3/3/13

El ‘caracazo’ / Causas, enseñanzas y consecuencias

Julio Rafael Silva Sánchez

A manera de introducción / La huella de la estirpe: Las rebeliones populares en la historia de Venezuela

Especial para Gramscimanía
Las rebeliones populares sólo son comprensibles en las condiciones históricas en las cuales se producen, en el contexto de las relaciones de fuerza en que intervienen, en el horizonte de las perspectivas políticas que se plantean. En términos más formales: dan cuenta de una historia: como pasado asumido o sufrido, como un presente o una situación política, económica y cultural y como un futuro, como proyección observable en una expectativa estratégica.

Así por ejemplo, al hablar de la rebeliones populares en nuestro país,  se impone una historia de larga duración ligada a las luchas anticoloniales o antiimperialistas, encabezadas por nuestros ancestros aborígenes1 o por los aguerridos afrodescendientes2 y otros precursores …tendremos una significación  diferente, pero complementaria, a la iniciada por los Padres Libertadores o por Ezequiel Zamora, o por Matías Salazar3, por José Manuel el mocho Hernández4, o por los caudillos regionales del siglo XIX… disímiles y semejantes a las luchas populares contra la dictadura de Juan Vicente Gómez (como, por ejemplo,  las contiendas de Pedro Pérez Delgado, Maisanta)5.

I. El 23 de enero y la rebelión cívico-militar

En ese contexto, desde esa perspectiva, y permitiéndonos un salto cualitativo en el devenir histórico de nuestro país, nos encontramos con los sucesos y el estallido de la rebelión cívico-militar del 23 de enero de 1958. Durante una década ignominiosa, la dictadura de Marcos Pérez Jiménez perpetra los más horrendos crímenes contra el pueblo venezolano. Lo ocurrido durante estos años (de 1948 a 1958) no fue distinto en su naturaleza y en sus crueldades, en los hechos y en sus efectos, a lo que había ocurrido en Venezuela bajo la dictadura de Juan Vicente Gómez, sólo que ahora se aplicarían nuevas y más novedosas técnicas para provocar mayores sufrimientos. Durante estos cruentos años las fuerzas populares se enfrentan a un régimen militar irrestrictamente apoyado por el imperialismo norteamericano, cuya característica principal, al decir de Segundo Meléndez, en su obra Siempre en la utopía. Crónicas de medio siglo y una historia del MIR (2012), fue:

…que hizo del anticomunismo una bandera con la que trató de justificar todas las tropelías de la dictadura contra el pueblo y mantener los privilegios de los grupos económicamente poderosos. (Meléndez, 2012: 7)

Pero nuevamente el pueblo se organiza y emprende la resistencia contra el dictador. La lucha de los sectores populares contra el tirano será conducida por prestigiosos líderes revolucionarios, algunos de los cuales dieron su vida por la libertad. Entre esos combatientes, cuya ardorosa entrega constituye una fuente de ejemplo para las nuevas generaciones, están: Fabricio Ojeda,  Leonardo Ruiz Pineda, Guillermo García Ponce, Pompeyo Márquez (el legendario Santos Yorme), Simón Sáez Mérida, Domingo Alberto Rangel,  Moisés Moleiro y toda una pléyade de héroes anónimos que conducirán al país a la aurora del 23 de enero de 1958, cuando la dictadura será derrocada y nuevos vientos democráticos soplarán en Venezuela. Pero, como lo sabemos: nuevamente las fuerzas populares serán traicionadas y la redención social será postergada una vez más.6

Argimiro Gabaldón, Juan Vicente Cabezas y otros guerrilleros
Montañas de Lara, 1962
II. El fracaso del ‘puntofijismo’ y el surgimiento la lucha armada en Venezuela

Es conveniente recordar también que desde comienzos del Siglo XX nuestro país había incrementado su dependencia del Imperio Norteamericano, el cual saqueaba impunemente nuestros recursos naturales - esencialmente los hidrocarburos -, fortaleciendo a la oligarquía local, cuya burguesía se desarrollaría desde la década de los veinte del siglo pasado como una clase parasitaria.  Desde entonces - y hasta hoy -, ha sobrevivido y acumulado capital a partir de la apropiación de la renta petrolera extraída. En base a un patrón de acumulación primario exportador y su especificidad rentista, el Estado burgués se forjaría en base a un acuerdo sociopolítico conocido como  el Pacto de Punto Fijo, el cual concentró las ingentes riquezas del país y delegó en un sistema bipartidista el control de la sociedad. Aquella democracia representativa, y su modelo constitucional impuesto en 1961, sobrevivió a costa de la exclusión, la marginación y la represión de la mayoría de la población venezolana.  Un bastardo modelo de dominación profundamente neo colonial y dependiente del Imperio Norteamericano, que haría aguas a partir de una profunda crisis económica abierta en la década de los ochenta y que  desembocaría posteriormente en una profunda crisis de legitimidad.
En ese contexto, ocurren los levantamientos conocidos como El Barcelonazo (el 26 de junio de 1961),  el Carupanazo (el 4 de Mayo de 1962) y el Porteñazo (el 2 de junio de 1962), movimientos insurreccionales cívico-militares, en rebelión contra el régimen de Rómulo Betancourt (1959-1964) y que serían los prolegómenos del florecimiento de la lucha armada en nuestro país. La lucha armada de los años sesenta es, si se quiere, uno de los acontecimientos de mayor trascendencia en la segunda mitad del siglo XX venezolano, cuyas implicaciones se proyectan aún con fuerza en nuestros días, a pesar de haber transcurrido un poco más de cuatro décadas en las que sus actores sociales han enriquecido con sus experiencias la corriente histórica de la resistencia, a partir del imaginario y las sabidurías de esta larga contienda,  experiencias éstas que se enlazan con viejos y nuevos sueños de emancipación las que, si bien es cierto, al comienzo era una memoria clandestina y perseguida, ahora vive sus esplendores para decir con su palabra y gesto que éste es un pueblo jamás vencido, a diferencia de los que pretenden arrebatarle sus sueños bajo la consigna del escepticismo y la amargura de la frustración y, peor aún, quienes han intentando confiscar y/o manipular sus mejores victorias colectivas.
La lucha armada se extenderá por espacios urbanos y rurales, incorporándose a ella el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), que había sido fundado el 9 de abril de 1960, el Partido Comunista de Venezuela y densos sectores militares, a través de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), bajo cuya responsabilidad se desarrollará la guerra de guerrillas en todo el país, en preparación de los acontecimientos que ocurrirían más tarde.7


III. El caracazo: protesta insurgente y rebelión del pueblo

Así pues, un nuevo ciclo histórico anuncia su hora con la insurrección popular del 27 de febrero de 1989.  El Caracazo  demuestra que los de arriba ya no podían gobernar como hasta entonces y  que los de abajo estaban dispuestos a dar la vida por cambiar la realidad. El 27 de febrero ocurrió la expresión espontánea de un pueblo que ya venía sufriendo la aplicación de políticas económicas que demandaban la disminución de la inversión social, la privatización de las empresas públicas, el alto costo y la escasez de alimentos; además de un nuevo conjunto de medidas que anunciaba el presidente Carlos Andrés Pérez.
     

La fórmula económica anunciada por el dirigente de Acción Democrática fue calificada por el pueblo como “Paquetazo económico”. La estrategia adeca subordinada a los intereses del Fondo Monetario Internacional, sometería al país a liberación de precios y tasas de interés, aumentos del precio de la gasolina e incremento en el costo de los servicios públicos; así como eliminación de subsidios y control de cambio.
     
Los sucesos del Caracazo representan una de las mayores sublevaciones civiles de las últimas décadas y mostraron un rasgo violento de la sociedad venezolana que, para aquel entonces, tenía tiempo sin aparecer.
           

El 27 de febrero de 1989 terminó con el mayor de todos los mitos: que los explotadores y los explotados pueden convivir en paz y felices. El Caracazo representó el punto de quiebre en la capacidad de aguante de las masas ante la explotación y la burla de los intereses capitalistas internacionales y sus aliados venezolanos.
La mañana del 27 de febrero de 1989 no tenía nada de especial, excepto que empezaba a regir el aumento del ciento por ciento en el transporte público. Apenas había amanecido, eran las seis de la mañana, cuando las primeras corridas, peleas y enfrentamientos se registraron en las afueras de Caracas, en las ciudades de Guarenas y Guatire. Los pasajeros se negaban a pagar las nuevas tarifas y, en medio de la ira, comenzaron a quemar los colectivos y las tiendas aledañas. En el centro de Caracas, en tanto, los movimientos estudiantiles más radicales, que ya habían preparado manifestaciones para ese día, tomaban la estación de micros de Nuevo Circo. Para las 7.30, el Caracazo ya había explotado.

Se producen saqueos a comercios y se protagonizan hechos de violencia, seguida de una de las más sangrientas represiones policiales – militares jamás registradas en la historia contemporánea venezolana. El gobierno suspendió varias garantías constitucionales e impuso un toque de queda durante varios días. Según las investigaciones que hicieron las organizaciones de derechos humanos venezolanas en todos los barrios céntricos y de las afueras de Caracas, las víctimas podrían llegar a dos mil. Las cifras oficiales de muertos referían al menos unas 300 personas, no obstante el número de asesinatos derivados de la masacre ascendería a más de 10.000 personas, la mayoría a manos de los cuerpos de seguridad.

Los sucesos del 27 y 28 de febrero de 1989, en los cuales las Fuerzas Armadas Nacionales  fueron obligadas a reprimir al propio pueblo del cual provenían, generaron una gran crisis de identidad en los mandos militares intermedios. Crisis de identidad que - al cualificarse en los debates y los combates posteriores a febrero - permitieron elevar la conciencia de oficiales que hasta ahora habían permanecido al margen de las actuaciones políticas públicas.

El Caracazo significó una agresiva reacción de grupos sociales que actuaron con espontaneidad, sin responder a líneas políticas ni a dirigentes conocidos. Más bien fue la evidencia del malestar de los sectores más vulnerables del país, como consecuencia del empobrecimiento y disminución cualitativa de sus condiciones de vida y existencia. Reflejó, también, la nueva composición de la marginalidad, fortalecida por contingentes inmigratorios de naciones andinas y caribeñas, portadoras de una mayor rabia social. También quedó al descubierto la falta de representatividad de los liderazgos y los partidos tradicionales. En fin, estos hechos se convertirían a posteriori en la partida de nacimiento de un nuevo proyecto político, tal y como lo veremos a continuación.8

Hugo Chávez Frías y sus camaradas de armas, luego de
producirse la rebelión del 4 de febrero de 1992
IV. La herencia revolucionaria: 4 de febrero y 27 de noviembre de 1992

Las rebeliones militares del 4 de febrero y del 27 de noviembre del año 1992 fueron toques de diana en la conciencia de los venezolanos. El 4 de febrero estuvieron comprometidas las guarniciones militares de los estados Aragua, Carabobo, Miranda, Zulia y el Distrito Federal en una operación clandestina llamada "Operación Zamora". Los responsables eran miembros de una agrupación clandestina existente en el seno de las Fuerzas Armadas, conocida como Movimiento Bolivariano MBR-200. Dicha organización fue fundada en 1983 por los entonces capitanes del Ejército Hugo Rafael Chávez Frías, Felipe Acosta Carles y Jesús Urdaneta Hernández, quienes se desempeñaban como instructores de la Academia Militar.
El 27 de noviembre  ocurrió una rebelión cívico-militar, hermana muy cercana del huracán bolivariano del 4 de febrero de ese mismo año. Fue un enfrentamiento entre las fuerzas armadas leales al presidente Carlos Andrés Pérez y las fuerzas patriotas. Ese día se terminó de enterrar al gobierno puntofijista. Ambas fueron derrotas desde el punto de vista militar. Pero en muy corto plazo fueron victorias políticas, con el ascenso al poder de Hugo Rafael Chávez Frías, en las elecciones de 1998.

V. Notas para una conclusión / Construyendo el socialismo en venezuela

Como herederos de aquella gesta del 27 de febrero de 1989, 24 años después, cuando estamos empeñados en la construcción del socialismo en nuestro país, debemos subrayar que no hay socialismo sin libertad, sin democracia, sin convicción revolucionaria, sin desprenderse de los intereses personales, sin cultivar una moral y una conciencia histórica.  Pero debemos, también, reivindicar la realidad del socialismo en su pertinencia histórica, como un ideal que supera sus propias desviaciones, errores y distorsiones. Y la pertinencia histórica –o conciencia histórica- es el cuadro de iniquidades, desigualdades, pobrezas y desastres ecológicos que el capitalismo no ha podido resolver en los últimos trescientos años. Pero el socialismo no es un modelo, no es una abstracción, ni una ensoñación, ni un paradigma. El socialismo –a nuestro modo de ver- es una verdadera ecología de la vida: es una manera de vivir la vida; es una dialógica del poder; es un  horizonte de sentido; es la significación por excelencia. 

Por todo esto, creemos que un debate sobre el socialismo en Venezuela, en estos días de consolidación del proceso revolucionario, debe pasar por varias discusiones previas que tienen que ver con la interrogación básica sobre la realidad nacional de la pobreza; sobre las desigualdades políticas y económicas; sobre el liderazgo social; sobre la política heredada del capitalismo salvaje. Creo que si no reventamos la cultura de la pobreza, no podremos hablar de socialismo, ni de igualdad, ni de libertad. Porque una democracia real, participativa y protagónica (tal y como la reclama nuestra Constitución de la República Bolivariana de Venezuela), tiene como tarea impostergable reinventar una nueva manera de vivir, de pensar y de actuar.
De modo que el socialismo que estamos construyendo en Venezuela se está formando en el vientre de la revolución bolivariana. Se trata de un proceso inédito, con características muy particulares, entre ellas: su carácter pacífico (y, al mismo tiempo, revolucionario), lo cual ha sido un notable hallazgo del Presidente Hugo Chávez, al proclamar este signo pacífico y democrático de la revolución, aún cuando muchas veces ha tenido que defenderse – y está cada vez mejor preparado para seguirlo haciendo - de la violencia de la contrarrevolución. Estamos impulsado los procesos productivos, la economía cooperativa, la empresa micro, pequeña y mediana, hacia el establecimiento de un sistema mixto regulado y protegido por el Estado, generador de empleo y de valor agregado, sustentable, humanista y autogestionario. Y la construcción de las comunas, tal y como las caracteriza Manuel Briceño Méndez, en su texto El Estado Comunal (de 2010), como:

…espacios sociopolíticos, definidos por la integración de comunidades vecinas, con una memoria histórica compartida, rasgos culturales, usos, costumbres e imaginarios, que se reconocen en el territorio que ocupan y en las actividades productivas que les sirven de sustento y sobre el cual ejercen los principios de soberanía y participación protagónica, como expresión del poder popular en concordancia con un régimen de producción social y el modelo de desarrollo endógeno y sustentable, contemplado en el Plan Nacional Socialista Simón Bolívar. (Briceño Méndez, 2010: 46)

Así pues, el socialismo del siglo veintiuno está lejos del sueño y de la utopía. Tal vez sea una pedantería, pero por exageración, por hipérbole: es casi impensable que desde este pequeño mundo que es Venezuela, desde estos chaparrales (como diría el poeta Efraín Hurtado), se pueda construir el socialismo para todo el planeta. Y nuestro socialismo es así: nacional, popular, democrático, latinoamericano y caribeño; un socialismo humanista, ambientalista, pleno de energía espiritual, que reivindica el amor, la paz, la justicia, la solidaridad y la libertad. Porque, como lo precisa la Declaración del Encuentro Mundial de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad, realizado en Caracas, en el mes de diciembre del año 2004:

...La conciencia del mundo ha dado un giro decisivo, el hombre finalmente está despertando ante los problemas más urgentes de la humanidad. Pero no basta despertar, recibir los destellos de una conciencia inaplazable: es necesario apegarse al sueño de la utopía, hurgar dentro de ella, hacerla desistir de sus imposibilidades; transformarla en realidad cotidiana, para lograr finalmente un mundo que se fortalezca en sus latidos (...) Se hace necesaria la búsqueda de hombres con conciencia utópica, capaces de levantar su voz en un mundo que clama con desesperada paciencia su unidad; esa que se resquebraja en el dolor de sus voces, la que busca afanosamente un nuevo horizonte. (Declaración, 2004: 3)

Pero, entonces: ¿Estamos diciendo, acaso, que en Venezuela vivimos en socialismo? Le respuesta es clara y precisa: ¡No! Estamos en transición, estamos construyendo el socialismo, estamos en camino hacia el socialismo. Y ¿cuál es ese camino? Como bien lo dijo el Presidente Hugo Rafael Chávez Frías, el 1ero. de mayo del año 2005:

...Ese camino se llama democracia revolucionaria. La que está en marcha en Venezuela, empujada por un pueblo en dinamización permanente, en movilización permanente, en estudio permanente, en discusión permanente, en debate permanente. Una transición que debe ser impulsada con mucha participación colectiva.  (Chávez, 2005: 10)

Ernesto Cardenal ✆ Molina
Nos gustaría finalizar, por ahora, con una frase que el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal expresó hace algún tiempo en Caracas, durante el Festival Mundial de Poesía Venezuela 2004:

...Para mí, la revolución bolivariana es como si Bolívar hubiera vuelto a Venezuela, de donde lo expulsó la oligarquía. Para mí se vive en una auténtica revolución, y no es solamente la acertada conducción de un líder carismático, sino son millones de venezolanos que hay detrás y lo acompañan. Es una revolución distinta de todas las otras, como son distintas todas las revoluciones. (...) Aquí en Venezuela la revolución está en todos los ámbitos: en barrios, en pueblitos y en caseríos se crean centros comunitarios con acceso a internet gratis para toda la población, con bibliotecas y lugares para la danza, el teatro, la poesía (...) Lo cierto es que en Venezuela para muchísimos se está cambiando la vida. (Cardenal, 2004: 35)

Notas

1
Esta lucha encarnizada se mantuvo durante varios años de cruentos enfrentamientos. Hubo distintos episodios de heroísmo que se multiplicaron por todo el continente americano, muchos de los cuales quedaron para siempre ignorados por la historia, evidenciándose en ellos el ímpetu y gallardía de valientes caciques como: Guaicaipuro, Baruta, Chacao, Tamanaco, Arichuna, Catia, Guaicamacuto, Catuche, Manaure,  Paramacay, Naiguatá, Paramaconi, Mara, Guaimacuare, Paisana, Yoraco, Chiparara, Yaracuy, Sorocaima, entre otros líderes, cuya misión, en ese momento histórico, era la agitación política para combatir a los invasores, muestra inequívoca del carácter ideológico de las luchas de liberación nacional de negros y aborígenes, tal y como lo registra Miguel Acosta Saignes, en su obra Las ideas de los esclavos negros en América (1986):

Rige sin duda todavía entre muchos la creencia de que los esclavos no pensaban, no poseían concepciones del mundo, de la sociedad donde vivían, de la injusticia social. Priva la convicción de que carecían de concepciones políticas. Todo ello es erróneo. Resultan abundantes y notables las ideas de los negros durante el período esclavista y en las etapas subsiguientes, cuando debieron luchar por una real independencia y por la adquisición de tierras para trabajar como hombres libres. (Acosta Saignes, 1986: 22)          

2
Luego, en los siglos siguientes, ocurrirán, sin solución de continuidad, diversos movimientos, alzamientos, rebeliones y conjuras que contribuyeron a unificar y fortificar el repudio al sistema colonial imperante. Entre esos movimientos precursores vale la pena destacar: la rebelión del Negro Miguel, en Buría (en 1533); el levantamiento del zambo Andresote, en los valles y montañas de Yaracuy (en 1730 y 1733);  la rebelión de San Felipe (en 1741);  la rebelión de El Tocuyo (en 1744);  la insurrección de Juan Francisco de León, en Panaquire (en 1749);  la rebelión de los Comuneros de los Andes, en San Cristóbal, Lobatera, La Grita y Mérida (en 1781);  la insurrección de José Leonardo Chirino, en Coro (en 1795);  la conspiración de Juan Bautista Picornell, en La Guaira (en 1796);  la conspiración de Manuel Gual y José María España, en Macuto y la Guaira (en 1797);  la tentativa del mulato Francisco Javier Pirela, en Maracaibo (en 1799) y  las invasiones de Francisco de Miranda, por Ocumare de la Costa (el 27 de abril de 1806) y por La Vela de Coro (el 3 de agosto de 1806).

3
Matías Salazar había nacido en El Pao de San Juan Bautista (estado Cojedes), a doscientos kilómetros de Caracas, el año 1828. Jefe político y militar, torero, agricultor, albañil, criador de ganado, buhonero, escribiente de abogado, guerrero federal, legislador en Carabobo (en 1866). Fue uno de los jefes militares más populares de la Revolución Azul. Al alzarse contra Guzmán proponía una especie de guerra de clases - o de colores - en el interior mismo de la causa liberal. Fue fusilado, luego de un juicio sumario, en Tinaquillo (estado Cojedes), el 17 de mayo de 1872.

4
José Manuel Hernández, célebre caudillo militar y político de fines del siglo XIX y comienzos del XX venezolano, hijo de isleños trabajadores, nació en el barrio San Juan de Caracas, en 1853. Con apenas 17 años inició su bautismo de fuego al unirse a principios del Septenio Guzmancista (1870-1877) a las fuerzas azules del general Esteban Quintana que lucharon en contra del gobierno del presidente Antonio Guzmán Blanco. Luego del combate de Los Lirios (11 de agosto de 1870), hallándose Hernández herido de un balazo en el suelo, fue macheteado en el cuello y en un brazo, perdiendo dos dedos de la mano derecha, hecho que originó su posterior apodo. De sus primeros años de actividad política se sabe poco, sólo que se casó y tuvo sólo un hijo; enviudó, estuvo en la cárcel y se vio obligado a huir de Caracas. De aquí en adelante su vida fue una serie de aventuras. En el interior del país y algunas islas de las Antillas trabajó como carpintero, y en La Habana de repartidor de pan. De regreso a Venezuela, estuvo preso varias veces por oponerse al régimen guzmancista. Luego de numerosos reveses, será capturado por fuerzas del gobierno el 27 de mayo del año 1900 en Tierra Negra, un caserío cercano a El Pao. Vuelve entonces el caudillo a la prisión de la Rotunda, de donde será liberado en 1902 por un decreto de amnistía. Después de varias peripecias, decidió apoyar a Castro, lo que le valió un cierto desprestigio. Nombrado Ministro Plenipotenciario en Washington en julio de 1903, realizó duras críticas contra el gobierno y acabó renunciando a su cargo en 1904. Permaneció exiliado en Estados Unidos hasta 1908, cuando se produjo la caída de Castro. De regreso a su país, entró a formar parte del Consejo de Gobierno entre 1909 y 1911, fecha en la que rompió con el nuevo presidente, Juan Vicente Gómez. En 1913 sale exiliado a Puerto Rico, Cuba y finalmente Estados Unidos, donde permaneció hasta su muerte en Nueva York, el 25 de agosto de 1921.

5
Pedro Pérez Delgado (Maisanta): Nace en Ospino (estado Portuguesa), en 1881 y muere en Puerto Cabello (estado Carabobo), el 7 de noviembre de 1924), conocido como Maisanta fue un guerrillero y caudillo venezolano. Hijo de Pedro Pérez Pérez y Josefa Delgado. Un bisnieto suyo, Hugo Chávez es Presidente de Venezuela (desde 1999). Desde joven tuvo un temperamento impulsivo y violento, se destaca en la escaramuza de La Mata Carmelera en 1898 que acabó con la vida del ex presidente Joaquín Crespo. En 1899 Cipriano Castro envía a Pedro Pérez Delgado a Sabaneta, como Jefe Civil y militar de la zona, donde quizás tuvo dos hijos naturales con Claudina Infante, a quienes no les dio su apellido, pero que sin embargo mantuvieron contacto mediante cartas en años posteriores. Además muy probablemente tuvo otros 5 hijos con distintas amantes. Desde 1914 fue oficial del gobierno de Juan Vicente Gómez, sin embargo deserta e inicia sus actividades guerrilleras en contra del gobierno. Es hecho es prisionero en 1922 y muere encarcelado en el Castillo de Puerto Cabello al ser envenenado con vidrio molido, el 7 de noviembre de 1924, junto a su hijo Ramón Márquez.

6
Consultar, entre otras obras: Se llamaba SN (2005), de José Vicente Abreu. Caracas: José Agustín Catalá. Editor; Miraflores fuera de juego (1990), de Eleazar Díaz Rangel. Caracas: Alfadil Ediciones; La revolución no ha terminado (1997), de Hugo Trejo. Caracas: Vadell hermanos.

7
Como bien lo señala la organización en su Documento Constitutivo:
El pueblo venezolano necesita también ahora crear unas Fuerzas Armadas para dar respuesta diaria a las agresiones y violencia del grupo gobernante, para pasar a la ofensiva y derrocar el régimen, doblegar los poderosos intereses que lo apoyan y para, mediante la victoria de la revolución, instaurar un gobierno democrático y nacionalista. Unas Fuerzas Armadas respetadas y armadas por el pueblo, vigilantes y en todo momento dispuestas a defender las conquistas revolucionarias, mantener la integridad del patrimonio y territorio nacional y aplastar cualquier agresión e intervención extranjeras. En consecuencia, decretamos la creación de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional. (FALN, 1962: 5)
Es oportuno recordar la gesta libertaria asumida por destacados camaradas como Manuel Ponte Rodríguez,   Jesús Teodoro Molina Villegas, Tirso Pinto, Américo Silva, Douglas Bravo, Pompeyo Márquez, José Manuel (Chema) Saher, Víctor Soto Rojas, Alberto Lovera, Máximo Canales, Julio Escalona, Gilberto Mora Muñoz, Alí Rodríguez Araque, Teodoro Petkoff,  Ángela Zago, Argelia Laya, Elías Manuit Camero, Héctor Pérez Marcano, Trina Urbina,  Marcos Gómez, Tito González Heredia, Francisco Prada Barazarte y tantos jóvenes  que ofrendaron en el altar de la lucha armada su hermoso repertorio de anhelos y utopías. 

8
Ver: Los muertos de la deuda o el final de la Venezuela saudita (1989), de Alfredo Tarre Murzi. Caracas: José Agustín Catalá, editor.

Referencias Bibliográficas

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