27/3/13

Antonio Gramsci impuso su originalidad teórica al llamar la atención sobre el problema de los Consejos de Fábrica

Piero Gobetti
Traducción del italiano para Gramscimanía por Omar Montilla

[...] En medio de esta inercia de pensamiento se hizo notorio un hombre joven solitario, Antonio Gramsci, quien a la vez que realizaba sus estudios de literatura en la Universidad, se había unido al Partido Socialista, posiblemente más por razones humanitarias, adquirida en su pesimista soledad de inmigrante sardo, que por un concepto claro de un revolucionario. Gramsci no esperó mucho tiempo para formarse una cultura política y, a pesar de su renuencia y timidez, [Giacinto Menotti] Serrati, con notable perspicacia, lo nombró colaborador y corresponsal político del [diario] Avanti! de Turín.

Más adelante, en la sección del periódico dedicado a la vida en Turín, Gramsci se destacó como formidable polemista sobre temas sociales y literarios, tenía su estilo, feroz, implacable, serenamente destructor, una ruda dialéctica que el periódico socialista no había visto.
Muchos de sus ‘pequeños’ escritos publicados bajo la rúbrica ‘Sotto la Mole’, algunas críticas de teatro y otras publicaciones de la misma época merecieron ser recogidos bajo el mismo título de ‘Sotto la Mole’,  que sería un libro original en la literatura italiana moderna, para entonces tan carente de obras polémicas, permitió definir una nueva personalidad como escritor. Pero Gramsci ha olvidado estos escritos antiguos y sonreiría al recordarlas.

Sus nuevas actividades como un teórico de la revolución comienzan con su trabajo en el ‘Grido del Popolo’ [Clamor del pueblo]. El pequeño y modesto órgano de propaganda del partido [Socialista] se convirtió para él en una revista de cultura y pensamiento. Gramsci publicó las primeras traducciones de los escritos revolucionarios rusos. Se propuso una exégesis [1] política de los bolcheviques. A la cabeza de este trabajo, a pesar de que no era el director, se siente el cerebro de Gramsci. La figura de Lenin se le aparecía como una voluntad heroica de la liberación: las razones ideales que formaron el mito bolchevique, fervientemente incrustadas en la psicología popular, no debían constituir el modelo de la revolución italiana, sino la antorcha que iluminaría ese camino desde abajo.

Las demandas anti-burocráticas de la revolución ya había sido sentida por el italiano Gramsci desde 1917, cuando su pensamiento autonomista se concretó en el único número de La Città futura [La Ciudad Futura], publicado como un modelo y anuncio de un futuro periódico de cultura política de los trabajadores.

L'Ordine Nuovo

La Città futura [La Ciudad Futura], se convirtió en 1919, en L'Ordine Nuovo, el único documento del periodismo revolucionario marxista que apareció (con alguna seriedad ideal) en Italia. En L'Ordine Nuovo, el conflicto trágico de toda la política italiana de acción – ineluctablemente incierta entre una tendencia autonomista y una tradición reformista (Mazzini y Cavour)- se advirtió desde los primeros números. Gramsci ya no estaba solo. De los tres co-directores: Angelo Tasca, Palmiro Togliatti y Umberto Terracini, éstos últimos todavía no tenían un pensamiento revolucionario definido y se decidieron después. El temperamento de Terracini es político, más que teórico. No le interesa la elaboración de la teoría, sino como le interesaría a Lenin (instrumento de política). Decidió que había llegado el momento, con toda tranquilidad, y ponerse del lado de Gramsci, después de haber luchado contra Serrati, demuestra claramente cómo él vio, a través de la práctica, la cuestión del socialismo italiano. Togliatti es anti demagógico por sistema, aristocrático, contrario a la violencia oratoria, polemista dialéctico, sutil, implacable, hecho para la polémica y encontrando el mito en la realidad no se preocupa tanto de esclarecerlo, pero sí adecuarlo a sus intenciones. Por supuesto que no queremos que se escondieran los peligros de este maquiavelismo: Togliatti aún no ha tenido responsabilidades de liderazgo en la acción, es atraído a  la política con una sólida preparación, pero hay en él una inquietud, a veces incluso parece cinismo e indecisión, de la cual es posible que tengamos que esperar muchas sorpresas y que en todo caso debe conducir a una cierta suspensión del parecer. El conflicto estalló entre Antonio Gramsci y Angelo Tasca y condujo a Gramsci a una posición de dominio, rebelándose como el único hombre maduro para los nuevos problemas. Angelo Tasca, quien ahora es ahora el secretario de la ‘Alianza Cooperativa Turinesa’, puesto de confianza que sólo él puede mantener porque es el único comunista que no tiene el odio intransigente de los socialistas, venía al movimiento político con una educación primordialmente literaria, y con la mentalidad del propagandista y apóstol de la democracia. Amigo de Gramsci, no había tenido una evolución específica del pensamiento. Colaborador por simpatía y con el ardor del propagandista, pensó a L'Ordine Nuovo como una revista de las ideas que, retomando a Antonio Labriola se propusiera el problema histórico de la revisión del marxismo y la historia del movimiento intelectual italiano

Antonio Gramsci se inició con una serie de estudios de Louis Blanc, y volcó su interés al problema de la pequeña propiedad con actitudes sentimentales casi pequeñoburguesas, algo de ‘turatiano’ [2] y de patriarcal quedaban en su pensamiento. El socialismo de un hombre de letras, que concebían la redención mesiánica de las masas, como una ilustración palingenésica, y a la civilización moderna se superponía su sueño de virtud obrera pequeño-burguesa, que naciese y se alimentase de costumbres patriarcales, de una cosecha pacífica en el jardín de su casa. Es de destacar que fue capaz de liberarse de estas ideologías y en su fervor y en su literatura haya sido capaz de encontrar una fuerte capacidad técnica y administrativa: criticando su carácter político es necesario hacer justicia. Después del primer mes durante el cual L'Ordine Nuovo vivió una vida externa y estéril (las únicas cosas vivas eran algunas brillantes crónicas culturales de Palmiro Togliatti) Gramsci impuso su originalidad teórica de llamar la atención de sus camaradas sobre el problema de los Consejos de Fábrica.

Los Consejos de Fábrica tenían que estar en su pensamiento, los ‘cuadros’ del nuevo estado obrero, y en el período de la lucha violenta, los ‘cuadros’ del ejército revolucionario: a las abstractas propagandas, se trataba de sustituir una acción concreta -los trabajadores debían habituarse a una real disciplina y a un consciente ejercicio de la autoridad. Debían adquirir,  en contacto con sus órganos laborales, una mentalidad de productores y de clase dominante. Si en la fábrica se desarrolla la vida de los trabajadores en la fábrica, los trabajadores se deben organizar para resistir frente a los industriales. El nuevo Estado que ya no está más en nombre de los derechos y deberes abstractos de los ciudadanos, sino de acuerdo con la actividad de los trabajadores, que deben adherirse a las organizaciones cuando su actividad se lleva a cabo, y entonces aprovechar el conocimiento de sus necesidades, el examen de sus problemas.

Sin embargo, si debemos juzgar la validez práctica de estas fórmulas, esta era una concepción revolucionaria, frente a la cual toda la riqueza de la abstracción y el reformismo tenían que caer. La concepción de Angelo Tasca acerca del sindicalismo, que aceptaba a los Consejos de Fábrica, para atribuirles el mismo valor de los sindicatos, resultaba insuficiente e inadecuado para la nueva conciencia de los trabajadores que era necesario desarrollar. Angelo Tasca triunfó por un momento y por un malentendido, pero tuvo que dejar L'Ordine Nuovo y permanecer fuera de las nuevas experiencias de lucha de clases.

La revista se convirtió en el centro en el cual convergieron los núcleos más conscientes de los proletarios, que esperaban la señal en las luchas más riesgosas y en los momentos más inciertos. La ocupación de las fábricas y la campaña electoral para la conquista de la municipalidad,  fueron los episodios culminantes, más, en contra de la acción de la nueva aristocracia se encontraba el peso muerto del legado socialista, la incapacidad de los líderes de las confederaciones, los ideales utilitaristas de las masas, el espíritu reaccionario (reformista) de los campesinos que llegaban al partido, la cobardía de los arribistas, y en este conflicto, que es muy digno de ser estudiado con mayor profundidad, el movimiento se confundió hasta perder su capacidad de resolver.

Notas del traductor

[1] La palabra exégesis (del griego ξήγησις exégesis, de ξηγεομαι exegeomai -"explicar"-) es un concepto que involucra una interpretación crítica.
[2] Aludiendo a Filippo Turati, (Canzo, 26 de noviembre de 1857 – París, 29 de marzo de 1932) fue un político, abogado y periodista italiano, entre los primeros e importantes líderes del socialismo italiano. Se cuenta entre los fundadores, en 1892, del Partido Socialista Italiano.

Extraído de ‘Storia dei comunisti torinesi scritta da un liberale, La Rivoluzione Liberale, a. 1, n. 7 (2-4-1922)