29/7/12

Peter Sloterdijk / La ira en los tiempos del capital. O de cómo se detuvo el motor de la historia

 Peter Sloterdijk
Susanna Bozzetto

El polémico pensador contemporáneo Peter Sloterdijk recolecta en su libro Ira y Tiempo reflexiones acerca del papel que ha jugado la ira en la historia de la humanidad como factor político y psicológico. A continuación se recogen las ideas centrales para indagar en lo que sucede en el mundo de hoy que, encerrado en aquel Palacio de Cristal del que hablaba Dostoievski en sus memorias del subsuelo,no consigue ni reanudar el curso de la historia ni saciar sus deseos en su estado del bienestar. Todas estas incomodidades asociadas a “la crisis” que se siguen desatando en distintos países alrededor del mundo no genera más que protestas dispersas que hablan más del alcance tecnológico a la hora de transmitir mensajes instantáneos que de una reactivación del colectivo iracundo en favor de un cambio del sistema. 
Susanna Bozzetto

A modo de introducción

La evaluación de la historia de Occidente que propone el filósofo Peter Sloterdijk en su obra Ira y Tiempo, devela el papel que ha tenido la presencia de la energía thimótica, tan importante en la mitología antigua y tan aparentemente olvidada en la cotidianidad. El thymos es esa parte de cada persona, una especie de órgano según el autor, del cual provienen las emociones relacionadas con el orgullo, la dignidad y el valor de sí mismo.

Gramsci y la ruptura contra el determinismo en la estrategia del poder popular

Ricardo Adrián

Un problema central de toda política revolucionaria es el problema del poder; para la revolución socialista es la ampliación inusitada de la autoconciencia y participación decisiva de los pueblos explotados en la resolución y ruptura del orden que los oprime, se trata de la cuestión de la hegemonía del pueblo trabajador contra el modo de control metabólico del capital.

Por muchos años, la polémica sobre este tema se abre y se reabre desde distintas interpretaciones, puestas en práctica, con implicaciones históricas en los pasajes revolucionarios que ha labrado la humanidad. Concepciones que van desde las posiciones neo-anarquistas muy escuchadas en los eventos del Foro Social Mundial que luchan por la revolución desestimando el tema del poder, pasando por las clásicas anarquistas que plantean la destrucción de toda forma estado o poder, sin transición alguna; tesis éstas que terminan siendo tildadas de utópicas, puesto que el derrocamiento de la burguesía y toda forma de dominación requiere de formas especiales de organización de la violencia y del consenso, las cuales dejarán de ser necesarias cuando la humanidad haya abolido y superado las clases sociales y sus antagonismos.

Posmanifiestos / La lección del Manifiesto Comunista es que para el cambio no basta un documento

Maciek Wisniewski

La crisis, las primaveras, los movimientos estudiantiles, los ocupas, los indignados, plazas y calles llenas de gente, otros movimientos antisistémicos: la situación desde hace tiempo parece turbulenta, pero lejos de ser revolucionaria. ¿Hace falta algún manifiesto para aglutinar las diferentes luchas y darles un fervor necesario?

El Manifiesto del Partido Comunista, de Carlos Marx y Federico Engels, fue publicado en las vísperas de “la primavera de los pueblos” de 1848. Pero en vez de “hacer la diferencia” fue opacado por la dinámica de los hechos y el fracaso del ciclo revolucionario. La revolución burguesa no fue el camino a la revolución proletaria, sino al avance global capitalista. Quedó desapercibido y resurgió sólo décadas después como un importante documento que conservó su relevancia teórica y potencial político.

Es llamativo que nunca hubo un “manifiesto capitalista”, aunque Ayn Rand estuvo cerca de escribir uno y aunque un libro de Walter Rostow –Stages of economic growth (1960), una “biblia del desarrollo”– tiene por subtítulo A non-communist manifesto. Los capitalistas prefieren la práctica, sin teoría (“no saben lo que hacen, pero lo hacen”, es la definición de la ideología de Slavoj Žižek).

Marx en torno al nacionalismo, la etnicidad y las sociedades no occidentales

Karl Marx  Solveig Wiig
Kevin B. Anderson

Este viaje por los escritos de Marx a propósito del nacionalismo, de las razas, de la etnicidad y de las sociedades no occidentales creo que ha demostrado el carácter multidimensional del conjunto de su proyecto intelectual. Creo que ha quedado probado que para Marx la crítica del Capital va más allá de lo que generalmente se supone. Es cierto que se centró en las relaciones Capital-Trabajo en Europa y en América del Norte pero, al mismo tiempo, consagró un tiempo considerable, y dedicó una energía enorme, al análisis de las sociedades no occidentales y a las cuestiones referidas a las razas, la etnicidad y el nacionalismo. Aunque algunos de sus escritos testimonian una perspectiva unilineal discutible y, en ocasiones, comportan elementos de etnocentrismo, la trayectoria del conjunto de los escritos de Marx sobre estas cuestiones, vistas en su evolución, va por otros camino. Este libro muestra que Marx creó una teoría plurilineal y no reduccionista de la historia, que analizó la complejidad y las diferencias de las sociedades no occidentales y que rechazó caer presa de un modelo único de desarrollo o de la revolución.

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En 1848 Marx y Engels expusieron un modelo teórico de la sociedad capitalista y de sus contradicciones fundamentales tan previsor, que incluso hoy el poder descriptivo del Manifiesto Comunista no tiene nada que se le parezca. Pero en el Manifiesto muestran también, de manera implícita y equívoca, una concepción unilineal de la evolución social. Según ellos, las sociedades pre capitalistas (en particular, China) que, de forma etnocentrista, caracterizaron como parte de las naciones "más bárbaras", estaban destinadas a ser invadidas y modernizada a la fuerza por el nuevo y dinámico sistema social que era el capitalismo.

El marxismo como praxis / Marx no se plantea la unión de la teoría con la práctica sólo en términos éticos o epistemológicos

Álvaro Rivera Larios

Cuesta creer que, presentándose como una praxis, el marxismo todavía no haya resuelto el problema de “la unión social y política de la teoría con la práctica”. Mi  afirmación sublevará a los especialistas –y a los no tan especialistas– en Marx y a las personas que han vivido el marxismo como una ética. Solo les pido que, antes de condenarme como a un hereje o a un ignorante, lean mi razonamiento. 

Supongo que a muchos les molestará que ponga en tela de juicio lo que dan por supuesto: que la historia de los últimos cien años es una prueba irrefutable de cómo la izquierda ha conquistado, en las situaciones más adversas, la unión de las ideas y los actos.