1/3/13

Un sabio brechtiano que amó a Antonio Gramsci, Simone Weil y Manuel Sacristán

Francisco Fernández-Buey
✆ Allan MacDonald 
Salvador López Arnal
  • Palabras para el acto de homenaje a Francisco Fernández Buey, celebrado en Madrid, en la sede del CSIC, el 28 de febrero de 2013.
Especial para Gramscimanía
Cuando visitaba a Paco en su despacho de la Pompeu Fabra, también antes en el de Económicas de la UB, solía gastarle una broma a la que intentaba dar diversas formas para no repetirme como un loro poco creativo. Más o menos la cosa iba así: “Paco, una cosa que no me acaba de quedar clara. Yo te vengo a ver por las mañanas, al mediodía, por las tardes, incluso a veces quedamos para cenar o tomar algo, y por supuesto no siempre vengo el mismo día. Y siempre estás aquí, trabajando. De hecho, los sábados, en tu trabajada cosmovisión, no son precisamente fiestas de guardar. Sumo, y no creas que sumo con precisión, y me salen unas 60 horas semanales. Tú estás muy puesto en asuntos del movimiento obrero y en sus grandes conquistas
y sabes mejor que yo que lo de las 40 horas semanales fue una conquista histórica, y que nosotros, los de Izquierda Unida, hemos hablado, con razones muy pero que muy atendibles, de la semana de 35 horas, lo de trabajar menos para trabajar todos, como decían y dicen los compañeros de Izquierda Anticapitalista. ¿No ves aquí, no notas alguna contradicción entre este sensato decir y tu praxis? ¿Me equivoco de mucho?”.

 Paco solía sonreír, con esa risa tan suya y que tanto echamos en falta, y con toda su amabilidad solía decirme: “Salva, a tu edad, ¡no eres ningún jovencito!, deberías ya distinguir entre trabajo asalariado y trabajo voluntario. En tu cómputo sumas cantidades heterogéneas, muy heterogéneas. Los aficionados a la lógica sabéis o creéis saber de signos y deducciones pero en asuntos sustantivos os perdéis como elefantes en la Zarzuela. Mis horas voluntarias son contribución a la tarea de siempre, dar calor, todo el calor que podamos, a la llama de la justicia, la equidad, la fraternidad. Nuestro programa mínimo. ¿No es eso, no se trata de eso?”.

 Yo me callaba, pedía disculpas riendo, o incluso le decía que tenía razón, que mi logicismo me cegaba el entendimiento e incluso la Razón hegeliana, pero por dentro seguía pensando que Paco, nuestro Paco, trabajaba mucho. Cuando estos meses Jordi Mir y yo hemos elaborado una bibliografía provisional, muy provisional, de su obra, para un número especial que la revista mientras tanto dedicará a su memoria, me he dado cuenta que no iba totalmente desencaminado. ¡Es enorme, casi inabarcable! ¡Menudo trabajo van a tener los futuros estudiosos de la obra del autor de La gran perturbación, sabiendo, además, como sabemos todas y todos, que Paco era más, mucho más que sus libros, artículos, conferencias, reseñas y notas!

 Entre sus cosas ultimas, no es la única, tenemos un libro directamente relacionado con el lema de este encuentro al que tanto me hubiera gustado asistir. El título provisional, que incorpora nuevos trabajos y artículos y reelabora materiales escritos con anterioridad, algunos de ellos presentados en seminarios y congresos, es ”PARA LA TERCERA CULTURA. Ensayo sobre ciencias y humanidades”. Lo eligió él mismo. Su índice provisional, que no detallo exhaustivamente, también es de Paco. Son cuatro capítulos en total:

 El primero: “Humanidades y tercera cultura”. Con dos apartados: 1.1. Ideas en torno a una tercera cultura. 1.2. Sobre tercera cultura y nuevo humanismo

 El segundo: “Cuatro lecturas para la tercera cultura”. Las siguientes: Medicina hipocrática, Galileo visto por Brecht, los árboles del Paraíso en la visión de Milton, Newton y Goethe en la ciencia moderna.

 El tercer capítulo lleva por nombre: “Ciencias sociales y tercera cultura”. Con dos apartados: “Las ciencias sociales entre formalismo y literatura”, y ”Economistas y humanistas”.

 Finalmente, el último apartado del ensayo, las conclusiones.

 El primer capítulo y parte del segundo son los que Paco tuvo tiempo de revisar con detalle. Los materiales de los restantes apartados son textos elaborados, acabados, pulidos, y editados en algún caso en revistas o bien presentados en conferencia.

 Permitidme que os comente brevemente un compás inicial del libro:

 Al afirmar que si no entendemos algo mejor el lenguaje de las ciencias no podremos ni siquiera entrar en los grandes debates públicos que se avecinan, Steiner estaba apuntando a un problema real de nuestro tiempo, señala Paco. Si se quiere hacer algo en serio a favor de la resolución racional y razonada de algunos de los grandes asuntos socioculturales y ético-políticos controvertidos, en sociedades como las nuestras en las cuales el complejo tecno-científico ha pasado a tener un peso primordial, habla Paco ahora, “no cabe duda de que los humanistas van a necesitar cultura científica para superar actitudes sólo reactivas, basadas exclusivamente en tradiciones literarias”. A ello, habría que añadir, como solían hacer algunos de los grandes científicos contemporáneos, también ellos desde las alturas de la edad, recordaba el autor de La ilusión del método, “que tampoco hay duda de que los científicos y los tecnólogos necesitarán formación humanística (o sea, histórico-filosófica, metodológica, ética, deontológica) para superar el viejo cientifismo de raíz positivista que todavía tiende a considerar el progreso humano como una mera derivación del progreso científico-técnico”.

 Este era, en opinión de Paco, el motivo de fondo por el que “en los últimos tiempos, y desde perspectivas diferentes, científicos sensibles y humanistas comprometidos están dando tanta importancia a la indagación de lo que podría ser una tercera cultura.”. En lo que seguía, señalaba, ”voy a intentar argumentar un poco más lo que me parece que está en el fondo de la preocupación de humanistas como Steiner”.

 Así lo hace, con detalle y con la erudición y excelente argumentación a la que nos tenía y tiene acostumbrados. Dentro de poco podremos leerle. El Viejo Topo ha anunciado la publicación del libro con prólogo de sus, de nuestros amigos y compañeros Alicia Durán y Jorge Riechmann.

 Acabo ya. Permitidme un poema para finalizar, un poema (de uno de sus cuadernos de notas) de este sabio brechtiano que tanto amó a Gramsci, Weil y Sacristán. Dice mucho de él, de su vida, de su sensibilidad, de su compromiso permanente y de su inmensa capacidad para estar siempre, y críticamente, a la altura de las circunstancias:
 Cuando yo era joven
 los jóvenes a quienes trataba
 lo tenían todo claro.
 Si uno decía "no sé, no sé"
 le llamaban vacilante y caga dudas.
 Ahora que empiezo a ser viejo
 y creía empezar a saber algo de algo,
 los jóvenes a los que trato
 me dicen:
 "No sé, no sé, el mundo es muy complejo".
 Tal vez por eso
 hoy me gustan los jóvenes de ayer
 tanto como ayer
 me gustaban los jóvenes de hoy.