11/3/13

El significado de Chávez – I & II

Ernesto Carmona

Chávez señaló nuevos caminos para las viejas aspiraciones de un mundo mejor de los latinoamericanos. Primero, hizo despertar a Venezuela del letargo social, político y ético de 40 años de traición socialdemócrata (Acción Democrática, AD) a los principios de la Junta Patriótica, alianza popular que en 1958 logró expulsar al dictador militar Marcos Pérez Jiménez. Y en sólo 14 años de gobierno adquirió un liderazgo transnacional que sacó a América Latina de la desesperanza en que la dejaron las dictaduras militares de los 60/70 y sus herederos civiles neoliberales de diferente signo pro-Estados Unidos en los ‘80 y ‘90.

Sin ninguna organización previa, el desconocido oficial de ejército de 37 años remeció, el 4 de febrero de 1992, a una Venezuela adormecida políticamente y sumergida en una pobreza paradojal, con más de 80% de excluidos por la corrupción bipartidista AD-Copey (partido Socialcristiano).
El teniente coronel -grado superior a mayor e inferior a coronel- trató de derribar al presidente AD Carlos Andrés Pérez (CAP) en el tercer año de un mandato que tampoco terminó porque en mayo 1993 fue destituido por el Congreso. Motivo: corrupción.

AD y Copey se alternaron en el poder desde 1958-1998, 40 años de “democracia” con represión selectiva y terrorismo de Estado encubierto. La enorme riqueza petrolera no salpicaba a una población mayoritariamente condenada a la pobreza perpetua. El 27 de febrero de 1989, cuando CAP apenas asumía su segundo gobierno y regresaba eufórico del foro da Davos con la receta de “sincerar” el precio de la gasolina, estalló en todo el país la sublevación popular de dos días recordada como el “Caracazo”. Allí comenzó todo.

Las dos jornadas 27-28F fueron un NO rotundo a la medidas neoliberales. Los saqueos de masas excluidas se esparcieron a todo el país por combustión espontánea, sin ninguna conducción ni orientación política. La izquierda prácticamente no existía en esa Venezuela: el PC tenía una expresión mínima, pero abundaban pequeños grupos de izquierda y extrema izquierda que hoy juegan en la oposición (MAS, Causa R, Tercer Camino, Bandera Roja, etc.). El 27F comenzó en Guarenas, Caracas, pero fueron los grandes medios (TV) quienes movilizaron al resto del país, sólo con informar qué estaba ocurriendo en la capital. ¿Por qué nosotros no?, parecían preguntarse en el interior. Y en todas las ciudades hicieron lo mismo.

Sin salir de su sorpresa, el presidente asumido apenas el 2 de febrero, ordenó al ejército y a las policías sofocar la rebelión con muerte. Nunca se supo exactamente cuántas víctimas hubo el 28 y 29 de febrero. Aún se buscan cuerpos de personas desaparecidas.

Con el preámbulo de ese caldo de cultivo, emergió el fallido intento de golpe del teniente coronel Chávez a la cabeza de “otros militares”. Pocos civiles sabían que desde 1982 Chávez era el fundador del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR200), constituido por oficiales de baja graduación aludiendo los dos siglos del natalicio de Bolívar.

El fallido 4F de 1992 fue una respuesta a la desesperación popular de muchas décadas de absorción de la renta del petróleo sólo por un pequeño sector de la sociedad. El único político que, sin tratar de justificar a Chávez hizo un discurso parecido a una autocrítica en el Senado -y desde el punto de vista de la falta de ética en la clase política-, fue el ex presidente copeyano Rafael Caldera. Sólo por eso logró ser elegido de nuevo presidente. Pero esta vez excluido del Copey como si fuera “traidor”. Caldera indultó a Chávez en marzo 1994 y le terció la banda presidencial el 2 de febrero de 1999.

La clase política venezolana y los propios medios -que en 1998 ya se creían embriones de partidos políticos-, pavimentaron la carrera al poder del teniente coronel surgido del 4F. Una vez que pagó su intento con 2 años de prisión, se postuló a la presidencia en 1998. Los grandes diarios prácticamente destruyeron a los partidos AD y Copey y algunos, como El Nacional, apoyaron a Chávez con la idea de “controlar” el poder, pero el fracaso de esta movida los volvió en su contra.

Estigmas: “militar y “socialismo”

Chávez derrotó varios estigmas. El principal fue demostrar que aún existen “otros militares”, distintos a los del Cono Sur y Centroamérica, y reluctantes a someterse a la concepción estratégica del Pentágono y el Comando Sur de Estados Unidos. Su impronta de militar progresista evoca otras figuras que gobernaron en la región, como el general Juan Velasco Alvarado (Perú, 1968-1975), general Juan José Torres (Bolivia, 1970-1971), Francisco Caamaño Deño (R. Dominicana, 1965), y otras más antiguas: Juan D. Perón (Argentina, 1946-1955), Jacobo Arbenz (Guatemala, 1951-1954), coronel Marmaduque Grove (artífice militar de la República Socialista en el Chile de 1932) y otros más lejanos como Gamal A. Nasser (Egipto, 1956-1970). Chávez heredó la doctrina militar antiimperialista y nacionalista formulada en Perú en la década de 1920, cuando el APRA era de izquierda.

El otro estigma que venció Chávez fue la rescatar el concepto “socialismo” y a pocos años de la desintegración de la URSS y la caída del muro de Berlín. Pero el Socialismo Bolivariano o Socialismo del Siglo 21 de Chávez no tiene que ver con el adefesio estalinista del capitalismo de Estado que supervivió más de 7 décadas en el este de Europa. Se parece más a las dos áreas de la economía que trató de levantar Salvador Allende, una social y otra privada, coordinadas por el Estado, que no fue permitida por las clases propietarias y su correlato en derecha política, incluida la DC, quienes pidieron auxilio a los militares para tumbarlo en 1973 con el triste resultado de la dictadura Pinochet (1973-1990).

Pero la Revolución Bolivariana no es exportable, principalmente porque se financia con petróleo. Por eso pudo sobrevivir a la huelga patronal que siguió al fallido golpe de 2002, mientras Allende no consiguió ayuda financiera de la URSS para poner término al boicot y la escasez artificial orquestada por la burguesía, la clase política derechista y Estados Unidos.

Sin embargo, la irradiación de la Revolución Bolivariana de Chávez renovó las esperanzas de los trabajadores, los pobres y los excluidos en la gran diversidad de países de la región que tienen diferentes historias y fuentes de riqueza. Venezuela estimuló la configuración de la actual América Latina y el Caribe, surgieron gobiernos progresistas de diferente signo que se han fortalecido en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua, la misma Cuba, y otros países. En febrero, Keith Mitchell, del Nuevo Partido Nacional, de tendencia progresista, ganó las elecciones en la pequeña Granada, la olvidada isla caribeña invadida por Estados Unidos en 1983, tras el asesinato de Maurice Bishop.


II


Chávez irrumpió en la política cuando los partidos estaban en total descrédito, tanto que los legisladores ya no usaban en sus vehículos las placas-patente oficiales por temor a un exabrupto. Un pueblo enardecido por primera vez tomaba conciencia de su exclusión del reparto del botín petrolero monopolizado por AD-Copey con grandilocuentes discursos sobre “democracia”.

El pueblo desesperanzado poco se inscribía para votar, convencido que, votos más votos menos, el juego seguirían ganándolo los mismos. Los resultados electorales registraban altos guarismos de abstención. Tampoco había segunda vuelta. Chávez pasó a la Historia porque emprendió la refundación del país. Impulsó una nueva Constitución, más acorde con la realidad social, surgida de un exhaustivo proceso electoral-popular-democrático. Sobre nuevas bases legales, promovió el desarrollo político del sector excluido de su pueblo con un nuevo diseño de distribución de la renta petrolera a través de decenas de planes de salud, vivienda, alimentación, etc., llamados “misiones”. También logró un gran avance en infraestructura, transporte, líneas de Metro y recuperó los ferrocarriles. Ha mejorado notablemente la calidad de vida del venezolano que antes fue excluido, de los trabajadores y de la propia clase media. Numerosas empresas privadas mejoran sus números produciendo y vendiendo al área social de la economía, por ejemplo el sector alimentario.

Se crítica a Chávez como “caudillo” y a su Revolución como “populista” y “polarizadora”. Y esto se debe, básicamente, a la reorientación del destino final de los fondos provenientes del petróleo, que ya no van al bolsillo de la clase política, la clase media más acomodada y la elite del país. Como en Venezuela no ha existido una burguesía industrial potente, como en otros países sudamericanos, la clase obrera resulta escasa. La industria petrolera emplea a 100.000 personas que resultan suficientes para generar el voluminoso ingreso que financia al país desde más de un siglo. La importación de alimentos y bienes de consumo continúa siendo un talón de Aquiles de esa nación

Bajo el antiguo esquema de distribución de la renta petrolera, en la llamada IV República (1958-1998) fluyó más dinero que en el Plan Marshall (casi medio millón de millones de dólares a precio constante). El reparto fue injusto, pero se le consideraba “normal”. Como hoy ha cambiado en perjuicio de los beneficiarios de ayer, le llaman “populismo”. Antes era lo contrario, elitista o egoísta. Hoy existe otro esquema pero “anómalo”. Y se habla de “polarización”, fea palabra.

Pero no fue un ideólogo marxista quien aclaró que la polarización social está siempre presente, querámoslo o no. Y en cierto modo, en 2006 definió así la “normalidad” en la sociedad contemporánea: “Hay una lucha de clases, por supuesto, pero es nuestra clase de los ricos quien dirige la lucha. Y la estamos ganamos”. Warren Buffet, el más rico N° 4 del mundo, con 53,5 mil millones de dólares en 2013, ahora lideriza una corriente que aboga por más impuestos para los ricos para financiar gasto social a favor de los excluidos –“occupy” o “indignados”– y postergar el colapso inminente del capitalismo. Pinochet prohibió por decreto la noción de “lucha de clase”, pero no por eso se extinguió, ya que los amigos de Buffet la estuvieron ganando con intensidad en los 17 años (1973-1990) de su dictadura… y todavía hoy.

La revolución de Chávez no es marxista, ni exportable. Es un sincretismo inédito muy venezolano, con cristianismo, justicia social, pensamiento de Bolívar, ideas marxistas, pensamiento de Fidel, legado de Allende, etc. El líder poseía cualidades personales intransferibles: gran carisma y cariño de su gente. Su pueblo y los pobres de esta región lo están haciendo inmortal. Además de buen humor, ironía, desplantes histriónicos, manejo de la TV y la comunicación, conocimientos prácticos de jugador de béisbol, etc., poseía también el control militar (que revirtió el golpe de abril 2002) y ofrecía muchas otras cualidades de su personalidad. Murió demasiado joven; 58 es poco hoy para el promedio. Fue un hombre orquesta de capacidades intransferibles. Condujo un proceso revolucionario aún en marcha cuyo principal factor de poder radica en unas Fuerzas Armadas atípicas en este planeta, apoyadas por el PSUV y refrendadas por el voto popular en 14 elecciones, más la 15ª que según todos los pronósticos ungirá a Nicolás Maduro el 14 de abril, para más rabia de Estados Unidos y sus detractores internos.

En cierto modo, la derecha venezolana, la reacción internacional y Estados Unidos perdieron con Chávez una bandera contra la que invirtieron más de una década de satanizadores estigmas mediáticos anti Chávez. Con su lamentable pérdida, la oposición venezolana también parece haberse quedado sin bandera política, ya que carece de programa. Tendrán, entonces que crear una nueva hiper-realidad que convierta a Maduro en el malo universal. Por eso no causa extrañeza la nueva oleada de mentiras mediáticas sobre su investidura, además de las innegables imágenes y entrevistas sobre la gran demostración funeraria de fervor popular, que revelaron a los propios enviados especiales la profundidad de la Revolución y la vigencia de aquellos cambios políticos y sociales que estigmatizan a diario pero conocieron y comprobaron in situ.

La revolución aún tiene debilidades. Focalizada en los pobres urbanos aspira a convertir al campesinado del interior en productores organizados en Consejos Comunales y no termina de crear más clase obrera con una política de desarrollo industrial sustentable, que algún día permitirá reducir importaciones. Maduro, probablemente, golpeará con transparencia la corrupción y regularizará la “boliburguesia” y “boliburocracia”, las nuevas clases emergentes con la revolución. No toda la clase media es reaccionaria y y siempre ha disfrutado su cuota del petróleo. Lo reflejan las ventas de automóviles siempre in crescendo, los viajes de vacaciones al exterior, los restaurantes siempre llenos, etc. La clase obrera de empresas públicas, como Sidor y otras, parece más bien reivindicacionista, con una mirada corporativa y estrecha, parecida a la aristocracia obrera del cobre que ayudó a derribar a Allende.

El ejemplo bolivariano fortaleció la búsqueda de modelos latinoamericanos propios, en el sentido de buscar un camino independiente de los intereses oligárquicos locales y de Estados Unidos. No sirven las comparaciones con las revoluciones marxistas ni con la revolución cubana. Se ha dibujado un símil con el peronismo, movimiento poli-clasista de fuerte contenido emocional de profundas raíces, donde Cristina no es lo mismo que Menem siendo ambos peronistas. Tampoco sirven los cánones del marxismo estalinizado de la experiencia URSS.

La Revolución Bolivariana no es exportable, pero muestra gran capacidad de innovar en la diversidad. Ése es el aporte del modelo bolivariano que se refleja en América Latina: Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Cuba, Brasil, Uruguay, Salvador, y otros, son experiencias de gobiernos progresistas distintos y “en la medida de lo posible”, con contradicciones propias de las etapas y momentos históricos de su propia lucha de clases local, con ingredientes étnicos y de tipo cultural en varios países.

El bolivarianismo de Chávez es un nuevo discurso socialista, con militares y riqueza petrolera, surgido en un clima curiosamente parecido al Chile actual, donde el rechazo a la clase política y sus partidos supera lejos más del 60% de una población cuyo voto final es un enigma por el fracaso de participación en los comicios municipales de octubre (cuyos resultados finales se dieron a conocer en febrero sin mayor publicidad y sin totalizar la abstención a nivel nacional). El movimiento social reclama mejores condiciones de vida, no sólo de la educación, que sólo pueden financiar el cobre y nuevos impuestos, mientras el mayor temor de la clase política chilena, los dueños del país y de los grandes medios es, precisamente, la aparición de un “caudillo” o “caudilla”, con mayor vocación “populista” que la atribuida a Piñera.
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