19/7/12

Michel Onfray / La filosofía feroz

Michel Onfray ✆ Luca del Baldo
Héctor Villarreal

Un tipo rudo en tiempos de moderación, Michel Onfray. Que escribe con furia. Y eso ya lo hace interesante. Que se diferencia, por contraste, de tanto señorito empedernido en colocarse en el justo medio, edificar la corrección política o personificar la autoridad moral.

No de izquierda light o socialdemócrata, sino izquierdista socialista marxista; no outsider cool-alternativo de aparador-bukowskiano de Bellas Artes, sino anarquista; no ateo ni agnóstico ni espiritualoide, sino ateísta; no académico, sino filósofo. Un tipo rudo en tiempos de moderación, Michel Onfray. Que escribe con furia. Y eso ya lo hace interesante. Que se diferencia, por contraste, de tanto señorito empedernido en colocarse en el justo medio, edificar la corrección política o personificar la autoridad moral.

La filosofía feroz [Buenos Aires: Libros del Zorzal, 2006] es un conjunto de 25 ensayos cortos que fueron publicados mes a mes en la revista Corsica. Subtitulado Ejercicios anarquistas, constituye un alegato contra los liberalismos, sean de derecha o de izquierda; una protesta contra la violencia del Estado por considerarla causa de todas las demás que supuestamente son ilegítimas; por lo tanto, es también confrontación al Derecho y a la Ley porque impiden la Justicia, y, por supuesto, oposición al poder del dinero y de los adinerados. “El liberalismo es una religión”, sentencia, “el euro su profeta; el planeta su territorio”.

El proceso de aprendizaje de Marx / En contra de corregir a Marx con Hegel

Karl Marx Kenmeyerjr
Wolfgang Fritz Haug

De los suabos se dice que sólo se vuelven “listos” pasada la cuarentena. Si hubiera que dar crédito a cierta literatura, con Karl Marx pasaría justo lo contrario. Poco después de cumplir los cuarenta, se dice, su inteligencia teórica empezó a decaer. Son principalmente las interpretaciones de orientación hegeliana de la crítica de la economía política las que consideran por norma retrocesos los progresos que hizo Marx desde los Grundrisse, pasando por la primera (1867) y segunda (1872) ediciones del libro I del Capital hasta su traducción al francés (1872-1875) y culminando en las Notas marginales sobre Wagner, pues de hecho todo esto fueron pasos que conducían más allá de la dialéctica especulativa de Hegel. Se afirma que, al popularizarlo, Marx debilitó el núcleo teórico de su pensamiento (véase Hoff 2004, 21-27). Particularmente Hans-Georg Backhaus ve –como antes que él, si bien de manera menos sumaria, Iring Fetscher– sobre todo en las reelaboraciones de la segunda edición del libro I del Capital una “vulgarización de su teoría del valor procurada por Marx mismo” (1997, 297). 

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Asimismo, Backhaus transfiere al propio Marx una distinción que éste aplicó a Adam Smith, de suerte que Marx se desdoblaría en una parte “lógica, esotérica” y otra parte “historicista, exotérica” (1997, 294; análogamente Kurz 2000). La segunda parece que se relaciona con el Marx comprometido con el movimiento obrero, y sería el llamado “marxismo de movimiento obrero”, Arbeiterbewegungsmarxismus, como se suele decir con cierto desdén. En cualquier caso, desde el hundimiento del socialismo de estado de procedencia soviética en Europa, estos enfoques se han asociado, con agresividad creciente, al rechazo de todo tipo de marxismo.

La devoción de la risa / Variaciones acerca de Nietzsche, Bataille y Kundera

Mónica Giardina

El tema es la risa, una acción que muchas veces nos tienta, nos tumba o nos mata, una acción con la que también matamos y revivimos. Reímos cuando queremos desatender o infringir algo, también reímos para afirmar, celebrar y agradecer. La región donde estalla la risa siempre descubre un límite, sea su objeto mezquino o noble, la risa se expande a través de fisuras, intersticios, alteraciones de lo esperado o supuesto. La risa penetra irónicamente la esencia de las cosas en tanto reveladora de esa otra posibilidad no permitida, resguardada, absurda o ridícula.

Siempre está ligada a la verdad de alguna manera, por ejemplo como contrapartida de lo que se llama adecuación, haciendo de espejo invertido, distorsionante, paradójico, conformándose como una disonante armonía. La risa estalla en el cuerpo, lo pone en movimiento, a veces desarmándolo o haciéndolo reventar, siempre compromete la sensualidad. Claro que también hay un sentido de inactividad asociado a la risa, como cuando se dice de algo: que está ahí, “muerto de risa” o “muriéndose de risa”, para expresar que está en reposo, inactivo, sin embargo, podría decirse que su mayor actividad es la risa, que ríe de nuestro abandono u olvido, que ríe en silencio para que no lo descubramos y pueda seguir riendo, porque la risa se quiere y se contagia a sí misma.

El Zen y el Occidente

Umberto Eco ✆ Huadi
Umberto Eco

El presente ensayo se remonta a 1959, época en la cual en Italia comenzaban a rebullir las primeras curiosidades en torno al Zen. Dudábamos de incorporarlo a esta segunda edición por dos motivos:
 1. La vague del Zen no ha dejado posteriormente señales dignas de mención en la producción artística fuera de América, y las consideraciones en torno al misino son hoy menos urgentes que ocho años atrás.
 2. Aunque nuestro ensayo circunscribía muy explícitamente la experiencia del Zen entre los fenómenos de una “moda” cultural, indagando pero no propagando sus razones, hubo lectores precipitados (o de mala fe) que lo denunciaron como un manifiesto, como el intento incauto de un trasplante, lo cual, en cambio, aparece claramente criticado en el último párrafo del ensayo.

John Cage: Dream
Sea como fuere, hemos decidido conservar el capítulo porque:
 1. Los fenómenos culturales que simbolizaba la moda del Zen continúan válidos en los Estados Unidos… y dondequiera que se instauren formas de reacción a-ideológica, místico-erótica frente a la civilización industrial (incluso a través del recurso a los alucinógenos);  2. No hay que pretender nunca cubrirse con la estupidez ajena.

Conversaciones con Gilles Deleuze

Gilles Deleuze
"A la manera de Andy Warhol
 "
Luis Roca Jusmet

Especial para Gramscimanía
Mi paso por la facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad de Barcelona, allá por los finales de los setenta, no fue muy glorioso. Profesores bastante mediocres en general. Algunos se salvaban, por supuesto, por diferentes razones. Unos porque eran académica y didácticamente buenos, algunos fallecidos como Ramón Valls y Francesc Gomà. Otros porque, aun siendo bastante desiguales en sus intervenciones, tuvieron la capacidad de abrirme nuevos horizontes y estimularme a pensar. Es el caso de Miguel Morey, que lo hizo sobre todo iniciándome en la filosofía de Michel Foucault y Gilles Deleuze. A Foucault lo trabajé en dos etapas diferentes de mi vida y creó que he aprendido mucho con sus lecturas. Aprender de alguien es, siguiendo a Jacques Rancière, es ser capaz de integrar sus conceptos, sus enunciados, en el discurso de la propia experiencia. Si no lo único que hacemos es repetir al otro, que filosóficamente es inaceptable.

Hay 2 videos
con Gilles Deleuze
Deleuze, igual que Lacan, eran dos temas pendientes. Polémicos y difíciles necesitaban una inmersión de tiempo y trabajo. Hace años lo hice con Lacan. Hoy me lo planteo con Deleuze. O a medias porque en estos momentos no puedo hacer una inmersión en profundidad. De hecho he leído textos de Deleuze referidos a Hume, a Spinoza y a Nietzsche y me han parecido muy estimulantes.

Acabo de leer un libro que se llama Conversaciones, reeditado por Pretextos el año 2006 y muy bien traducido por José Luis Pardo. En él hay 17 entrevistas agrupados en cinco temas y realizadas a lo largo de 20 años. Voy a escribir, estructuradas por temas, las impresiones que me ha producido el libro. Añado aquí los videos en los que Deleuze conversa a viva voz.

La imagen absoluta / Del PowerPoint al Photoshop

Música para el sábado ✆ Jim Flora
Ramón Castillo

“¿No debe el fotógrafo —descendiente del augur y del arúspice— descubrir la culpa en sus imágenes y señalar al culpable? “No el que ignore la escritura, sino el que ignore la fotografía”, se ha dicho, “será el analfabeto del futuro”. ¿Pero es que no es menos analfabeto un fotógrafo que no sabe leer sus propias imágenes? ¿No se convertirá la leyenda en uno de los componentes esenciales de las fotos?” — Walter Benjamin

La desconfianza ciega de quien observa…

¿Existe la neutralidad en la imagen? No, porque las imágenes no existen allende de quien las hace emerger, de quien las consolida dentro de un marco en el que la selección de una determinada porción del mundo elimina otros factores contiguos. Una imagen nunca puede relatarnos algo de manera inocente dado que su existencia misma exige la parcialidad.

Como la mirada misma, no hay lente que no tenga que reducir su percepción a una parcela demasiado estrecha, limitante, selectiva. El buen fotógrafo, por ejemplo, sabe que entre más particularice el acercamiento a sus objetivo más puede incidir en una insospechada revelación, en mirar de otro modo, torcer la obviedad de las cosas para hacer evidente la verdad de la fotografía: a la vez que devela nuevas realidades, mientras pluraliza el universo de lo observado, está destruyendo también la credulidad en un paradigma objetivo e irrebatible. En su fidelidad, la fotografía traiciona la idea de que relata al mundo de manera unánime.