11/7/12

Jacques Rancière / El cine es un complejo sistema de encuentros y distancias, es un mundo y como tal no hay teoría que lo abarque

En un nuevo texto, Jacques Rancière habla de la heterogeneidad del cine y de la imposibilidad de explicarlo en su totalidad.

Gustavo Galuppo

Jacques Rancière concibe el cine como un complejo sistema de encuentros y  distancias. Distancias que, tal vez, el mismo cine no sea capaz de salvar, pero que constituyen de algún modo su mayor reserva de potencias posibles. La lejanía y la cercanía, el encuentro y el desencuentro, el intento de apropiación y el fracaso, la reescritura y la imposibilidad. La distancia constituye aquí al cine en sus falencias intrínsecas y allí mismo en sus mayores poderes expresivos. El cine se hace a sí mismo desde esas distancias y desde el intento, a veces felizmente infructuoso, de superarlas. Distancias con el arte (¿espectáculo o expresión artística?), con la política (¿es capaz de suscitar conciencia política?), con la teoría (¿se puede lidiar con la pasión del cinéfilo?). Tensiones no resueltas que suscitan problemáticas referidas a la especificidad y a la hibridez del medio. Distancias que lo fuerzan a repensarse a sí mismo y a repensar en el mismo movimiento esas otras formas de pensamiento, a reinventarlas a costa de perderse en ese camino de resolución imposible. El cine, para Rancière, es justamente esa multitud de cosas que se apilan y se contradicen, esa constitución polimorfa presentada bajo la forma de un sistema de distancias irreductibles: el borramiento conflictivo de esa línea de demarcación entre el entretenimiento del puro espectáculo y la expresión artística, la divergencia entre la realidad de la proyección y la reescritura del recuerdo, el aparato ideológico que pone en marcha proyectos utópicos que no dejan de circular en la sociedad como una energía hecha de destellos e imágenes ambiguas o contradictorias, y la incompatibilidad de la pasión cinéfila, que recusa la posibilidad del discernimiento, con el pensamiento teórico.

Subalternidad y multitudes como actor político

Miguel Ángel Herrera Zgaib

I. Preliminares

“Por la propia concepción del mundo se pertenece siempre  a un determinado agrupamiento, y precisamente al de todos los elementos sociales que participan de un mismo modo de pensar y de obrar. Se es conformista de algún conformismo, se es siempre hombre masa u hombre colectivo. El problema es éste: ¿a qué tipo histórico pertenece el conformismo, el hombre-masa del cual se participa?: Antonio Gramsci, Nota I, en: Introducción al estudio de la Filosofía y del materialismo histórico. Premiá Editora. México, 1981, p.  8.
                                                                
Durante la primera mitad de los años 70, cuando el estado de sitio era una constante institucional colombiana, empecé a participar de un grupo juvenil universitario, Núcleos 21 de abril, que luego hizo parte del fallido proceso de la Unión Revolucionaria Socialista, la URS. Esta organización pretendía convertirse en partido político articulando un conjunto de agrupamientos y núcleos marxistas de diferentes vertientes del espectro socialista, desde pro-castristas, y camilistas comprometidos con la teología de la liberación hasta seguidores del marxismo, leninistas, trotskistas, y pro-chinos movidos por la revolución cultural del gran timonel, y su ruptura con la hegemonía de la Unión Soviética.

Encarnábamos como precipitado la fractura política de la hegemonía liberal-conservadora ejercida sobre dos sectores sociales específicos, jóvenes y trabajadores intelectuales, expresiones sí de la contrahecha y postergada modernidad plena que aún sufre Colombia. Aquella fractura era el producto de una crisis de representación en la sociedad tradicional, un fruto de la crisis de hegemonía cultural que se tradujo en la separación de los sectores medios educados del bloque de poder y su proyecto de paz y progreso llamado Frente Nacional, nacido dizque para acabar con la violencia partidista.[2]

Capitalismo tardío y neoliberalismo / Una perspectiva de la actual fase de la onda larga del desarrollo capitalista

Viva la industria ✆ Pawla Kuczynskiego
Michel Husson & Francisco Louça

El concepto de crisis de regulación ha sido discutido desde hace tiempo como parte de una visión de un capitalismo tendente al equilibrio y auto estructurante. Por el contrario, partimos de la concepción propuesta por Dockès y Rosier, es decir, la de un “orden productivo” neoliberal, teniendo en cuenta que el capitalismo redefine periódicamente su modo de funcionamiento para hacer frente a sus contradicciones. De hecho, el capitalismo se basa en un mecanismo social de explotación y acumulación del capital, pero su modo de funcionamiento evoluciona con el tiempo.

Descargar, PDF
Esta visión era el punto de partida de la teoría de Kondratiev de los ciclos largos de la coyuntura, como se le llamó en su época o, más tarde, las ondas largas del desarrollo capitalista. El concepto de “ciclo” sugiere la idea equivocada de automatismo y repetición que es incompatible con la evidencia histórica.

León Trotsky, adversario de Kondratiev, compartió su punto de vista de entender la acumulación económica como un proceso ondulatorio. En un artículo publicado en 1923 escribió: “Observamos en la historia que los ciclos homogéneos están agrupados en series.