25/2/13

Marxismo y filosofía al final del siglo XX

Gabriel Vargas Lozano

“Todo lo que surge es digno de perecer", decía JL. Mefistófeles en la obra clásica de Goethe. "Todo lo que un día fue real se torna irreal, pierde su necesidad, su razón de ser", escribía Engels comentando a Hegel en su célebre obra ‘Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana’. Y hoy, cerca del final del siglo XX y a partir de los cambios económico-sociales que ha experimentado el sistema capitalista; del desarrollo de nuevas formas filosóficas; de descubrimientos científico-técnicos; y del derrumbe del llamado socialismo real, nos preguntamos: ¿y esto es verdad también para el marxismo en general y su filosofía en particular?

Si queremos ser coherentes, debemos responder afirmativamente. Toda concepción teórico-práctica, como es el caso del marxismo, deviene, cambia, se transforma o pasa a formar parte de la historia. Pero cuando se trata de explicar con toda objetividad dichos cambios, se requiere hacer varias distinciones: en primer término, la distinción entre la vigencia de la propia teoría (y dentro de ella, a su vez, entre el contenido científico, el ideológico y el filosófico) y las condiciones de recepción que propician eclipses cortos o largos, vinculados a los intereses dominantes en una sociedad dada. En otros términos, se requiere distinguir entre las manipulaciones académicas y políticas que, con frecuencia, son un efecto de las tendencias dominantes en una sociedad dada y la pregunta autentica y radical sobre la validez o invalidez de un pensamiento. En efecto, hoy, a partir de la crisis del llamado socialismo real, así como de una sobreacumulación de contradicciones teóricas y prácticas en el seno de los movimientos socialistas, ha cobrado una nueva fuerza la vieja ideología extensionista de la muerte del marxismo. Es por ello que intentar hacer una evaluación objetiva del marxismo; examinar lo que está vivo y lo que está muerto; caracterizar sus posibilidades presentes y futuras, es para algunos una tarea ímproba y fuera de moda.