7/8/12

El Método Cero de Karl Popper para las Ciencias Sociales

Karl Popper ✆ David Levine
José Antonio Gómez Di Vincenzo

Especial para Gramscimanía
En líneas generales, la tradición anglosajona en filosofía de las ciencias tomó como referencia a las ciencias naturales para desarrollar sus conceptualizaciones. En este sentido, en la producción bibliográfica de aquellos intelectuales alineados con el empirismo lógico, existe muy poca producción teórica elaborada con el objeto de reflexionar sobre el status científico de las ciencias sociales, temas como la objetividad de sus estudios, a la metodología mediante la cual elaborarlos y demás problemas epistemológicos. De algún modo, fue Otto Neurath quien más se esforzó por incluir a la sociología en el esquema de la ciencia unificada apelando a la reducción al fisicalismo y proponiendo una sociología conductista que fuera capaz de construir leyes sociales que permitan elaborar predicciones acerca de los grupos humanos. Desde este punto de vista, el sociólogo realizaría predicciones apelando a leyes pero hablando siempre de estructuras que estén dadas en el tiempo y en el espacio. La sociología, como toda ciencia fáctica, buscará descubrir correlaciones causales que puedan ser utilizadas para realizar predicciones. Neurath, como miembro destacado del Círculo de Viena y representante del positivismo lógico, expresa claramente el ideal de ciencia propio del empirismo lógico discutiendo la distinción entre ciencias naturales y ciencias del espíritu. Desde su punto de vista, estas últimas carecen de sentido por estar construidas sobre bases metafísicas. Desde la postura neopositivista, las teorías científicas expresadas como un conjunto de enunciados pueden contener conexiones oscuras entre los mismos, sentidos equívocos o poco precisos que no se definen rigurosamente. Surge entonces, la necesidad de depurar el lenguaje científico obteniendo uno formalizado, lo más transparente posible. Se distinguen los términos fundados en la experiencia o con contenido empírico de los términos metafísicos carentes de dicha relación. Lo que sigue es que todos los enunciados que contienen términos provistos de contenidos empíricos pueden ser controlados en la experiencia. Aquellos no controlables empíricamente no serán considerados científicos a excepción, claro, de los lógico matemáticos puesto que por su estructura implican consecuencias surgidas de un grupo de axiomas.

Antonio Gramsci / Marx significa la entrada de la inteligencia en la historia de la humanidad, el reino de la conciencia

¿Somos marxistas? ¿Existen marxistas? Tú sola, estupidez, eres eterna. Esa cuestión resucitará probablemente estos días, con ocasión del centenario, y consumirá ríos de tinta y de estulticia. La vana cháchara y el bizantinismo son herencia inmarcesible de los hombres. Marx no ha escrito un credillo, no es un mesías que hubiera dejado una ristra de parábolas cargadas de imperativos categóricos, de normas indiscutibles, absolutas, fuera de las categorías del tiempo y del espacio. Su único imperativo categórico, su única norma es: “Proletarios de todo el mundo, uníos”. Por tanto, la discriminación entre marxistas y no marxistas tendría que consistir en el deber de la organización y la propaganda, en el deber de organizarse y asociarse. Demasiado y demasiado poco: ¿quién no sería marxista?

Y, sin embargo, así son las cosas: todos son un poco marxistas sin saberlo. Marx ha sido grande y su acción ha sido fecunda no porque haya inventado a partir de la nada, no por haber engendrado con su fantasía una original visión de la historia, sino porque con él lo fragmentario, lo irrealizado, lo inmaduro, se ha hecho madurez, sistema, conciencia. Su conciencia personal puede convertirse en la de todos, y es ya la de muchos; por eso Marx no es sólo un científico, sino también un hombre de acción; es grande y fecundo en la acción igual que en el pensamiento, y sus libros han transformado el mundo así como han trasformado el pensamiento. Marx significa la entrada de la inteligencia en la historia de la humanidad, significa el reino de la conciencia.

Su obra cae precisamente en el mismo período en que se desarrolla la gran batalla entre Tomás Carlyle y Heriberto Spencer acerca de la función del hombre en la historia.