26/11/12

“Cierto negro brasileño leproso” / Un sueño político-filosófico de Spinoza – V

Nicolás González Varela

“En 1517 el padre Bartolomé de las Casas tuvo mucha lástima de los indios que se extenuaban en los laboriosos infiernos de las minas antillanas y propuso al emperador Carlos V la importación de negros que se extenuaran en los laboriosos infernos de las minas antillanas”: Jorge Luis Borges, ‘El espantoso redentor Lazarus Morell’, 1935

“La Esclavitud es el estado o condición de un individuo sobre cuál se ejercitan los atributos del Derecho de Propiedad o alguno de ellos.”: Convención de Ginebra, 1926

"Azúcar y Esclavitud negra fueron los fundamentos principales en la formación del Capital”: Richard Konetzke, ‘Der Weltgeschichiliche Moment der Endekung Americas’, 1956

Especial para Gramscimanía
La idea básica de las diferencias raciales, por lo que se entiende que los seres humanos pueden ser divisibles en tipos físicos discretos, cada uno de los cuales posee capacidades morales e intelectuales supuestamente desiguales u opuestas, estaba bastante bien establecida ya en tiempos de Spinoza. Un holandés burgués, culto, liberal y moderno de la época seguramente sería neoaristotélico, Späthumanisten, calvinista y cartesiano, “tacitista”,[1] partisano de los derechos naturales del Hombre y, al mismo tiempo, pro-esclavista. Lo mismo valdría para un francés o un inglés. En esa época del comercio de esclavos holandés del Atlántico era floreciente, y la esclavitud racial (de África occidental) se había institucionalizado a través de la reformulación de la Ley feudal y el renacimiento de la Lex romana. 

Cornelius Castoriadis / La ciudad y las leyes

Tal como revela el fallecido Aquiles a Odiseo, que está explorando los reinos del más allá, no hay esperanzas después de la muerte; si alguna vida hay, es siempre peor que la más horrible que pueda existir en la tierra de los vivos. Esta falta de esperanza (reforzada por mitos como el de Pandora) es la que llevó a Kant a escribir, a propósito de las tres grandes preguntas de la filosofía: “En lo que se refiere a las dos primeras: ¿qué puedo saber?, ¿qué debo hacer?, la interminable discusión comienza en Grecia, pero no hay ‘respuesta griega’. Pero para la tercera pregunta: ¿qué me está permitido esperar?, hay una respuesta griega clara y precisa, un nada macizo y resonante”. La ausencia de orden, la preeminencia del caos sobre el cosmos, es otra idea que permanece en el pensamiento griego desde Anaximandro. De esta ausencia de orden, como señala Philippe Raynaud, “nacen juntas la política y la filosofía: la ausencia de orden autoriza un cuestionamiento ilimitado, y corresponde a la capacidad instituyente de los hombres suplir la ausencia de un orden ‘justo’. A la inversa, como ha de mostrarlo el ejemplo de Platón, si existe un orden eterno y, por ejemplo, el mundo está ordenado por una inteligencia superior, la filosofía es necesariamente limitada en su cuestionamiento y la democracia es, en rigor, ilegítima”.

Dejemos hablar a Bento / ¿Dónde está su Cuaderno?

Baruch Spinoza es uno de los filósofos cruciales del origen del pensamiento moderno, que construyó una idea de ética liberada del sectarismo religioso. Pero además de su trabajo intelectual, el hombre también conocido como Bento Spinoza, contemporáneo de Vermeer, Jan Steen, De Hooch, Gerard Dou y vecino en Amsterdam de Rembrandt, también dibujaba. Sin embargo, ninguno de sus dibujos parece haber sobrevivido. Sobre ese enigma –sobre los pensamientos, las fantasías y las conexiones con su filosofía que lleva una vida imaginando–, John Berger publica 'El cuaderno de Bento' (Alfaguara), un libro único, en el que palabras y dibujos se acompañan, se iluminan y trazan los bosquejos de una ética del compromiso con la vida a pesar de su fugacidad.
John Berger

Guillermo Saccomanno

Baruch Spinoza (1632-1677), más conocido como Benedict (o Bento) de Spinoza, se ganó la vida en Amsterdam como pulidor de lentes. Sefaradí, estudioso del Talmud y la Torah, planteando la unidad de cuerpo y alma y el libre albedrío, al apartarse de la ortodoxia judía, puso en tela de juicio a los rabinos de su tiempo: casi lo lincharon en la puerta de una sinagoga.