30/7/12

Formas de contarse la vida / La Palabra como magia, crisol de la experiencia vital que contiene a la vez poder y sufrimiento

Luis Roca Jusmet

“En este día perfecto que todo madura y no sólo la uva toma un color oscuro acaba de posarse sobre mi vida un rayo de sol; he mirado hacia tras, he mirado hacia delante, y nunca había visto de una sola vez tantas y tan buenas cosas. No en vano he dado hoy sepultura a mi cuadragésimo año, me era lícito darle sepultura,- lo que en él era vida estaba salvado, es inmortal. La Transvaloración de todos los valores, los Ditirambos de Dionisio y, como recreación, el Crepúsculo de los ídolos- ¡ todo, regalos de este año, incluso de su último trimestre! ¿ Cómo no había yo de estar agradecido a mi vida entera ¿. Y así me cuento mi vida a mí mismo”.  Friedrich Nietzsche

Especial para Gramscimanía
Los escritos autobiográficos quizás son un intento de transformar la propia vida en literatura, en un relato, como decíamos interesante. Sin pretender formular una teoría sobre una posible raíz cristiana de este tipo de escritos si podríamos vincularlo a esta tradición, tanto desde el punto de vista de la confesión (Agustín de Hipona) como de la dramatización de la propia existencia (lo cual nos podría remontar a Grecia).

Georges Bataille
en TV [1958]
Los escritos autobiográficos son una manera de transformar la propia vida en literatura. Incluyo aquí un video en el que entrevistan a Georges Bataille. No hablaré aquí de él, aunque ha escrito textos inclasificables que tienen mucho de biográfico. Pero lo escucharemos. Los típicos son los diarios y las memorias. Personalmente prefiero los diarios. Las memorias tienen para mí un doble defecto: una que muchas veces tienen el carácter pretencioso de presentarse como testimonio de una época y otro el de la idealización que posibilita el que uno filtre su propio pasado. Esto no quita que haya que negar el carácter efectivo de testimonio que tienen unas memorias inteligentes (un ejemplo claro sería Un mundo de ayer de Stefan Zweig) y que en otros casos el carácter trágico de unas memorias borren cualquier idealización (como El porvenir es largo en el que Althusser intenta explicarse a sí mismo con una desgarradora sinceridad). Pero siempre se escriben para darles publicidad y por tanto de justificarse a uno mismo delante de los otros, o de Otro indeterminado.