14/1/13

Gramsci y la cuestión del Estado

Mabel Thwaites & Daniel Campione

La ampliación del concepto de Estado y la con­siguiente reformulación del con­cepto de hegemonía producida por Gramsci es uno de los aportes más sig­nificativos a la teoría del Estado contem­poránea. Más allá de contradicciones y debilidades ya muy bien señaladas por diver­sos autores, es preciso destacar como, al in­dagar sobre el aspec­to consen­sual de la dominación, Gramsci realiza un in­valorable aporte para desentrañar la complejidad de la dominación bur­guesa en las sociedades de capitalismo desarrollado. La relación entre coerción y consenso, entre dirección in­telectual y moral y dominio, entre hegemonía y dominación, in­disolublemente ligadas a las bases materiales de produc­ción y reproducción de la vida social, constituyen los
términos nodales de la reflexión gramsciana de mayor relevancia para entender nuestras sociedades.

El presente trabajo se propone, a partir de analizar el itinerario teórico de Gramsci sobre la cuestión del Estado desde la época de L’Ordine Nuovo hasta sus reflexiones carcelarias.

En una de sus obras más conocidas, Notas sobre Maquiavelo, Gramsci plantea: “Estado = sociedad política + sociedad civil, es decir, hegemonía acorazada de coer­ción”. En esa presentación el Estado va mas allá de lo que se considera jurídicamente como tal, e incorpora lo que Marx llamaba “los medios de producción ideológica”, como la Iglesia, los partidos políticos, los sindicatos, que expanden una visión del mundo y organizan a las masas.

Gramsci introduce así una noción ampliada del Estado, que lleva como consecuencia a la idea de que el Estado en sentido jurídico-político puede (y debería) ser absorbido por la sociedad civil, en cuanto es expresión de dominio de clase:
[...] es preciso hacer constar que en la noción general del Estado entran elementos que deben ser referidos a la noción de sociedad civil (se podría señalar al respecto que Estado = sociedad política + sociedad civil, vale decir hegemonía revestida de coerción.) En una doctrina del Estado que conciba a éste como pasible de agotamiento parcial y de disolución en la sociedad regulada, el argumento es fundamental. El elemento Estado-coerción se puede considerar agotado a medida que se afirman elementos cada vez más conspicuos de sociedad regulada (o Estado ético o sociedad civil).
¿Por qué amplía la noción de Estado incluyendo a la sociedad civil? Más allá de las contradicciones que aparecen a lo largo de todo el trabajo carcelario de Gramsci -como muy bien ad­vierte Perry Ander­son (1)- en torno a los conceptos de Es­tado, sociedad civil y hegemonía, es im­portante des­tacar que Gramsci, ahondando en esta problemática, pretende advertir que el fenómeno de la dominación en las sociedades capitalistas modernas es un proceso complejo en el que además de los aparatos de coerción, que representan una especie de “límite úl­timo” que garantiza la pervivencia del orden burgués, interviene toda una serie de mecanismos de transmisión ideológica ten­dentes a lograr un consen­so que le otorga bases más sólidas a la dominación. Así, hace un análisis profundo de las for­mas mediante las cuales las clases dominantes conservan su supremac­ía en las sociedades de capitalismo desarrollado, que resul­tan resistentes a la “irrupción inmediata del elemento económico”, a las contradic­ciones estruc­turales. Es decir que, lejos de producirse acomodamientos político-ideológicos (superestructurales) automáticos ante crisis o transfor­maciones económicas, como creían las interpretaciones economicistas y mecanicistas, las posibilidades de transformación radical de la sociedad que estos movimientos económicos parecían brindar se en­contraban limitadas por la exis­tencia de todo un entramado ideológico que afirmaba el orden exis­tente, más allá de los cimbronazos en la “base”. La “relativa autonom­ía” de los fenómenos ideológico-culturales respecto a los vaivenes de la economía, que ya había sido analizada por Marx, es abordada por Gramsci en profundidad para entender cuáles son los mecanismos que determinan el “atraso” de la dimensión política respecto a la econom­ía, y especificar por qué los dos momentos no se corresponden de manera directa sino que tienen una articulación compleja. En esta indagación, justamente adquiere relevancia el análisis no sólo del papel de la ideología en las sociedades modernas, sino de las formas específicas que adopta.

A. Las reflexiones sobre el estado antes de la cárcel

1. El Estado como lugar de constitución de la clase dominante

Tempranamente Gramsci concibe al Estado no como mero “instrume­nto” de la clase dominante, que lo toma y usa como tal, sino como el lugar donde la clase dominante se unifica y constituye para materializar su dominación no solamente mediante la fuerza, sino por una complejidad de mecanismos que garan­tizan el consentimiento de las clases subalternas.
“Las leyes de la historia estaban dictadas por la clase propietaria organizada en el Estado. El Estado fue siempre el protagonista de la historia, porque en sus organismos se concentra la potencia de la clase propietaria; en el estado la clase propietaria se disciplina y se unifica, por sobre las disidencias y los choques de la competencia, para man­tener intacta la condición de privilegio en la faz suprema de la com­petencia misma: la lucha de clases por el poder, por la preeminencia en la dirección y or­denamiento de la sociedad” (2)
Gramsci advierte que, dado que la clase bur­guesa se divide en una infinidad de capas con intereses eventual­mente contradic­torios, sig­nadas por la competencia que impone el capitalismo, necesita de un Estado unificador que recom­ponga jurídica y políticamente su propia unidad. El Es­tado, lejos de poder ser manipulado a volun­tad por la clase dominante como una maquinaria exterior a ella, juega un papel central en su unificación-constitución (3). Los rasgos de una concep­ción más “estructural” del Estado están presentes en este escrito, en el que más adelante dice:
“Las instituciones del estado capitalista están or­ganizadas para los fines de la libre competencia: no basta cambiar el personal para orientar en otro sentido su ac­tividad”.
De ahí que la cuestión central no esté sólo en identificar la per­tenencia de clase del personal del Estado, ni puedan cifrarse esperanzas en su remoción para cambiar el carácter capitalista del mismo. Para Gramsci se trata, entonces, de la destrucción del aparato de Estado y de las relaciones sociales que le dan sustento.
[...] un sistema de principios que afirmen como fin del estado su propio fin, [...] su propio desaparecer, o sea, la reabsorción de la sociedad política en la sociedad civil.
[...] los hechos más importantes de la historia francesa desde 1870 hasta nuestros días no se han debido a iniciativas de organismos políticos derivados del sufragio universal sino a iniciativas de organismos privados [...] o de grandes funcionarios desconocidos por la gente del país, etc. Pero ¿qué significa esto sino que por “Estado” debe entenderse no sólo el aparato gubernamental sino también el aparato “privado” de hegemonía o sociedad civil? (4)
2. La Construcción de un Estado de “nuevo tipo“

El triunfo de la Revolución de Octubre y el ascenso de las luchas revolucionarias y populares en Europa, con posterioridad a la 1ª Guer­ra Mundial, hicieron pensar a los dirigentes de la III Internacional en el derrumbe del capitalis­mo, y que se sucederían las revoluciones que afianzarían el poder de la clase obrera inter­nacional. La estrategia de Lenin para el naciente estado socialista se basaba en esta convicción.

En este contexto, las reflexiones de Gramsci acerca del Estado aparecen ligadas a la necesidad de crear las premisas para la construcción de un estado de nuevo tipo, con instituciones esencial­mente distintas a las burguesas, que arraiguen en la clase obrera a la manera de los “soviets”, pero con la par­ticularidad italiana.

Gramsci está convencido de que sólo la destrucción del viejo Es­tado burgués puede hacer nacer el nuevo Estado proletario, cuyas características, por naturaleza incompatibles con las del precedente, se definen así:
“el Estado proletario no es la seudodemocracia burguesa, forma hipócrita de la dominación oligárquica finan­ciera, sino la democracia proletaria que emancipará a las masas trabajadoras; no el parlamentarismo sino el autogobierno de las masas a través de su propio sistema de represen­tación (…) La forma concreta del Estado es el poder de los Con­sejos y de las organizaciones del mismo tipo” (6)
Por eso, en “La conquista del Estado” Gramsci dirá que
“el estado socialista no puede encarnarse en las instituciones del estado capitalista, sino que es una creación fundamentalmente nueva con respecto a éstas y con respecto a la historia del proletariado”. De ahí que “la fórmula «conquista del Estado» debe ser entendida en este sentido creación de un nuevo tipo de estado, originado en la experiencia asociativa de la clase proletaria, y sus­titución por éste del estado democrático-parlamen­tario” (7)
El germen del nuevo Estado se encuentra, en Italia, en la ex­periencia de los Consejos de fábrica apuntalados por la revista L’Ordine Nuovo, de la que Gramsci forma parte. Así, en “Sindicatos y Consejos” dirá que, a diferencia de los sin­dicatos, donde florecen las tendencias burocráticas fun­cionales al mantenimiento del sistema capitalista:
“el Consejo de fábrica es el modelo del estado proletario. Todos los problemas que son inherentes a la organización del estado proletario, son inherentes a la organización del Con­sejo”. (8)
El Estado socialista deberá resultar, entonces, de la ar­ticulación de los diversos Consejos de fábrica en un Consejo Ejecutivo Central, al cual deberán sumarse los Consejos de Campesinos. Y esta tarea debe ser efectuada desde el presente, desde la realidad concreta en la que se actúa. Porque:
“el Estado socialista existe ya potencialmente en las instituciones de la vida social características de la clase obrera explotada. Relacionar esos institutos entre ellos, coordinarlos y subordinarlos en una jerar­quía de competen­cias y de poderes, concentrarlos intensamente, aún respetan­do las necesarias autonomías y articulaciones, sig­nifica crear ya desde ahora una verdadera y propia democracia obrera en contraposición eficiente y activa con el Estado burgués, preparada ya desde ahora para sustituir al Estado burgués en todas sus funciones esenciales de ges­tión y de dominio del patrimonio nacional”. (9)
Es importante destacar como esta idea de crear “ya desde ahora” una democracia obrera, de disputar en el seno mismo del orden bur­gués la dirección de la sociedad, construyendo instituciones más aptas para el desarrollo pleno de las fuerzas productivas, es retomado después, en la cárcel, en la idea de que la clase obrera debe con­quistar la hegemonía aún antes de la toma del poder.

Por otra parte, la idea de encontrar y desarrollar en el propio seno de la sociedad burguesa las instituciones que reemplazarán el orden estatal dominante, refuerza la visión anti-instrumental del Es­tado y pone de manifiesto la complejidad de relaciones que se expresan en todo fenómeno estatal, y los límites materiales para la construc­ción de un nuevo orden.

En tal sentido, y siguiendo los conceptos fundamentales de “La ideología alemana”, Gramsci sostiene que
“La historia es un continuo hacerse, por consiguiente es esencialmente imprevisible. Pero esto no significa que «todo» sea imprevisible en el hacerse de la historia, que la historia sea el campo del arbitrio y del capricho ir­respon­sable. La historia es al mismo tiempo libertad y necesidad. Las instituciones, en cuyo desarrollo y ac­tividad se encarna la historia, nacieron y perduran porque tienen un deber y una misión para realizar. Surgieron y se desarrollaron deter­minadas condiciones objetivas de produc­ción de los bienes materiales y de conciencia espiritual de los hombres”. (10)
B. El análisis del Estado en los Cuadernos de la Cárcel

1. Una nueva realidad

Gramsci, como Marx, Engels y Lenin, aborda la cuestión del Es­tado partiendo de dos premisas fundamentales: su carác­ter de clase y la necesidad de su destrucción/extinción, pero desde una perspec­tiva his­tórica que ilumina otros aspectos que no fueron destacados anterior­mente por los clásicos.

En “El Estado y la revolución” Lenin dice que
“…en 1852 Marx no plantea todavía el problema concreto de CON QUE se sustituirá la máquina del Estado que ha de ser destruida. La experiencia no había suministrado todav­ía materiales para esta cuestión, que la historia puso al orden del día más tarde, en 1871″. (11)
Del mismo modo, la experiencia histórica del fracaso de la revolución en Occidente y el ascenso al poder del fascis­mo, pusieron a Gramsci ante la evidencia de elementos que no habían sido aprehen­didos con anterioridad y cuya comprensión se le aparecía imprescin­dible para encarar una transformación revolucionaria. Así, decía que
“es necesario llamar violentamente la atención sobre el presente si lo queremos transformar. Pesimismo de la in­teligencia, optimismo de la voluntad” (12)
Conocer la realidad presente para transformarla supone conocer, además, sus orígenes lejanos, su génesis. Con esta perspectiva abordó Gramsci el estudio del Estado italiano, desde su unificación hasta el régimen fascista. En esta in­dagación, produce una relación de conser­vación/superación con las aportaciones teóricas de los clásicos. Como señalaCoutinho (13), Gramsci produce una “concretización” con respecto a los conceptos generales sobre el Estado formulados por los clásicos marxistas. Se eleva de la idea de que todo Estado es un Es­tado de clase, a la determinación de las formas que ad­quiere el carácter clasista en las sociedades capitalistas de Occidente del Siglo XX. Este paso de una formulación abstracta a otra concreta no es un movimiento tan sólo gnoseológico que profundiza el conocimien­to, sino que se trata de un movimiento his­tórico-ontológico, ya que es al explicar la propia realidad que se realiza tal paso.

Gramsci tiene ante sí una experiencia históricamente nueva y sobre ella reflexiona a partir de los elementos de la teoría marxis­ta y del leninismo, produciendo nuevas aportaciones teóricas que per­miten, además de comprender la realidad -y por ello mismo- ac­tuar sobre ella creadoramente para transformarla.

En este proceso, Buci-Glucksmann y Macciocchi coinciden en des­tacar que Gramsci retiene del leninismo tres componen­tes estratégicos: una teoría de la revolución como creación de un Estado nuevo partiendo de las masas, que ejerce la dic­tadura en vinculación con su poder hegemónico; una teoría del imperialismo, como etapa  superior del capitalismo, que crea otras condiciones nacionales/ internacionales; y una teoría del partido como fuerza dirigente (va­nguardia) de la revolución (14).

2. La ampliación del concepto de estado

El fracaso de la revolución en Occidente hace reflexionar a Gramsci sobre las causas profundas de la derrota y sobre la estrategia revolucionaria encaminada a la destrucción de un poder capitalista enormemente fuerte, resistente al colapso económico y a los períodos de crisis, que lograba recuperarse y alcanzaba una es­tabilización con­sensual (15).

La confianza y el optimismo de los fundadores del materialismo histórico y de sus sucesores en la inminencia del “derrumbe” capitalista, dieron paso a una reflexión más aguda e intensa sobre las nuevas condiciones en que se desarrollaría la lucha del proletariado para construir el socialismo.

La cuestión del Estado aparece, entonces, ligada a la necesidad de desentrañar la forma concreta que adquiere la supremacía bur­guesa, pero no con un afán teórico-cognoscitivo abstracto, sino como requisito para implementar una lucha exitosa, una praxis política verdadera y eficazmente revolucionaria, en un contexto en el cual el desarrollo capitalista de las fuerzas productivas está acompañado por un desarrollo complejo de las superestructuras, que deviene en la conformación de un sólido “bloque histórico”, que torna más compleja la lucha revolucionaria.

Precisamente las transformaciones operadas en el capitalismo occidental,  y la consecuente reformulación de la relación sociedad/ Es­tado, llevan a Gramsci a realizar una serie de reflexiones que constituyen búsquedas incesantes por encontrar las raíces de aquel­las transformaciones, su sentido último, y la definición de una estrategia revolucionaria acer­tada. En esa búsqueda aparecen cambios, oscilaciones y no pocas contradicciones (16), que pueden ser atribuidos tanto a las condiciones en que fueron producidas las notas -bajo la censura del carcelero fascista-, como al hecho mismo de que el proceso de reflexión de Gramsci fue dado a conocer “en bruto”, sin que el autor haya podido seleccionar y ordenar su producción en el sentido en que hubiera deseado su publicación. No obstante, aún en la forma en que son conocidas proveen un ri­quísimo material teórico para el análisis de la dominación en las sociedades contemporáneas.

En las “Notas de Maquiavelo” Gramsci, utilizando el lenguaje de la estrategia militar y produciendo un cambio en la concepción mar­xis­ta clásica sobre la sociedad civil, advierte que en los es­tados más avanzados ésta
“se ha convertido en una superestructura muy compleja y resistente a las «irrupciones catastróficas» del elemento económico inmediato (crisis, depresiones, etc.); las superestructuras de la sociedad civil son como el sistema de trincheras de la guerra moderna” (17)
En esta nota Gramsci modifica el concepto de sociedad civil con­cebido como el lugar de las relaciones económicas. La ubicación de la sociedad civil (18) en el plano de las superestructuras constituye una sin­gularidad de su pensamiento, en­caminada a elucidar otras cuestiones que el presente le plantea. Gramsci formula estas reflexiones frente a las concep­ciones economicistas que esperaban tranquilamente que las contradicciones de la estructura desenvocaran en la revolución, ya que serían “ente­ndidas” en forma inmediata por las masas, en un proceso unidirec­cional y directo.

Por otra parte, también se planteó Gramsci, como ya lo hiciera tempranamente, la necesidad de salir al cruce de la concepción del Estado como simple instrumento en manos de una clase dotada de voluntad preconstituida, concep­ción ligada a toda una tradición maximalista del movimiento obrero italiano, “que hablaba siempre de la lucha de clases” -como él decía- sin proceder a un análisis concreto de las relaciones de fuerzas que se dan en el Estado, que simplificaba la cuestión del Estado en enun­ciados generales, sin profundizar en su real dimensión y significado en la realidad italiana concreta, ov­nubilada por el rasgo represivo de los “aparatos de dominación” como elemento excluyente y simplificado de la complejidad conceptual y fác­tica del Estado.

Frente a la concepción “instrumentalista” del Estado, Gramsci, profundizando su perspectiva pre-carcelaria, opone una relación no mecanicista entre estado y clase, dando lugar a la “concepción ampliada” del Estado. Profundizando su concep­ción del Estado como lugar de constitución de la clase dominante, Gramsci dirá que:
“La unidad his­tórica de las clases dirigentes se da en el Estado y su historia es esencialmente la historia de los Estados y de los grupos de Estados. Pero no se debe creer que esa unidad sea puramente jurídica y política, aun cuando esa forma de unidad también tiene su importancia y no solamente formal: la unidad histórica fundamental, por su concreción, es el resultado de las relaciones orgánicas entre Estado y sociedad política y «sociedad civil» (19)
Así, analiza que la supremacía de la burguesía en el capitalismo desarrollado no se debe únicamente a la existencia de un aparato de coerción (Es­tado en sen­tido restringido), sino que logra mantener su poder mediante una compleja red de instituciones y or­ganismos que en el seno de la sociedad civil que, además de organizar/expresar su propia unidad como clase, organizan el consenso de las clases subal­ternas, para la reproducción del sistema de dominación. La existencia del sufragio universal, de partidos de masas, de sindicatos obreros, de variadas instituciones intermedias, además de la escuela y la iglesia, formas todas en que se expresa la complejidad de la sociedad civil capitalis­ta de Occidente, hablan del denso entramado de relaciones sociales que el desarrollo de las fuer­zas productivas ha permitido construir. La supremacía, en­ton­ces, es algo más que la mera disposición de los aparatos represivos del Es­tado, y se expresa en formas que exceden los límites del Estado en sentido restringido, para abarcar al con­junto de la sociedad civil.

En esta concepción está presente su percepción anti-instrumen­talista, en la medida en que la noción de Estado, como lugar de constitución de la clase dominante, y por tanto intrínseca a ella, excluye cualquier noción de “exterioridad” y pre-constitución de la clase, así como de subordinación mecánica del aparato estatal. Para las visiones instrumentalistas, en cam­bio, el Estado aparece como un con­junto de aparatos que se en­cuentran por encima y al margen de la sociedad, que son utilizados por la clase dominante a su an­tojo, para asegurar su predominio. La coer­ción vehiculizada por es­tos aparatos, en este caso, es concebida como lo único que garantiza tal supremacía, que de otro modo estaría cues­tionada por la realidad estructural de las contradic­ciones clasistas.

3. Las diferencias entre Oriente y Occidente

Gramsci desarrolla, especialmente en la cárcel, su concepción ampliada del Estado a partir de la constatación que realiza -y otra vez coincide con Lenin y lo profundiza- de las diferencias que se ad­vierten entre las sociedades de Oriente y de Occidente, con for­maciones económico-sociales muy distintas, lo que necesariamente deb­ía redundar en estrategias de lucha distintas.

Ya en 1924, en una carta que Gramsci envía desde Viena a sus com­pañeros del Partido, sostiene que
“(…) en la Europa central y occidental el desarrollo del capitalismo no sólo ha determinado la formación de amplios estratos proletarios, sino también, y por lo mismo, la aris­tocracia obrera, con sus anexos de burocracia sindical y de grupos socialdemócratas. La determinación, que en Rusia era directa y lanzaba a las masas a la calle, al asalto revolucionario, en Europa central y occidental se complica con todas estas sobreestructuras políticas creadas por el superior desarrollo del capitalismo, hace más lenta y más prudente la acción de las masas y exige, por tanto, al par­tido revolucionario toda una estrategia y una táctica mucho más complicada y de más respiro que las que necesitaron los bolcheviques en el período comprendido entre marzo y noviembre de 1917 (20)
En agosto de 1926, poco antes de caer preso, en su informe al CC del PCI, Gramsci decía:
“La observación de que la clase dominante posee en los paí­ses de capitalismo avanzado reservas políticas y or­ganizativas que no poseía en Rusia, por ejemplo. Ello sig­nifica que aún las crisis económicas gravísimas no tienen reper­cusiones inmediatas en el campo político. La política está siempre en retardo, y en gran retardo respec­to de la economía. El aparato estatal es mucho más resistente de lo que a menudo suele creerse y logra organizar, en los momentos de crisis, fuerzas fieles al régimen, y más de lo que podría hacer suponer la profundidad de la crisis”. (21) 
Esta idea de la existencia de una diferencia estructural entre las formaciones económico-sociales del Oriente y del Occidente constituirá uno de los ejes en torno a los cuales girarán las notas de la cárcel. Porque si al terminar la Primera Guerra Mundial Rusia e Italia parecían encontrarse ante similares perspectivas revolucionarias, la derrota italiana lleva a Gramsci a reflexionar sobre las causas que la determinaron. En esta indagación en­cuentra una perspectiva para el análisis en las diferencias que se evidencian entre ambos tipos de sociedades y en el rol del aparato estatal en cada una de ellas.
“En Oriente, el Estadoera todo, la sociedad civil era primitiva y gelatinosa; en Occidente, entre Estado y sociedad civil existía una justa relación y bajo el temblor del Estado se evidenciaba una robusta estructura de la sociedad civil. El Estado sólo era una trinchera avanzada, detrás de la cual existía una robusta cadena de fortalezas y casamatas” (22)
4. La sociedad civil en la estrategia de occidente

Teniendo en cuenta las diferencias estructurales entre Oriente y Occidente, Gramsci advierte que, para derrumbar al Estado capitalista en Oc­cidente, es preciso elaborar una estrategia distin­ta a la que se utilizara en la Rusia zarista: la guerra de posiciones. Para hacer este análisis compara los conceptos de guerra de maniobra y guerra de posiciones en el arte militar, y los conceptos correspondientes al arte político. En primer lugar, Gramsci advierte que
“la verdad es que no se puede escoger la forma de guerra que se desea, a menos de tener súbitamente una superioridad abrumadora sobre el enemigo”. (23)
La elección de la estrategia depende, entonces, de las con­diciones económicas, sociales y culturales de cada país. En Oriente, en tanto que las masas populares estaban “distanciadas” social e ideológicamente de las clases dominantes, con la “toma” del aparato de coerción se logró desarticular más o menos rápidamente el sistema de dominación, que se basaba prin­cipalmente en la represión y no en el consenso. De ahí que la aplicación de la estrategia de la guerra de movimiento haya resultado exitosa frente a una sociedad civil en donde la clase dominante no “arraigaba” su poder, y por ende la resistencia al cambio revolucionario era mucho menor. La distancia entre las masas de campesinos y obreros y las clases dominantes de la Rusia Zarista, se patentizaba en la ausencia o extrema debilidad de las instituciones que mediaran entre la sociedad civil y el Estado.

En Occidente, en cambio, las relaciones de poder no se expresan únicamente en el momento de la coerción, sino que comprenden un enorme tejido de pautas culturales, ideológicas y políticas, que al plasmar en diversos niveles organizativos aseguran la permanencia del orden social burgués, como un verdadero sistema de defensa. Ante esta situación, la estrategia de la guerra de posiciones supone un gran despliegue organizativo y de hombres, de largo aliento, con el fin de desarticular las “trincheras” enemigas (sociedad civil), que son las que protegen a sus escuadrones de vanguardia (sociedad política). Por ello, Gramsci resalta que
“se trata, por consiguiente, de estudiar en «profundidad» cuáles son los elementos de la sociedad civil que cor­responden a los sistemas de defensa en la guerra de posición” (24)
Es decir, se trata de desentrañar los elementos que en el seno de la sociedad civil operan como “cemento” de las relaciones sociales vigentes, a partir de las prácticas cotidianas de las clases fundamen­tales.

5. Dirección y coerción: una relación compleja

Porque si se pretende comprender el funcionamiento real del Es­tado y lograr sus transformación, el Estado como concepto teórico abstracto debe concretizarse en una formación económico-social deter­minada. Aquí aparece la cuestión de lo nacional en la elaboración de la estrategia revolucionaria. Por eso, Gramsci estudia al Estado italiano desde su conformación como unidad, destacando su naturaleza de clase. Pero no se queda en esta definición teórico-global, sino que avanza en la comprensión de su configuración histórica y sus características concretas.

Siguiendo a los clásicos, dice que el Estado es en esencia coerción, dictadura, dominación: reafirma los elementos aportados por el desarrollo de la teoría marxista hasta ese momento y da un paso más en la comprensión de la cuestión al introducir el elemento del con­sen­so, de la dirección, de la hegemonía, que completa la forma de supremacía de las clases dominantes en los capitalismos desarrol­lados.
“La supremacía de un grupo social se manifiesta de dos modos, como «dominio» y como «dirección intelectual y moral»” (25) dirá Gramsci en su análisis carcelario sobre elRisorgimiento italiano, estableciendo un “criterio metodológico” para el estudio de la hegemonía de la clase dominante.
La supremacía de una clase aparece como un momento sintético que unifica la hegemonía y la dominación, el consenso y la coerción, la dirección y la dictadura en el Estado. Ahora bien, estos dos momen­tos, estas dos funciones, existen en cualquier forma de Estado, pero el hecho de que prime uno u otro depende tanto de las características estruc­turales de cada sociedad, como de la correlación de fuerzas entre las clases sociales fun­damentales, que se expresa en los niveles económico, político, ideológico y militar.

Ya dijimos antes que la percepción del aspecto represivo del Es­tado como el principal de la dominación de clase corresponde, en gran medida, a la naturaleza real de los Estados a los que se enfrentaron Marx, Engels y Lenin (26). Gramsci, en cambio, reflexiona en una época y en un ámbito geográfico en los cuales se generalizó una mayor complejidad del fenómeno estatal, entendido como concepto global de dominación. El observa la intensificación de los procesos de socialización de la par­ticipación política voluntaria, a través de sindicatos, partidos políticos, parlamentos, que se convierten en “aparatos privados de hegemonía”, relativamente autónomos tanto del mundo económico como de los aparatos represivos (27).

Y es precisamente mediante la sociedad civil que las clases dominantes logran consolidar su poder, como lugar donde se difunde su “visión del mundo”. Esto no quiere decir que Gramsci diluya la especificidad e im­portancia del aparato represivo del Estado, como se le ha criticado por la ambigüedad de algunos de sus pasajes. Lo que sucede es que se detiene a analizar la forma en que la fuerza se com­bina con el consenso ideológico para integrar a las masas en el Es­tado. El Estado -en sentido restringido- se constituye en la «trinchera avanzada» de un sistema único, mientras que la hegemonía, en las sociedades desarrolladas, tiende a asegurase fun­damen­tal­mente en la sociedad civil (28).

Ahora bien, esas funciones de “coerción” y “consenso” diferen­ciadas teóricamente como características de los ámbitos de la sociedad política y de la sociedad civil, aunque no pierden su especificidad, en la práctica se inter­relacionan, advir­tiéndose, por ejemplo, que elementos de la sociedad política, como el derecho, operan como fac­tores de consen­so que se reproducen en la sociedad civil. Porque si bien las leyes tienen como función coaccionar al cumplimiento de lo que no se ob­tiene por el consentimiento, también imponen ciertos modos de com­portamiento como “valores” de la sociedad. De este modo, el derecho cumple una función in­tegrativo/educadora, además de la eminen­temente represiva.
“El derecho no expresa toda la sociedad (para la cual los violadores del derecho serían seres antisociales por naturaleza o disminuidos psíquicos), sino la clase dirigente, que «impone» a toda la sociedad las normas de conducta que están más ligadas a su razón de ser y a su desarrollo. La función máxima del derecho es la de presuponer que todos los ciudadanos deben aceptar libremente el conformismo por él señalado, en cuanto todos pueden transformarse en elementos de la clase dirigente. (…) Este carácter educativo, creador, formativo del derecho, no fue suficientemente puesto de relieve por ciertas corrientes intelectuales”  (29)
En esta nota Gramsci advierte la función de conformidad que tiene el derecho burgués en la medida en que instituye ciudadanos formal­mente libres e iguales, institución que oculta, por su efecto “fetichizador”, las diferencias profundas que obstaculizan que las clases subordinadas se conviertan, bajo el capitalismo, en clase dirigente.

Por otra parte, en la sociedad civil también se desarrollan fun­ciones subalternas de dominación. Esto se verifica, por ejemplo, en el nivel del control de los medios de producción ideológica. Como señalaba Marx en “La ideología Alemana”, al dominar el aparato produc­tivo la clase dominante ejerce, por ese mismo hecho, un cuasi-monopolio sobre los organismos privados de difusión. La libertad in­formativa se reduce a la libertad de empresa informativa, con lo que se ejerce coacción respecto al tipo de mensajes ideológicos que se difunden y los que son expulsados del sistema de circulación de ideas, o directamente no llegan a conformarse. Sobre este punto de la dominación ideológica volveremos más adelante.

Pero cabría todavía agregar otro elemento. En la perspectiva teórica de Gramsci es posible la presencia del elemento eminentemente coercitivo, aún en el seno de la sociedad civil. La existencia de grupos paramilitares o parapoliciales, que tuvieron expresión en la Italia fascista, pero que también pueden ser identificados en sociedades latinoamericanas como Colombia o Brasil -por dar solo dos ejemplos-, aún bajo gobiernos formalmente democráticos, habla de la complejidad del fenómeno descrito por Gramsci.

Notas

1. Perry Anderson (1977)
2. Gramsci, “La conquista del Estado”, en L’Ordine Nuovo del 12/6/19, en ESCRITOS POLITICOS (1917-1933), p.93
3. Conf.Cristhine Buci-Glucksmann (1975), p.171. Es interesante destacar como esta concepción anti-instrumental del Estado es posteriormente desarrollada por Poulantzas en varios de sus trabajos
4. Gramsci, ob.cit., p.95
6. L’Ordine Nuovo, 24/8/19, citado por Macciochi (1974), p.158
7. L’Ordine Nuovo, 12/719, en ESCRITOS POLITICOS, p.95
8. L’Ordine Nuovo, 12/5/20, en ESCRITOS POLITICOS, p.113
9. “Democracia obrera”, en L’Ordine Nuovo, 21/6/19, en ANTOLOGIA, p.59 y ESCRITOS POLITICOS, P.89
10. “La conquista del Estado”, L’Ordine Nuovo, en ESCRITOS POLITICOS, p.94
11. Lenin, EL ESTADO Y LA REVOLUCIÓN, p.42
12. “Pasado y Presente”, citado por Buci-Glucksman (1975), p.39
13. Coutinho (1986)
14. Buci-Glucksman (1975), p.157, y Macciocchi (1973), p.79
15. Conf. Perry Anderson (1982), p.110/111
16. Perry Anderson, en su interesante trabajo LAS ANTINOMIAS DE GRAMSCI (1977), señala que en los cuadernos de la cárcel aparecen tres posiciones oscilantes respecto al Estado: *está en una “relación equilibrada” con la sociedad civil, *es únicamente una “superficie exterior” de la sociedad civil, *es la “estructura masiva” que can¬cela la autonomía de la sociedad civil. De ahí que el Estado esté en contraste, la abarque o sea idéntico a la sociedad civil, derivando de estas oscilaciones diferentes respuestas políticas provocadas por la coyuntura.
17. Ob.cit., p.94
18. Sobre el concepto de sociedad civil en Gramsci puede verse el trabajo de Norberto Bobbio “Gramsci y la concepción de la sociedad civil” (1985)
19. En “Apuntes sobre la historia de las clases subalternas”, en EL RISORGIMENTO, p.249
20. Carta a Togliatti, Terracini y otros del 9/2/24, en ANTOLOGIA, p.146
21. Texto preliminar de un informe presentado en la reunión del CD del PCI del 2-3 de agosto de 1926, ESCRITOS POLITICOS, P.286
22. NOTAS SOBRE MAQUIAVELO, p.95/96
23. NOTAS SOBRE MAQUIAVELO, p.93
24. NOTAS SOBRE MAQUIAVELO, p.94
25. “El problema de la dirección política en la formación y el desarrollo de la nación y del Estado moderno en Italia”, en “ANTOLOGIA”, p.486
26. Esto plantea la discusión en torno a la “historicidad” de la producción teórica. Al respecto, Chantal Mouffe (1985) hace la advertencia correcta de que “hay que distinguir entre lo que cambió en la teoría marxista del estado y lo que cambió en la realidad misma del estado. En este sentido es necesario atribuirle una cierta autonomía a la teoría ya que al querer presentar su evolución como simple expresión de un cambio a nivel histórico fácilmente acabaríamos justificando el economicismo como expresión teórica adecuada de un período en el cual existía una separación real entre economía y política debido a que nos privamos de la manera de criticar los errores a nivel de la teoría”. No obstante, es preciso conjurar el peligro contrario de sostener la validez de una lógica autónoma de las teorías, más allá de todo contexto histórico-material de producción. Porque justamente las críticas respecto a la validez explicativa de una teoría suelen fundarse en su confrontación con la realidad de la que pretendieron dar cuenta.(p.140.)
27. Coutinho (1986), p.111/112.
28. Ob.cit., p.52, y Portantiero (1985), p.283
29. Ob.cit., p.52, y Portantiero (1985), p.283.