1/9/12

Slavoj Žižek ha vivido en ‘El año de soñar peligrosamente’

Exclusivo: Último capítulo del nuevo libro de Slavoj Žižek, ‘El año de soñar peligrosamente’

¿Dónde estamos ahora, en 2012? El 2011 fue el año de soñar peligrosamente, el año del resurgimiento de las políticas de emancipación alrededor del mundo. Ahora, un año después, cada día nos trae nuevas pruebas de lo frágil e inconsistente que fue este despertar, con todas sus múltiples facetas mostrando signos de agotamiento: el entusiasmo de la primavera árabe está sumido en el fundamentalismo religioso; el movimiento Occupy WallStreet (OWS) está perdiendo su moméntum al punto de que - en un lindo caso de "astucia de la razón"- las razzias en Zuchotti Park y otros lugares ocupados por los protestantes parecen una bendición disfrazada, escondiendo la pérdida inmanente del moméntum. Y lo mismo va para el resto del mundo: Los maoístas en Nepal parecen haber sido manipulados por las fuerzas realistas reaccionarias; el experimento "bolivariano" en Venezuela está en progresiva regresión a un populismo de caudillos... ¿Qué hacer en estos casos tan deprimentes cuando los sueños parecen desvanecerse? ¿Las únicas opciones que tenemos son la remembranza nostálgica-narcisista de los momentos de entusiasmo sublime y la argumentación cínico-realista de por qué los intentos de cambiar verdaderamente la situación estaban destinados al fracaso?
  
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 Lo primero que hay que decir es que el trabajo subterráneo de la insatisfacción continúa: la ira se acumula y vendrán nuevas revueltas. La calma extraña y artificial de la primera parte del 2012 está cada vez más vulnerada por las crecientes tensiones subterráneas que anuncian nuevas explosiones; lo que hace que la situación sea tan ominosa es ese sentimiento de bloqueo que lo impregna todo: no hay una salida clara, la elite dominante está perdiendo su habilidad para dominar. Y lo que es aún más perturbador es el obvio hecho de que la democracia no funciona: después de las elecciones en Grecia y España se mantienen las mismas frustraciones.

Los estoicos y su loco mundo material / Del pneuma a la fuerza

Retrato de Zenón de Citio
Detalle de "La Escuela de Atenas" 
 Raffaello Sanzio
José Antonio Gómez Di Vincenzo

Especial para Gramscimanía
Una de las tradiciones filosóficas antiguas que más repercusión han obtenido dada la influencia del helenismo en el mundo grecorromano ha sido la escuela estoica. Fue fundada por dado por Zenón de Citio  (aprox. 333–262 a. C.) en el 301 a. C., y su influencia se extiende del siglo III a. C. hasta finales del siglo II d. C. Tras señales de agotamiento y el éxito e influencia del cristianismo, la escuela cayó en descomposición languideciendo lentamente hasta perderse en los oscuros recovecos de la historia.

Los estoicos construyeron un modelo de cosmos orgánico, caracterizado por la continuidad y la actividad, a diferencia de los epicúreos que creían que la materia era discontinua y pasiva. Los estoicos creían que la materia para nada se presenta en la forma de átomos, cada uno de los cuales posee una identidad permanente, sino como un continuo infinitamente divisible sin rupturas o intersticios, ni vacío. No veían tamaño y figura como atributos permanentes de la materia pues esta puede ser trozada en pedazos tanto como deseemos hacerlo. Si bien los estoicos no admitían el vacío al interior del universo, estaban dispuestos a aceptar la existencia de un vacío extra-cósmico. Así el cosmos podía ser tomado como una isla de continuo rodeada por un espacio vacío infinito.