29/10/12

El modelo geocéntrico según Platón y Eudoxo

José Antonio Gómez Di Vincenzo

Especial para Gramscimanía
Los antiguos astrónomos griegos se habían preocupado principalmente por realizar buenas observaciones con el propósito de confeccionar mapas del cielo y plasmar buenos calendarios. De entre los astros que atraían su atención se destacaban el Sol, la Luna; ambos fundamentales, precisamente, para llevar a buen puerto la tarea de anticipar o predecir los cambios de estación. Había, por entonces, una dificultad que debía ser sorteada, puesto que el año solar no es múltiplo entero de los meses en que puede dividirse el año lunar. El año solar es igual al tiempo requerido por el Sol para completar un circuito completo por la banda del zodíaco (del griego zoon diakos que significa banda de animales).

“Cierto negro brasileño leproso” / Un sueño político-filosófico de Spinoza - IV

Nicolás González Varela

“Dile a los esclavos que deben someterse a sus amos y darles satisfacción en todos los aspectos, no deben responder,  no deben hurtar, deben mostrar completa  y perfecta fidelidad, para que puedan servir como ornamento de la doctrina de Dios nuestro Salvador.”: San Pablo, “Epístola a Tito”, 2:9-10

“Y como castigo por desobedecer al poderosos Dios, Noé maldijo a toda la descendencia de su hijo Cum que sería negra para toda la posteridad y un perdurable recuerdo de lo que significa un acto de desobediencia para el resto del Mundo. De esta negra y maldita descendencia de Cum provienen  todos esos moros negros que se encuentran en África.”: George Best, A True Discourse of the Late Voyages of Discoverie for the Finding of a Passage to Cathaya, 1578

“Puede calcularse que el trabajo de un esclavo vigoroso vale el doble de lo que cuesta sostenerlo”: Richard Cantillon, Essai sur la nature du commerce en général, 1755

Especial para Gramscimanía
“¿Qué resoluciones me darán miedo, si no he hecho nada mal? Hay entre vosotros mucho esclavo (Slave) comprado, que –al igual que vuestros asnos, vuestros perros y vuestras mulas– utilizáis en tareas serviles y miserables, todo debido a que los habéis comprado. Les diré acaso a vosotros: ‘Hacedlos libres!  ¡Casadlos con vuestros herederos! ¿Por qué hacerlos sudar bajo cargas y fardos? ¡Dejadles que sus camas sean tan suaves como las vuestras y dejad que sus paladares se sazonen con vuestros mismos manjares!’ Usted responderá: ‘No, los esclavos son nuestros.’”, clamaba con lógica aplastante el prestamista judío Shylock al Dux de la república de Venecia en pleno pleito judicial, en la obra de Shakespeare de 1596, El mercader de Venecia.[1] Shakespeare habla con naturalidad de esclavos interconectados con razas (extravagantes como la morisca, impiadosas como la judía, brutales como la tártara, salvajes como la turca).