencia entre la necesidad de caminar a empujones, y eventualmente con golpes de pesante ironía capaces de destrozar al adversario, en la fluida y frecuentemente imprevisible actividad política cotidiana, y en el análisis cuidadoso, capaz de consentir una comprensión en profundidad de la realidad y de los problemas socio-económicos, políticos y culturales, admitiendo que sea posible distinguir netamente entre estos tres niveles en la obra gramsciana!
La convicción de tales diferencias no significan que, en Gramsci, las dos formas de análisis sean o deban ser autosuficientes o inclusive, en conflicto entre ellas. Más bien, tenemos que afirmar la necesidad de ambas y comprender las interconexiones esenciales, sobre todo si se trata de individuar los “principios de metodología histórica” que permitan un correcto análisis de las relaciones de fuerza en una determinada situación:

“… la observación más importante que hay que hacer a propósito de cualquier análisis concreto de las relaciones de fuerza es esta: que tales análisis no pueden y no deben ser un fin a sí mismos (a menos que no se escriba un capítulo de historia del pasado) sino que adquieren un significado solo si sirven para justificar una actividad práctica, una iniciativa de la voluntad. Ellas muestran cuáles son los puntos de menor resistencia, donde la fuerza de la voluntad puede ser aplicada más fructíferamente, sugieren las operaciones tácticas inmediatas, indican cómo se puede desarrollar una campaña de agitación política, cuál lenguaje sería el mejor comprendido de las multitudes, etc.” ((Quaderni del Carcere, Torino 1977, pag. 1588)

Notas del traductor

[1]  “Mi vida transcurre siempre en una forma igualmente monótona. Aunque el estudio es mucho más difícil de lo que parece. Recibí algunos libros, y en verdad, leo mucho (más de un volumen al día, además de los periódicos), pero no es a esto a lo que me refiero, pienso en otra cosa. Estoy obsesionado (y pienso que esta es una condición propia de los prisioneros) de esta idea: que sería necesario hacer algo “für ewig”, de acuerdo a una compleja concepción de Goethe, que recuerdo haber atormentado mucho a nuestro [poeta Giovanni] Pascoli. En fin desearía, de acuerdo a un plan preestablecido, ocuparme intensa y sistemáticamente de algo que me absorbiese y equilibrara mi vita interior”

[2] El “romanzo d’appendice” fue un género literario muy popular en Italia, Francia e Inglaterra que tuvo vigencia entre la mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. Se le conoce también en español como “folletín” y en francés como “feuilleton”, que es un diminutivo de ‘feuillet’ (hoja, página de un libro). Eran aquellas novelas que salían por entregas o por episodios en diarios o revistas, generalmente los domingos. Se atribuye su invención a Louis-François Bertin, director del ‘Journal des Débats’, de París. El folletín era dirigido a un público masivo y tenía objetivos meramente comerciales, porque en la práctica “obligaba” a los lectores a encadenarse a la publicación por varias semanas.

[3] ‘Nino’ era el sobrenombre de Gramsci dentro del seno familiar.