1/2/13

Huelga general / Cambiar las leyes que hacen que el Estado le rinda cuentas a los negocios y a los bancos y no a la gente

Gayatri Chakravorty Spivak
Traducido del inglés por Teresa Elías

Cuando la totalidad de la fuerza laboral de una ciudad depone sus herramientas de trabajo y rehúsa trabajar hasta que determinadas demandas sean atendidas, estamos ante lo que se llama una Huelga General. Este mecanismo fue ideado por los anarquistas en el siglo diecinueve, quienes no conformaban una fuerza de trabajo, pero quienes eran gente de convicciones anti-estatales.

Rosa Luxemburg (1871–1919), la pensadora revolucionaria polaca, reescribió el concepto de Huelga General, reclamándolo para la fuerza laboral (proletariado) luego de ser testigo de grandes huelgas Generales a través del
imperio ruso que comenzaron en el año 1896 y culminaron con la masiva Huelga General de 1905. Georges Sorel (1847-1922), intelectual francés cuya ideología política pasó de la izquierda hacia la derecha, también concibió la Huelga General como un medio de inyectar energía a la fuerza laboral.

El historiador y sociólogo afroamericano W.E.B. Du Buois (1868-1963) describe el éxodo de los esclavos, inmediatamente después de la Emancipación, como una Huelga General porque el sistema esclavista no había permitido al “Proletariado Negro” (fuerza laboral para la industria algodonera) organizarse como una fuerza laboral regular. En la misma época, Mahatma Gandhi (1869-1948), el liberacionista nacional indio, reescribió una vez más la Huelga General, reclamándola para los colonizados sin considerar la división de clases y conceptualizándola ya no como un movimiento de la clase trabajadora sino como una mezcla de desobediencia civil y boicot político a lo que llamó “No cooperación.”

Hoy en día la fuerza laboral global se encuentra profundamente dividida y la globalización opera a través de un sistema de finanzas—comercio en monedas desiguales—que tiene poco que ver con la fuerza laboral. Debido a esta división, este es, una vez más, el momento de convocar una Huelga General. Esta ya está siendo reclamada por aquellos que han sido despojados de sus derechos por un sistema cuyos beneficios fluyen constantemente hacia arriba: hacia el rescate de los bancos y lejos de los sistemas de salud y educación y de todas las áreas donde más se les necesita. Ahora, el trabajo tiene la oportunidad de unir esfuerzos para redefinir la Huelga General como una colectividad de todos los ciudadanos despojados: el 99%.

Antonio Gramsci (1891-1937) definió a aquellos que no tenían acceso a la estructura estatal de beneficencia, y a aquellos que no tenían un rol en el estado, como los “subalternos”: los más pobres de los pobres. Hoy, esta historia también está siendo reescrita. Lo que estamos presenciando es la subordinación de la clase media, el sector más amplio del 99%. La visión de La Huelga General, tal como Dubois y Gandhi la entendieron, en su momento se está convirtiendo en un poderoso símbolo que rebasa el conflicto entre el binomio trabajador/patrón tan nítidamente ensamblado.

En estos momentos, hay varias características de la Huelga General que debemos tener presentes:
1. Una Huelga General es llevada a cabo por aquellos que sufren la injusticia diaria, no por ideologías motivadas por la indignación moral.
2. Una Huelga General es, por definición, no violenta, aunque el aparato represivo del sistema haga uso de violencia extrema en contra de los huelguistas.

3. Una Huelga General consiste, generalmente, en demandas enfocadas a reformar o reescribir las leyes, por ejemplo, la duración de la jornada laboral para los trabajadores rusos, la 14ª y la 15ª Enmiendas (aunque solo substancialmente expresadas) para los ex esclavos, la descolonización en la época de Gandhi, etc.
Si se reconoce la conexión entre la Huelga General y la Ley, veremos que no es un reformismo legal lo que se reclama, sino la justicia social y económica. Prohibir los rescates bancarios, instituir la supervisión legal de la política fiscal, imponer tributos a los ricos, la no corporación de la educación, suprimir los subsidios a los combustibles fósiles y a la agricultura, y así sucesivamente. El fuerte compromiso legal y su implementación es una apuesta por la justicia. Y debemos recordar que, a diferencia de un partido político, los gestores de una Huelga General no deben cooperar hasta que no vean realmente los cambios. La presión ya está funcionando: podemos testificar acerca de la victoria en noviembre al luchar contra el 5% sobre los cargos de las tarjetas de débito.

Las Huelgas Generales son siempre, en cierto sentido, contra “Wall Street”, más ampliamente descrito como capitalismo. Sin embargo, debido a que las revoluciones se han producido también en contra de regímenes nefastos representados por dictadores o reyes, nuestra idea de “revolución” es confundida con la lucha armada y el cambio de régimen. En Rusia, los zares. En China, un decadente feudalismo y un eurocolonialismo. En América Latina, el sistema feudal. En Francia, la monarquía de los Borbones. En los Estados Unidos, la monarquía de Hanover y, posteriormente, el sistema esclavista. Actualmente en el mundo árabe, Zayn al-Abidin Ben Ali en Túnez, Hosni Mubarak en Egipto, y Muamar Gadafi en Libia.

Por el contrario, en el movimiento de Occupy, el espíritu de la Huelga General ha devenido por sí solo y ha unido fuerzas con la tradición estadounidense de la desobediencia civil: la gente contra un estado capitalista desregulado, no contra un individuo o un régimen. Por consiguiente, a corto plazo, debemos cambiar las leyes que actualmente hacen que el Estado le rinda cuentas a los negocios y a los bancos, en lugar de a la gente; y, a largo plazo, establecer y fomentar una educación que mantenga viva la voluntad de justicia.