13/2/13

El carácter del Estado y la profanación a Gramsci

  • Pretenden explicar a Gramsci, pero sin las ideas de Gramsci. Reclaman el concepto hegemonía, pero rechazan el concepto de guerra de clases.
  • Hablan de política para los dominados, pero sin un partido político revolucionario. Anuncian una reacción violenta de parte de los dominadores, pero se niegan a preparar una estrategia y táctica que signifique usar la violencia de los dominados y explotados contra sus opresores. 
  • Describen el tremendo poder ideológico inyectado permanentemente a las venas de los explotados, pero rechazan la convicción de crear una plataforma ideológica contestataria a la hegemonía imperante.
Marcelo D. Cornejo Vilches

¿Qué nos dicen las ciencias sociales sobre el Estado? Una primera cuestión que es enrostrada es que tal como Marx, nunca terminó su estudio sobre “El Capital”, tampoco elaboró o terminó teoría alguna sobre el Estado.
Este hecho dota de libertad a toda calaña de oportunistas para engañar y estafar al incauto llevándolo a un espacio vacío que se llena afirmando que, si bien es cierto que el Estado tiene una naturaleza de clases, en su configuración interna, en sus niveles decisorios, en sus núcleos claves, en los centros de poder estratégicos y en sus funciones, el Estado seria un terreno en disputa entre las distintas clases sociales. Y sería así porque el Estado tiene un conjunto de recursos y bases materiales e ideológicas que le es propio y que no depende de dominación política clasista alguna.

Por consiguiente, el Estado ve cómo su origen de clases va quedando atrás para, a medida que se fortalece su aparato burocrático, ir adquiriendo cada vez y con mayor fuerza un carácter mediador en el conflicto social. En consecuencia, el poder del Estado es una cosa muy distinta al poder de clases. Dicho esto, se debe combatir la reducción del Estado a un simple instrumento de dominación de clases. Con esto la tarea fundamental a acometer seria concentrarse en el modo de organización interna del Estado, toda vez que si se llegan a controlar algunos centros o núcleos de poder, es posible que el Estado beneficie directamente las aspiraciones económicas de intereses de clasediversos. En este sentido, el Estado es un territorio político en disputa y mantiene una autonomía relativa respecto de las clases sociales. Y esto sería así porque en el seno del aparato del Estado solamente algunas áreas o núcleos específicos detentan el poder efectivo o la capacidad de control, iniciativa y decisión real. Estos núcleos pueden ser ocupados, controlados o influidos directamente por diferentes clases sociales. De este modo, “el poder relativo” de cada clase social se puede medir por la distancia o lejanía en relación al centro decisorio estatal más importante. Esto no puede ser de otro modo si se considera al Estado como un acervo de distintos niveles, tanto inferiores como superiores, cuya complejidad depende del nivel de subordinación a determinado núcleo de control y poder efectivo. En conclusión, “el carácter del Estado” es distinto al “aparato del Estado” y la forma en que se organiza y realiza sus funciones también es diferente al control de tal o cual clase social. Estado y clases serían dos polos distintos y autónomos de una misma relación histórica.

A estas ideas se la reviste de un grado mayor de complejidad al asociarle como contenido imágenes supuestamente planteadas por Antonio Gramsci(1). De este modo, se afirma que el célebre comunista italiano habría entendido al Estado en un sentido orgánico y más amplio que el de mero instrumento de clases, definiéndolo como el conjunto formado por la sociedad política (productora de la fuerza y coerción) y la sociedad civil (generadora del consenso y hegemonía –dominación político ideológica-). Este sería el "Estado integral", donde el Estado es apenas una muralla externa; detrás de ella hay una compleja y poderosa estructura de represas, pesas y contra pesas, y sofisticadas fortificaciones que resguardan la estructura de dominación. El Estado es tan sólo una zanja exterior, detrás de la cual se levanta un poderoso sistema de fortificaciones. Por ello la estrategia política en lugar de ser el enfrentamiento directo, debe ser el avance político gradual por medio de la construcción de una contra-hegemonía ideológica. Así, la diferencia entre los sistemas políticos de cada región o país dependería del grado de desarrollo de capitalismo. Por consiguiente, en una sociedad de gran desarrollo el Estado es un mero cascaron, mientras que en una sociedad de desarrollo capitalista precario el Estado viene a representar un todo compacto con la estructura económica. Dicho esto, la lucha política se representa mejor como una guerra de posiciones al interior de ese gran terreno que es el Estado. En esa guerra de posiciones hay que ir venciendo y conquistando casamatas y trincheras de las áreas vitales del mismo Estado para, de este modo, hacerse del control estatal.

No obstante, afirmar que el Estado es un entrelazamiento de casamatas, y puntos de decisiones autónomas, significa afirmar que entre ellos no existe una lógica, una ideología, una ligazón que los vincule. ¿Cómo se amarran entre sí estos compartimentos?, ¿es posible que existan niveles estatales neutros que medien en la lucha de clases o que sirvan de "premio" para una u otra clase o fracción de clase en lucha?. ¿Que papel juega el Estado en la economía? Los ciudadanistas tampoco se refieren a este problema. ¿Acaso el Estado actúa en forma independiente o neutra respecto al plano económico?

Llegado a este nivel del análisis podemos cuestionar también el criterio básico con que se plantean los ciudadanistas, a saber, la separación entre función de Estado y organización estatal. Pero, ¿de dónde nace la función del Estado?, ¿la organización no es resultado de la función?. Este método analítico propio del ciudadanismo hace que este nunca rebase los límites del mero formalismo cognoscitivo toda vez que cae en cierto fetichismo ideológico institucionalista al atribuirle vida propia a sectores del aparato del Estado, como si sus partes se comportaran como una clase social real. Es como imaginar a un ser vivo con brazos y piernas con vida y conciencia propia distinta a la existente en el resto de los miembros del mismo cuerpo. Esto da indicios de que el ciudadanismo es puro formalismo.

Por consiguiente, el problema no es si operan o no las determinantes de la sociedad de clases en el Estado, sino cómo operan las leyes de la sociedad de clases en el proceso de construcción, organización y función del Estado. Negar esta problemática por medio de la relegación y exclusión del materialismo histórico sustituyéndolo por el estudio específico de casos particulares y locales, tal como lo hace el ciudadanismo, es caer en cierta vulgarización del historicismo. Porque aunque se diga que Marx no terminó El Capital, el capital nace de la explotación asalariada. Análogamente aunque se diga que Marx no acabó una teoría del Estado, el funda su naturaleza, lógica, funcionamiento y aparato en la lucha de clases y la sociedad de clases.

En este marco creemos necesario recordar lo que Marx apuntaba en “La Contribución A La Crítica De La Economía Política”: “El resultado general al que llegué y que una vez obtenido sirvió de hilo conductor a mis estudios puede resumirse así: en la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una fase determinada de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas. Estas relaciones se convierten en trabas suyas, y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica se transforma, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella.

Cuando se estudian esas transformaciones hay que distinguir siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas. En una expresión, las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo. Y del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a estas épocas de transformación por su conciencia, sino que, por el contrario, hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción. Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadasrelaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, porque, mirando mejor, se encontrará siempre que estos objetivos sólo surgen cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando las condiciones materiales para su realización. A grandes rasgos, podemos designar como otras tantas épocas de progreso en la formación económica de la sociedad el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal y el moderno burgués. Las relaciones burguesas de producción son la última forma antagónica del proceso social de producción; antagónica, no en el sentido de un antagonismo individual, sino de un antagonismo que proviene de las condiciones sociales de vida de los individuos. Pero las fuerzas productivas que se desarrollan en la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de ese antagonismo. Con esta formación social se cierra, por lo tanto, la prehistoria de la sociedad humana.”(2)

Por consiguiente, creemos necesario recordar que la única forma en que se puede caracterizar la acción política y evaluarla, la única forma de conocer al Estado, es por los resultados de sus acciones. ¿Cuáles han sido los resultados políticos e ideológicos del Estado burgués en la historia?, ¿existen casos de estados burgueses en que en la práctica hayan significado la liberación de los explotados y dominados?

Si el Estado es la súper estructura del capitalismo, entonces tiene una sustancia ideológica inyectada a cada momento y lugar en las venas de la sociedad por medio de los sistemas educativos, comunicacionales, publicitarios, etc.; en todas las dimensiones del Estado: poderes, estructuras, organismos, medios, jerarquías. Simplemente porque la base económica de la que dependen los individuos descansa en la propiedad privada y la explotación al trabajo asalariado. El ciudadanismo subraya y sobre enfatiza la fracción, la separación, ¿Pero qué une a todas las fracciones de clase hegemónicas?, ¿cómo se organizan esos pensamientos e intereses? Sólo es posible sustentar la hegemonía en algunos pilares ideológicos fundamentales, cierta homogeneidad ideológica compartida por todas las facciones de clase dominante y aceptada por las clases subalternas. Por ejemplo, ¿Qué permite que los intereses de los bancos y los intereses materiales de las PYMES, pese a ser intereses económicos contradictorios, permanezcan acoplados y unidos en la historia? La articulación e imbricación entre distintos intereses de clase dominante sólo puede provenir del respeto a la propiedad privada y a las leyes económicas del capitalismo. Esta es la base sobre la cual se pueden ensamblar distintos intereses económicos.

En el ciudadanismo todo lo referido a la guerra, la hegemonía, las clases, el partido, la propiedad privada y la esencia del capitalismo desaparecen como por arte de magia. Se olvida que en todos los análisis hechos sobre Gramsci los conceptos “hegemonía”, “Estado”, “partido”, “política” y “filosofía” se explican y adquieren contenido en el marco de la lucha de clases, o de la guerra civil de clases. En este sentido, Gramsci nunca olvido que la guerra es el sometimiento del enemigo venciendo su voluntad y capacidad de luchar o resistir. El propósito es que el enemigo haga suya las ideas, principios, teorías, filosofía, ideología del vencedor. Es a este proceso de sometimiento que Gramsci le asigna una importancia superlativa, conceptualizándolo como Hegemonía. Si no se entiende el esfuerzo de Gramsci en perspectiva de lucha de clases y de explicar el desarrollo de la guerra de clases en la sociedad, toda interpretación es errada, máxime que Gramsci no se cansa de señalar que en la sociedad capitalista son las relaciones sociales materiales de explotación y dominación las que explican un tipo determinado de hegemonía. En este sentido, su preocupación primaria será entender la prolongación del control burgués y la subordinación o sometimiento de los explotados sin obligar a los dominadores a desgastarse permanentemente empleando métodos y técnicas coercitivas, materiales y físicas. Tampoco debe olvidarse el énfasis e importancia puestas en el origen social e histórico de los conceptos. Estos se explican en función de las relaciones sociales de producción. Su contenido en una sociedad capitalista es llenado con la sustancia provista por la fuente social e histórica que en el capitalismo no es otra más que la explotación asalariada de la burguesía sobre los trabajadores. Este antecedente es vital porque Gramsci al explicar la dominación de clases incorpora como sostén a la Hegemonía, aquel sometimiento, consentimiento, legitimidad y reproducción que los explotados, los dominados, los productores del valor y la riqueza en la sociedad realizan con el aparato legal, ideológico, cultural, identitario de la clase dominante y explotadora.

Sabemos que las cosas más elementales tienden a olvidarse. Por eso es preciso que nos preguntemos ¿qué hace suponer a los apologistas del ciudadanismo la no producción de sus conceptos bajo la hegemonía burguesa si lo primero que hacen es disociar el análisis social de las fuerzas en que se funda la realidad histórica?, ¿sigue teniendo validez teórica el concepto hegemonía si este es desprovisto de su cuna, la lucha de clases?, ¿Para qué se ha perfeccionado y complejizado el sistema educativo, ideológico, publicitario y comunicacional de la sociedad?, ¿Es posible que el refinado concepto heredado por la burguesía (que hoy se funde en el ciudadanismo) pueda educar a los dominados y explotados con miras a su revolución y liberación?.

A continuación el rompecabezas se extiende pues ¿Cómo construir contra hegemonía sin poder político real, sin cambiar radicalmente las relaciones sociales?, ¿Qué rol ocupa la política en el ciudadanismo?, ¿Cómo se hace política en el ciudadanismo?, ¿qué sentido tiene discutir o deliberar sin la posibilidad de aplicar, concretar y materializar la acción y el discurso?, ¿se puede disputar la hegemonía burguesa sin la acción política real y concreta de los explotados?, ¿Cómo se hace para que las clases hegemónicas pierdan su preeminencia y obedezcan o se sometan a la contra hegemonía?

En este sentido creemos que el ciudadanismo promueve una política de fachada, de apariencia, de participar sin decidir, de discutir sin convertir la voluntad en acción, en proceso y contenido político real.

El asambleísmo sin conciencia de clases, sin política, sin proyecto de liberación, no es acción política real, es sólo un cúmulo de discursos castrados de su potencial revolucionario. Si la crítica une teoría y práctica, la única forma de dotar de efectividad la acción política propia de un lógica de asamblea es criticando sus presupuestos ciudadanistas.

El papel unificador desempeñado en algún momento de la historia por parte de la Iglesia, la nación, el Estado, el pueblo, hoy es asumido por la “asamblea de ciudadanos”. Dotar de mayores niveles de cohesión entre “los de arriba” y “los de abajo”, ese es el cometido del ciudadanismo sin conciencia de clases, sin política revolucionaria, sin vocación de poder, sin acción, sin armadura, sin partido revolucionario.

Es sólo la palabra desarmada e inerme frente a sus verdugos. Por esta razón el ciudadanismo es puro eclecticismo pues se convierte en amalgama que unifica y es funcional a la hegemonía burguesa.

Ahora bien, Gramsci subraya que la única forma que tienen los explotados para desafiar, desmontar y destruir la hegemonía es el partido revolucionario. Este “Moderno Príncipe”, ¿qué rol y función tiene en el entramado discusivo del ciudadanismo? Dicho de otro modo, ¿Qué importancia le asigna el ciudadanismo al partido revolucionario?, ¿Podemos construir hegemonía o desmontar la hegemonía burguesa sin un partido político revolucionario?, ¿se puede aspirar a desconstruir el Estado burgués sin construir previamente el partido político revolucionario? Es menester recordar que para Gramsci la síntesis entre teoría y práctica es el partido revolucionario, fuente a su vez de la nueva legitimidad y de la nueva cohesión social. El partido es clave en la cristalización de la conciencia de clases, de esa “voluntad colectiva” a la que recurren para justificarse ante la historia las distintas clases sociales cuando han hecho su revolución.

El partido político revolucionario es ese nuevo “Espíritu Universal”, ese nuevo Estado en ciernes que corta los tentáculos del poder que se derriba. A este respecto es conveniente recalcar que las crisis de hegemonía hunden sus raíces en la crisis material del capitalismo, la que siempre obedece a factores objetivos. Empero, hasta el momento el capitalismo ha logrado superar sus crisis recurriendo a sus propios arsenales. Sólo la iniciativa política revolucionaria de los explotados es capaz de sellar la puerta a las eventuales salidas del capitalismo.

La problemática es central toda vez que Gramsci sostiene que el partido revolucionario es la estructura y plataforma básica para crear ese nuevo proyecto histórico que hace brotar la férrea convicción y voluntad de resolver el problema de los explotados y dominados destruyendo y superando la súper estructura burguesa.

Dicho esto, los ciudadanistas nunca aclaran cómo ejercer el poder efectivo. Por ejemplo, ¿qué papel tienen la violencia y la ideología en el proceso político?. Sólo se puede cavilar cierta propensión al pacifismo y al legalismo, mas no una definición clara respecto de cómo hacer de la política una actividad con resultados sustantivos.

En el plano epistemológico, los ciudadanistas se caracterizan por la incapacidad de lograr una síntesis entre teoría y práctica. Ven como cosas separadas la hegemonía y la lucha de clases, la dominación y la guerra, el discurso de la acción política, la capacidad de reunirse a deliberar y la forma en que debe imponérsele a los explotadores las decisiones de los explotados en dichas deliberaciones. En definitiva, separan lo social de lo polític,o y lo político lo definen institucionalmente. En este sentido generan un conocimiento meramente formal. Se refugian en Gramsci pero lo vacían de su contenido al pretender disociar la hegemonía de la guerra de clases, o el carácter de clases de la sociedad respecto del aparato estatal. Olvidan que para Gramsci el momento cúlmine de la realización de la política es la revolución, la creación de un nuevo Estado, de un nuevo poder y de una nueva sociedad. Pretenden explicar a Gramsci, pero sin las ideas de Gramsci. Reclaman el concepto hegemonía pero rechazan el concepto de guerra de clases. Hablan de política para los dominados, pero sin un partido político revolucionario. Anuncian una reacción violenta de parte de los dominadores, pero se niegan a preparar una estrategia y táctica que signifique usar la violencia de los dominados y explotados contra sus opresores. Describen el tremendo poder ideológico inyectado permanentemente a las venas de los explotados, pero rechazan la convicción de crear una plataforma ideológica contestataria a la hegemonía imperante. Describen cómo el bloque hegemónico pese a presentar distintas fisuras y contradicciones se mantiene cohesionado, pero rebaten la idea de crear una plataforma ideológica homogénea entre los dominados para enfrentar la hegemonía de los dominadores.

Algunos incluso se declaran enemigos acérrimos de todo tipo de Estado y luchan contra el actual Estado Nacional, pero alegremente se reclutan en la lucha por la construcción de un Estado nacional aparte, siéndoles absolutamente indiferentes la existencia de contradicciones de clases entre los mismos nacionales.

En definitiva, clausuran los efectos y resultados de la acción política de los explotados y dominados, la que no puede ser otra más que la construcción de una nueva hegemonía mediante la revolución.

Fuentes

(1) “Cuadernos de la Cárcel”, Edición Crítica del Instituto Gramsci, Biblioteca ERA, México 1985.
(2) Prólogo a “Contribución a la Crítica de la Economía Política”, Carlos Marx.