1/8/12

La ontología crítica de Lukács / Para una ética objetivamente fundada

György Lukács ✆ David Levine
Mario Duayer & João Leonardo Medeiros

1. Introducción

Prolegómeno de la Ética que proyectaba escribir, Lukács preparó lo que sería su obra póstuma, Para una ontología del ser social, como contribución esencial para restaurar el sentido de la auténtica crítica marxista. Su elaboración se remonta al “giro ontológico” del pensamiento del autor, identificado por Oldrini (2002: 54) en los inicios de la década de 1930. Tertulian tiene razón al afirmar que el proyecto de Lukács de desarrollar una ontología siempre estuvo ligado al problema de la praxis humana emancipatoria. Para superar las aporías de la Realpolitik, resultaba necesario expulsar, como dice Lukács.

La identificación de la acción revolucionaria con la Realpolitik (Esto es, el pragmatismo no ético), pues, por sus propios objetivos (la liberación y desalienación del hombre), ella trasciende el pragmatismo y el utilitarismo vulgares, y tiende, por el contrario, a la realización del “género humano para sí” (Tertulian, 1999: 131-2)

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Semejante expulsión conlleva una concepción de la sociedad en la cual la acción transformadora pueda, de hecho, tener sentido, es decir una ontología del ser social en la que la historia y los procesos, relaciones y estructuras legales no se excluyan mutuamente. También presupone una apreciación inmediata de la ética, en la medida en que la práctica transformadora solo puede emerger sobre la base de una evaluación negativa de las relaciones, estructuras, etc. sociales existentes.

Alain Badiou / La emergencia de una verdad

La verdad de la luna ✆ Thosio Ebine
[...] ¿Por qué la «voluntad general» se pondría de manifiesto en una mayoría numérica? Rousseau no logra aclarar este punto, y por lo tanto, solo en las revueltas históricas, minoritarias pero localizadas, unificadas e intensas, tiene sentido hablar de una expresión de la voluntad general.
  
Lo que ocurre, que Rousseau denomina «expresión de la voluntad general», yo lo llamaría por otro nombre filosófico: la emergencia de una verdad, en determinadas circunstancias, de una verdad política. Esta verdad reside en el propio ser del pueblo, en eso respecto de lo que la gente es capaz de acción e ideas. Esta verdad surge en las lindes de la revuelta histórica que la arranca de las leyes del mundo (en nuestro caso arranca de la presión del deseo de Occidente) con la forma de un nuevo posible antes ignorado. Y la afirmación (después, como veremos, organización) de este nuevo posible político se presenta bajo una forma explícitamente autoritaria, la autoridad de la verdad, la autoridad de la razón. Autoritaria en sentido estricto puesto que, al menos en principio, que existe en la revuelta histórica un derecho absoluto es algo que nadie puede desconocer públicamente. Y es precisamente este elemento dictatorial lo que a todos entusiasma tanto como la demostración de un teorema, como una brillante obra de arte o una pasión amorosa por fin declarada, todas estas cosas respecto de las que ninguna opinión puede contradecir la ley absoluta.

Alain Badiou, El despertar de la historia, Clave Intelectual, Madrid, 2012, pp. 84-85.