31/7/12

“Cierto negro brasileño leproso” / Un sueño político-filosófico de Spinoza - I

Baruch de Spinoza
✆ Giuseppe D'Ambrosio Angelillo
Nicolás González Varela

“Estos negros –dicen los holandeses– son feroces, pérfidos, infieles a  los tratados, e irreconciliables”: Barón de Bessner, ‘Mémoire sur les negres fugitifs de Surinam’, 1777
“Spinoza, el primer judío liberal”: Carl Schmitt, ‘Der Leviathan in der Staatslehre des Thomas Hobbes’, 1934
“Las contradicciones de un autor son significativas porque contienen problemas que, ciertamente  no resuelve, pero que revela contradiciéndose”: Karl Marx, ‘Theorien über den Mehrwert’, 1861–1863

Especial para Gramscimanía
 Spinoza, el “hombre ebrio de Dios”, el “marrano de la Razón”, el “judío subversivo”, aquel que el filósofo cortesano Leibniz describió como “un hombre de tinte oliváceo y algo de español en su semblante”, fue sin dudas un pensador radical para su época, ligado a los ríos, a los canales y al océano. Su corta pero profunda reflexión se encuentra indeleblemente marcada por el surgimiento del nuevo imperialismo, la emigración, la persecución, la precariedad, las travesías inciertas, el riesgo mercantil de la desafiante burguesía y el cosmopolitismo más moderno. [1] Sin duda impresiona su dimensión total, al mejor estilo de un hombre del Renacimiento: metafísico y moralista, pensador religioso y filósofo político, exégeta crítico de la Biblia, crítico social, pulidor experto de lentes, comerciante multinacional, físico y cosmólogo, hereje hasta el final de sus días. Podríamos decir que era español, ya que la familia de Spinoza, como su nombre lo indica, provenía de la ciudad castellana de Espinosa de los Monteros, provincia de Burgos, en el límite cantábrico, y porqué era costumbre en los judíos sefardíes portugueses el hablar portugués pero escribir en español;  hispano-portugués, porque sus padres fueron emigrantes forzosos de formación católica no-judía, los Anusim, o “marranos” (los antepasados judíos de Spinoza vivían ya en España en tiempos de Cartago y Roma); era judío, porque fue recibido en la comunidad de Abraham y recibió estudios tradicionales talmúdicos, y contribuyó económicamente con su sinagoga; era portugués, ya que esa fue durante toda su vida su lengua materna y primigenia (tanto que los poetas ibéricos eran sus preferidos, tanto que firmaba con naturalidad con un “D’Espiñoza”); era holandés, porque nació en Amsterdam, en un barrio que se encontraba entre el río Amstel y el puerto, Vlooienburg (hoy se llama Waterlooplein), en una casa espaciosa alquilada, y porque murió en La Haya, porque estaba ligado a Rembrandt por la misma cultura, pero por destino Spinoza seguirá siendo un outsider, un intempestivo, un hombre póstumo, un inactual. Su situación es excepcional, generará una filosofía imposible de reducir a una religión, imposible de cooptar por la peste nacionalista, pero al mismo tiempo bien anclada en las relaciones materiales de su tiempo y atenta a la tradición política. Pero a pesar de sus esfuerzos, la Ideología holandesa de la burguesía vivirá a su pesar enroscada entre líneas, incluso entre sus sueños. 

Karl Korsch, Lenin, Trotsky / Progreso y atraso del marxismo

Juan Dal Maso

Releyendo el libro [Marxismo y Filosofía de Karl] Korsch, que había leído en 2003 en la Biblioteca del Congreso rodeado de estudiantes coreanos y cuyo contenido recordaba poco y nada salvo alguna idea vaga, caí en la cuenta de que fue un error escribir este artículo, -La “ortodoxia” que no fue / A propósito del Cuaderno XI de Gramsci- sin volver a leerlo y estudiarlo previamente. Pero bueno, en cierto modo, lo que se dice ahí sobre Lukács también se aplica a Korsch, en tanto los filósofos oficiales de la URSS les dieron para que tengan y guarden por igual al intelectual húngaro como al alemán. Y salvo alguna precisión que se hubiera podido hacer, Korsch hubiera entrado como parte del contexto, porque lo principal era el análisis de las notas polémicas de Gramsci contra Bujarin.

Sin embargo, el trabajo de Korsch, reconocido ampliamente como un trabajo de gran valor teórico, más allá de que no tiene demasiados adeptos, por lo menos que tomen la totalidad de sus planteos, sirve para retomar la reflexión sobre el estado del desarrollo de la teoría marxista después de la Revolución Rusa y las necesidades de redefinición de un marco teórico acorde al nuevo marco estratégico (que como bien explica Trotsky estaba también sujeto a interpretación y a una fuerte disputa a raíz de las derrotas de la IC, los errores de su dirección y la ausencia de un balance realista de ambos puntos).