15/2/13

El juego de Bizancio y la idea de crisis en Gramsci

Gerardo Muñoz

No es nada sorprendente que la Izquierda de hoy no busque respuestas en los libretos carcelarios del pensador italiano Antonio Gramsci para hallar formulas y repensar el concepto de crisis, pues aquellos son los mismos que se aferran a las lógicas culturales del nuevo orden global, y que piden, a la manera de Francis Fukuyama, el fin de la historia que, a su vez, no es mas que el fin de la política y de la confrontación ideológica. Pero como ya lo ha señalado Fredric Jameson, el inconciente político actual no es más que un espacio vacuo que viene a ocupar, en esa ausencia de substancia, la culturización de las esferas sociales y políticas. Es un lugar común hoy en la discusión sobre la crisis, a plantearse dos ingenuidades: la primera es de una posición totalmente naïveté de la dialéctica histórica, que entiende esta crisis como desmoronamiento tangible del orden capitalista mundial y la llegada de un populismo
(algunos se atreven a seguir las pautas ya dadas por Ernesto Laclau) – Hugo Chávez, o Evo Morales en America Latina – que ha comenzado a plantearse como alternativa real y que próximamente abolirá el sistema total de la capitalización en la aldea global. El segundo manejo estratégico para leer la crisis, se basa en la "naturalización" del evento, es decir de entenderlo como un ciclo natural mas del propio sistema, en el cual, si bien ahora nadie puede resolver nada, ni los propios economistas mas prestigiosos, en el camino se pueden llegar a soluciones para mejorar las condiciones preexistentes dentro del status quo. Este lenguaje de lo que podríamos tildar de "universalización natural" de los problemas de nuestro horizonte político, social, y económico, no eran del todo ajenos al pensamiento político de Gramsci. Justo en un apunte de 1932 conceptualizado como "Teoría contra el Bizancionismo", Gramsci muestra el problema de la unidad teórica para entender un evento histórico, que da por alto la realidad concreta y material de un proceso contemporáneo. La última sentencia de aquel apunte es merecedora de ser citada: "Si no se puede expresar en la especificidad de sus términos [el análisis universal], entonces estamos jugando a la abstracción de Bizancio y del Escolasticismo de algunos charlatanes" [1]. La teorización que se hace de la crisis actual figura mas en ese molde de Bizancio que Gramsci dibujaba desde los confines de su cárcel, que a una propuesta que verdaderamente medite sobre la manifestación multidimensional de lo que hoy es realmente la crisis mundial, o lo que entendemos por «la crisis».

Gramsci, como los grandes pensadores de la Historia, tuvo el acierto de conceptualizar la idea de "crisis" como concepto dentro de su propio discurso. "El giro poético de la filosofía es la terminología" [2] – reza una bella frase de Giorgio Agamben, y Antonio Gramsci lo consigue al definir la crisis no como un concepto desplegado de la realidad, sino como una contingencia mediadora: «la crisis orgánica consiste en que lo viejo no muere y lo nuevo no puede todavía nacer».

Entre aquello que desconocemos (la temporalidad del futuro histórico), y el empiricismo del pasado, Gramsci coloca con acierto la crisis en ese abismo epistémico que se abre entre la unidad histórica. ¿Qué se entiende, entonces, como aquello que no muerte y eso que está por nacer? ¿No es un gesto nihilista de aquello que, en su anunciación discursiva, parece no tener sustancia epistemica para solidificar las bases de la superestructura del cambio? El giro gramsciano de la crisis da entender primero que todo, la idea de crisis es una multiplicidad estratégica, en la cual no hablamos ciertamente de "una" – como unidad numérica como lo distinguió una vez Dons Scotus, sino como una casuística plural, que de hecho nos recuerdo a J.S. Mill, y que por consecuente exige nuevas formas de pensar formas de resistencia para un proyecto progresista. Al negar la idea de aquello que no ha muerto, Gramsci además hace un gesto sobre la especulación del origen de un crisis, puesto que para él no existe un evento histórico, un momento temporal, una circunstancia que apunten hacia el origen de los fundamentos de la crisis, sino que los eventos son de hecho manifestaciones del proceso de la crisis. Los que hoy, desde la Izquierda, analizan la crisis comenten el error de caer en la efímera búsqueda de culpables (la hegemonía estadounidense, la pujante economía de China, el costo del petróleo, la burbuja de bienes raíces…y un largo etc.), en cambio, para Gramsci el evento es un efecto a posteriori de la crisis como fenómeno vigente, puesto que la crisis pertenece no a la actualidad de las cosas, sino a la potencialidad de la estructura del sistema.

Gramsci prefiere leer la crisis como una totalidad del propio Estado, es decir, de los funcionamientos culturales hegemónicos, políticos, y sociológicos inseparables de la compactibilidad de sistema. Es por ello que, la idea de "crisis" en la hermenéutica de Gramsci, se vincula a las crisis ideológicas y orgánicas del Estado. Entendido desde este ángulo, la famosa sentencia fundacional sobre la crisis se debe aproximar no como un abismo de inactividad intelectual o revolucionaria, sino todo lo contrario: como un momento emancipador – para usar el término de Jacques Ranciere – donde precisamente es posible girar el sistema hacia nuevos horizontes de una reorganización de las fuerzas orgánicas y culturales que suplementen la crisis en la totalidad. Esta suma se inscribe dentro de una lectura estructural del sistema global (sorprendentemente algo que ya hacia Gramsci en los años treinta al escribir estos apuntes, a propos de la crisis de Wall Street en Estados Unidos de aquella década), donde cada particularidad, bien sea de organicidad política o cultural, responde a la extensa matriz del sistema capitalista que por naturaleza es una entidad universal. Es decir que jugar a ser el defensor de la Venezuela de Hugo Chávez o la Bolivia de Evo Morales, utilizando la definición y el estado de crisis actual, seria volviendo a la metáfora dorada de Gramsci, un ejercicio baladí, o un entretenimiento verbal con las ideas de un antiguo e remoto Bizancio: una estetizacion del verdadero conflicto que genera el estado de crisis global.

La desorganización de la Izquierda responde tanto a la culminación del utopismo tradicional del siglo XX, pre-Muro de Berlín, como a la particularización de la idea de crisis como concepto periódico y singular. En efecto, si algo rechazaba Antonio Gramsci era esa idea: "…todavía no se ha llegado ha entender que el mundo es una unidad, gústele a quien le guste y pésele a quien le pese, todos los países mientras se mantengan en sus condiciones estructurales, entraran siempre en la crisis" [3]. Adoptar hoy, una mayor unidad sobre el entendimiento del concepto de la crisis, quizá llevaría a la Izquierda actual ha reconocer como su propia falta de presencia orgánica o contra-hegemónica, a niveles de oposiciones han llevado, por otra parte, al vitalismo y fortificación de ese futuro que "aun no acaba por llegar" como deja claro el filosofo italiano. De igual forma, el fallo de la política y del Estado, hace pensar que la instrumentación de la política queda al margen, y que solo un planteamiento humanista o cultural es posible como posición intelectual. Pero otra vez, como diría Fredric Jameson, estamos en presencia de la ideología en su forma mas pura: la idea de crisis es, en todo caso, la afirmación que la política es el acto de lo imposible, y que es en ese abismo material donde una política subalterna debe surgir para remplazar el modelo y base de la crisis de la ideología hegemónica.

En un fragmento titulado escuetamente "Calidad de Vida" Gramsci advierte sobre los males de los discursos "humanitarios" o lo que el llama "extra-políticos". Cuando el Estado ha llegado a su fracaso consumado a la hora de suministrar las mínimas condiciones de bienestar al pueblo – nos dice Gramsci, es curioso como intenta, desde sus límites ideológicos, neutralizar su fracaso a través de un velo cultural o extrapolítico. Adelantándose por muchas décadas a lo que después seria La lógica del Capitalismo Tardío, ya aparecen en los apuntes de los Diarios de la Prisión de Antonio Gramsci, las formas de una económica del rechazo hacia esa lógica de lo despolitizado. Una relectura profunda de todo lo que nos ha legado Gramsci sobre la idea de crisis orgánica, hegemónica, y económica aclara nuestro presente y también limpia los aires de ese abismo que nos impide ver el ocaso de otro futuro.

Notas

[1] Selections from the Prison Notebooks. "Against Byzantinism" (p.200-201) de Antonio Gramsci. International Publishers 1971.
[2] "¿Que es un paradigma?" Conferencia de Giorgio Agamben
[3] Further selections from the Prison Notebooks. (p.271) London: Lawrence & Wishart, 1994