12/2/13

Usos y abusos de la historia / ‘La storia falsa’

La parte más amplia y comprometida del libro es la carta que Ruggero Grieco envió a Antonio Gramsci, Umberto Terracini y Mauro Scoccimaro y su falsificación por parte de la policía política italiana, la que llegó a obsesionar a Gramsci

Joan Tafalla 

Permítame el lector empezar con una anécdota personal. Transitaban los primeros 90 del siglo pasado. Harto de tratar intervenir en la historia sin conseguir otra cosa que ir de derrota en derrota, conmocionado por el cambio del escenario político planetario, decidí abrir un crédito en mi ya menguante tiempo de vida para intentar comprender la historia de las revoluciones del siglo XX. Si pretendía entender algo el desarrollo de la historia me pareció lógico estudiar historia y a ello me dediqué con un cierto ahínco.

En una asignatura sobre Grecia y Roma antiguas, mi querido profesor Alberto Prieto Arciniega, nos propuso el libro de Canfora ‘Ideologías en los estudios clásicos1, entre las lecturas complementarias. Ese libro de Canfora fue decisivo para que un aprendiz tardío del oficio de historiador como yo comprendiese alguna cosa sobre los usos y abusos de la historia.

Más adelante he gustado del delicioso libro ‘Una profesión peligrosa2, repleto de observaciones de enorme validez no sólo filosófica sobre la relación entre el intelectual y su comunidad y más en general sobre la relación entre la filosofía y la política.

La obra y la reflexión de Luciano Canfora no se reducen, a la antigüedad clásica. Canfora es un ciudadano de los siglos XX y XXI y usa su conocimiento exhaustivo de la historia clásica para reflexionar sobre aspectos actuales de la política y de la sociedad. Los sucesivos libros de Canfora sobre temas relacionados con la contemporaneidad me han ayudado a comprender aspectos de nuestra historia o de la actualidad que me preocupaban. Un ejemplo de intervenciones del historiador en la historia que se desarrollaba en esos años ello pueden hallarse en libros como ‘Togliatti e i dilemmi della politica’, o ‘La crisi de l’Est e il PCI3. Si ahora que el tema está en las plazas, algún lector desea adentrarse en la reflexión sustantiva sobre la democracia encontrará un apoyo consistente en diversos libros que Canfora ha publicado. Se trata de cuatro libros sucesivos con los que nuestro autor ha recibido la primera década del siglo XXI: ‘Crítica de la retórica democrática4, ‘La democracia. Historia de una ideología’  5 , ‘Exportar la libertad6, y más recientemente y no publicado aún en España, ‘La natura del potere7.

En todos ellos, como en el libro que el amable lector que tiene entre sus manos [*] encontrará una constante de la obra de Canfora: la alusión a realidades de la antigüedad parangonables a las actuales. El uso de la analogía es instrumento útil para la inducción de tendencias históricas de fondo. La historia comparada es buena herramienta para el conocimiento de la realidad. Sin embargo fue Lukács quien en una ocasión donde usaba la analogía para hacer prognosis política, nos avisó de los peligros inherentes a la analogía: “Comprendo que no se deben estirar las analogías y que las analogías no se resuelven en paralelismos, pero me imagino que usted comprenderá a qué me refiero cuando digo que hemos de tener conciencia clara de que nos encontramos en los comienzos de un período nuevo” 8.

Sin embargo, cuando la historia comparada y la acumulación de analogías se realiza por parte de autor con obra tan sólida y con un conocimiento exhaustivo de los hechos tanto de la antigüedad como de la contemporaneidad, sus observaciones y reflexiones no pueden por menos que estimular nuestra reflexión. El rol de las continuidades culturales y de la longue durée por encima (o quizás mejor: por debajo) de las rupturas revolucionarias esta muy presente en la obra de Canfora, como percibe en algunos apartados del libro que el lector tiene entre sus manos y del resto de la obra canforiana.

El último libro de Canfora dedicado a la temática del régimen político democrático se titula La natura del potere9 y aún no cuenta con editor en español. El tema tocado por el libro queda resumido en esta pregunta: “... ¿cómo sucede que las varias voluntades de los individuos confluyan en opciones que dan la sensación de ser opciones colectivas? ¿Quién consigue unificar las infinitas voluntades? ¿ Y con qué medios? Es el circuito gobernantes-gobernados; cuya representación holográfica es la de la democracia representativa y del mecanismo electivo-parlamentario, pero cuya realidad es la conquista del imperium, o sea, del poder”10.

El libro que el lector tiene en sus manos.

El exergo de Croce que Canfora coloca al principio La historia falsa nos habla de la búsqueda de la totalidad de la verdad como fin inalcanzable, siendo la verdad algo que reside en cada uno de los eslabones de ésta búsqueda11. Seguramente es imposible acceder a toda la verdad y a nada más que la verdad histórica. Pero la verdad histórica existe, independientemente de nosotros, de nuestra subjetividad, de nuestros prejuicios, de nuestros intereses de clase o del aire del tiempo que respiremos. La obsesión por encontrarla quizá resulte utópica, pero precisamente por ello constituya el motor de la incesante inchiesta de historiadores como Luciano Canfora.

La lección de Canfora consiste en aplicar sin concesiones los instrumentos de su oficio de historiador. Un oficio cuyo fundamento básico es la crítica. Crítica de las fuentes, crítica de los textos, crítica de los archivos, crítica de los fondos documentales. Luciano Canfora no pierde de vista el hecho de que el archivo, el fondo documental, ha sido constituido por alguien ( una persona, una institución...) con una finalidad concreta. Los silencios del archivo no suelen ser inocentes.

En La Historia falsa Luciano el historiador se convierte en un investigador casi policial, inconformista con los resultados de la encuesta anterior que pueden ocultar la verdad o partes de la misma entre la hojarasca de la versión oficial, o de las encuestas poco rigurosas, poco críticas con las fuentes utilizadas o bien dejadas a medio terminar. El historiador en quête de la verdad necesita de una cierta dosis de obsesión por el objeto de su estudio y de un espíritu insobornablemente independiente y crítico. Necesita de una gran capacidad de resistencia para ir a contrapelo de las versiones oficiales que convienen a los muchos. Necesita de una capacidad para negarse a aceptar las falsificaciones que, incluso siendo evidentes en ocasiones, no son discutidas ni tan sólo por aquellos que resultan gravemente perjudicados por las mismas

En La historia falsa Canfora insiste en el rol desarrollado por las continuidades, por la longue durée y en la persistencia de las tradiciones culturales, que atravesando cesuras históricas del grosor de la Revolución francesa o de la Revolución de Octubre siguen incidiendo y actuando como verdaderas fuerzas materiales que acaban determinando el desarrollo de la historia. Sin embargo, lejos del determinismo de las tradiciones culturales, encuentra el lugar justo que en determinados momentos históricos juegan los factores coyunturales o incluso casuales, como pueda ser el agravamiento de la enfermedad de un personaje como elemento desencadenante del drama histórico.

Además de examinar el juego entre continuidades y courte durée en el seno de una misma formación social, Canfora insiste en examinar las analogías existentes entre situaciones clave de la historia contemporánea y diversos casos que proporciona la historia antigua. Así, en la medida que el libro versa sobre cartas falsificadas y su papel en la historia, Canfora citará antecedentes de falsificaciones realizadas en la antigüedad que tuvieron un importante peso en el desarrollo de los acontecimientos, trazando interesantes paralelismos y analogías con los casos comentados:

a.- La falsificación por parte de Stalin de la carta de Lenin al congreso del PCUS, escrita entre 23 de diciembre de 1922 y 4 de enero de 1923, con la falsificación del testamento de Tiberio.

b.- La falsificación por parte de la OVRA de la carta de Ruggero Grieco a los presos Antonio Gramsci, Umberto Terraccini y Mauro Scoccimarro escrita el 10 de febrero de 1928 y la falsificación de la carta de Pausanias a Jerjes ( 479 ac).

Foto: Lenin & Stalin
Lenin: entre la falsificación de un legado y su momificación

La publicación en español de La historia falsa viene a llenar, parte de un importante vacío editorial en España, con relación a los escritos y las opiniones del último Lenin. Tiene además, la virtud de reabrir un dossier cerrado y descatalogado por la industria editorial española desde hace más de cuarenta años.. Las jóvenes generaciones que quieran formarse una opinión o, por lo menos, conocer los hechos no cuentan, ni en las librerías, ni en las bibliotecas, con la bibliografía mínima.

Leer el apasionante relato de Canfora quizás invite a algún joven lector acercarse a un problema histórico de consecuencias inconmensurables en el siglo XX. Quizás permita a algunos lectores de mayor edad abrir de nuevo un dossier que obtuvo una cierta fortuna a finales de los sesenta y principios de los setenta del siglo pasado, al albur de los debates sobre la conveniencia y la posibilidad de la reforma de las formaciones sociales post-estalinistas. Tras la lectura de este apartado de La historia falsatanto jóvenes como veteranos obtendrán una visión más rica sobre las relaciones entre la historia como disciplina científica y el llamado materialismo histórico históricamente existente durante gran parte del siglo XX.

El mal llamado “testamento de Lenin” es, en realidad su Carta al Congreso del Partido Comunista de la URSS, redactada en los días 23 y 24 de diciembre de 1922, con una adenda decisiva dictada el 4 de enero de 1923. En esta carta, el líder bolchevique, consciente de su cercana desaparición, intentaba aportar su opinión al debate sobre su sucesión abierto desde el agravamiento de su enfermedad. Sin embargo, para su comprensión cabal es imprescindible entender que la carta formaba parte de un conjunto de escritos y artículos dictados en esos meses a toda prisa por un Lenin consciente de que la usura del tiempo y la enfermedad estaban acabando con su cerebro. Además de las dificultades propias de la grave enfermedad, Lenin tuvo que sortear las prohibiciones de los médicos y el control estrecho al que sus escritos eran sometidos por parte de Stalin, a través del equipo de secretarias. Desigual batalla conspirativa que perdió por goleada frente a un aparato que, aún siendo creación suya, se le había escapado irremisiblemente de sus manos.

En el periodo que media entre, por lo menos, el mes de marzo de 1922 y las últimas cartas que escribe a Trotsky y a Stalin el día 5 de marzo de 1923 y a Mdivani Majaradze y otros de 6 de marzo del mismo año, Lenin escribirá abundante y casi exclusivamente sobre este tema. Algunos de estos escritos son “Sobre la concesión de funciones legislativas al Gosplan”12, su propuesta de aumentar el número de miembros del CC del PC(B)R13, de la “Contribución al problema de las naciones o sobre la Autonomización”14, “Páginas del diario”15, “Sobre las cooperativas”16, “Nuestra revolución”17, “Cómo tenemos que reorganizar la Inspección Obrera y campesina”18 y, “Mas vale poco pero bueno”19. No es posible tampoco comprender la Carta al Congreso sin comprender el conjunto de problemas que se planteaban ante la Rusia revolucionaria en los decisivos años seis y siete de la revolución.

El lector que quiera ampliar sus conocimientos sobre el tema tratado por Canfora podrá acceder a este conjunto de escritos abriendo el Tomo 45 de la Obras Completas de Lenin20. En el mismo tomo, además podrá leer el Diario de los secretarios de guardia de V.I. Lenin entre 21 de noviembre de 1922 y 6 de marzo de 1923 al que Canfora hace reiteradas alusiones. El libro de contraste y complemento imprescindible para comprender el contexto de la Carta al Congreso y la novedad de la tesis de Canfora es “El último combate de Lenin”, del eminente historiador Moshe Lewin fallecido recientemente21, publicado en 1967 y editado en español en 1970 22. En este importante estudio del historiador lituano se incluye a modo de anexo una selección de textos mencionados por ambos autores que el lector leerá con provecho. También se puede encontrar en Internet una recopilación de textos con recuerdos de Lidia Fotieva, una de las secretarias de Lenin, también descatalogado y que, quizá nunca más vuelva a editarse en español 23. El lector, que paralelamente o tras la lectura de esta parte del libro de Canfora quiera ampliar sus conocimientos, puede también consultar con provecho la obra de E. H. Carr: La revolución rusa: de Lenin a Stalin, 1917-192924.

No siempre fue fácil acceder a estos documentos. La relación de la revolución con su propia historia siempre ha sido problemática. Baste como ejemplo recordar el compendio de medias verdades y mentiras completas constituido por la Historia del Partido Comunista (Bolchevique) de la URSS, inspirada claramente por Stalin 25. Es un lugar común que la manipulación de la historia tanto del partido como del país fue permanente durante el período estaliniano. Pero no sólo durante él. También durante la desestalinización fracasada de los años cincuenta y sesenta, así como en las revisiones precipitadas y maniqueas de la época de la perestroika. La norma constante fue siempre proporcionar el relato histórico funcional al discurso del poder.

La Carta al Congreso jugó un papel destacado en la denuncia del llamado “culto a la personalidad”26 de Stalin, durante el XX congreso del PCUS. Si bien la carta no era mencionada en el informe político presentado por Kruschov en la sesión inaugural del congreso celebrada el 14 de febrero de 1956, si que se hacía una crítica al culto a la personalidad citando la celebre estrofa de la Internacional que dice: “ni dioses, reyes, ni tribunos” 27. Con el afán de colocar la novedad de esa crítica en los raíles de la continuidad Kruschov la precedió con la preceptiva condena a “Los trostkistas, los bujarinistas, los nacionalistas burgueses y los otros enemigos jurados del pueblo...”28

La historiadora Ana Pankratova denunciaba ante el pleno del congreso la precariedad del estudio de la historia del PCUS durante los años de la dictadura de Stalin: 
“En este terreno, el efecto de freno ejercido sobre la ciencia progresista por el culto a la personalidad se deja sentir particularmente. Y no podemos por menos que inquietarnos actualmente, cuando vemos que no se hace casi ningún trabajo científico serio sobre la historia del partido, que la revista sobre cuestiones de historia del partido que existía antes de la guerra dejó de aparecer y que no existe ningún centro científico para el estudio de la historia del Partido” 29.
Más adelante, la misma Pankratova denunciaba la situación de los escritos de Lenin aún sin mencionarlos directamente: “Numerosos artículos y cartas de Lenin esperan aún ser publicados. Ciertos artículos y cartas de Lenin, que figuraban en la segunda y tercera ediciones de sus obras y en las Colecciones leninistas, no figuran, no se sabe bien porque, en la cuarta edición” 30. Propuso y así lo aprobó el Congreso, la edición de una nueva edición “académica” de la OC. Y efectivamente, en 1964 aparecía la quinta edición de las Obras completas de V.I. Lenin, que sí incluía estos textos como así lo han hecho las sucesivas ediciones hasta, por lo menos, la edición de 1987 que es la que yo manejo. La desestalinización se producía con los mismos mecanismos y en el seno de una cultura estalinista. Si Stalin había hecho escribir la historia del PCUS a una comisión del Comité Central, ahora el Congreso enmendaba la historia oficial, no abriendo los archivos y dejando a los historiadores hacer su trabajo sin consignas ni “orientaciones”, si no encomendando a otra comisión la re-escritura de la historia. Es difícil encontrar mayor grado de continuidad de tradiciones culturales en esta práctica y en esas decisiones.

El caso del “testamento” de Lenin, quizá sea el caso inaugural de la innumerable serie de casos que dibujan la difícil relación que existió durante el siglo XX entre aquellos partidos y estados que decían basarse en una ideología que denominaban “materialismo histórico” y la historia como disciplina científica. Partidos y estados administraron la historia del país en función de los intereses coyunturales del partido y, la historia del partido en función del interés de la reducida minoría dirigente del mismo. Sin embargo la historia necesita la mayor libertad de debate, de investigación y de acceso a las fuentes, si quiere ser ciencia y no mero discurso justificatorio del poder.

La amarga ironía de esta historia es que una de las promesas del materialismo histórico era acabar con la manipulación de la historia por parte de las castas gobernantes. El materialismo histórico se auto-proponía como crítica radical y método de superación de esta tradición manipuladora que se remonta a la aparición de las clases y de la desigualdad entre ellas. En cambio, en el momento en que los seguidores de tal teoría se encontraron brevemente en el poder, reprodujeron uno de los protocolos básicos del poder: la manipulación histórica. ¿Traición consciente a las promesas fundacionales? ¿Herencias de un pasado no superado? ¿Peso de la continuidad histórica en el largo periodo? La explicación es compleja pero probablemente incluya los tres factores en diversa proporción.

En esta segunda década del siglo XXI me parece dramática la observación de Moshe Lewin, cuando edita su “El último combate de Lenin” en 1967, es decir cuando el socialismo parecía aún reformable o revolucionable mediante la democracia: 
“Es poco probable que la élite gobernante de la Unión Soviética conozca la verdadera historia de su país - descontando las experiencias vividas por cada personalidad individual- ya que, a causa de un fenómeno singular, los países marxistas tratan su historia como un secreto de Estado. Los dirigentes parecen creer que el conocimiento de un pasado con frecuencia trágico es descorazonador para la construcción del futuro a los ojos de aquellos que deben construirlo; ahora bien, no cabe duda de que la ignorancia de la historia hipoteca toda prospectiva mucho más gravemente que su divulgación y su análisis. Mientras la historia sólo pueda alcanzar la divulgación a través de una sanción oficial, seguirá en la oscuridad, ya que es la disciplina científica que corre mayor riesgo de ser viciada por la estatización”31.
En ‘La historia falsa’, Canfora examina minuciosamente todos los mecanismos que permiten a Stalin transformar en testamento una carta que Lenin no concibió como tal, si no que redactó en tiempo y forma para que fuera conocida y discutida en el XII Congreso del PCUS 17-25 de abril de 1923. Un testamento finalmente inoperante al ser leído y no discutido en el XIII Congreso23–31 de mayo de 1924. Las pruebas que aporta a su hipótesis del ocultamiento y manipulación del documento parecen irrefutables y parece improbable que, a estas alturas del partido puedan aducirse algunas pruebas en el sentido contrario.

Voces actuales, aduciendo la racionalidad de todo lo real, abogan por la justificadora tesis de que la única vía para la victoria sobre el nazismo fue la históricamente recorrida. La astucia del espíritu absoluto habría impedido así, a través del acceso de Stalin al poder que, en la actualidad, Europa estuviera aún dominada variantes del Reich de los mil años. Olvidan que la victoria de 1945 sobre el fascismo no fue la victoria de Stalin, sino la del pueblo soviético.

Frente a esas actitudes intelectuales prefiero la defensa de la autonomía científica de la historia y de la extrema utilidad que hubiera tenido una historia social de la URSS en las tentativas de reforma del sistema. Lewin era, en ese tema, rotundo: “ Cada vez que se adopta una visión determinista, la investigación histórica seria pasa a un segundo plano. Y desde que en historia uno se coloca en el punto de vista “de partido” ( izquierda, derecha o centro), no se saca del tiralíneas otra cosa que lo que se ha metido previamente, y ni un céntimo más. En el caso de la historiografía soviética, el desprecio tan extendido por las transformaciones sociales que conoció la URSS, juzgadas sin importancia, constituye un handicap suplementario. El rechazo al estudio de la sociedad en un período largo para concentrarse exclusivamente en la estructura del poder encuentra justificación habitualmente en la fórmula: “sólo había un régimen, no una sociedad”. El Kremlin, la Plaza Vieja, la Lubianka, tres direcciones y nada a su alrededor. Más recientemente, la nomenclatura fue presentada como un gran descubrimiento, sin que, a falta de un estudio detallado de lo que este término recubría, éste quedaba reducido a una palabra más”32.

La historia la hacen los hombres y no está nunca obligada a seguir un único camino. El estalinismo no era el único camino posible de la revolución rusa. Las opciones eran diversas y el libro que el lector tiene entre sus manos, aún siendo un estudio de caso, muestra cuanta razón tenía Gramsci cuando afirmaba: en el apartado <24> del Cuaderno de la Cárcel nº 7: “... un determinado acto político puede ser un error de cálculo de los dirigentes de las clases dominantes... El principio del error es complejo: puede tratarse de un impulso individual por cálculo equivocado, o también de manifestaciones de las tentativas de determinados grupos o grupitos para asumir la hegemonía en el interior del reagrupamiento dirigente, tentativas que pueden fracasar... No se considera bastante que muchos actos políticos son debidos a necesidades internas de carácter organizativo, es decir ligadas a la necesidad de dar coherencia a un partido, a un grupo, a una sociedad”33.

El tema que trata Canfora en este apartado del libro, es el destino y la fortuna de la Carta al Congreso dictada a los días 23, 24, 25 y 26 de diciembre de 192234, y de la dictada el 4 de enero de 1923 a Lidia Fotieva. El párrafo más citado de la misma dice: “Stalin es demasiado brusco, y este defecto, plenamente tolerable en nuestro medio y en las relaciones entre nosotros los comunistas, se hace intolerable en el cargo de secretario general. Por eso propongo a los camaradas que piensen la forma de pasar a Stalin a otro puesto y de nombrar para este cargo a otro hombre que se diferencie del camarada Stalin en todos los demás aspectos sólo por una ventaja, a saber: que sea más tolerante, más leal, más correcto y más atento con los camaradas, menos caprichoso, etc. Esta circunstancia puede parecer una pequeñez insignificante. Pero creo que, desde el punto de vista de prevenir la escisión y de lo que he escrito antes de las relaciones entre Stalin y Trotsky, no es una pequeñez o se trata de una pequeñez que puede adquirir importancia decisiva”35.

Dice Fotieva:
“Cuando terminaba el dictado, los apuntes eran inmediatamente descifrados, recopiados a máquina y entregados a Lenin. Por orden suya, se sacaban cinco ejemplares a máquina de todo lo que dictaba: uno para él, tres para Nadiezhda Konstantínovna y uno para guardarlo en su secretaría. El ejemplar de las notas que se enviaba a Pravda era revisado, con todas las enmiendas y las modificaciones por Lenin después de puesto en limpio y luego entregado a María Ilínichna para Pravda. Las demás copias se corregían también y los borradores se quemaban. Los apuntes particularmente secretos se guardaban en sobres lacrados donde, según deseo de Vladímir Ilich, se escribía que sólo podía abrirlos Lenin. Vladímir Ilich había añadido: “Y después de su muerte, Nadiezhda Konstantínovna”. Pero estas palabras no se hacían constar en los sobres.”36.
Sobre la Carta al Congreso dictada durante los días 23, 24, 25, y 26 de diciembre de 1922, dice una nota a pie de página de la Redacción del libro de Fotieva: “En la Carta al Congreso subrayaba Lenin la necesidad de conservar la unidad del Partido. Como una de las medidas de garantía de esa unidad proponía Lenin aumentar el número de miembros del Comité Central- compuesto por 27 personas hasta 50-100. En su carta, Lenin expuso su juicio de algunos miembros del CC, señaló tanto sus rasgos positivos como los negativos. La carta al Congreso fue leída en el XIII Congreso del Partido ( N. de la Red.)”37.

El primer tema a dilucidar es por qué la carta al congreso no fue leída en el XII congreso, donde podría haber tenido alguna incidencia sobre el tema de la secretaría general del partido, puesto que Stalin era gensek solo desde hacía un año, y quizás aún no había adquirido bastante poder y por ello la posibilidad de removerlo del cargo aún era factible. La lectura de la carta en el XIII congreso del PCUS no ante el plenario del congreso, como da a entender la redacción del libro de la Fotieva, si no ante los jefes de la delegaciones, muestra como el partido que estaba en train de convertir el leninismo en una religión de estado vulneraba los deseos del padre fundador.

Parece claro que la agravación del estado de salud de Lenin hizo que no pudiera hacer llegar la carta en el XII congreso. La nota N° 216 de la edición de 1987 de las OC que es la que yo manejo dice lo siguiente:

“La primera parte de la carta al congreso (apunte del 23 de diciembre de 1922), como consta en el “libro de registro de las cartas apuntes y encargos de V.I. Lenin”, fue enviada el mismo día a I.V. Stalin. En las actas de las reuniones del Buró Político y los Plenos del CC no se menciona dicho apunte de V.I. Lenin. Sin embargo, el problema de la necesidad de aumentar el número de miembros del CC fue planteado por el Comité Central indiscutiblemente de conformidad con las indicaciones de Lenin en el apunte de 23 de diciembre ya que en el artículo Cómo tenemos que reorganizar la Inspección Obrera y Campesina Lenin no escribe acerca del aumento del número de miembros del Cc, sino de la necesidad de aumentar la CCC). Las propuestas de Lenin formuladas en la nota del 23 de diciembre y desarrolladas en sus artículos Cómo tenemos que reorganizar la Inspección Obrera y Campesina y Más vale poco pero bueno conformaron la base de la resolución redactada por el Comité Central para el XII Congreso del PC (b) R sobre el problema de organización (véase la nota núm. 228).

En cuanto a las notas del 24-25 de diciembre de 1922 y del 4 de enero de 1923 con la caracterización de los miembros del CC, de acuerdo con la voluntad de Lenin, las entregó N.K. Krupskaya al Comité Central ya después de la muerte de Vladímir Ilich, el 18 de mayo de 1924, unos cuantos días antes de inaugurarse el XIII Congreso del PC(b)R.

El Pleno del CC celebrado el 21 de mayo de 1924, tras escuchar el informe de la comisión encargada de recoger los papeles de V.I. Lenin, adoptó la siguiente disposición: “Se dará lectura a los documentos, de acuerdo con la voluntad de Vladímir Ilich, en el Congreso, leyéndose en cada delegación y estableciendo que no se reproducirán. Les darán lectura en las delegaciones miembros de la comisión encargada de recoger los papeles de Ilich”

En consonancia con dicha disposición y por acuerdo de la presidencia del XIII Congreso del Partido, la Carta al Congreso de Lenin se leyó en las delegaciones” 38.

Pero Lenin quería que su carta fuera leída ante el XII Congreso y no ante el XIII. Además, la decisión de leer la carta ante las delegaciones y no ante el pleno del congreso como era la voluntad de Lenin puede parecer al desconocedor de los mecanismos de un congreso comunista “una pequeñez” pero se trata “de una pequeñez que puede adquirir importancia decisiva”. El CC del PCUS se vio forzado a informar a los delegados de la opinión de Lenin pero privó al congreso de la posibilidad de discutirla y de tenerla en cuenta a la hora de elegir la nueva dirección. De ese modo se hurtaba a los comunistas y, en general a la opinión pública soviética del conocimiento de una opinión sumamente importante en una tema cuyas inmensas consecuencias conocemos.

Mientras momificaban contra su voluntad a Lenin, ocultaban al partido y a la clase obrera sus opiniones y no se dignaban discutirlas en el plenario del congreso. Esa fue la primera de las numerosas derrotas de Lenin después de muerto. La segunda fue la congelación y reducción de su pensamiento a un constructo llamado leninismo, al que pronto se añadirá la palabra estalinismo. La historia de la momificación del pensamiento y de la obra de Lenin se puede encontrar en G. Labica, Le marxisme-leninisme39.

Sobre la adenda del 4 de enero de 1923 a la carta al congreso, Shub afirma que Lenin la escribió impactado por el incidente telefónico que Stalin mantuvo con la mujer de Lenin el 22 de diciembre, pero Lewin lo niega y lo atribuye su oposición a los proyectos de autonomización de Stalin. Un hecho que podría abonar esta hipótesis de Lewin sería que entre la primera parte de la carta al congreso y la adenda del 4 de enero se sitúa el dictado de los textos en que Lenin sobre el tema nacional. Además parece que a esas alturas aún no conocía el incidente, que Krupskaia había explicado por escrito a Kamenev el 23 de diciembre. Este incidente, en cambio, está en el origen de uno de los últimos escritos de Lenin, una carta a Stalin de 5 de marzo de 1923.

Hasta aquí el estado del tema tal como quedó tras la publicación de las obras de Lenin en 1964 y del libro de Lewin en 1967. Podríamos preguntarnos qué aporta de nuevo La historia falsa al dossier tal como lo dejó Lewin. Entre 1967 y 2008 (la fecha de la edición italiana de este libro) ha pasado mucha agua bajo los puentes del Moscova y del Lena. En el contexto de la perestroika la revista Novedades de Moscú publicó la entrevista que el historiador Alexander Beck realizó a las secretarias de Lenin que desvelaba datos desconocidos u ocultados hasta ese momento.

Tras la caída de la URSS se abrieron a la investigación histórica los archivos del PCUS lo que ha permitido consultar los documentos originales y no en la versión dada por la edición de las Obras Completas de Lenin. Canfora ha examinado los nuevos estudios históricos, así como las entrevistas de Beck a las secretarias de Lenin. El presente libro muestra con la contundencia de los hechos que la Carta al Congreso no sólo no fue leída en el Congreso al que estaba dirigida, sino que, además fue falsificada por Stalin. A lo que se añade que, en las circunstancias en que fue leída en el XIII congreso su sentido acabó siendo transformado en exactamente lo contrario de lo que buscaba Lenin.

La conclusión es que nos encontramos ante una muestra empírica de que la historia está siempre abierta, que las alternativas que se abrían ante la joven revolución a las alturas de 1924 eran diversas y que el adoptar una u otra no era asunto de las astucias del espíritu absoluto si no más bien de la correlación de fuerzas entre las diversas fracciones que se disputaban el poder y de su respectiva pericia táctica para ganar las batallas en el interior de la élite del poder.

No es útil ni posible sostener qué hubiera sucedido si la opción vencedora hubiera sido otra. Los contrafácticos y las ucronías no nos ayudan a acercarnos a la realidad histórica. Pero que la historia está abierta y, por encima de determinaciones más o menos férreas, es producto de la acción de los hombres queda bien demostrado tras la lectura de este apartado de La historia falsa.

La continuidad cultural y el hecho a corto plazo.

Insistiendo en su tesis del peso de las tradiciones culturales, Canfora realiza una comparación entre el testamento de Deng y el de Lenin: “ Las dos historias de la URSS y de la China Popular se transforman en un ejemplo de manual sobre cómo se pierde o se conserva el poder. En la URSS han sido precisos dos traumas, dos rupturas claras ( el XX congreso del 56 y la perestroika en el 86-89) para destruir el Estrado formado tras la revolución del 17 y gracias a ella.”. Canfora califica el testamento de Lenin como la primera de estas rupturas, intentada por Lenin.

El Testamento de Deng, en cambio, aparece para Canfora como una muestra de la superioridad de la cultura oriental sobre la occidental, sirvió, tras la muerte de Deng para cambiar China respetando la tradición y sin ruptura aparente del poder y del Estado: “El testamento de Deng fue en este marco un ulterior acto de sabiduría: en el surco de una tradición antitética en relación con la tradición occidentalista y dramática del bolchevismo ruso. A la larga, es sabido, en los grandes procesos históricos cuentan más la cultura profunda y las tradiciones que las ideologías”.40

Esta interpretación de las continuidades culturales abre un debate importante que no puedo ni debo abordar aquí. Como simple apunte marginal de mi lectura dejo aquí la idea de que las continuidades culturales tienen como principal lugar de desarrollo el conjunto de la sociedad y del estado y que las propuestas de un líder tendrán repercusión histórica real si tienen la capacidad de interpretar e insertarse en esas continuidades.

Otra continuidad cultural que la lectura del libro de Canfora hará evidente al lector, es aquella que atravesó, una revolución profundamente democrática, protagonizada por los consejos de obreros, de campesinos y de soldados, una revolución uno de cuyos primeros actos fue publicar los documentos secretos de la diplomacia para ponerlos a disposición del pueblo, hasta llegar de nuevo a una estructura de poder de carácter entre elitaria y monárquica en la que la sucesión del dirigente, del “jefe”, es cuestión decidida en reducidas camarillas que conspiran y luchan entre ellas, en medio del secreto, de la puñalada trapera y de una radical falta de transparencia. Subproducto de ello es que cada una de las fracciones en lucha tuviera su cuota en el equipo de secretarias y de médicos que se turnaban en torno al lecho de un Lenin gravemente enfermo, cual conjura de boyardos en torno al lecho de muerte de un zar.

Quizá este proceso puede ser interpretado como un producto más de la inflexible ley de las oligarquías de Michels. Quizá puede ser interpretado como el producto de las circunstancias que impusieron esa vía, al modo de Isaac Deuscher41 o Procacci42. Quizás, en la línea de Rosa Luxemburg, se interprete todo ello como producto de una decisión política equivocada: la disolución de la Constituyente. Otras encontraron en el propio bolchevismo una teoría y una práctica totalmente opuestos a la democracia de los consejos43. Quizás se puede aducir que la ausencia de una sólida cultura democrática en una sociedad como la rusa no podía por menos que producir esos resultados44.

Sea como sea, los textos con que Lenin intentaba exorcizar las angustias que le producía este proceso, constituyen una lectura imprescindible para entenderlo. Proponían medidas que, llegaban tarde y mal. Nadie les hizo el menor caso. La conjura de los boyardos que se movía entre el apartamento de Lenin en el Kremlin y los despachos de Stalin, de Trotsqui y de Zinoviev había adquirido una incontrolable dinámica propia.

Lo más sorprendente e interrogador es la velocidad con que ese resurgimiento de las continuidades culturales se produjo: siete escasos años.

Las angustias del prisionero

Tras un entremés dedicado a la falsificación de una carta de Pierre Cot que Canfora nos muestra como un caso paradigmático del género de la falsificación, el lector se adentrará en la parte más amplia y comprometida del libro: la carta que Ruggero Grieco envió el 10 de febrero de 1928 a Antonio Gramsci, Humberto Terracini y Mauro Scoccimarro y su falsificación por parte de la policía política italiana. Para entender por qué motivo esta carta llegó a obsesionar a Gramsci, mientras que fue olvidada por Terracini debemos detenernos en su principal antecedente. Se trata de la correspondencia entre Gramsci y Togliatti en octubre de 1926.

En ese octubre de 1926 se produce un cruce de acontecimientos que vincula las dos partes principales de la historia narrada en La historia falsa. En primer lugar, el día 14 Gramsci escribe por encargo del comité Ejecutivo del PC d’I una carta al CC del PCUS en que, se muestra de acuerdo con la continuidad de la Nueva Política Económica defendida por Stalin y Bujarin. En ese contexto formula la célebre pregunta en la que se basará su posterior elaboración del tema de la hegemonía: “¿Eres tú el dominante, obrero mal vestido y mal alimentado, o lo es el nepman con su abrigo de piel y con todos los bienes de la tierra a su disposición?”45. En segundo lugar se muestra la preocupación de los comunistas italianos por los métodos utilizados contra la oposición de Trotsky, Zinoviev y Kamenev, que reclaman la clausura de la NEP y la apertura de un rápido proceso de acumulación de capital, basado en la colectivización de la agricultura, que permita una industrialización rápida del país. La carta de la dirección del PC d’I reclamaba de forma perentoria: “Los camaradas Zinoviev, Trotsky y Kamenev han contribuido poderosamente a educarnos para la revolución, nos han corregido algunas veces muy enérgica y severamente y han sido nuestros maestros. A ellos especialmente nos dirigimos, como los mayores responsables de esta situación, porque creemos estar seguros de que la mayoría del Comité Central de la URSS no desea supravencer en esta lucha sino que está dispuesta a evitar las medidas excesivas” 46.

Dos días más tarde de la carta de Gramsci, y ello no podía ser conocido por él ni por los miembros de la dirección del PC d’I. que permanecían en Italia, Trotsky, Zinoviev y Kamenev realizan una autocrítica que será publicada en Pravda. Tras una petición de tregua de la minoría, la mayoría Bujarin-Stalin exigió una autocrítica formal. Su publicación dejaba sin respaldo a los críticos de los métodos de la mayoría.

El segundo hecho se produce cuatro días más tarde. El 18 de octubre Max Eastman publicaba la Carta al Congreso de Lenin en el New York Times. Según diversos historiadores el texto completo le habría sido facilitado por Trotsqui. Sin embargo, Trotsqui desautorizó a Eastman en las páginas de Bolshevik y proclamó que la publicación era “una calumnia contra el CC del partido”, cumpliendo los acuerdos del XIII Congreso del PCUS que consistían, como hemos visto, en no publicar la carta de Lenin. No parece que Gramsci llegase nunca a tener conocimiento de la Carta de Lenin al Congreso.

Togliatti recibe la carta de Gramsci en Moscú el mismo día 18 de octubre. Tras consultar con Bujarin, Manuilski y Humbert- Droz, el grupo decide no hacer llegar la carta al CC del PCUS y enviar a Humbert-Droz para participar en la reunión del CC del PC d’I. No es cuestión baladí que fueran Bujarin y Humbert-Droz quienes se opusieran a las críticas de método formuladas por Gramsci. Más adelante serán ellos mismo víctimas de esos mismos métodos. La respuesta de Togliatti a Gramsci es seca y contundente: es preciso mantener los nervios “a posto”; lo principal no son las cuestiones de método, si no quien lleva la razón en la discusión sobre el futuro de la URSS y de la revolución: 
“Cuando se está de acuerdo con la línea del Comité central, el mejor modo de contribuir a superar la crisis consiste en expresar la propia adhesión a esta línea sin poner ninguna limitación”47.
Gramsci responde a Togliatti el 28 de octubre: 
“Es posible y probable que la unidad no pueda ser conservada al menos en la forma que ha tenido en el pasado […] Ello no quita que nuestro deber absoluto sea reclamar de la conciencia política de los camaradas rusos, y a reclamar enérgicamente, los peligros y las debilidades que sus actitudes están determinando. Seriamos revolucionarios bien deplorables e irresponsables si dejásemos pasivamente consumarse los hechos consumados, justificando a priori su necesidad”48
Giuseppe Fiori afirmará: 
“Esta fue la ruptura definitiva entre Gramsci y Togliatti. Ya no se escribirán más”49. Efectivamente no se escribieron directamente entre ellos. Pero la causa principal de esta falta de contacto epistolar directo no será, precisamente el enfado innegable de Gramsci con su camarada y amigo, si no la detención de Gramsci el 8 de noviembre de 1926. Para Giorgio Amendola, “ La confrontación de octubre de 1926, no podía no dejar de producir huellas duraderas en el ánimo tan sensible de Gramsci”50.
Para explicar esta diferente posición entre ambos camaradas y sin embargo amigos, se ha aducido la diferente situación de cada uno de ellos: estando uno en Moscú, y otro en Roma, no podían por menos que discrepar, las informaciones y vivencias eran bien diversas. Giuseppe Fiori aún admitiendo que esa posición respectiva era importante considera esenciales las diferencias culturales y políticas entre ambos amigos: “ ... El estar atento a los límites inmediatos de la lucha ( Togliatti) o la mirada estratégica ( Gramsci), la disposición de uno a no discutir los hechos consumados en un momento en que un partido destrozado por el ataque fascista, con su grupo dirigente deportado, encarcelado o en el exilio no puede perder el apoyo de la Internacional y del Estado soviético, frente al firme anclaje de Gramsci en una idea de democracia socialista que la práctica estaliniana empieza a contradecir”51.

Giorgio Amendola pensaba que el precio pagado por el PCI por la actitud de Gramsci fue muy alto, es decir que para el PCI hubiera sido mejor no haber entrado en el debate, Aldo Natoli, por el contrario, opina que el precio altísimo lo pagó el movimiento comunista internacional por haber adoptado la posición de Togliatti y no la de Gramsci, frente al estalinismo. Natoli plantea un tema difícil, muy difícil. Es fácil opinar ex post ipso, pero este tipo de veredicto histórico, imprescindible para el político está vedado para el historiador.

Si me atengo estrictamente a mis preferencias políticas y morales, no puedo por menos que dar la razón a Natoli. Sin embargo, si debo atenerme al mínimo rigor histórico no puedo por menos que decir que una valoración de este estilo incurre en ucronía y contrafáctico: lo que pasó es lo que pasó y no podemos valorar aquello que no pasó ni conoceremos jamás sus consecuencias. Lo que el historiador debe hacer, más allá de juicios políticos y morales, es colocar los hechos y los textos en su contexto y tratar de comprender las posiciones de los diversos protagonistas. Por ejemplo, es preciso recordar que si en octubre de 1926 Togliatti adoptó una posición acrítica con los métodos de la dirección soviética, lo que primaba en su actitud era la defensa de la continuidad de la NEP, como Gramsci y Humbert-Droz.

Irrumpe de nuevo la cuestión del método y del contenido, o si se prefiere la de los fines y los medios. Según Rossanda: “¿Como distinguir contenido de método en una cuestión como el de la ruptura del grupo dirigente leninista? Vacca deduce que el descuerdo debía tener una dimensión mayor y ve su origen en la confrontación de posiciones durante los meses precedentes de aquel año dramático. En resumen la colisión del 6 octubre debería ser leída como la culminación de una diferenciación de Gramsci y de gran parte del PCI respecto a la mayoría de Stalin y Bujarin sobre temas que si habían ido produciendo en aquel año: el Frente único, el caso Bordiga, y sobretodo el análisis de fase – es decir la tesis de la estabilización relativa que había sustituido a la tesis de la crisis general capitalista, que había sido sostenida al inicio la revolución de octubre, unida a la opción estaliniana del “socialismo en un solo país”52.

La estabilización relativa del capitalismo comportaba que la tarea principal pasaba a ser la construcción del socialismo en un solo país en ausencia de perspectivas revolucionarias que proviniesen de una crisis general del capitalismo. Gramsci que de ningún modo estaba de acuerdo con Trotsky o Bordiga en la crítica de estos a la NEP o sobre el permanentismo, no aceptaba que los partidos comunistas debiesen mantenerse a la defensiva. Los Cuadernos de Cárcel de Gramsci atestiguan que Gramsci se opondrá al viraje del VI Congreso de la IC y a la línea errática que el PCI llevó hasta el VII Congreso de la IC. Su propuesta de Asamblea Constituyente, su crítica de la línea de “clase contra clase” y de “socialfascismo”, su crítica a la política de ofensivas suicidas que sólo conseguían desmantelar el trabajo organizativo previo serán constantes hasta su muerte. Lo atestigua también el informe que Athos Lisa envió al centro exterior del partido en 1933. Lisa explica en ese informe que Gramsci formuló el planteamiento de la Constituyente en 1930 y atestigua que aún en 1932 continuaba defendiendo ese planteamiento que era directamente opuesto a la línea de la IC y del PC d’I, de aquellos años53.

Ciñéndonos al tema de la relación entre los partidos comunistas y su historia debemos detenernos en el modo en que fue conocida esta correspondencia entre Gramsci Togliatti en octubre de 1926. La primera carta de Gramsci fue publicada parcialmente por primera vez por Angelo Tasca, ya expulsado del PCI y en el exilio en el Nuovo Avanti de 8 de mayo de 1937. Casi un año más tarde, la publicó íntegramente en “Problemi della Rivoluzione Italiana” nº. 4754. Téngase en cuenta que por esas fechas Zinoviev i Kamenev ya han sido fusilados, Trosky en el exilio, recibirá en 1941 la visita del asesino. Hemos visto el elogio hacia los tres contenido en la carta de Gramsci de 1926. El embarazo de la dirección del PCI no puede ser mayor ante la publicación de la carta por parte de Tasca.

Manuilsky insinuará que el grupo dirigente del PCI post-bordiguiano, es decir Gramsci, Terracini, Togliatti, Grieco y los demás habían mantenido vacilaciones trotskistas y bujarinistas. Lo que, en el contexto de 1937-1938 era mucho más que una simple crítica. El brazo ejecutor de Manuilski ante la dirección del PCI será Giuseppe Berti que fue mandado a Paris como inquisidor. Se llegó a considerar la posibilidad de desautorizar la carta de 1926 y por tanto a Gramsci con una declaración pública. Ello sucedía en el momento de la commoción democrática y popular en Europa por la muerte de Gramsci. Sólo la visión política y el innegable valor ético de Togliatti impidieron que el PCI inmolase la figura de su fundador en el altar de los procesos estalinistas. Todo ello a cambio de mirar pragmáticamente hacia otro lado y de tratar de ignorar oficialmente y durante años la existencia de la carta55. Ante este silenciamiento de la correspondencia de 1926, los amantes de las historias en blanco y negro, es decir, sin matices, hablarán de manipulación por parte de Togliatti. Otros, que nos sentimos negados para la reducción, la simplificación y el maniqueismo preferimos tratar de capturar el matiz y la complejidad histórica de cada momento, sin necesidad de lanzar fáciles excomuniones a favor del actual viento anti-toglattiano.

Ignazio Silone volvió a publicar la carta en 1956, paralelamente a la celebración del XX congreso del PCUS. La dirección del PCI, inicialmente, negó la veracidad de la misma; pero, Eugenio Reale volvió a publicarla en “Correspondencia Socialista”, 1 de diciembre de 1957. En 1960-1961, Togliatti inició el proceso de edición del volumen La formazione del gruppo dirigente del Partito Comunista Italiano56, en colaboración con Giuseppe del Bo y de la fundación Feltrinelli, usando el archivo de Angelo Tasca que la fundación había comprado57. Es cierto que la publicación por parte de Giuseppe Reale de parte de esa correspondencia fue un impulso decisivo para que Togliatti decidiera publicar aquella importante colección de documentos. El método de poner a disposición de un amplio público de lectores no una historia re-escrita de forma más a menos hagiográfica y reconstruida según los nuevos cánones si no, directamente la documentación, era una novedad importante. Una novedad que cabe colocar en la estela de la decisión del XX congreso del PCUS de editar de los últimos escritos de Lenin.

En ese contexto de impulso toglattiano a la publicación de documentos históricos del PCI, la carta de 14 de octubre de 1926 fue publicada en la antología 2000 pagine di Gramsci58 en 1964. El 18 de junio del mismo año la revista teórica del PCI, Rinascitapublicó la carta con una nota adjunta de Togliatti. Rossana Rossanda ha comentado recientemente: “En 1964, la reapertura de esta página entre oscura y doliente, no impresionó a los más jóvenes, preocupados por los problemas que se les presentaban en aquel decisivo decenio, y los pocos viejos supervivientes prefirieron callar. El tema era delicado, se refería no sólo a las relaciones entre los dos grandes dirigentes si no también entre los comunistas italianos y los comunistas rusos. Retomar una memoria que presentaba esta relación con una luz para nada apologética, solo le parecía necesario a Togliatti. Ningún dirigente intervino en el debate”59. El tema, segun Rossanda quedó pues, en manos de los estudiosos.

El Togliatti que publica en 1964 un escrito de Bujarin en Rinascita, así como los textos de “El gran debate” ( Bujarin, Stalin, Kamenev, Zinoviev, Trotsky...)60, parece querer preparar intelectualmente al partido para un replanteamiento de sus relaciones con el PCUS y con su propia historia. Y lo hace mediante la publicación de documentos, rompiendo con la tradición de reescritura sucesiva de la historia. Es un Togliatti que se niega a asistir a una conferencia internacional de partidos comunistas convocada por el PCUS para condenar al PC de China, a pesar de los duros ataques que éste le dirige personalmente61. Un Togliatti que escribe su Memorial de Yalta poco antes de morir en esa ciudad en septiembre de 1964.

Pero ni Longo ni Berlinguer continuaran esta tarea de publicación de documentos que Togliatti había proyectado y que según Rossanda tenía el siguiente sentido: “Era en la maduración de una crítica al bloque comunista y al modo con el que la URSS lo gobernaba que Togliatti tendía a rehacer la historia de aquel camino atormentado”62. Longo y Berlinguer dejaron la cuestión en manos de los historiadores y de los especialistas, con un espíritu muy laico: dejando a los historiadores y filólogos hacer su trabajo. Aunque el viejo estilo, como veremos, resurgiera en relación a la carta de Ruggero Grieco.

Conviene ahora retomar el problema de las relaciones entre Gramsci y Togliatti a raiz del debate epistolar de otoño de 1926. Rossanda lo plantea del siguiente modo: “Era un tema ardiente. ¿Hasta donde llegó la ruptura entre ambos? ¿Influyó sobre la suerte de Gramsci, determinó su aislamiento del partido, hablaba de ello cuando se refiere de una condena que provenía de otro alto tribunal que no era el fascista? El PCI lo asistió siempre materialmente pero, ¿también en otros aspectos? Desaparecido Sraffa, el único que podía hablar sin censura con él cuando estaba mortalmente enfermo y que después de la guerra habría hablado de ello con Togliatti, se podrá saber poca cosa al respecto63. Debemos retener que la correspondencia de octubre-noviembre de 1926 sólo se publicó completa en Rinascita el 24 de abril de 1970, con un comentario de Franco Ferri. Togliatti había muerto seis años antes.

En la cárcel, Gramsci se obstinó siempre en cortar cualquier contacto directo con el partido que pudiera implicar un agravamiento de su pena facilitando pruebas al enemigo en relación al cargo que se le imputaba: ser el secretario general del partido. No era esa la actitud de Terracini, quien mantuvo amplia correspondencia con el partido usando métodos clandestinos64. Ello no quiere decir que el contacto entre el prisionero y Togliatti se interrumpiera. No sólo en el periodo de la cárcel si no a partir de 7 de diciembre de 1933 continuó en la clínica Cusumano de Formia, o desde el 24 de agosto de 1935 en la clínica romana Quisisana donde permaneció hasta su muerte el 27 de abril de 1937. Quien aseguró este contacto, no exento de debates y desencuentros, fue la cuñada Tania con el apoyo del amigo Piero Sraffa, que hacían de intermediarios entre ambos.

Aurelio Lepre ha mostrado hasta qué punto se debe relativizar la frase de Fiori sobre la ruptura entre Gramsci y Togliatti. Todas las peticiones de Gramsci a su partido fueron transmitidas a Togliatti por ese conducto y las demandas de Togliatti llegaron a Gramsci también por ese camino65. Lepre muestra que la atención del partido hacia las necesidades materiales del prisionero y su constante defensa del mismo no faltó en ningún momento. Lo que no quita que no todo el PCI pensara como su secretario general ni que éste tuviera las cosas fáciles para defenderle en el contexto de la línea sectaria decidida en el VI Congreso de la IC. Diversos testimonios de camaradas de cárcel de Gramsci dan cuenta de las actitudes fraternales de algunos presos comunistas y de las francamente deleznables mantenidas por otros en esas duras circunstancias66.

Togliatti defendió a Gramsci frente a los ataques sectarios y dio prioridad política y cultural al rescate y posterior edición de los Cuadernos de Cárcel. En los años cincuenta los hizo editar en forma de recopilaciones de carácter temático. Estas ediciones fueron también terreno de lucha cultural contra Togliatti y el PCI. Se quiso inventar una estrategia editora manipuladora y censoria por parte de Togliatti. Baste el testimonio de Lucio Magri para contextualizar y mostrar las virtudes y límites de esta operación editorial67. Para Magri, la edición temática de los Cuadernos formaba parte de la estrategia toglattiana de la vía italiana al socialismo. Magri no descubre en ella un intento de presentar un Gramsci mutilado y únicamente lamenta el retraso en la edición de los textos que hacen referencia al americanismo y al fordismo. Retraso que no permitió preparar a las nuevas generaciones para pensar la Italia del desarrollo capitalista y ello, fue un motivo de distanciamiento entre los jóvenes del 68-69 italiano con respecto a Gramsci. Por otro lado, una comparación filológica entre las ediciones temáticas de los cuadernos y la edición critica de 1975 a cargo de Valentino Gerratana deja poco espacio a la argumentación de la tesis de un Togliatti censor de Gramsci. Con todas limitaciones y los equilibrios políticos, condicionados por los años la lucha contra el fascismo, de la segunda guerra mundial y del periodo de la guerra fría, Togliatti mostró una permanente fidelidad al camarada y amigo.

Aunque el hilo Gramsci-Togliatti no se rompiera, no deja de ser cierto que las relaciones de Gramsci con su partido no fueron fáciles durante el periodo de cárcel. Gramsci sospechó siempre que no se hizo todo lo posible y necesario para evacuarle y evitar así su detención el 8 de noviembre de 1926. ¿Pensaba en la responsabilidad personal de Togliatti? No parece probable puesto que sabía que éste se encontraba en Moscú: como hemos visto, hacia pocos días que había intercambiado una dura correspondencia con él.

Togliatti, desde Moscú interpeló a Ruggero Grieco y a Camilla Ravera sobre los motivos por los cuales Gramsci no había sido evacuado a tiempo. Aunque el asunto aún no ha sido establecido del todo, parece que el asunto puede resumirse en una mezcla de improvisación de una dirección joven no avezada aún a las tareas clandestinas, de una sub-valoración de lo que implicaba el fascismo, de las características psicológicas de Grieco y del propio interés de Gramsci de no marchar de Italia mientras no se discutiera la carta de 14 de octubre en la reunión del CC que se celebró el Valpolvecera.

Cuando el juez instructor Enrico Macis, sardo, mostró a Gramsci las fotografías de una carta escrita en Basilea por Ruggero Grieco con fecha de 10 de febrero de 1928 y enviada desde Moscú, diciéndole que algunos de sus amigos deseban que estuviera en la cárcel por un elevado número de años, las sospechas de que alguien en el partido deseaba apartarlo de la circulación por un tiempo crecieron en Gramsci hasta llegar a ser torturantes. Gramsci se referirá a esta carta y a las preocupaciones que le había causado en diversas cartas dirigidas a su mujer Giulia (30 de abril de 1928) o a su cuñada Tania (5 de diciembre de 1932), cartas que era consciente que llegaban a Sraffa y, sucesivamente, a Togliatti. El tema tratado al que Canfora dedica la parte más amplia y sustanciosa de La storia falsa es el de la falsificación de la carta de Grieco por parte de la OVRA68.

Conocemos la carta de Grieco porque Paolo Spriano la encontró en el archivo central del Estado y la publicó en la revista teórica del PCI Rinascita de 9 de agosto de 1968. Canfora critica en su libro el tratamiento que Spriano dio a esta carta tanto en su primera edición como en el tomo II de su Historia del Partido Comunista69 o en su libro sobre Gramsci en la cárcel y el partido70.

Cuando a la altura de 1989 Achille Ochetto inició el camino de la disolución del PCI y de la formación del Partido de los Demócratas de Izquierda71, uno de los obstáculos principales para la realización del proyecto residía en el inmenso patrimonio político, cultural y moral de la historia de ese partido. La figura de Togliatti se transformaba en la diana de los ataques, ya no de la derecha y del fascismo como era habitual entre 1945 y 1989, si no de sus propios herederos políticos. Apareció lo que Canfora llama la historiografía del rechazo, inaugurada por el número de 20 de agosto de 1990 del diario l’Unità por un artículo de Biagio de Giovanni titulado: Érase una vez Togliatti i el comunismo real72.

Entre 1945 y 1989, la crítica a Togliatti se había cebado en el tema de sus relaciones con Gramsci. Las insinuaciones sobre la detención de Gramsci, o sobre el supuesto abandono del PCI por Gramsci y sus supuestas dudas sobre su posible re-ingreso en el partido socialista fueron constantes. A partir de 1989 esta abundante literatura contaba ya con ex- comunistas o post- comunistas en procura de un lugar al sol. Como ejemplo paradigmático de esa literatura podemos citar el libro Massimo Caprara,Gramsci e i suoi carcerieri73, cuya portada no puede ser más elocuente sobre el contenido del libro: el preceptivo retrato de Gramsci está colocado bajo el retrato de los verdaderos carceleros de Gramsci según Caprara: Togliatti y Stalin.

Durante todos estos años Canfora ha tratado de historizar la figura de Togliatti, refutando con hechos los aspectos más evidentemente ideológicos de esta campaña. Ya el mismo año 1989, Canfora publicó su libro Togliatti e i dilemmi della políticaen el que aparecía el primer esbozo de su estudio sobre la carta de Grieco, en el apéndice titulado Storia di una strana lettera74. La tesis principal era que la famosa carta había sido falsificada por la policía política fascista con el fin de tratar de aportar pruebas que demostrasen que Gramsci era el secretario del partido comunista. Subsidiariamente, Canfora criticaba el trabajo de Spriano que habiendo descubierto y publicado al carta en 1968, no habría percibido esa falsificación.

En La Historia falsa, Canfora retoma el tema y culmina su minucioso trabajo de reconstrucción histórica del acontecimiento y aporta nueva pruebas de esa falsificación, Naturalmente, que la prueba decisiva de la misma sería que se encontrase el original de la carta de Grieco. El único material con el que trabajan tanto Canfora como sus críticos son las fotografías de la carta que en su día mostró el juez instructor del proceso Enrico Macis a Antonio Gramsci. La sagacidad, la consistencia del trabajo de Canfora, aún habiendo suscitado críticas, no ha encontrado nadie que lo rebatiese, como veremos más adelante. Así que las únicas críticas consistentes a su trabajo se refieren a los motivos y no ponen en duda las pruebas materiales presentadas por Canfora. Haré ahora un ligero y, seguramente incompleto resumen de la recepción italiana del libro de Canfora. Digamos que para los historiadores italianos el único tema relevante del libro resulta ser la carta de Grieco a Gramsci.

La revista Studi storici, publicó en su nº 1 del año 2009 el texto leído por Armando Petrucci en ocasión de la presentación del libro de Luciano Canfora en la Fundación Instituto Gramsci en Roma el 12 de enero de 200975. La intervención acaba con un breve análisis caligráfico y grafológico de las cartas de Grieco de 10 de febrero que se añade al análisis filológico, lexical y del soporte físico realizado por Canfora. La comparación la hizo Petrucci con la letra de una carta dirigida por Grieco a Togliatti con fecha 30 de noviembre de 1926. La conclusión de Petrucci es que Canfora tiene razón al considerar que esas cartas están falsificadas.

Por su parte Leonardo Alessandro en el nº siguiente de la misma revista, reconoce implícitamente que el análisis filológico, estilístico y ortográfico de Canfora es correcto: la carta fue falsificada. Dejando de lado las pruebas de hecho, Alessandro se centra en la motivación de la OVRA para realizar esa falsificación: “De todo lo dicho parece evidente que la llegada de la carta de Grieco no tuvo efectos sobre la instrucción del proceso si no sobre la tratativa de intercambio. A esto se refería evidentemente Macis manifestando a Gramsci el convencimiento de que la carta había agravado su condición y la insinuación de que el partido tenía la intención de dejarlo en la cárcel. Por otra parte, que este era el motivo de irritación de Gramsci está además confirmado por las cartas de Tania a sus familiares. Otra prueba de ello es que las cartas fueron mostradas a Terraccini i a Gramsci y no a Scoccimarro, es decir a los dos dirigentes para los que estaba en curso un intento de liberación. Si esto fuera cierto disminuiría el motivo de la falsificación de las tres cartas sostenido por Canfora: manipuladas de ese modo, constituían “un maná para quien quisiera agravar la posición procesal de los tres”.

Para Alessandro la parte política de las cartas que es la que Canfora muestra que fue falsificada para perjudicar a Gramsci no sería la importante puesto que el problema no era el proceso que en marzo de 1928 ya estaba instruido. El problema para Alessandro era la parte de la carta que se refiere a los intentos de liberación de Gramsci y que está al inicio de la carta: “ Estamos siempre cerca, incluso cuando tu has tenido razones para no sospecharlo (...) todo lo que se nos ha pedido para ti lo hemos hecho siempre”. Para Alessandro este es la parte de la carta que habría irritado a Gramsci puesto que era una imprudencia porque interfería en las negociaciones. Para su liberación. Creo que el razonamiento de Alessandro no demuestra en ningún caso que el trabajo de Canfora mostrando la falsificación de las tres cartas sea incierto. Los razonamientos de Alessandro se refieren a la motivación de la falsificación mientras que el análisis de Canfora se refiere a las pruebas de hecho76.

La recepción más crítica con la obra de Canfora se produce en el artículo de Ginacarlo de Vivo Gramsci, Sraffa e la “famigerata lettera” di Grieco, publicado en Pasato e Presente77. De Vivo objeta que si en la carta original de Grieco ya había hechos graves y dañinos para Gramsci como afirma Canfora, no se explica qué motivo tenía la policía para hacer el esfuerzo de añadirle más elementos provocadores. De Vivo no reconoce en nada el trabajo de investigación filológica realizado por Canfora y no parece comprender que a veces, las dinámicas de los aparatos represivos de los estados pueden no estar coordinadas y que la falsificación de las cartas se pudo producir como una iniciativa autónoma que pretendiese ganar méritos aportando mayores elementos probatorios para la tesis del fiscal. Que ello no fuera utilizado al final en el proceso no excluye que las cartas fueran falsificadas. Aunque el proceso fue un proceso farsa dirigido directamente por Mussolini, en el cual lo que importaba menos eran la pruebas, ello no prueba que la policía no tratase de elaborarlas.

De Vivo, conocedor directo de la obra y de la biografía de Piero Sraffa dedica la segunda parte de su recensión a defender al amigo de Gramsci de la impresión que puede causar el intercambio de cartas que sostuvo con en 1937 con Tania en relación a la famosa carta y el enfado de la misma. Sin embargo, De Vivo a pesar de estas reservas se muestra respetuoso con la tesis principal de Canfora y plantea que en tanto no aparezca la carta original de Grieco y se cuente sólo con las fotografías el tema continua abierto.

Efectivamente se ha aducido que, puesto que la carta le fue mostrada a Gramsci por el juez instructor cuando el expediente ya estaba cerrado, el motivo de la falsificación no podía ser agravar los cargos contra Gramsci. Sin embargo, no puede descartarse que la finalidad de la falsificación de la carta fuera sencillamente el crear un clima de sospecha en la mente de Gramsci, con el fin de separarlo de su partido y de hacerle pensar que su partido no hacía nada por él o, incluso estaba dispuesto a quitarlo de la circulación por bastantes años, del mismo modo que el fiscal había dicho que había que conseguir que aquel cerebro no pensase durante diez años.

Sobre la inanidad de las historias oficiales

Más allá de estos debates, La historia falsa nos propone un motivo de reflexión. Canfora discute desde el mayor respeto el trabajo de Paolo Spriano que trató de investigar el asunto de la carta de Grieco, que hizo hallazgos importantes pero que vio su trabajo de historiador dificultado por dos motivos. El primero su “responsabilidad” con la historia de la organización a la que pertenecía. Su propia autoconciencia le jugó la mala pasada de confundir su objeto de estudio con su militancia. La intervención de Luigi Longo a instancias de la viuda de Ruggero Grieco, frenó y matizó la publicación de sus trabajos. De ese modo un trabajo ingente como el de Spriano ha pasado a la historiografía como un trabajo condicionado.

Retomando los temas de la Carta de Lenin al Congreso y de la carta de Grieco a Gramsci, Canfora nos ha mostrado dos casos paradigmáticos en que la práctica de la historia oficial y de los historiadores oficiales fracasan históricamente, por así decirlo. Tratar de encerrar la historia en una burbuja donde la dirección política administra las verdades y publica en cada momento aquello que conviene según las contingencias del momento se ha revelado a la par de contrario a los principios defendidos, totalmente ineficaz. La ciencia histórica necesita de medios y de libertad para ejercer su función que es simplemente la lucha permanente por acercarse a la verdad. La emancipación de los seres humanos necesita de la máxima libertad e igualdad en el ejercicio del derecho a la información, a la investigación y al debate. Lo contrario además de un crimen es un tremendo error histórico. Esa es, me parece, la principal lección del libro de Canfora que el lector tiene entre sus manos.

Notas

1 CANFORA, Luciano, Ideologías de los estudios clásicos, Madrid, Ediciones Akal, 1991.
2 CANFORA, Luciano, Una profesión peligrosa. La vida cotidiana de los filósofos griegos, Barcelona, Ed. Anagrama, 2002.
3 Véanse sus libros, Togliatti e i dilemmi della politica, Roma-Bari, Ed. Laterza, 1989 o La crisi de l’Est e il PCI, Bari, Edizioni Dedalo, 1991. Ambos son conjuntos de artículos publicados en diversos periódicos y uno de ellos Eurocomunismo e socialdemocrazia enviado a Rinascita antes del verano de 1976, con acuse de recibo del entonces director Alfredo Reichlin pero nunca publicado.
4 CANFORA, Luciano, La crítica de la retórica democrática, Barcelona, Ed. Crítica, 2002.
5 CANFORA, Luciano, La democracia. Historia de una ideología, Barcelona, Ed. Crítica, 2004.
6 CANFORA, Luciano, Exportar la libertad El mito que ha fracasado. Barcelona, Ariel 2007.
7 CANFORA, Luciano, La natura del potere, Bari, Laterza, 2009.
8 AAVV, Conversaciones con Luckacs, Madrid, Alianza Editorial, 1971. Primera edición en alemán, 1967.
9 CANFORA, Luciano, La natura del potere, Bari-Roma, Ed. Laterza, 2009.
10 CANFORA, Luciano, La natura del potere, ob.cit. p. 19.
11 CANFORA, Luciano, La storia falsa, Milano, Rizzoli, 2008.
12 Que era un intento de aliarse con las tesis de Trotski al respecto, a cambio de que Trotsky se comprometiera a defender el asunto de Georgia en el Comité Central.
13 Medida organizativa que ingenuamente creía que serviría para evitar la escisión.
14 Con el que se oponía a la incorporación de las repúblicas nacionales como autonomías en la república rusa y defendía una estructura de unión de republicas socialistas de carácter federal, oponiéndose al proyecto de Stalin.
15 Escrito no destinado a la publicación con nuevas reflexiones sobre la burocracia creciente.
16 En la que defendía la importancia de las cooperativas en la creación de una cultura socialista en el marco de la Nueva Política Económica.
17 En la que defiende la validez de haber realizado la revolución en Rusia a pesar de la ausencia de cultura suficiente para la construcción del socialismo.
18 Conjunto de medidas con las que pretendía controlar y reducir la burocratización creciente.
19 En el que vuelve sobre la lucha contra el burocratismo y sobre el papel de la Inspección Obrera y Campesina en esa lucha.
20 LENIN, Vladimir Ilich, Obras completas, Tomo 45, Moscú, editorial Progreso, 1987.
21 Murió en Paris, el pasado 16 de agosto de 2010.
22 LEWIN, Moshe, El último combate de Lenin, Barcelona, Editorial Lumen, 1970. Primera edición en francés, Les Éditions de Minuit, 1967. Descatalogado en español, el texto permanece inaccesible al lector, si no fuera por Internet.
23 FOTIEVA, Lidia, De la vida de Lenin, Moscú, Ediciones en Lenguas Extranjeras, sin fecha, seguramente, mediados de los años 60 del siglo XX.
24 Carr, E.H. La revolución rusa: de Lenin a Stalin, 1917-1929, Madrid, Alianza Editorial, 1981. Última edición conocida: Altaya, 1998. Para el lector no especialista este libro es un resumen hecho por el propio autor de su amplia Historia de la Rusia Soviética aporta los elementos esenciales para comprender el período y el clima histórico en que se desenvuelven los hechos reportados por Canfora. Véanse especialmente las pp. 85-113.
25 Existe edición en español: Historia del Partido Comunista (Bolchevique) de la URSS, Compendio redactado por una comisión del Comité Central del PCUS de la URSS. Aprobado en 1938 por el Comité Central. Versión castellana de Ediciones en Lenguas Extrajeras, Moscú 1939, Madrid, Emiliano Escolar editor, 1976.
26 El tema de la debilidad del concepto de “culto a la personalidad” para el análisis del fenómeno estaliniano exigiría un buen espacio para ser desarrollado. Aunque “culto a la personalidad” lo hubo, y en cantidades ingentes, el estalinismo no puede ser reducido a este aspecto.
27 Véase el documento completo en: KHROUCHTCHEV, N., Rapport d’activité du Comité central du parti communiste de l’Union Sovietique au XXe Congrès du Parti, Paris, Suplement a Études Sovietiques, nº 95 février, 1956, p. 86. Extractos de este informe inaugural en Le choc du 20ème Congrès du PCUS, Textes et documents, édition réalisée et présentée pas Roger Martelli, Paris, Éditions sociales, 1982, pp. 87-119.
28 Ob.cit. p. 84.
29 PANKRATOVA, Ana, Intervención en el XX congreso, in 1956,
30 Ibid.
31, LEWIN, Moshe, El último combate de Lenin, ob.cit., p. 12.
32 Véase LEWIN, Moshe, Le siècle sovietique, ob. cit., p 342.
33 GRAMSCI, Antonio, Quaderni del carcere, Torino, Einaudi Editore, 1975, p. 872
34 LENIN, Vladimir Ilich, Obras completas, Tomo 45, ob. cit. pp. 359-364.
35 Ob. cit. p. 362. Fotieva recoge el hecho la página 182 de su libro: “El 4 de enero Vladímir Ilich dictó una nota suplementaria para la Carta al Congreso y comenzó a dictar el artículo Sobre la cooperación, terminándolo el 6 de enero”.
36 Ob. cit., pp. 175-176.
37 Ob. cit. p. 177.
38 Nota 216 del tomo 45 de la OC de Lenin, ob.cit. pp. 608-609.
39 LABICA, Georges, Le marxisme-leninisme, Bruselas, Bruno Huisman, .
40 CANFORA, Luciano, La storia falsa, Milano, Ed. Rizzoli, 2009, p. 32.
41 DEUTSCHER, Isaac, Les raices de la burocracia, Barcelona, Cuadernos Anagrama, 1970.
42 PROCACCI, Giuliano, El partido en la URSS, Barcelona, Ediciones de Bolsillo/ Editorial Laia, 1977.
43 BRINTON, Maurice, Los bolcheviques y el control obrero, 1917-1921, El estado y la contrarrevolución, Paris, Ruedo Ibérico, 1792. AAVV, Des soviets au communisme bureaucratique, Paris, Archives Gallimard/Julliard, 1980.
44 MIRAS, Joaquin, TAFALLA, Joan, Rosa, Vladimir y la democracia, http://www.espai-marx.net/ca?id=76
45 Gramsci, Antonio, Antología, selección y notas de Manuel Sacristán, México D.F., Editorial Siglo XXI, 1970, p. 206.
46 Gramsci, Antonio, loc. cit.
47 Citado por Fiori, Giuseppe, Gramsci, Togliatti. Stalin, Roma-Bari, Sagittari Laterza, 1991, p. 8.
48 Fiori, Giuseppe, Gramsci, Togliatti. Stalin, loc. cit.
49 Fiori, Giuseppe, Gramsci, Togliatti. Stalin, ob.cit, p. 9.
50 AMENDOLA, Giorgio, Storia del Partito comunista Italiano 1921-1943, Roma, Editori Riuniti, 1978, p. 181.
51 Fiori, Giuseppe, Gramsci, Togliatti. Stalin, loc. cit.
52 ROSSANDA, loc. cit.
53 LISA, Athos, Discusión política con Gramsci, en la cárcel, en Gramsci, Antonio, Escritos políticos ( 1917-1933), Buenos Aires, Cuadernos de Pasado y Presente, nº 54, 1977, pp. 376-386.
54 TASCA, Angelo, TOGLIATTI, Palmiro, Per Gramsci, Presentación y edición a cargo de Chiara Daniele, Milano, Fondazione Giangiacomo Feltrinelli, 2007, pp. 12-38.
55 Un resumen de todo ello en SPRIANO, Paolo, Gramsci in carcere e il partito, Roma, Editori Riuniti, settembre 1977, pp. 97- 123.
56 TOGLIATTI, Palmiro, La formazione del gruppo dirigente del Partito Comunista Italiano, Roma Editori Riuniti, 1962. Existe una edición de 1984 con prefacio de Paolo Spriano.
57 Chiara Daniele, in TASCA, Angelo, TOGLIATTI, Palmiro, Per Gramsci, pp. 9-12.
58 Gramsci, Antonio, 2000 pagine di... Milano, Il Saggiatore Ed., 1964
59 ROSSANDA, Rosana, Gramsci e Togliatti, il dissenso del’26, La rivista del Manifesto, nº 1 dicembre 1999. Rossanda hace en este artículo la recensión de un libro de Chiara Chiarante y de Giuseppe Vacca sobre la relaciones entre Togliatti y Gramsci en 1926, Torino, Einaudi, 1999.
60 Existe edición española en Editorial Siglo XXI.
61 TOGLIATTI, Palmiro/ MAO-TSE-TUNG, Una controversia sobre el movimiento comunista internacional, Barcelona, Icaria editorial, 1978. El paso del tiempo permite por encima de la moda maoísta de hace cuarenta años re-valorar las ricos posiciones de Togliatti. El lector interesado podrá encontrar en este libro el memorial de Yalta de Togliatti.
62 Loc.cit.
63 ROSSANDA, loc. cit.
64 Alessandro, Leonardo P. I dirigenti comunisti davanti al Tribunale Speciale, Studi Storici, rivista trimestrale de l’ Istituto Gramsci, Anno 50, nº 2 Aprile-Giugno 2009, pp.481-553.
65 LEPRE, Aurelio, Il prigionero vita di Antonio Gramsci. Roma-Bari, Editori Laterza, 1998. Véase particularmente el capítulo V. Gramsci tra Togliatti e Giulia: l’intreccio dei sentimenti e delle raggioni politiche, pp. 153-193.
66 AAVV, Gramsci vivo nelle testimonianze dei suoi contemporanei, a cura de Mimma Paulesu Quercioli, prefazione di Giuseppe Fiori, Milano, Feltrinelli Editore, 1977. También Fiori, Giuseppe, Vida de Antonio Gramsci, Barcelona, ediciones Península, 1976. Traducción de Jordi solé Tura, Primera edición en español, 1986. Primer edición en italiano, Bari, Editori Laterza, 1966. Del mismo autor, Gramsci,Togliatti, Stalin, Roma-Bari, Saggittari Laterza, 1991.
67 MAGRI, Lucio, El sastre de Ulm, El comunsimo del siglo XX. Hechos y reflexiones. Barcelona, El Viejo Topo, 2009.
68 Organizzazione per la Vigilanza e la Repressione dell'Antifascismo, policía política del régimen fascista italiano creada en 1927.
69 SPRIANO, Paolo, Storia del Partito comunista italiano. Gli anni della clandestinità, Torino, Einaudi, 1978,
70 SPRIANO, Paolo, Gramsci in carcere e il partito, Roma, Editori Riuniti, 1977.
71 El XX congreso de PCI, celebrado en Rimini entre el 31 de enero y el 3 de febrero de 1991, tomó la determinación de crear el PDS.
72 La crítica de Canfora a esta historiografía del rechazo en La crisi de l’Est e il PCI, Bari, Edizioni Dedalo, 1990, pp. 97 –103.
73 CAPRARA, Massimo, Gramsci e i suoi carcerieri con un saggio di Yaroslav Leontiev, Milano, edizioni Ares, 2001.
74 CANFORA, Luciano, Togliatti e i dilemmi della politica, ob.cit. pp. 127-165.
75 PETRUCCI, Armando, Note critiche. La storia falsa, Studi Storici, rivista trimestrale de l’Istituto Gramsci, Anno 50, nº 1 Gennaio-Marzo 2009.
76 Alessandro, Leonardo P., I dirigenti comunisti davanti al Tribunale Speciale, Studi Storici, rivista trimestrale de l’Istituto Gramsci, Anno 50, nº 2 Aprile-Giugno 2009, pp.481-553.
77 DE VIVO, Giancarlo, Gramsci, Sraffa e la “famigerata lettera” di Grieco, publicado en la revista Pasato e Presente nº 77 maggio-agosto 2009.

Nota del autor

[*] La presentación de la traducción española del libro “La storia falsa” de Luciano Canfora, me fue encargada por la editorial Capitán Swing el día 20 de mayo de 2010. Capitán Swing había encargado una traducción española del libro de Canfora que fue revisada amablemente por Joaquín Miras. El texto de esta presentación fue entregado por mí el 22 de junio de 2011. Tras muchos meses de espera sin ver la publicación del libro pregunté a la editorial. La respuesta fue que el proyecto editorial había sido abandonado y que el libro no se publicaría.
La escritura de la presentación que el lector tiene ante sus ojos me obligó a leer una amplia bibliografía histórica, y me permitió aclarar algunas de las dudas que tenía sobre los dos problemas principales abordados por el libro de Canfora. La realización de mi tesis no me permitió intentar la publicación de este material en cualquier otro lugar
El hecho de que la polémica sobre la relación entre Gramsci y su partido sigue viva, prosiga en Italia y en el grupo de debate de Espai Marx me ha llevado a publicarlo tal que como se concibió para su publicación en el año 2010. Considerando que ninguna de las afirmaciones del texto ha perdido validez, lo publico con poquísimas correcciones de estilo.