9/11/12

En torno al materialismo de Gramsci

Gramsci ✆ Renzo Galeotto
Georg H. Fromm

§1. En un importante ensayo, Francisco Fernández Buey1 traza un lúcido cuadro de las peripecias de la noción de materialismo en el pensamiento de Antonio Gramsci, desde sus precoces escritos juveniles hasta los Cuadernos de la cárcel, para concluir que aún en sus textos más maduros, Gramsci no logró trascender –superar­– del todo el lastre del idealismo filosófico en el cual se formó inicialmente. Por ello, no puede menos que concluir lapidariamente al respecto: “[...] no puede considerarse al Gramsci de los Cuadernos un materialista en sentido propio.”2 Y los planteamientos gramscianos que aduce en apoyo de esta conclusión3 no admiten discusión posible.

§2. Una vez establecido esto, queda todavía el urgente problema hermenéutico, a saber: ¿cómo es posible que el gran marxista italiano –con el desarrollo de su formación teórica y su rica experiencia práctica a la cabeza de los comunistas luchando de frente con las huestes fascistas– haya permanecido hasta el final lastrado por resabios idealistas en su cosmovisión?

Gramsci y la educación del educador

Gramsci "alla maniera di Andy Warhol"
✆ Alumnos de Escuela Media, Cerdeña
Marcos del Río

Con la fundación de la revista L’Ordine Nuovo -que pasó por fases diversas-, Gramsci intentó desarrollar una teoría y una práctica política que tenía en el problema de la educación un elemento constitutivo esencial. Desde entonces, en 1919, hasta el momento de su encarcelamiento, en 1926, atravesó por tres diferentes momentos de elaboración y que serán objeto de esta exposición.

Un primer momento en el cual Gramsci prioriza la escisión, el antagonismo y la auto-actividad de los trabajadores frente al capital en el propio proceso productivo capitalista en ciernes. Educación se confunde con auto-educación. El momento siguiente es el de la necesidad de educar al partido comunista, recién fundado, particularmente su dirección. El tercer momento es pensado como necesidad de educar al educador de las masas, reflexión que aparece en la acción de la resistencia antifascista, como una posible síntesis, pero que sería madurada en los Cuadernos de la Cárcel, tópico que ya no hace parte de este texto.

Crisis y lucha política en Gramsci / Una lectura desde el Sur

Aldo Casas

Antonio Gramsci escribió en la cárcel más de treinta cuadernos entre los años 1929 y 1935, publicados tiempo después de su muerte como Cuadernos de la cárcel.[1] Por las mismas condiciones en que debía realizarlo, su trabajo no tenía objetivos políticos inmediatos: él mismo anunció que quería escribir algo "desinteresado" y "für ewig". Pero revela sí una profunda motivación política, reflejada en un desplazamiento temático de la investigación: el tema de la crisis, ausente en el esbozo original, se va precisando a medida que, podríamos decir, se politiza el proyecto. Es que Gramsci no era simplemente un brillante intelectual: era ante todo un militante revolucionario encarcelado y al que es fácil suponer acosado por los dilemas de la lucha contra el fascismo y el giro sectario adoptado por la Internacional Comunista en el VII Congreso de 1928, por la creciente estalinización de la Unión Soviética, y por el impacto de estos procesos sobre el Partido Comunista de Italia. El proyecto asume contornos más definidos al mismo tiempo que Gramsci sostiene una serie de discusiones, algunas muy ásperas, con sus compañeros en la cárcel.

La formación del marxismo de Gramsci

Manuel Sacristán

Hace 30 años daba Radio Barcelona la noticia de la muerte de Antonio Gramsci el (día 27 de abril de 1937, a los 46 años de edad y a los seis días de haber cumpli­do condena bajo el primero de los fascismos europeos). La obra de Gramsci es el origen del interesante marxis­mo italiano contemporáneo, y sigue presente en él in­cluso cuando éste se hace crítico y polémico respecto de su verdadero fundador. Gramsci es un clásico marxista de los mejor leídos, de los menos embalsamados. Eso explica la varia complejidad de la literatura gramsciana. 

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De los numerosos temas propuestos y mejor o peor resueltos por esa abundante literatura (a la que sigue faltando, sin embargo, la base de una verdadera edición crítica, todavía en preparación), se va a discutir en estas líneas uno muy limitado, que no rebasa en mucho la ju­ventud del pensador político: la formación del marxis­mo de Gramsci puede, en efecto, considerarse ultimada en lo esencial en la época de L'Ordine Nuovo (1919-1920), seis años antes de la detención (8-XI-1926) que no aca­baría prácticamente sino con su muerte.1

Marx y la Historia

Eric Hobsbawm ✆ Castino
Eric Hobsbawm

Français
Estamos aquí para discutir temas y problemas de la concepción marxista de la historia, cien años después de la muerte de Marx. Este no es un ritual de celebración de su centenario, pero si es importante que comencemos por recordar el papel único de Marx dentro de la historiografía. Lo hare sencillamente por medio de tres ilustraciones. La primera es autobiográfica. Cuando yo era estudiante en Cambridge en los años treinta, muchos de los hombres y mujeres más aptos se afiliaron al Partido Comunista. Pero como esta era una época muy brillante en la historia de una universidad muy distinguida, muchos de ellos estaban profundamente influidos por los grandes nombres a cuyos pies nos sentábamos. Allí, entre los jóvenes comunistas, solíamos decir en broma que los filósofos comunistas eran wittgensteinianos, los economistas comunistas eran keynesianos, los estudiantes comunistas de la literatura eran discípulos de F .R. Leavis.

Notas sobre la actualidad de György Lukács

György Lukács  Cássio Loredano
Miguel Vedda

La sola idea de considerar a un filósofo como Lukács encierra ya de por sí una provocación y un riesgo; no tanto porque pertenezca, como suele decirse, a la vasta sociedad de los pensadores olvidados y “superados” por las vicisitudes históricas y los cambios en las modas filosóficas –la continua y profusa aparición de libros y artículos sobre su obra basta para relativizar este mito; y ello a pesar de que cada nuevo estudio se inicie con una advertencia respecto de la “inactualidad” del tema escogido–. El principal escollo que uno encuentra al enfrentarse con la teoría lukácsiana es, quizás, la densa maraña de malentendidos[1] tejidos en torno a la obra y la persona del filósofo; un testimonio de ello lo ofrecen las incontables tentativas de vincular sus teorías con las de un marxismo economicista para el cual la conciencia constituye tan sólo la tabula rasa en la que se inscriben los datos provistos por la realidad externa.