21/7/12

Lo político en el camino de Louis Althusser a Ernesto Laclau

Louis Althusser  Vasco
Aldo N. Avellaneda

Esta presentación parte del siguiente presupuesto, que es a la vez la condición de existencia del momento político: no existe redistribución de la riqueza sin una regeneración del poder1.

Efectivamente, lo primero sin lo segundo nos remite a los momentos más «equitativos» de la democracia de occidente, gobiernos «populares» con un imaginario de apertura, que apostaron al mejoramiento en la calidad de vida de los sectores más marginados, aunque sumamente autocráticos y centralizados en lo que respecta a la diagramación de espacios en donde se configuran los momentos de decisión – acción, contribuyendo en el mejor de los casos a políticas de tipo clientelares y, en el peor, a escaladas de totalitarismo.

Ahora bien, el desplazamiento del interés intelectual de la cuestión de la riqueza (definida aquí en términos sociológicos amplios, como conjunto de capitales de diferentes especies) a la problemática del poder, pudo haber llevado a cierta parte de los debates contemporáneos en la izquierda a priorizar de tal forma lo político, dotándolo de una autonomía tal, que da la sensación de que se ha circunscrito el debate por la democratización de las sociedades al trabajoso y conflictivo momento de la lucha por los derechos políticos, entendidos estos como la posibilidad efectiva de incidir –desde posiciones de sujeto de lo más diversas: ecologistas, feministas, indigenistas, etc.– en las formas de institucionalización de lo social, es decir, de la política. Con lo cual, y amparándonos en la ya clásica distinción, lo político no tendría margen de supervivencia por fuera de la política.

Carl Gustav Jung y el nacionalsocialismo

Carl Gustav Jung   Fred Rubim
Laura Ibarra García

“El inconsciente ario tiene un potencial mayor que el judío [...]. A mi juicio, la actual psicología médica ha cometido un grave error al aplicar indiscriminadamente categorías, que ni siquiera son válidas para todos los judíos, a los germanos cristianos o eslavos [...]. La psicología médica ha sostenido que el secreto más precioso de los germanos, el fondo de su alma creadora y llena de fantasía, es un pantano infantil y banal, mientras que por décadas, mi voz que advertía de ello, ha estado bajo la sospecha de ser antisemita. La sospecha provino de Freud. Éste no conocía el alma germana, como tampoco la conocen sus seguidores.”

Estas palabras fueron escritas por C. G. Jung en enero de 1934. Ellas dejan ver el rumbo que tomaría la psicología en Alemania durante los once años en que el país estaría dominado por los nacionalsocialistas. Mientras Sigmund Freud y Alfred Adler, quienes pertenecían a la comunidad judía de Viena, eran blanco de numerosas difamaciones que aparecían en periódicos nacionales y en revistas especializadas, Jung sintió que había llegado la hora en que el régimen alemán lo habría de reconocer como uno de sus grandes intelectuales.