13/3/13

Lecciones de Hugo Chávez / El Socialismo del siglo XXI

Hugo Chávez ✆ Uncas
Álvaro Cuadra

Especial para Gramscimanía
En esta hora en que la figura de Hugo Chávez pasa la historia de Venezuela y toda América Latina, resulta importante analizar el legado político de su gobierno, plasmado en la “Revolución Bolivariana” En una mirada panorámica se detectan ciertas líneas maestras que han orientado esta revolución de nuevo cuño en el presente siglo. Entre la0s muchas singularidades, habría que poner atención a las siguientes.

En primer lugar, hay que decir que estamos ante un proceso histórico y social de carácter democrático. Las nuevas revoluciones en América Latina son revoluciones de mayorías que se han expresado en las urnas, así ha sido en Venezuela, Bolivia y Ecuador.
Son las mayorías ciudadanas las que han hecho posible una nueva constitución para esos países, son ellas las que han protagonizado una historia de “reformas radicales” a través del estado. Estos procesos inéditos señalan una ruptura con aquellos intentos revolucionarios realizados durante la Guerra Fría. De hecho, el nuevo horizonte desplaza la oposición que presidió las utopías del siglo XX y que se resumen en el contraste entre el Capitalismo Occidental y el Socialismo Real.

El carácter democrático de las nuevas revoluciones latinoamericanas supera la falsa contradicción entre el Capitalismo Occidental y el Socialismo Real, restituyendo en su lugar la histórica contradicción en nuestras sociedades, una Democracia Formal y Oligárquica y una Democracia Popular y Participativa. Como se ha dicho tantas veces, la “modernidad oligárquica” que perpetúa una aberrante estratificación social colonial, acentuando el abuso de poder, la marginación y la miseria. Las nuevas revoluciones se abren paso como un proceso de modernización y, al mismo tiempo, como un reclamo de dignidad para los pueblos.

En segundo lugar, el Socialismo del siglo XXI puede ser caracterizado como un gran movimiento social en que convergen distintos rasgos ideológicos. Tanto sus líderes como sus seguidores conjugan la más profunda tradición del humanismo cristiano y su reclamo por la dignidad humana inspirado en el evangelio con la tradición revolucionaria marxista. Este fenómeno es de la mayor importancia política y estratégica en nuestra región. Pues, como sabemos, si la Iglesia se ha identificado con los estados oligárquicos, no es menos cierto que el cristianismo se identifica con la nación y está arraigado en nuestros pueblos desde nuestro nacimiento en la historia. Las revoluciones democráticas y socialistas del siglo XXI  recogerán, precisamente, distintas tradiciones emancipadoras cuyo horizonte es el mismo, la redención y liberación de nuestros pueblos. En estas nuevas revoluciones hay lugar para cristianos, marxistas y para los discursos patrióticos de nuestros próceres.

En tercer lugar, las revoluciones en nuestra región poseen una doble dimensión no excluyente; por una parte, se levantan como un reclamo patriótico de independencia y soberanía. Por otra parte, y al mismo tiempo, las nuevas revoluciones poseen un horizonte bolivariano, latinoamericanista. Es interesante destacar esta dialéctica en que la defensa de la Patria es también la solidaridad y la integración con la Patria Grande. En esta nueva concepción se propone superar los nacionalismos estrechos para hacer realidad el sueño de Bolívar, una gran América Latina soberana, integrada y unida. En este sentido, la nueva revolución no conoce fronteras.

Por último, el Socialismo del siglo XXI entiende la liberación de nuestros pueblos desde una perspectiva pragmática y realizable en este tiempo histórico. Las reformas radicales planteadas apuntan, en lo inmediato, a la participación del pueblo como genuina democracia y a políticas postneoliberales para combatir la crisis del capitalismo mundial. La experiencia venezolana está dando una lección a la izquierda de nuestro continente. El nuevo discurso revolucionario latinoamericano recoge la tradición cristiana, la rica tradición revolucionaria de inspiración marxista, pero asimismo, las singularidades de nuestros pueblos originarios y el discurso patriótico fundacional  de nuestros próceres. El Socialismo del siglo XXI en nuestras tierras no es sino el reclamo de “nuestra” democracia, un continente en que la soberanía reside en la diversidad de sus pueblos.