6/8/12

En torno al Estructuralismo / El problema de la razón en Saussure, Jakobson y Lévi-Strauss

Fernando Merodio 

El estructuralismo se reconoce por su descubrimiento del orden de lo simbólico. Pero el descubrimiento de lo simbólico comporta una nueva forma de dar razón de las cosas. Las cosas son signos, y los signos son irreductibles tanto a la materialidad que los recubre como a las representaciones en las que se despliegan. Los signos son incorporales, pero esta propiedad no implica ningún tipo de indefinición. Los signos se definen en tanto entran en una estructura, en un sistema, y una estructura es, en cada dominio, la razón de las cosas: de la lengua en Saussure, de los fonemas en Jakobson, del pensamiento simbólico en Lévi-Strauss. 

Una de las novedades del estructuralismo es la interpretación que ha dado del problema de la razón, la nueva forma que ha encontrado de dar razón de las cosas. Como el problema de la razón es el problema fundamental de la filosofía, no debería sorprender que la importancia del acontecimiento estructuralista sea en buena medida filosófica, y no solo científica, que no es sino una de las maneras de ocuparse de la cuestión del porqué. Precisamente porque su objeto es exclusivamente el lenguaje (logos), el estructuralismo está en condiciones de plantear el problema de las razones (ratio) de una manera diferente del realismo y del nominalismo, del supuesto realismo de las causas eficientes y del nominalismo de los principios meramente formales, que son dos actitudes abstractas en gran medida ajenas a la filosofía y su estilo de explicar las cosas. “El estatuto de la estructura es idéntico al de la 'Teoría'”2, y no es la menor de las singularidades de la teoría estructuralista concebir el movimiento real de las cosas como algo que “va de lo virtual a lo actual, es decir, de la estructura a sus actualizaciones, y no de una forma actual a otra”3. Hay un dinamismo específicamente estructural que acerca el estructuralismo a ciertas formas clásicas de la razón filosófica, que renueva.

Marxismos / Continuidad y discontinuidad en el cambio de siglo

Francisco Fernández Buey

I

La caída del muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética, acontecimientos decisivos en la historia del mundo del siglo XX, han suscitado indudablemente algunos cambios de nota en la orientación de los marxismos durante la última década. Sin embargo, estos cambios parecen haber afectado más al estado de ánimo de los militantes de las organizaciones socialistas y comunistas que a los temas que se abordan desde un punto de vista marxista. Dicho con otras palabras: la relativa continuidad de los asuntos preferentemente tratados por autores que han seguido declarándose marxistas después de la desaparición del “socialismo real” guarda poca relación con el declive, evidente, de la perspectiva revolucionaria que durante más de un siglo inspiró a la mayoría de las organizaciones social-comunistas. El número de personas que desde 1990 votan opciones social-comunistas de inspiración marxista, sobre todo en Europa, ha descendido de forma tan notable como el número de intelectuales que en los últimos quince años siguen declarándose marxistas. A pesar de lo cual, un repaso detallado de la literatura marxista aparecida en revistas y editoriales durante esta fase muestra que apenas hay discontinuidad respecto de los temas que prioritariamente empezaron a abordarse ya al final de la década de los setenta del siglo XX.

Lo que todo ambientalista necesita saber sobre capitalismo

Fred Magdoff & John Bellamy Foster

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Monthly Review
Ha llegado el momento de que aquellos preocupados por el destino de la Tierra enfrenten los hechos: no sólo la grave realidad del cambio climático sino también la acuciante necesidad de un cambio en el sistema social. La incapacidad de arribar a un acuerdo sobre el clima global en Copenhague en diciembre de 2009 no fue únicamente una simple abdicación de liderazgo mundial, como se ha sugerido frecuentemente, sino que tuvo raíces más profundas en la inhabilidad del sistema capitalista para lidiar con la creciente amenaza a la vida en el planeta. El  conocimiento de la naturaleza y los límites del capitalismo, y los medios para trascenderlo, tienen entonces importancia vital. En palabras de Fidel Castro en diciembre de 2009: “Hasta hace muy poco se discutía sobre el tipo de sociedad en que viviríamos. Hoy se discute si la sociedad humana sobrevivirá”.[1]
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Marxismo Crítico

I. La crisis ecológica planetaria

Existe abundante evidencia de que los humanos han causado daño ambiental durante milenios. Problemas por deforestación, erosión de suelos, y salinización de suelos irrigados se remontan a la antigüedad. Platón escribió en Critias:
Nuestra tierra ha venido a ser, en comparación con la que fuera entonces, como el esqueleto de un cuerpo descarnado por la enfermedad. Las partes grasas y blandas de la tierra se han ido en todo el derredor, y no queda más que el espinazo desnudo de la región. Pero, en aquellos tiempos, cuando estaba aún intacta, tenía como montañas, elevadas ondulaciones de tierra; las llanuras que hoy día se llaman campos de Feleo, estaban cubiertas de glebas grasísimas; sobre las montañas había extensos bosques, de los que aún quedan actualmente huellas visibles. Pues, entre estas montañas que no pueden alimentar ya más que las abejas, las hay sobre las que se cortaban, no hace aún mucho tiempo, grandes árboles, aptos para levantar las mayores construcciones, cuyos revestimientos aún existen. Había también multitud de altos árboles cultivados, y la tierra brindaba a los rebaños unos pastos inagotables. El agua fecundante de Zeus que caía cada año sobre ella, no corría en vano, como actualmente para irse a perder en el mar desde la tierra estéril: la tierra tenía agua en sus entrañas, y recibía del cielo una cantidad que ella había hecho impermeables; y ella conducía también y desviaba por sus anfractuosidades el agua que caía de los lugares elevados. De esta manera, por todas partes se veían rielar las generosas corrientes de las fuentes y los ríos. Respecto de todos estos hechos, los santuarios que en nuestros días aún subsisten en honor de las antiguas fuentes, son un testimonio fehaciente de que esto que acabamos de contar es verídico.[2]