25/3/13

Lo que tienen en común Spinoza y John Stuart Mill y lo que les critican Marx y Freud

Spinoza
Mill
Freud
Marx
Luis Roca Jusmet
Especial para Gramscimanía

Lo peor de los manuales de filosofía es que clasifican con criterios discutibles y una vez determinada esta clasificación limitan enormemente el ejercicio de comparar filósofos diferentes. Así se establecen prejuicios previos sobre su afinidad o no afinidad. Según los manuales el racionalista Spinoza no tiene nada que ver con el utilitarista John Stuart Mill. "Racionalista" y "utilitarista" se convierten así en tópicos excluyentes que no solo empobrecen el pensamiento vivo del autor sino también unas posibles relaciones entre filósofos que resulten fecundos.

Si comparo Spinoza con Mill lo hago desde el punto de vista de su filosofía práctica, es decir sus teorías ético-morales y políticas. Sus teorías epistemológicas son bien diferentes y sus ontologías también pero hay una fuerte coincidencia en esta filosofía práctica. Lo cual significa que no hay nunca un encadenamiento deductivo entre la epistemología, la ontología, la ética-moral y la política. Las relaciones entre los diferentes aspectos de sus filosofías son muy complejas.

Lo primero es señalar lo que quiere decir una teoría ético-moral y una teoría política. Podemos compartir con Deleuze el planteamiento de la filosofía como creación de conceptos. Los conceptos-ideas son maneras de configurar la experiencia humana, no enunciados que sean verdaderos o falsos. Los conceptos filosóficos son descriptivos o normativos. Es decir, bajo la significación conceptual queremos definir lo que son las cosas o lo que deberían ser. Los significados conceptuales descriptivos son básicamente ontológicos y los  prácticos son básicamente normativos. 

 La diferencia entre ética, moral y política es difícil de establecer de una manera precisa, porque son tres conceptos están muy interrrelacionados. Lo más complicado es delimitar la ética y la moral. Pero podemos considerar la ética como el camino hacia la felicidad y la moral las obligaciones que tenemos respecto a la felicidad del otro. Sería por tanto el gobierno de sí respecto a uno mismo y a los otros. La política es el compromiso del ciudadano con el gobierno de la sociedad. 

Spinoza tiene una teoría ética y una teoría política. No tiene una teoría moral porque para él la moral sería una consecuencia natural de la ética. Es decir que es la posición ética adecuada la que te lleva a una buena consideración de la felicidad con el otro. La ética es el camino singular hacia la felicidad y es el deseo el que nos marca el camino. Las pasiones, por el contrario, son las que nos desvían de él. El deseo es el impulso consciente, iluminado por la razón. Es la razón la que nos permite seleccionar entre lo que es un deseo y lo que es una pasión. Porque las pasiones, una vez las entendemos con la razón, se nos muestran como inadecuadas. Porque son pasiones tristes : la envidia, la culpa, el odio que nos llevan a la infelicidad. La alegría y el amor ( sentimiento hacia el que nos causa alegría) son pasiones vinculadas al deseo. Lo que plantea Mill es que los errores éticos son producto de errores cognitivos y falta de voluntad. Aunque algo certero dice, el se queda corto. Los anglosajones se creen demasiado la racionalidad humana. Más incluso que un racionalista como Spinoza. Porque la teoría spinozista de las pasiones explica mejor porque los humanos actuamos en contra de nuestra infelicidad. Las ideas inadecuadas son, para Spinoza, el dominio de las pasiones tristes. Sobre todo el odio que tenemos para los que consideramos causantes de nuestra tristeza. La palabra deseo unifica a Spinoza y Mill. Deseo es el impulso consciente que nos conduce a la felicidad. Es un afecto positivo, afirmativo. Y la felicidad  ¿qué es? Para Spinoza parece ser un estado de serenidad, que podríamos comparar con los que plantean los estoicos (¿o los epicúreos?) y algunas tradiciones orientales. Mill sí reivindicaba a Epicuro como un antecedente, por cierto.

En el tema de la moral Spinoza no entra. Es, para él, consecuencia de esta serenidad: la alegría interna conduce al amor hacia los otros. Para Mill hay que potenciar los sentimientos morales mediante la educación y esto hará que seamos altruistas porque el deseo de virtud nos llevará a actuara bien, ya que en esto se juega entonces nuestra felicidad. 

Finalmente tenemos la política. Para Spinoza y Mill la democracia es el mejor sistema, porque es el gobierno de la mayoría. Se basa en la cooperación de todos. Ahora bien, ni Spinoza ni Mill entendían de manera universal este "todos". Para Spinoza como mínimo las mujeres no pueden participar, por una cuestión de incapacidad. Para Mill las mujeres son capaces, pero no los analfabetos, ni los "países todavía no civilizados del todo", como la India. Ambos eran liberales en el buen sentido del término. Defensa de las libertades individuales y de los derechos de las minorías. 

Ampliando los derechos hacia la universalidad podríamos considerar aceptables sus planteamientos, salvando dos reservas fundamentales. Estas reservas las plantean las sospechas de Freud y de Marx. A Freud le gustaba Mill y lo había incluso traducido al alemán, Freud era igualmente empirista y buscaba una moral utilitaria, por decirlo así. Para Freud el hombre se guiaba por el principio del placer, que transformaba en principio de realidad para ajustarse a sus deseos a medio y largo plazo. También Mill planteaba algo similar cuando hablaba de la voluntad al servicio del deseo y que los placeres debían ser racionales y cualitativos. Lo cual también tiene relación con la noción de sublimación de Freud. Pero Freud descubrió "el más allá del principio del placer". Hay en el hombre unas pulsiones destructivas, una violencia contra uno mismo y contra el otro que explicaría la parte más oscura de la historia humana. De esto se olvidaron Mill y en menor grado Spinoza, cuyas pasiones tristes podían ser un antecendente de esta pulsión de muerte, aunque para Freud eran fuerzas primarias que nada tenían que ver con las ideas inadecuadas.

Lo que Marx planteó con claridad son dos cosas. La primera es que no podemos hablar de felicidad ni de libertad si conseguimos unas condiciones materiales dignas para el conjunto de la población. Si el poder político democrático quiere solucionarse deberá enfrentarse a la lógica del capitalismo y al poder económico que deriva de él. Spinoza todavía no estaba en condiciones de vislumbrarlo, pero Mill sí. Pero su óptica pequeñobruguesa se lo impidió. 

Resumiendo: hay que construir una alternativa ética, moral y política para nuestra sociedad aprendiendo críticamente de los clásicos. Esta sería una pequeña aportación