4/3/13

Análisis histórico de la recepción de ‘El Capital’ en España y Latinoamérica

Ángelo Narváez León

I. La formación de ‘El Capital’ dentro del imaginario político europeo

Sabemos, por palabras del propio Marx –y revisiones y comentarios de Engels–, cuáles fueron las intenciones concretas de El Capital en cuanto contribución a la formación teórica y práctica del proletariado europeo en su lucha contra el capitalismo. Ahora bien: el correlato histórico entre las propuestas intencionales particulares de los movimientos populares y de masas no tiene una relación causal necesaria, ni opera mediante una proyectividad teleológica con la formación y nutrición del imaginario político mediante el influjo de las formaciones conceptuales, sino que es este correlato el que se construye retrospectivamente una vez que los acontecimientos han ocurrido en su propia contingencia
, de modo tal que dicho correlato histórico sólo es necesario en cuanto implica una necesidad de contingencia concebible en su propia realidad1. Es necesario, para desprenderse de cualquier anclaje teleológico y determinista, plantear una necesidad real, universal y concreta dentro de los límites de la formación del imaginario político europeo y latinoamericano, es decir, una necesidad a posteriori, retroactiva, histórica y divergente. Frente a ésta necesidad, nuestra labor será preguntarnos por la capacidad política efectiva de Marx y Engels, y los “marxistas” posteriores, por establecer a El Capital como un eje central formativo de los trabajadores: o, formulado como pregunta, preguntarse por rol que jugó efectivamente El Capital en la formación intelectual del proletariado europeo –español específicamente– y latinoamericano desde su publicación hasta los albores de la segunda mitad del Siglo XX.

Cuando nos preguntamos por el proletariado europeo debemos inmediatamente delimitar que nos referimos al proletariado en formación más allá de las fronteras alemanas, para quienes el acceso a El Capital estuvo determinado por los esfuerzos particulares de traductores pertenecientes a los movimientos obreros y socialistas de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Por otra parte, cuando nos preguntamos por el influjo formativo de El Capital en el proletariado español y latinoamericano debemos tener en cuenta que el proletariado, y en general el socialismo iberoamericano, se encontraban en una íntima relación con el anarquismo y el republicanismo, ambos federalistas en su generalidad. Es de este modo que la formación “marxista” del proletariado mediante El Capital debía abrirse paso no sólo entre las filas del socialismo establecido como republicanismo, sino también entre las filas anarquistas del proletariado. En gran medida el republicanismo socialista iberoamericano tuvo una formación “socialdemócrata” que requería para su establecimiento de la negociación con la burguesía intelectual y con los pequeñoburgueses propietarios de tierras y medios de producción. Así, el desarrollo de la recepción de El Capital en los países de habla hispana mantuvo un curioso correlato con el desempeño político de Marx: la lucha por el posicionamiento del materialismo histórico y el socialismo científico –como le llamara posteriormente Engels– dentro de las filas de la izquierda europea por oposición a las políticas de las facciones moderadas de la I y II Internacional, y las formulaciones directrices de la socialdemocracia alemana posteriores a los Congresos de Gotha y Erfurt2, por una parte, y; el posicionamiento formativo del comunismo como práctica política del proletariado internacional por oposición a las corrientes anarquistas, por otra. Ahora bien, la historia y el decurso de la recepción de El Capital como línea directriz del imaginario político de las organizaciones obreras hispanoamericanas no es posible pensarla desde una perspectiva general y lógica sin tomar en consideración las diferencias y variaciones que se producen en la reflexión a partir de los materiales reales dados a ella, de modo que es, en definitiva, una pregunta diferente aquella que pregunta específicamente por el influjo de El Capital dentro de las filas del proletariado enmarcado por un norte europeo industrializado y aquella que se enmarca dentro de las contingencias históricas reales determinadas por procesos divergentes de acumulación de capital: es decir, la pregunta por el influjo de El Capital dentro de los límites de la realidad iberoamericana está determinada por un modo de acumulación visiblemente diferente de la acumulación industrial capitalista: el trabajo agrario y el campesinado como sujeto político organizado, la extracción de recursos fósiles y los mineros como sujeto constante de las luchas políticas, los puertos y el comercio adyacente como un flujo variable de contingencias, etcétera, constituyen las piedras angulares de las economías nacionales en las postrimerías del Siglo XIX y los albores del Siglo XX.

Por esta razón creemos es necesario que un análisis tal esté guiado –en virtud de El Capital– no por sus elementos históricos y productivos afianzados en ciertos focos capitalistas, sino por sus divergencias constitutivas y constituyentes. Debemos recordar el comienzo de El Capital, en el cual Marx plantea que: “La riqueza de las sociedades en las que domina el modo de producción capitalista se presenta como un ‘enorme cúmulo de mercancías’, y la riqueza individual como la forma elemental de esa riqueza. Nuestra investigación, por consiguiente, se inicia con el análisis de la mercancía.”3 Qué relación guarda el capital con aquellas sociedades donde no domina internamente el modo de producción capitalista es un problema por sí mismo, pero según nuestras líneas interpretativas, la producción genera modalidades de relaciones entre sociedades dominadas por diversos modos de producción y si hemos partido de la base divergente de las economías iberoamericanas, la llamada acumulación originaria y la teoría moderna de la colonización aparecen en nuestro análisis como los hilos que guían la recepción y formación de El Capital dentro del imaginario político de los trabajadores en España y Latinoamérica.

Este cambio de baraja al comienzo del análisis fue visto por el propio Marx en relación al modo de producción de los campesinos rusos. En 1877 le escribía al director del Otiéchestvennie Zapiski:

[…] El capítulo sobre la acumulación primitiva –escribe Marx– no pretende más que trazar el camino por el cual surgió el orden económico capitalista, en Europa occidental, del seno del régimen económico feudal […] Sin embargo mi crítico se ve obligado a metamorfosear mi esbozo histórico de la génesis del capitalismo en el Occidente europeo en una teoría histórico-filosófica de la marcha general que el destino le impone a todo pueblo, cualesquiera que sean las circunstancias históricas en que se encuentre, a fin que pueda terminar por llegar a la forma de la economía que le asegure, junto con la mayor expansión de las potencias productivas del trabajo social, el desarrollo más completo del hombre. Pero le pido a mi crítico que me dispense. Me honra y me avergüenza a la vez demasiado […] Sucesos notablemente análogos que tienen lugar en medios históricos diferentes conducen a resultados totalmente distintos. Estudiándolos por separado y comparándolos luego, se puede encontrar la clave de este fenómeno, pero nunca se llegará a ello mediante el pasaporte universal de una teoría histórico-filosófica general cuya suprema virtud consiste en ser suprahistórica.4

El presupuesto de la carta de Marx no sólo implica una lectura heterogénea y divergente de las relaciones reales entre los estados de los modos de producción y su relación con el capital, sino que además adquiere un carácter eminentemente político cuando el sustento de la carta es la pregunta por el sentido de El Capital para los revolucionarios rusos. Esta pregunta, debemos construirla y formularla históricamente para la realidad latinoamericana. Ahora bien, ¿cómo se construye esta historia; qué sucedía con El Capital?

En 1872 se publicaba en San Petersburgo la primera traducción de El Capital, comenzada por German Alexandrowitsch Lopatin y culminada por Nikolai Franzevisch Danielson, un renombrado narodnik que desde 1857 mantenía una relación epistolar con Engels. Esta traducción tuvo una especial repercusión en Rusia y tuvo, como era de esperarse, una especial atención de Marx.5 Con la traducción de Lopatin-Danielson comenzaba un proceso de avanzada y expansión política de las lecturas de El Capital por los socialistas europeos: aun cuando fuesen estos rusos en primera instancia y se alejase de las realidades concretas del proletariado existente en países industrializados de finales del siglo XIX, los hombres y la historia avanzan desde las necesidades contingentes. De acuerdo a Jean-Pierre Lefebvre, en 1884 se editaba una traducción polaca y en 1885 una danesa6 -las cuales no hemos podido constatar–, de modo que no es descabellado pensar que el influjo que pueda haber tenido El Capital en la formación intelectual del proletariado europeo haya sido escasamente constatable dentro de las naciones industrializadas. El 5 de noviembre de 1886 Engels planteaba que,

“[…] suele llamarse a Das Kapital, en el continente ‘la Biblia de la clase obrera’. Nadie que conozca bien el movimiento de la clase obrera negará que las conclusiones a las que llega esa obra se convierten, de día en día y cada vez más, en los principios fundamentales de ese movimiento, no sólo en Alemania y Suiza, sino también en Francia, en Holanda y Bélgica, en Estados Unidos e incluso en Italia y España”

Es necesario, frente a estas sentencias, ir más allá de la palabra escrita por Engels, más allá de los contenidos concretos inmediatos y disputar el texto hasta trascender su propia defensa o, dicho en otros términos, que éste se defienda del tiempo bajo su propio ritmo histórico. Por esta razón es necesario desglosar la palabra en sus propias circunstancias: lo que nos interesa en este punto es investigar la magnitud de la influencia de El Capital dentro del imaginario político de las organizaciones socialistas europeas. Por ejemplo, de entre los países mencionados por Engels:

(1) en Alemania, en Octubre de 1873 Johann Most publicaba su Kapital und Arbeit. Ein pöpulerer Auszug aus ‘Das Kapital’ von Karl Marx y en 1887 se publicaba la lectura de Karl Kautsky Karl Marx' Oekonomische Lehren. Gemeinverständlich dargestellt und erläutert; ambos, los textos de Most y de Kautsky, popularizaron y propagaron las ideas de El Capital dentro de las masas trabajadores alemanas y suizas con mayor eficacia y profundidad que el texto mismo de Marx.7 Muy posteriormente se publicarían los resúmenes alemanes de divulgación sistemática: en 1931 veía la luz el resumen del primer tomo de El Capital de Julian Borchardt. Éste pertenecía a la izquierda de Zimmerwald y fue parte importante del Sozialdemokratische Partei Deutschlands (SDP) pero, como muchos miembros del SDP se acercó a las posiciones del Kommunistische Partei Deutschlands (KPD) después de la primera guerra mundial. Luego, en 1939 Otto Rühle publicó un resumen del primer tomo de El Capital. Rühle formó parte del SPD, luego del Spartakusbund y, finalmente del KPD. En 1935 se establece en México y en 1937 participa como miembro activo de la “Comisión Dewey” en defensa de Lev Trotsky de las acusaciones del Proceso de Moscú.

Luego, (2) en Francia, en Diciembre de 1883 Gabriel Deville publicaba su resumen de El Capital, traducido en 1900 al inglés y publicado en Nueva York, por Robert Rives LaMote; posteriormente la edición francesa se publicaría usualmente precedida por palabras introductorias de Vilfredo Pareto. En 1893 aparecía también en Francia, y editado para la Petite bibliotheque économique française et étrangerè, el resumen de Paul Lafargue, yerno de Marx, cuyo título completo versaba Le Capital: Extraits faits par Paul Lafargue. Ambos resúmenes constituyen el núcleo de uno de los mayores intentos programáticos de difusión de El Capital dentro de las masas trabajadoras.

Desde 1881, (3) en los Países Bajos, gozaba de gran prestigio el resumen de Ferdinand Domela Nieuwenhuis ­–Kapitaal en Arbeid–, siendo incluso traducido al alemán y publicado en Viena en 1889 por Carl Derossi –Capital und Arbeit. Eine gedrängte Darstellung der Marx'schen Lehre–. Por aquellos años circulaban en las tierras belgas principalmente los trabajos de Deville y Nieuwnhuis. La primera traducción del tomo I al neerlandés fue realizada por Fank van der Goes en 1901/2 y sólo tomaba los primeros 8 capítulos de la cuarta edición alemana; en 1910 van der Goes logra publicar una versión completa del tomo I; en 1967 aparece una nueva traducción revisada de Isaac Lipschits, que sólo fue editada hasta 1983 –abarca el tomo I–; y en 1971 aparecía una traducción del resumen de Otto Rühle.

(4) En Estados Unidos se publicaron fragmentos en alemán de El Capital en los periódicos Arbeiter Union – entre Octubre de 1868 y Junio de 1869– y Neue Zeit –entre el 13 y 27 de Mayo de 1871– de Nueva York. Sólo en 1872, también en Nueva York, comenzaron a circular los primeros fragmentos traducidos al inglés.8

(5) En Italia, la traducción de G. Boccardo sólo abarca el primer volumen y está basada en la edición francesa de J. Roy. Curiosamente, esta edición que en un principio sólo fue accesible a las elites, constituye la única traducción italiana de El Capital hasta 1974, año en que se publica la traducción de Bruno Maffi.9. Antes de la traducción de Boccardo circulaba en Italia –principalmente en el norte– el resumen de Carlo Cafiero de 1878, Il Capitale di Carlo Marx, brevemente compendiato da Carlo Cafiero, texto conocido por Marx y aprobado para su publicación y circulación.

(6) Si nos damos la libertad de sumar a Portugal el caso es el más extremo de todos, pues recién en 1973, en Coimbra, se publicaba la traducción de J. Teixeira Martins y Vital Moreira –realizada, por decisión de los propios autores, a partir de la edición francesa de J. Roy por “o facto de O próprio Marx ter atribuído um valor autónomo à edição francesa–.10

La exageración de Engels consiste no en la identificación del El Capital con un fundamento concreto para la formación del proletariado europeo y norteamericano, sino en la identificación de El Capital con el incipiente “marxismo” y, por otra parte, de El Capital con el Manifiesto del partido comunista como “principio fundamental de los movimientos obreros”. Lo cierto es que ninguno de los países mencionados por Engels contaba a la fecha con una traducción siquiera medianamente completa y rigurosa de El Capital, a excepción de Francia: la traducción italiana del primer volumen de El Capital de Gerolamo Boccardo había sido publicada sólo meses antes y no gozaba de mayor difusión dentro de las masas trabajadores, pues la edición preparada para la Biblioteca dell’economista sólo circulaba dentro de los círculos liberales instruidos y especialistas hombres de estado; el caso español no es diferente ya que en gran medida la formación del proletariado español se encontraba bajo el influjo del anarco-sindicalismo y en una muy baja medida por el incipiente “marxismo”. El proletariado español sólo tenía por los días en que Engels profesaba los hipotéticos fundamentos reales de los movimientos obreros de los países industrializados –nótese que Engels no sólo no menciona Rusia, sino tampoco Polonia o Dinamarca– sólo unas páginas de Miseria de la filosofía y el capítulo IV de El capital.11Pero, ¿hasta qué punto llega la exageración de Engels? ¿Qué hay de cierto y formativo en las palabras de Engels y hasta dónde se confunde la necesaria propagando con la exageración?12 Debemos responder estas preguntas no mediante la mera formalidad de la constatación, sino mediante la proyección de una temporalidad concreta del influjo de El Capital como proyecto formativo de los trabajadores de España y Latinoamérica.

El socialismo internacional, por aquellos años, mantenía un constante flujo de panfletos, traducciones breves y desarrollos autónomos territorializados, además de una copiosa relación epistolar entre los fundadores del materialismo histórico y los primeros socialistas españoles, como por ejemplo, con Pablo Iglesias y José Mesa13. El mismo Marx hubo revisado el primer programa político del novísimo Partido Socialista Obrero (PSO) de España en 1879: programa enviado por José Mesa desde París a Londres para su revisión. Del mismo modo, Engels tuvo acceso a manuscritos redactados por Juan B. Justo de los principios del Partido Socialista Obrero Argentino (POSA), fundado en 1896. Estas relaciones directas del socialismo internacional tientan a pensar en un correlato inmediato entre las formulaciones teóricas de Marx y las prácticas políticas partidistas y organizativas; pero, como veremos, este correlato no fue efectivo, en absoluto.

La primera traducción de El Capital, aunque parcial ya que sólo toma los primeros capítulos y no pasa de las 245 páginas en su edición original impresa, data de 1886, tan sólo tres años después de la muerte de Marx. La traducción estuvo a cargo de Pablo Correa y Zafrilla, abogado y publicista español perteneciente la tradición republicana que transitaba entre el socialismo de la Internacional y los principios federalistas de Joseph Proudhon. El carácter federalista de Correa y Zafrilla lo llevó por los caminos de la política institucional, llegando a ser electo diputado por Motilla del Palancar, provincia de Cuenca. Pero, además, puede constatarse su participación en la larga tradición federalista española mediante su amistad y colaboración como editor, para La Federación, de Francisco Pi y Margall, presidentes de la Primera República Española.

El periódico La República, propiedad del Marqués de Santa Marta, para celebrar sus tres años de existencia se propuso publicar en entregas periódicas una traducción encuadernable de El Capital, cuya primera entrega se realizó el 20 de febrero de 1886. Tras el fracaso de las entregas, la dirección del periódico decidió hacer entrega de la obra ya encuadernada a los nuevos y antiguos suscriptores que así lo solicitasen. Como muestra Santiago Castillo, la cuantificación de suscriptores de La República no debió pasar del millar, de modo que la traducción quedó sometida a escasos comentarios, sólo dos: una mención pasajera de Pablo Iglesias en Le Socialiste de París, y otra, sin autor, en El Socialista de Madrid. Sería finalmente, El Socialista –en un proceso que analizaremos en el siguiente apartado–, órgano que disputaba la hegemonía de formación revolucionaria del proletariado español con La República y El Obrero, el periódico que realizaría un segundo intento de traducción, esta vez completo y con un grado mayor de difusión, y así aspirar a posicionar El Capital dentro del vocabulario teórico de los trabajadores ibéricos y argentinos, principalmente.

La traducción de Correa y Zafrilla, ligada publicitaria e ideológicamente a La República, pasará a un periodo de extendido olvido. Olvido no del todo injustificado, pues al escaso tiraje de prensa debe sumársele el hecho no menor de incongruencias que El Socialista se encargó de evidenciar, principalmente la denuncia del uso del material original que, aunque figuraba en las entregas de La República, no constituía un correlato efectivo con el contenido de la publicación ya que la traducción en realidad estaba basada en la traducción que Joseph Roy vertió al francés en 1875 con no pocas reticencias del propio Marx, quien revisó, añadió y cambió más de algunas líneas de aquella edición. Pero, a pesar de esto deben remarcarse las palabras que el mismo Marx tuvo para esta traducción, ya que “[…] sean cuales fueren las imperfecciones literarias de la presente edición francesa, la misma posee un valor científico independiente del original y deben consultarla incluso los lectores familiarizados con la lengua alemana.”14

Bien podríamos pensar, del mismo modo, que la traducción española de Correa y Zafrilla tuviese un valor “científicamente” significativo por proveer al lector de habla hispana un acceso a los añadidos franceses realizados por Marx y retomados por Engels para la tercera edición alemana. Pero, además de la brevedad de la traducción y la escasez de distribución debe concebirse su limitación también mediante la consideración de que entre el escaso millar de suscriptores la inmensa mayoría pertenecía a los círculos intelectuales del republicanismo federalista y no a las masas proletarias a las cuales las entregas tenían explícitamente por finalidad15. Dadas estas limitaciones la traducción de Correa y Zafrilla careció completamente de un carácter eminentemente científico para satisfacer las necesidades de posicionamiento del “marxismo” dentro de las filas del socialismo español y, a la vez, careció completamente de un poder efectivo de satisfacción de formación del proletariado hispanohablante.

A pesar de estas limitaciones, el valor formativo de esta traducción, si bien no efectivo, estaba a disposición de los trabajadores asociados a comienzos del Siglo XX: si tomamos un caso histórico para constatar esta posibilidad, aún hacia 1912 y 1913, existía un ejemplar de esta traducción en la Biblioteca de la Sociedad de Ebanistas y Similares, de Madrid, pero que sólo circuló entre tres miembros de entre 988, de los cuales sólo el 6.27% era lector recurrente de la Biblioteca, y en dos años sólo fue solicitado cinco veces. No sólo la lista de libros perteneciente a la Biblioteca, sino también la realidad productiva española de comienzos de siglo hace pensar, efectivamente, en un desplazamiento de las pretensiones con la contingencia; la dificultad, aun cuando mesurada en una traducción, de los complejos conceptuales teóricos de El Capital hace presumir que la formación básica de ebanistas y similares no era suficiente para comprender una obra tal en su misma magnitud.16 Lo cierto es que el carácter prominentemente agrario y minero de la economía nacional española impedía circunstancialmente una comprensión experiencial y directa de los lineamientos generales de El Capital dentro de las filas de las masas trabajadores. Por estos años el porcentaje de población proletaria en España no era mayoritario y se concentraba principalmente en Madrid, Barcelona y Sevilla17; misma suerte corrían las traducciones vertidas a idiomas agrarios y mineros como el ruso, el italiano y el polaco. Hacia comienzos del Siglo XX el influjo de El Capital es, prácticamente, patrimonio de la pequeñoburguesa y los liberales librepensadores. La magnitud de proletarios formados teóricamente por El Capital es no sólo dudosa, sino que irrelevante para los lineamientos generales de los partidos socialistas y socialdemócratas de los países que contaban con traducciones de la obra de Marx. Esta realidad sólo reafirmaba la necesidad constante de una traducción íntegra y accesible, razón por la cual el proceso de integración de El Capital al vocabulario teórico del proletariado iberoamericano es complejo por razón de sus propias contingencias. Pero, el mismo Marx sabía que las revoluciones no provendrían desde un fundamento objetivo capitalista, sino mediante procesos divergentes y contingentes históricamente entrelazados en un eterno bucle de temporalidades y espacialidades indeterminables suprahistóricamente: al punto que incluso las ilusiones, y las apariencias, constituyen un factor determinante dentro de la especificidad de los procesos históricos. En 1854 escribe sobre España que:

[…] La marcha de la columna de [Rafael del] Riego [1.500 hombres] había atraído de nuevo la atención de todos; las provincias eran todo expectación y seguían cada movimiento con ilusión. La mente de las gentes, sorprendida por la intrepidez de la salida de Riego, la rapidez de su marcha, sus enérgicos rechaces del enemigo, imaginaba triunfos nunca obtenidos y adhesiones y refuerzos nunca conseguidos. Cuando las noticias de la empresa de Riego llegaron a las provincias más lejanas se hallaban altamente magnificadas, y las más alejadas del escenario fueron las primeras en pronunciarse por la Constitución de 1812. Hasta tal punto se hallaba España madura para una revolución, que incluso falsas noticias bastaban para producirla. Fueron también noticias falsas las que produjeron el huracán de 1848. En Galicia, Valencia, Zaragoza, Barcelona y Pamplona estallaron sucesivas insurrecciones… La noticia de esta defección levantó el estado de ánimo de Madrid, donde la revolución brotó inmediatamente a chorro tan pronto como se conoció el suceso. El gobierno comenzó entonces a negociar con la revolución…18

Pero, las ilusiones y apariencias, por determinantes que sean bajo circunstancias históricas específicas, sólo componen una parte de la formación y transformación de la realidad; el carácter estructural de las transformaciones sólo puede ser cualificado desde una construcción retroactiva que implica una evaluación de las consecuencias de los antecedentes. Por esta razón, la recepción de El Capital sólo puede ser evaluada desde esta perspectiva y no mediante una sumatoria de factos positivos. Este carácter historiográfico es aquello que anima el método de Marx; método que se confirma por ejemplo en el prefacio a la edición rusa del Manifiesto del Partido Comunista:

[…] en Rusia, al lado del florecimiento febril del fraude capitalista y de la propiedad territorial burguesa en vías de formación, más de la mitad de la tierra es posesión comunal de los campesinos. Cabe, entonces, la pregunta: ¿podría la comunidad rural rusa —forma por cierto ya muy desnaturalizada de la primitiva propiedad común de la tierra— pasar directamente a la forma superior de la propiedad colectiva, a la forma comunista, o, por el contrario, deberá pasar primero por el mismo proceso de disolución que constituye el desarrollo histórico de Occidente? La única respuesta que se puede dar hoy a esta cuestión es la siguiente: si la revolución rusa da la señal para una revolución proletaria en Occidente, de modo que ambas se completen, la actual propiedad común de la tierra en Rusia podrá servir de punto de partida para el desarrollo comunista.

Lo que podemos constatar hasta este momento del decurso de la recepción de El Capital es que, cada uno en su contexto, el libro de Marx no formaba parte del imaginario político de los movimientos obreros iberoamericanos en la misma medida en que una ilusión histórica movilizaba al pueblo español sí lo hacía concretamente. La verdad de los imaginarios políticos no se encuentra, entonces, en la realidad o ilusión de los hechos, sino en su efectividad concreta. Para analizar una concreción posterior de El Capital dentro de los límites del imaginario político de los movimientos obreros iberoamericanos debemos comprender la territorialización de los movimientos contingentes de la historia y comprender desde ella su necesidad.

II. La formación de El Capital dentro del imaginario político iberoamericano

Hacia fines del siglo XIX, desde 1897 a 1899, es publicada en España la primera traducción de El Capital realizada en su integridad desde el alemán original por Juan B. Justo, médico, senador y diputado, además de fundador y dirigente del Partido Socialista de Argentina, siguiendo las palabras de Jaime Massardo,

La idea había sido concebida en agosto de 1895 en el momento del viaje de Justo a España y se materializa gracias al esfuerzo de Antonio García Quejido. El primer cuaderno con la traducción de Das Kapital editado por la Biblioteca de ciencias sociales, creada y dirigida por García Quejido, nace en septiembre de 1897. Editado como libro, Das Kapital aparecerá por primera vez en castellano, en Madrid, en 1899.19

La traducción fue encargada por el decenario La ilustración del Pueblo y su importancia no estriba sólo en ser la primera versión completa del primer tomo de El capital en español, sino que además es la primera traducción que versa sobre la cuarta edición alemana de 1890: edición considerada por Engels como definitiva.20 Juan B. Justo no sólo pretendió contribuir con su traducción de El Capital a la formación intelectual del proletariado español y argentino, sino también mediante un trabajo continuo y constante, colaboró con el periódico El Socialista en 1898 con el folleto Cooperación obrera y con el periódico La lucha de clase de Bilbao mediante el folleto En los Estados Unidos (Apuntes escritos en 1895 por un periodista obrero); otro texto de Justo que podía encontrarse en España por aquellos años era La teoría científica de la Historia y la política argentina. Pero, a pesar de estos esfuerzos el destino de esta traducción de El Capital no tuvo suerte diferente a la de Correa y Zafrilla, pues en el mismo documento de la Biblioteca de la Sociedad de Ebanistas y Similares figuran indistintamente ambas traducciones sin especificarse cuál de las dos versiones eras solicitadas por los miembros, de modo que si las cinco solicitudes realizadas entre los años 1912 y 1913 pudiesen dividirse equitativamente no es del todo satisfactorio el carácter formativo que las traducciones tuvieron para el proletariado español específicamente. Y, respecto del influjo real que haya podido tener el “marxismo” en Latinoamérica y España mediante la figura de Juan B. Justo o su traducción de El Capital, es necesario tener en consideración que,

Su partido estaba ligado a la II Internacional, pero Germán Ave-Lallemant (1835-1910), un inmigrante marxista alemán, corresponsal en Argentina del Neue Zeit, calificaba a los círculos principales del Partido Socialista Argentino de “ideólogos burgueses” o, en la mejor de las hipótesis, de “seguidores de Turati”.21

Luis Emilio Recabarren habría cortado relaciones con el PSOA, ya en 1925, porque éste “traicionaba el socialismo” en dezmero de la redención del proletariado.22 Así, las dos primeras traducciones de El Capital parecen haber tenido suertes no del todo disímiles: una escasa difusión entre las masas proletarias de habla hispana y un ensimismamiento teórico dentro de las socialdemocracias, republicanas o federalistas.

Posteriormente, también en España, por la editorial Aguilar, fue publicada en 1931 la primera traducción completa de El Capital realizada por el abogado socialista cubano-español Manuel Martínez Aguilar y de Pedroso.23

Existen en castellano al menos cuatro traducciones íntegras de El Capital cuyas realizaciones se han efectuado directamente desde el idioma original y que han gozado de gran reconocimiento. La primera, y quizás la más extendida en Latinoamérica en el siglo XX, es la de Wenceslao Roces. Éste, quien ya había publicado la traducción del primer tomo de El capital en España hacia 1934 bajo el alero de la editorial Cenit -que sólo vio la luz desde 1928 hasta 1936 y cuya producción editorial llegó a producir colecciones como “Biblioteca Carlos Marx”, “Cuadernos de cultura proletaria” y “Episodios de la lucha de clases”- sólo pudo culminar su proyecto casi diez años después en el exilio mexicano bajo la editorial del Fondo de Cultura Económica, casa editorial bajo la cual se reeditó el primer tomo y se publicaron los tomos segundo y tercero en tres volúmenes consecutivos24. La segunda traducción que es necesario mencionar es la de Vicente Romano que, quizás sin desearlo explícitamente, vino a suplir el vacío editorial de El Capital dejado por la Guerra Civil Española y el exilio de Roces. La traducción de Romano apareció en España por editorial Akal treinta años después de la traducción de Roces, y es el mismo Romano quien se encarga de rendir tributos a los treinta años de formación de izquierda latinoamericana que produjo la traducción de Roces: pero, a pesar de ello y haciéndose cargo del vacío de formación de izquierda marxista en España el proyecto de Romano es explícitamente presentado en esta dirección25. En 1975, un año antes de la traducción de Romano, Pedro Scarón, publico en Editorial Siglo XXI –en julio en Argentina y septiembre en España– su traducción de El Capital que, actualmente, es la que goza de mayor difusión y aplausos en habla castellana. Finalmente, una traducción de gran valor aunque excesivamente escasa es la que por los mismos años –1976 – presentara Manuel Sacristán bajo Editorial Grijalbo en 4 volúmenes26. Si bien ya en las primeras líneas resulta evidente que la traducción de Sacristán sigue fielmente la literalidad y el estilo de la edición alemana, su casi absoluta inaccesibilidad impide cualquier formación marxista basada en esta traducción. Es de especial cuidado notar las fechas de los intentos publicitarios, de formación y divulgación del pensamiento marxista en España y Latinoamérica27: como podemos notar, casi treinta años separan la traducción de Roces de una avalancha de traducciones al castellano: Juan Miguel Figueroa (1972), Raúl Sciarretta (1973), Floreal Mazía (1973), Pedro Scarón (1975), Vicente Romano (1976) y Manuel Sacristán (1976).

Como podemos notar, con diáfana evidencia, el idioma castellano cuenta a su haber, y en tan sólo cinco años, con más traducciones de El Capital que cualquier país autónomamente industrializado. ¿Qué valor tenía El Capital para el proletariado y la intelectualidad hispanoparlante, especialmente para el latinoamericano, cuando por estas tierras la hegemonía discursiva de interpretación de la realidad capitalista se sostenía sobre los hombros de las teorías dependentistas? ¿Qué valor tenía El Capital en Latinoamérica en un momento histórico concreto en el cual no sólo las teorías dependentistas sustentaban la reflexión, sino que operaban paralelamente con el influjo directo de Althusser? ¿Tienen algún valor específico estas traducciones dentro del contexto estructuralista o post-estructuralista de las reflexiones dependentistas y althusserianas?

III. La formación de El Capital dentro del imaginario político latinoamericano

A comienzos del Siglo XX prevalecía en Latinoamérica la defensa del etapismo gradual de los modos de producción y determinación económicas, preñando de relevancia la mediación cultural del influjo de El Capital. Aquellos quienes tenían acceso, directa o indirectamente, a esta obra de Marx comprendían la realidad latinoamericana en razón de sus modos de producción como una sociedad “atrasada” y que debía, según los lineamientos generales de lasovietización del marxismo, avanzar hacia el capitalismo para generar las condiciones objetivas de las luchas proletarias mediante la industrialización de la producción nacional. Ante un escenario tal, la divulgación y estudio de El Capitalsimplemente no parecían necesarios o pertinentes fuera de la estricta erudición.28 Este escenario, etapista y gradualista se mantendrá como germen dentro de la izquierda pequeñoburguesa latinoamericana hasta hacerse hegemónica incluso dentro de las academias liberales y dialogantes. En un periodo de treinta a cuarenta años las lógicas, principalmente partidistas, de los primeros marxistas mutará en la formalización despolitizada de la reflexión sobre las condiciones productivas de Latinoamérica. Esta formalización tuvo como principal ideólogo al argentino Raúl Prebisch, cuyo trabajo determinante fue desarrollado en Chile y otros países bajo el alero de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (CEPAL).29 En 1977 Norbert Lechner explicaba y reflexionaba del siguiendo modo la estructura teórica de la CEPAL:

Los estudios de la denominada dependencia significan un importante avance de las Ciencias Sociales en la problematización de la realidad latinoamericana. Tienen en común con las teorías sociales de la postguerra el punto de partida: el subdesarrollo. Pero a diferencia de los anteriores intentos (teorías de la ‘modernización’ y del ‘cambio social’) no se restringe al análisis del subdesarrollo a un mero ‘retraso’ en imponer la racionalidad burguesa. Se plantea el subdesarrollo como un momento intrínseco del desarrollo del capitalismo a escala mundial; desarrollo y subdesarrollo capitalista forman un todo estructurado como proceso de dominación. Este fenómeno, tematizado inicialmente en una perspectiva eurocentrista como ‘imperialismo’, es analizado ampliamente por la CEPAL como relación ‘centro-periferia’. Los análisis de CEPAL dan lugar al llamado ‘desarrollismo’: un enfoque esencialmente económico del desarrollo de la región, desarrollo económico centrado en una política de industrialización como base para un intercambio igual con los centros metropolitanos. De manera implícita, el ‘desarrollismo’ contiene un proyecto político: fortalecimiento extensivo e intensivo del Estado (acción gubernamental) que en ausencia de una burguesía fuerte es el actor privilegiado para llevar a cabo las reformas estructurales. El pensamiento precursor de CEPAL es superado por la noción de ‘dependencia’ en un doble sentido: 1) la dependencia engloba las relaciones económicas en una situación integral de las sociedades latinoamericanas (dependencia estructural); 2) la dependencia enfatiza la dominación radicada en las estructuras internas de estos países como determinante de la dominación externa.30

Las teorías de la dependencia, surgían, entonces, como respuesta a las teorías de la CEPAL, como una complejización de las relaciones unilaterales centro-periferia cuya formulación desplazaba al imperialismo y lo localizaba como una función estructural del modo de producción capitalista: asumiéndose el imperialismo como una función estructural inherente al funcionamiento cualquiera del este específico modo de producción deriva la reflexión en una conjunto autónomo de relaciones que se regulan comercialmente mediante los procesos de regularización estatal e industrialización nacional. En definitiva, las teorías centro-periferia, en su generalidad, corresponden estrictamente a un economicismo eurocentrista visto desde el prisma periférico-latinoamericano. Frente a este escenario teórico surgían las teorías de la dependencia como una complejización de las relaciones estructurales unilaterales. Theotônio dos Santos, Ruy Mauro Marini, Vania Bambirra y otros, comenzaban en los años sesenta una lectura pública y sistemática de El Capital que, después del golpe de Estado de 1964, se bifurca entre sus flujos hacia la realidad mexicana y chilena. Así, hacia fina de la década del 60’ y comienzos del 70’, bajo el alero de la Unidad Popular, los seminarios en torno a El Capital proliferan en Chile31, pero también en todo Latinoamérica:

El movimiento de lectura de El Capital se transformó en una fiebre mundial. En Sao Paulo el seminario sobre El Capital reunió por varios años lo mejor de las ciencias sociales y la filosofía de la USP [Universidade de São Paulo]. En Brasilia formamos un grupo que reunía lo mejor del país en torno a este seminario. En Chile organizamos con Fernando Henrique Cardoso, Francisco Weffort, Anibal Quijano, Pedro Paz y muchos más, un excelente seminario que luego se extendió a otros temas. En Cuba, Ernesto Che Guevara organizó un seminario de lectura de El Capital con sus viceministros y colaboradores más directos. En Francia Althusser creó un grupo de lectura que produjo como resultado final su libro Leer El Capital . Por diversas razones, a finales de la década del 60 se reunieron en Chile representantes de todas estas experiencias. Regresaron los colaboradores del Che Guevara con estas lecturas frescas, regresó de Francia Martha Harnecker, la principal discípula latinoamericana de Althusser. Ruy Mauro Marini regresó de México donde desarrollara su propio grupo de lectura después de la experiencia de Brasilia. Todas estas experiencias paralelas confluían en un gran movimiento de lectura y discusión del pensamiento marxista como nunca había ocurrido en ninguna otra parte del mundo y llegaba a la vida universitaria de manera insólita. Hasta en las escuelas de Psicología y en la de Ciencias Exactas se formaban grupos de lectura de El Capital y de autores marxistas clásicos y contemporáneos. 32

No sin temor a equivocarnos, esta convergencia de lecturas, desligándonos de la propuesta del Che33, tienen por núcleo de convergencia, en su generalidad, el vínculo académico formal de un estructuralismo transversal. Si bien muchos de los implicados estuvieron ligados a la lucha política directa, después del Golpe de Estado de 1973 el influjo de El Capital, dentro del contexto latinoamericano, se circunscribió dentro de los límites de los estudios académicos. Por ejemplo, dentro del contexto del proceso de formación del imaginario político de la Unidad Popular en Chile, emergen tres instancias determinantes para la formación política del proletariado latinoamericano y especialmente para el chileno: los trabajos de Marta Harnecker. En 1969 aparecía la primera edición de Los conceptos elementales del materialismo histórico, que desde 1971 se imprime precedido por una introducción de Louis Althusser34. En 1970 se publicaba El Capital: conceptos fundamentales, impreso en conjunto con el Manual de economía política de Lapidus y Ostrovitianov –de 1929–; y, desde 1971 se imprimieron los doce volúmenes de los Cuadernos de educación popular, editados en conjunto con Gabriela Uribe35. En estos textos, a excepción de los Cuadernos, abundan las referencias a Lenin, Mao Tse-tung, Althusser y sus alumnos –Étienne Balibar, Roger Establet, Jacques Rancière–, como también a las vicisitudes teóricas de la economía soviética, pero poco o nada se puede constatar sobre las circunstancias concretas de la realidad política, social y económica latinoamericana. Los lineamientos generales de CEPAL, las teorías dependentistas y el althusserismo –principalmente en Chile– tienen en común dos fundamentos teóricos que delimitaron y demarcaron sus interpretaciones de El Capital: 1) el carácter eminentemente estructural de las relaciones políticas y económicas –“de dominación” según sus formulaciones–; 2) una definición de sujeto equivalente a una función específica dentro de condiciones generales de relación, y; 3) la concepción de un Estado y capitalismo “desclasados”. Norbert Lechner, quien logró transitar teórica y prácticamente por los recovecos de estas tres recepciones de El Capital en Latinoamérica, plantea que, “[…] la revolución social plantea la comunicación sobre las normas sociales como problema de la actividad humana; la trascendencia no es revelada sino creada. El marco normativo es producto de la praxis y la praxis consciente es diálogo: orden racional. La dificultad radica en la organización. Según Marx, el contenido de la lucha de clases es internacional en tanto que su forma es nacional. Lo característico del capitalismo dependiente es la ausencia de lo nacional, la falta de clases nacionales.”36 Según podemos interpretarlo, un análisis del capitalismo en el cual los “sujetos” son funciones, operadores práctico-racionales del discurso, un análisis donde el imperialismo se diluye dentro de las corrientes de las relaciones unilaterales, donde la cuestión nacional sólo se construye desde una perspectiva generalizada de funcionalidad estructural implica una crítica socialista sin clases, sin sujeto, sin territorialización local. Estas teorías de la segunda mitad del Siglo XX implican, en definitiva, un capitalismo sin clases.

Finalmente, lo que hemos querido plantear en las líneas precedentes es la evidencia local e histórica en torno a la formación de El Capital como un factor determinante dentro del imaginario político de las organizaciones obreras; determinación que, en su gran generalidad estuvo delimitada por una recepción académica e intelectual, dejando en un segundo plano las recepciones por miembros de partidos políticos y, en última instancia, los movimientos obreros fueron los menos receptivos de esta obra de Marx. Esta evidencia abre una nueva necesidad para las organizaciones marxistas: aquella que implica la emergencia de lecturas y elaboraciones propias emanadas desde los mismos movimientos obreros y populares en torno a El Capital de Marx. Esta necesidad, frente a la cual no tenemos respuesta aún, es parte fundamental de nuestra propuesta de lectura histórica. A saber, comprender el valor concreto y efectivo que ha tenido la obra de Marx en la formación de los imaginarios políticos iberoamericanos.

Notas

1 Con esta constatación no hacemos sino seguir el método histórico de Marx para estudiar la recepción e influjo de El Capital en Hispanoamérica, desligándonos de cualquier necesidad teleológica de los análisis supuestamente globales inductivos de las propuestas posteriores a la muerte de Marx.
2  El Congreso de Gotha se realizó entre los días 22 y 27 de mayo de 1875; en este se unificaron en un partido único –el nuevo Sozialistische Arbeiterpartei Deutschlands– el Sozialdemokratische Arbeiterpartei (SDAP) dirigido por Wilhelm Liebknecht y el Allgemeinen Deutschen Arbeiterverein ADAV ) dirigido por Wilhelm Hasenclever, aun cuando fuertemente influido por Ferdinand Lasalle. En 1890 el partido pasa a llamarse Sozialdemokratische Partei Deutschlands(SPD) y sus bases son reformuladas en el Congreso de Erfurt –realizado desde el 14 al 20 de octubre de 1821–, cuyo programa redactan Karl Kautsky y Eduard Bernstein. Cf. Abendroth, Wolfgang. Einführung in die Geschichte der Arbeiterbewegung, 2 Bde., Bd.1, Von den Anfängen bis 1933 . Distel, 1996.
3 Marx, Karl. El Capital. Crítica de la economía política. T. I, Vol. I., Siglo XXI, Argentina, 2010, p. 43.
4 Carta de Marx al director del Otiéchestvennie Zapiski, 1877. Cf. Marx, Engels. Correspondencia, Cartago, Buenos Aires, 1972, p. 299 y ss.
5 Sobre la relación de Marx, El Capital, y Rusia, cf. Rosdolsky, Roman. Génesis y estructura de El Capital de Marx. Estudios sobre los Grundrisse. Siglo XXI, México, 2004, pp. 505 – 519; Dussel, Enrique. El último Marx (1863 – 1882) y la liberación Latinoamericana. Siglo XXI, México, pp. 243 – 261.
6 Cf. Lefebvre, Jean-Pierre, “Introduction”, pp. 9 – 53, en, Marx, Karl. Le Capital. Livre I, Quadrige/PUF, Paris, 1993.
7 Cf. Hacker, Rolf. “Die Popularisierung des ‘Das Kapitals’ duch Johann Most”, conferencia ofrecida en Diciembre del 2003 en Berlín en el marco del foro “Johann Most (1846 – 1906) in Berlin. Vom Sozialdemokraten zum Sozialrevoluzionär”. Disponible en los archivos digitales del Marx Forschung.
8 Cf. Foner, Philip S. “Marx’s Capital in the United States”, en Science & Society, Vol. 31, No. 4, A Centenary
9 Cf. Favilli, Paolo. Storia del Marxismo italiano. Delle origine alla grande guerra. FrancoAngeli, Milano, 2007, pp. 244 y ss
10 Cf. Marx, K. O Capital. Trad. Teixeira & Moreira, Centelha-Promoção do Livro, SARL, Coimbra, 1974, p. 1.
11 Rafael Priesca Balbin. La recepción del marxismo en España, 1880-1894.
12 En 1923 David Riazánov –también parte del movimiento norodnichetsvo–, antes de la hegemonización stalinista del “saber marxista” bajo las doctrinas del Diamat (dialektische Materialismus) y el Himat (historische Materialismus), escribía que: “El nombre de Marx es muy conocido en Rusia. Hace ya más de medio siglo que apareció la traducción rusa de El Capital, pero la influencia del marxismo, lejos de cesar, aumenta cada año. Ningún historiador del porvenir podrá estudiar la historia rusa a partir de 1880 sin estudiar previamente las obras de Marx y Engels: tan profundo han penetrado esos dos hombres en la historia del pensamiento social y socialista y del movimiento obrero revolucionario ruso.” Riazánov, D. Marx y Engels. Quimantú, Santiago de Chile, 1971. Esta edición atribuye equivocadamente la autoría del libro a “Dimitri” Riazánov.
13 La relación directa del “marxismo” con el socialismo español comenzaba después del derrumbe de la Comuna de París cuando en 1871 Paul Lafargue y Laura Marx viven su exilio en España, donde contactan a gran parte de los futuros dirigentes socialistas. Cf. Guereña, Jean-Louis. “Paul Lafargue en España: una polémica en 1908”, en Hommage des hispanistes français a Noël Salomon. Laia, Barcelona, 1979, pp. 365-375. Pero, no deja de ser relevante que el trabajo de Lafargue no fue bien recibido por los círculos dirigentes del movimiento obrero español como generalidad, en su mayoría anarquistas. Cf. Nuñez de Arena, M. & Tuñón de Lara, M. Historia del movimiento obrero español.Nova Terra, Barcelona, 1979, pp. 103 y ss.
14 “Al lector”. La edición francesa data de 1875, por lo que es, en realidad, la última versión aprobada por Marx posteriormente a la publicación de la primera edición del tomo primero en 1867 y la segunda edición de 1873: la tercera edición alemana, de 1883, editada por Friedrich Engels toma, en parte, una cantidad estimable de reformulaciones realizadas por Marx para la publicación de la traducción francesa. Cf. “Prólogo a la tercera edición alemana”.
15 Cf. Ribas, Pedro. “La primera traducción castellana de El capital, 1886 – 1887”, en Cuadernos Hispanoamericanos, Madrid, junio de 1985, pp. 201-210. De especial interés es también es la investigación de Santiago Castillo “Marxismo y socialismo en el siglo XIX español”, publicado en, Movimiento sociales y estado en la España contemporánea, Manuel Ortiz et al (coord.), Universidad de Castila-La Mancha, 2001.
16 Cf. Monguió, L. “Una biblioteca obrera madrileña en 1912-1913” en Bulletin Hispanique. T. 77, n° 1-2. 1975, pp. 154-173.
17 Un excelente censo histórico de la población proletaria española se encuentra, Historia del movimiento obrero español, ed. cit., “Esquema socio-económico del periodo 1875-1900”, pp. 175-183.
18 “España revolucionaria (VIII”, escrito para el New York Daily Tribune N° 4.251, 2, Diciembre de 1854; en, Escritos sobre España. Extractos de 1854, Pedro Ribas (ed.), Trotta, Madrid, 1998, p.145.
19 Massardo, Jaime. La formación del imaginario político de Luis Emilio Recabarren. Contribución al estudio crítico de la cultura política de las clases subalternas de la sociedad chilena. LOM, Chile, 2008, p. 216.
20 “Prólogo a la cuarta edición alemana”.
21 Löwy, Michael. El Marxismo en América Latina. Antología desde 1909 a nuestros días. LOM, Chile, 2007, p. 14.
22 Cf. Massardo, op. cit. p. 35, n. 118.
23 De menor relevancia son las traducciones publicadas por Editorial Cartago en 1973 de Floreal Mazía, también basada en la edición francesa de Roy, cuya pésima edición, ausencia de párrafos completos e incoherencias entre pasajes produce una mayor incomprensión del texto que un efectivo trabajo de divulgación y formación. También debe ser mencionada la traducción editada por Juan Miguel Figueroa et al, para editorial EDAF en 1972, cuya baja distribución y escasa accesibilidad hacen de esta traducción sólo una mención histórica de las traducciones de El capital. Finalmente, cabe mencionar la traducción parcial del filósofo argentino Raúl Sciarretta para la Editorial Corregidor publicada en 1973.
24 Desde 1946 al 2009 esta traducción contaba con veintiocho reimpresiones de los tres tomos.
25 A pesar de haber sido escasa en Latinoamérica desde su misma publicación, una reedición del año 2011 permite un acceso directo a esta traducción.
26 La traducción está hecha a base del tomo 23 de las Marx-Engels Werke, es decir, sobre la cuarta edición alemana establecida por Engels en 1980. La traducción fue publicada en los volúmenes 40, 41, 42 y 43 de Karl Marx – Friedrich Engels. Obras, dirigidas por el mismo Manuel Sacristán.
27 Especial mención merece la traducción de Cristián Fazio, aun cuando no se trate de una traducción íntegra de El capital. A mediados de los años 80’ la Editorial Progreso de Moscú, especialmente su sección “Publicaciones en lenguas extranjeras” pidió a Cristián Fazio una traducción completa de El capital, del cual Fazio llegó a enviar los dos primeros tomos completos: pero, sólo del primero tomo se conservó un borrador y el segundo tomo, enviado en 1990, se perdió indeclinablemente con la caída de la Unión Soviética. Actualmente el libro primero: “Proceso de producción del capital” circula ampliamente en Chile, pero es prácticamente imposible encontrarlo en otros países de habla hispana como Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, Venezuela o España.
28 Un excelente estudio de este periodo, sus avances, formulaciones y contradicciones, se encuentra en; Löwy, Michael. op. cit. pp. 9-67; Y, para un estudio sobre la relación directa de la Internacional con la recepción del marxismo en Latinoamérica, Cf. Massardo, Jaime. “Aspectos metodológicos de la recepción del pensamiento de Karl Marx en América Latina. Observaciones preliminares.” pp. 161-186, en Gramsci en Chile. Apuntes para el estudio crítico de una experiencia de difusión cultural. LOM, Santiago de Chile, 2012.
29 El llamado “desarrollismo” de Raúl Prebisch pone un especial énfasis al funcionamiento del capital dentro de la periferia del orden de acumulación occidental, estableciendo una necesidad económica concreta en la independencia de las economías latinoamericanas para su desarrollo. Cf. Prebisch, Raúl. Escritos: 1919 – 1986. CEPAL, Santiago de Chile, 2006. La interpretación del capital global a partir de la relación entre acumulación y desarrollo ha sido, desde la misma publicación de El Capital, objeto de profundos y variados análisis, desde la interpretación que Marx hiciera de la producción comunal rusa hasta las primeras discusiones sistemáticas a comienzos del Siglo XX. Cf. Mandel, Ernest.“El Capital”. Ciena años de controversias en torno a la obra de Karl Marx. Siglo XXI, México, 1998, pp. 58-64.
30 Lechern, Norbert. “La crisis del Estado en América Latina”, en Obras escogidas. T. I, p. 77.
31 Pero, ¿por qué en Chile?: Cf. Boron, Atilio. “Teoría(s) de la dependencia”. Conferencia del ciclo del mismo nombre organizada por la Agrupación SOS-La Mella de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, 30 de Mayo del 2008.
32 Dos Santos, Theotonio. Memorial. Niterói, Rio de Janeiro, 1994, p. 12.
33 Cf. Kohan, Nestor. “Che Guevara, lector de El Capital”, en Rebelión, publicado 02/07/2003. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=51
34 Hasta el año 2012 este libro cuenta con 67 ediciones impresas en España, México, Chile, Argentina, Cuba y Venezuela. Los Elementos y Cuadernos son, sin duda alguna, de los manuales de mayor difusión marxista en Latinoamérica, y por qué no, de occidente: según los cálculos de Nestor Kohan, los Elementos –hasta el 2003– han circulado en razón de 150.000 ejemplares (contando sólo las ediciones e impresiones oficiales), y de los Cuadernos, sólo entre 1971 y 1973 fueron impresos 250.000 ejemplares. Compartimos, entonces, con Kohan que estos manuales pueden ser concebidos como el proyecto de difusión sistemática más determinante que se haya realizado en Latinoamérica, habiendo educado a miles de militantes desde la década de los 70’. Cf. Kohan, N. Historia y método. Una introducción. Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, Buenos Aires, 2003, p. 27 y ss. Pero, a pesar de la magnitud cuantitativa de estos textos, no deja de ser crítico el hecho que constituyen un modo de formación estrictamente demarcado y delimitado por el influjo de L. Althusser, de modo que no han planteado, históricamente, la base de una discusión en torno a la llamada acumulación originaria, por ejemplo.
35 Los cuadernos, poco tiempo después de publicados en español, fueron traducidos al portugués, francés, italiano y neerlandés y publicándose incluso en Angola.
36 Lechner, N. op. cit. p. 116.

Ángelo Narváez León es Licenciado en Filosofía, Candidato a Doctor en Filosofía por la P. Universidad Católica de Valparaíso. Centro de Estudios Hegelianos: Investigación desarrollada gracias a los tiempos y espacios ofrecidos por el Instituto de Sistemas Complejos de Valparaíso. Contacto: angelo.narvaez.l@gmail.com