21/1/13

Paradojas de la ‘Campaña Admirable’ / Bolívar en Taguanes y Boves en Valencia

Julio Rafael Silva Sánchez

La Ruta Libertadora: de los Andes a los Llanos

Especial para Gramscimanía
Durante las cruentas luchas que caracterizaron al proceso de la Independencia, las tierras y poblaciones que circundaban a Valencia no escaparían a esta prolongada situación de revuelta y sangre. Su ubicación geopolítica, como puerta de acceso a los llanos occidentales y de ellos a Puerto Cabello, hizo de estos poblados plazas de interés para la geografía militar de entonces. El 27 de julio de 1813, Simón Bolívar, triunfante en la Campaña Admirable (la cual había iniciado el 27 de abril de ese año en San José de Cúcuta), vencedor en San Cristóbal, La Grita, Trujillo, Barinas
proveniente de Guanare y Araure, llega a San Carlos. La ruta seguida por el Libertador desde la Villa de Araure hasta San Carlos era de aproximadamente 15 leguas (85 kilómetros), jornada que cumplió en un solo día, tal y como lo demuestra la documentación existente.  En efecto, el mismo día 27 de julio Bolívar despachó dos oficios: uno firmado en Araure y otro en San Carlos, según lo sostienen los historiadores Agüero, González y Bolívar en su obra Ruta Libertadora (publicada el año 2000).

En la ciudad de San Carlos, el 28 de julio Bolívar ratifica la proclama de Guerra a Muerte dictada en Trujillo un mes antes, el 25 de junio, con la publicación de una “Proclama a los Españoles y Canarios”, cuyos principales rasgos, incluidos en los Escritos del Libertador (1968), están esbozados en los siguientes términos: “Por última vez, españoles y canarios, oíd la voz de la justicia y la clemencia. Si preferís nuestra causa a la de los tiranos, seréis perdonados y disfrutaréis de vuestros bienes, vida y honor; y si persistís en ser nuestros enemigos, alejaos de nuestro país o prepararos a morir.” (Bolívar, Tomo IV, 1968: 385)

Taguanes: hito fundamental en la victoria patriota

El 29 de julio Bolívar fue informado de la presencia del Teniente Coronel realista Julián Izquierdo en Tinaquillo, ante lo cual se puso inmediatamente en marcha hacia ese lugar. En la mañana del 31 de julio se encontró con la vanguardia enemiga en la sabana de Pegones.  El Mayor Rafael Urdaneta, con un cuerpo de 1.000 hombres, atacó a las avanzadas realistas y las venció, pasando al otro lado de las alturas, en donde el enemigo estaba formado. Ante esta situación, Izquierdo ejecutó un movimiento retrógrado y se replegó en la sabana de Taguanes. Hacia este lugar enfiló Bolívar su ataque con su infantería al frente y la caballería en el ala derecha, con la cual hizo un desbordamiento del flanco izquierdo realista. En una maniobra desesperada que buscaba neutralizar el ataque de las fuerzas de Bolívar, Izquierdo emprendió la retirada, pero durante la ejecución de la misma fue sometido por los republicanos.  La Batalla de Taguanes es, así, un inusitado canto a la gloria: Bolívar derrota a los realistas y allí, en la inmensidad de las sabanas tinaquilleras, el Sargento Primero José Laurencio Silva (aquel aguerrido y fogoso combatiente tinaquero, a quien José Carrillo Moreno  calificaría de “paradigma de lealtad”) obtendrá uno de sus primeros triunfos, al lado de  Rafael Urdaneta, Atanasio Girardot, Luciano D´Elhuyar,  Fernando Figueredo y otros insignes integrantes de lo más granado del Ejército patriota.

No es exagerada la afirmación histórica según la cual en la Batalla de Taguanes se consumó militarmente el éxito de la Campaña Admirable desde antes de llegar Bolívar a Caracas. Taguanes constituye una de las primeras batallas comandadas personalmente por  Simón Bolívar, en la cual demostró su pericia y su genio excepcional para la estrategia militar. La jornada, además, es la última acción de la Campaña y en ella materialmente quedan derrotadas las fuerzas realistas de Monteverde que operaban en el centro de la Capitanía General. La Batalla de Taguanes es, pues, la más importante de toda la Campaña y constituye el golpe de gracia a toda la resistencia organizada de los realistas. Por consiguiente, sobre la base de este triunfo se instauraría el intento de un gobierno de modelo republicano aquel exitoso año, intento que se ha convenido en denominar la Segunda República.

Valencia: entrada triunfal y perseverancia en la lucha

Dos días después, el 2 de agosto, entra Bolívar a Valencia, en medio del frenesí del pueblo. Desde aquí dirige un oficio al Jefe Militar del Supremo Congreso de Nueva Granada, documento inserto en los Escritos del Libertador (1968), en donde, al comunicarle los éxitos obtenidos, le explica que había tomado la ciudad sin la menor resistencia y daba terminada la jornada en los siguientes términos: “…tiene Usted terminada la campaña, pues no creo que en los pocos lugares que nos quedan por liberar se nos presente una acción campal. En Caracas no hay más fuerza que la necesaria para contener a los patriotas de aquella benemérita ciudad, y ésta no podrá salir de allí, sin que en el momento rompan sus cadenas los dignos hijos de la capital.” (Bolívar, Obra Citada: 278)

Aquí en Valencia, Bolívar dejará como Gobernador Militar a Atanasio Girardot, y con tropas de éste y de Urdaneta marcha hacia su objetivo principal: Caracas, su ciudad natal, en donde entrará triunfante el 6 de agosto, culminando de esta forma la Campaña Admirable  y lanzado hacia la gloria inmarcesible. La Gazeta de Caracas, en su edición del 26 de agosto de 1813, anotaría: “…que se considere al héroe caraqueño en medio de un concurso de más de 30.000 almas recibiendo los homenajes sinceros de todo un pueblo a quien acaba de libertar.” (BAHM, No. 68, 1971)

La Municipalidad de Caracas, reunida el 14 de octubre, lo confirma como Jefe Supremo y lo proclama con el titulo de Libertador (poco tiempo antes, el 23 de mayo de 1813, los pobladores de Mérida lo habían recibido y aclamado con tal título, el cual sería ratificado años después, el 6 de enero de 1820, por el Congreso de Angostura, quien lo condecora con el cognomento de Libertador y lo autoriza a utilizarlo en todos sus despachos y actos de gobierno). Tiempo después, Bolívar, el 2 de enero de 1814, en un discurso pronunciado en Caracas, diría: “…yo no he venido a oprimiros con mis armas vencedoras: he venido a traer el imperio de las leyes; he venido con el designio de conservar vuestros derechos. No es el despotismo militar el que puede hacer la felicidad de un pueblo, ni el mando que obtengo puede convenir jamás, sino temporariamente, a la República. Un soldado feliz no adquiere ningún derecho para mandar su patria. No es el árbitro de las leyes ni del Gobierno; es un defensor de su libertad.” (Bolívar, 2003: 65)

La Primera Batalla de Carabobo

Meses después, el 28 de mayo de 1814, ocurre la Primera Batalla de Carabobo. Luego de la refriega, con la victoria de los patriotas sobre el ejército español, comandado por Juan Manuel de Cajigal y Martínez, las tropas realistas se retiran hacia los llanos y atraviesan por Tinaquillo. El pueblo contempla sorprendido el paso de  los derrotados, perseguidos por Urdaneta, quien, en las Memorias del General Daniel Florencio O´Leary (1981), nos ofrece la narración:“…los patriotas (Urdaneta, Montilla, Lugo y ocho o diez más), al bajar a la sabana de Taguanes descubrieron a un grupo de caballería que huía al escape y lo siguieron, alcanzando de tiempo en tiempo uno que otro de los que iban quedando rezagados, y por los cuales se supo que efectivamente iba allí Cajigal, pero nunca se consiguió alcanzarlo, a pesar de haberlos perseguido hasta una legua más delante de Tinaquillo, ya en la noche. (O´Leary, Tomo VI, 1981: 316)

Bolívar, luego de la batalla, va a dormir a Tinaquillo, y se procura allí un merecido descanso, reposo que no le impidió disfrutar de las atenciones de los pobladores, sobre todo de las bellas tinaquilleras, deslumbradas por el brillo, el donaire y el talento del joven guerrero (Hay algunas consejas que se tejen por allí, dignas de una investigación de tenor distinto a ésta).

Boves en Valencia: el gran transgresor

Pocas semanas después, el 9 de julio de 1814 (día en el cual culmina el sitio de Valencia, que se había iniciado el 28 de marzo), Juan Manuel de Cajigal y Martínez, Capitán General de Venezuela, y Sebastián de la Calzada, su lugarteniente, citan en Tinaquillo al caudillo realista José Tomás Boves, reunión que no se efectuó, porque el asturiano no acudió. Lo significativo de este hecho es que las tropas realistas, en número de tres mil hombres, acampan en  Tinaquillo, encandilando a aquel pueblo mitigado que no llegaba a quinientos habitantes.

Mientras tanto, aquí en Valencia, el exterminio, las blasfemias, las torturas, el pillaje y los saqueos se complementarían con el famoso baile que se escenificaría (el 10 de julio), por invitación de Boves, en la casa de Miguel Malpica, llamado "el suizo", muy cerca de la Plaza Mayor y al cual había invitado a todos los notables de la ciudad. Al respecto nos dice el entrañable amigo Antonio Ecarri Bolívar en su bien escrita y mejor documentada Biografía de Miguel Peña (2011), que: “…Después de que el sanguinario y despiadado Boves juró ante la hostia, en la iglesia principal, respetar los honorables acuerdos de la capitulación, se burló de todos y ordenó a su segundo, Morales, tan sanguinario o más que él, comenzar una degollina por toda la ciudad. Aunque los patriotas estaban afligidos por la derrota y las atrocidades cometidas por los realistas, no imaginaron hasta dónde iba a llegar la crueldad de Boves y acudieron a un baile que organizó este sádico en la casa de Miguel Malpica, en la creencia de que el asturiano ya había saciado su sed de venganza. Concurrieron, obligados por las circunstancias, los sobrevivientes del sitio dos días después de la capitulación, esperando así apaciguar los ánimos de este engendro diabólico. Craso error.”  (Ecarri Bolívar, 2011: 95).

La matanza, el crimen y el estupro se prologarían por varias noches. Cuentan las consejas que las damas del baile se bebían las lágrimas, y temblaban al oír las pisadas de las partidas de caballería, temiendo lo que iba a suceder. En efecto, mientras Boves, con un látigo en la mano las hacía danzar el "piquirico" y otros corridos y coplas populares, la tropa cometía los más crueles y sangrientos actos de violencia y las tropelías más atroces. La sangre cubrió las calles y llegó hasta el río, en donde tiñó de púrpura sus aguas cristalinas.

Finalmente, es pertinente destacar otra infausta nota: seis días después, en la madrugada argentada del 15 de julio, en marcha hacia Caracas, Boves fusilaría en la Plaza Mayor de Valencia al abogado Francisco Silvestre Espejo Caamaño, gobernador civil de la ciudad. Ese sería el broche oro que marcaría para siempre el paso del sanguinario José Tomás Boves por Valencia, en aquella violenta senda de perversiones inimaginables que serían registradas por el propio Bolívar al describir al asturiano como: “…un jefe de bandidos, conocido por su atrocidad y perversidad, que está conduciendo a esas cuadrillas de salteadores por los caminos de los llanos (…) Boves es un hombre cruel que no parece haber sido amamantado con leche de mujer, sino con la de los tigres y las furias del infierno.”  (Bolívar, en Mier Hoffman, 2010:47)

Referencias Bibliográficas

Agüero, A., González S., A., y Bolívar, W. (2000). La ruta Libertadora. Barquisimeto: ediciones FUDECO.
Bolívar, S. (1968). Escritos del Libertador. Tomo IV. Caracas: ediciones de la Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Carrillo M. J.  (2007) José Laurencio Silva: Paradigma de Lealtad. Obras Completas. Tomo I. Caracas: Ediciones MINEP.
Ecarri B., A. (2011). Biografía de Miguel Peña. Caracas: Biblioteca Biográfica Venezolana / C. A. Editora El Nacional / BanCaribe.
López G., J. R. (1989). Crónicas del Tinaquillo de Ayer. Valencia: Vadell Hermanos Editores.
Mier H., J. (2010). Bolívar y la resurrección de Boves: dos hombres y un destino. Caracas: Contracultura.
O´Leary, D. F. (1981). Memorias. Caracas: ediciones del Ministerio de la Defensa.