9/12/12

De la dialéctica hegeliana a la educación popular en Antonio Gramsci y Paulo Freire

Sergio M. Friedemann

Introducción

El ser humano es esencialmente dinámico, cambiante, incompleto. Siempre está en formación, en educación permanente. Las sociedades se crean instituciones educativas para imprimirle un rumbo y una dirección a esa educación, y para transmitir saberes entre las generaciones. Para Hegel, el objetivo de la educación pública es la formación ética (Hegel, 1991: 94, 102), es decir, humanizar –sobre todo a los niños y jóvenes- en sociedad, ya que la eticidad es lo que nos articula como comunidad.[1] No sorprende por tanto que Hegel se haya dedicado fuertemente a la docencia.

La Transformación de Antonio Gramsci / Un Estudio de Recuperación

Oscar Pemantle

Las perspectivas de Gramsci en su obra Sobre Educación confrontan al educador con un enigma intrigante. En la literature sobre el tema, Gramsci emerge como el héroe con dos caras, dos cabezas que miran exactamente en direcciones opuestas. Sus visiones sobre la educación le presentan un problema al erudito, al educador, al profesor, así como al ciudadano ilustrado preocupado por la suerte que ha corrido la educación como víctima de la guerra sobre la cultura. Estas visiones han sido objeto de extensos análisis por parte de los partidarios de ambas facetas de esta disyuntiva por más de una generación, entre los que se incluyen escritores prominentes, hombres que dan la impresión de saber a qué se refieren. 
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Sin embargo, el Gramsci esencial parece escurrírseles entre los dedos. Para la Izquierda, éste emerge como la encarnación del educador radical y visionario, mientras que para la Derecha, Gramsci se perfila como el ideal estético de la educación tradicional y conservadora. Cada posición es argumentada con vigor y en el major de los casos, demuestra amplia familiaridad con la obra de Gramsci y con lo que se ha escrito sobre ella.

Gramsci / Un nuevo tipo de intelectual para tiempos de crisis

Antonio Gramsci
✆ Angelo Gentillini
Francisco Piñón Gaytán

Gramsci, a diferencia de Lenin, se midió teóricamente con el pensamiento político occidental. Se topó con una sociedad articulada, sistemática aun en sus crisis, rica en sus instituciones. Además, fue un activista político que, al final de sus días, pasó a la actividad científica para dejar algo fur ewig. AI contrario precisamente también de Lenin. Sus investigaciones teóricas de los Quaderni no padecieron el peso de la inmediatez de la actividad partidista. Este aislamiento carcelario -como en otro tiempo su predecesor Maquiavelo, el solitario pensador político de S. Casciano- puede considerarse positivo en orden a conseguir más objetividad e imparcialidad en la elaboración teórica.
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Gramsci fue un hombre de su tiempo. Y en ese tiempo “histórico” conviene interpretarlo. No en término de ortodoxia o heterodoxia con respecto al marxismo clásico. No en si logra o no pasar un examen frente a los textos marxistas o leninistas, sino en su contemporaneidad. Es decir, como anota M. L. Salvadori, en esa “determinación de su problemática y del contexto social en el que ésta se sitúa." 

Notas sobre Gramsci y las Ciencias Sociales

Renato Ortiz

No es mi intención en este breve artículo elaborar una interpretación amplia y exhaustiva de la obra de Antonio Gramsci. Varios autores ya la han realizado; creo entonces que mi contribución dentro de este contexto sería de poca utilidad. Mi punto de partida es otro, y surge a partir de una interrogante: ¿qué es lo que, actualmente, un científico social puede aprender de su obra? Se trata, por lo tanto, de una mirada unilateral e interesada, que deja por fuera un análisis cuidadoso de los conceptos para privilegiar la relación del autor con el campo de las Ciencias Sociales. 

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¿Era Gramsci un sociólogo?, ¿acaso un politólogo? Considero que este tipo de preguntas formula una serie de falsos problemas, ya que las preocupaciones del teórico italiano, en tanto marxista y militante, traspasaron las fronteras disciplinarias y, además, tuvieron como referencia directa la praxis política. Con todo, la indagación que orienta este ensayo tiene una razón de ser: siempre tuve una fascinación por sus escritos. Al final de los años setenta estudié sistemáticamente los Cuadernos de la cárcel, lo que me estimuló a escribir algunos estudios publicados en mi libro ‘A consciência fragmentada’ (1980). 

Notas de los ‘Cuadernos de la Cárcel’ para Venezuela


Hegemonía

Los criterios metodológicos sobre los cuales se debe basar un análisis sobre la obra de Antonio Gramsci es el siguiente: que la supremacía de un grupo social se manifiesta de dos formas, como dominio o como dirección intelectual y moral. Un grupo social es dominante de los grupos que lo adversan y que tiende a liquidar o someter, usando hasta la fuerza armada, y es dirigente de los grupos afines y aliados. Un grupo social puede y debe ser dirigente antes de conquistar el poder gubernamental (ésta es una de las principales condiciones para la toma del poder mismo), y más tarde, cuando éste ejerza su poder, incluso si ya lo tiene en su mano, se ha convertido en dominante, pero debe seguir siendo también dirigente. (Cuaderno 9, XIV)

¿Descartes o Spinoza? / El sujeto que habla se sostiene en un sujeto empírico, que es el cuerpo pensante

Baruch Spinoza & René Descartes
Una actualización del debate entre dualismo y monismo a partir de las reflexiones de las neurociencias, la filosofía y el psicoanálisis

Luis Roca Jusmet

Especial para Gramscimanía
Antonio Damasio, reconocido neurólogo con una buena formación filosófica, reivindica a Spinoza después de criticar a Descartes. Damasio mantiene que a la luz de lo que sabemos hoy del cerebro no es posible mantener una postura dualista como la de Descartes. Sostiene que quien conoce lo que dice la neurociencia y defiende una postura dualista ( como si mente y cerebro-cuerpo fuesen dos realidades independientes) lo hace por motivaciones religiosas. Así, es la fe católica la que llevó a destacados neurocientíficos como John Eccles a defenderlo.