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17/7/12

Antonio Gramsci / El transformismo como una de las formas históricas de la “revolución pasiva”

Casa natal de Antonio Gramsci
"Efecto del movimiento obrero socialista en la creación de importantes sectores de la clase dominante. La diferencia entre el fenómeno italiano y los de otros países consiste objetivamente en esto: en los demás países el movimiento obrero socialista produjo personalidades políticas singulares, mientras que en Italia produjo enteros grupos de intelectuales que pasaron en grupos a la otra clase. Me parece que la causa debe verse en esto: escasa proximidad en Italia de las clases altas al pueblo: en la lucha de las generaciones, los jóvenes se acercan al pueblo; pero en las crisis que anuncian algún cambio esos jóvenes se vuelven a su clase (así ocurrió con los sindicalistas-nacionalistas y con los fascistas). En el fondo es el mismo fenómeno general del transformismo, pero en condiciones distintas. El transformismo “clásico” es el fenómeno por el cual se unificaron los partidos del Risorgimento. Ese transformismo pone de manifiesto el contraste entre la cultura, la ideología, etc., y la fuerza de clase. La burguesía no consigue educar a sus jóvenes (lucha de generaciones); los jóvenes se dejan entonces atraer culturalmente por los obreros y hasta intentan o consiguen convertirse en jefes de los obreros (lo cual es un deseo “inconsciente” de realizar la hegemonía de su clase sobre el pueblo); pero en las crisis históricas vuelven al redil. Este fenómeno de los “grupitos” no habrá ocurrido, ciertamente, sólo en Italia, también en los países de situación análoga ha habido fenómenos análogos: los socialismos nacionales de los países eslavos (o social-revolucionarios, o narodniki, etc.) (C. XX; I. C. 42.)

Gramsci caracteriza el “transformismo” como “la absorción gradual, pero continua y obtenida con métodos diversos según su eficacia, de los elementos activos surgidos de los grupos aliados, e incluso de aquellos adversarios que parecían enemigos irreconciliables. En este sentido la dirección política ha devenido un aspecto de la función de dominio, en cuanto la asimilación de las elites de los grupos enemigos los decapita y aniquila por un período frecuentemente muy largo” (Cuadernos V, 387)

Jacques Derrida se ha constituido en un referente insoslayable en la producción académica contemporánea

Jacques Derrida Rensoni
Rosa  Nidia Buenfil

En los peores casos para aplaudirlo incondicionalmente (Norris, 1983) o para condenarlo sin remedio (Habermas, 1989), o en casos más afortunados, apropiándose de sus herramientas para hacerlas jugar en otros campos: discusiones sobre la ética (Critchley, 1988), la política (Laclau, 1990; Norval, 1993; Beardsworth, 1996), entre otras. En el campo educativo, con cierta timidez comienzan a incorporarse o al menos a discutirse lógicas y conceptos derridianos en Giroiur (1989), McLaren (1986), Frigerio (1995), Puiggrós (1996), J. Granja Castro (1996), De Miguel (1996), López Rainírez (1998).

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En mi caso, no fue sino hasta la segunda mitad de los años ochenta cuando Jacques Derrida comenzó a representar una fuente de finas herramientas de intelección en el ámbito de la filosofía política, en el que había incursionado siguiendo las huellas de Ernesto Laclau en las lejanas islas británicas. Si bien esta entrada al pensamiento derridiano no fue directa en ese momento, sí ha marcado un sello en la perspectiva de investigación en que me inscribo, el análisis político del discurso, y en relación con la cual haré a continuación algunas consideraciones.