9/7/12

Gilles Deleuze / Crítica y Clínica: La escritura como problema

Gilles Deleuze, Crítica y Clínica, Traductor: Thomas Kauf, Anagrama, Barcelona, 2009.

El nombre de Gilles Deleuze aparece con cierta frecuencia en textos reflexivos sobre literatura. En efecto, en el libro Crítica y clínica, Deleuze se ocupa de la escritura como problema: la lengua literaria, su proximidad a una lengua extranjera o al balbuceo, sus aspectos no lingüísticos, que serían las visiones y audiciones que se hacen presentes al escritor a través del delirio. Este delirio creativo estaría en el filo entre el estado clínico y la salud.
         
El primer capítulo, “La literatura y la vida”, explica precisamente la idea de la literatura como salud:
La enfermedad no es proceso, sino detención del proceso […] el escritor como tal no está enfermo, sino que más bien es médico, médico de sí mismo y del mundo. El mundo es el conjunto de síntomas con los que la enfermedad se confunde con el hombre. La literatura se presenta entonces como una iniciativa de salud: no forzosamente el escritor cuenta con una salud de hierro […], pero goza de una irresistible salud pequeñita producto de lo que ha visto y oído de las cosas demasiado grandes para él […]. De lo que ha visto y oído, el escritor regresa con los ojos llorosos y los tímpanos perforados. ¿Qué salud bastaría para liberar la vida allá donde está encarcelada por y en el hombre, por y en los organismos y los géneros? […] La salud como literatura, como escritura, consiste en inventar un pueblo que falta. (pp. 14-15)

Repensar el marxismo en tiempos de crisis generalizada

Néstor Kohan

Al entregarnos estas lúcidos Disparos vermelhos Carlos Morais, intelectual orgánico y entrañable compañero, camarada y amigo, debe haber tenido presente aquel pensamiento con que Lenin cierra su obra El Estado y la Revolución: “es más agradable y más provechoso vivir la «experiencia de la revolución» que escribir acerca de ella”.

Prologar este libro constituye para nosotros un honor, una alegría y un placer. Conocimos a su autor, el compañero Carlos Morais, hace menos de un lustro, cuando nos invitó a unas «Jornadas Independentistas Galegas» impulsadas por la organización comunista Primeira Linha. Hoy puedo confesar que dudé mucho en aceptar la invitación.

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A diferencia de lo que sucede con gran parte de la intelectualidad de nuestro país, el eurocentrismo nos tiene hartos y saturados. Muchos compañeros con los que estudié y quizás la mayor parte del mundillo universitario argentino sueña con ir a Europa, con la mandíbula caída, las manos en la espalda y las pupilas dilatadas, como buenos alumnos sumisos dispuestos a humillarse ante las metrópolis ensoñadas que les quitan el aliento y el pensamiento propio. En esas fantasías que idealizan lo que no se conoce, la izquierda europea —por más moderada, derrotada o institucionalizada que se encuentre— siempre ha jugado el papel de “guía” y de “faro”. París sigue siendo la meca cultural para gran parte de nuestros intelectuales, incluyendo los “rojillos”.

Economía y ecología: Problemas políticos / El marxismo es una síntesis múltiple que todavía se está realizando hoy

Jesús Albarracín

Durante los últimos tiempos, algunos economistas marxistas y algunos ecologistas hemos dado muestras de una enorme incomprensión mutua, a pesar de que todos estábamos comprometidos en la misma lucha emancipadora. Los primeros, hemos asumido algunos valores ecologistas fundamentales, pero hemos tendido a considerar que el cuerpo teórico y político que venía del ecologismo subvaloraba el papel central que desempeña la lucha de clases en el sistema capitalista. A mi modo de ver, los segundos han cometido un error similar pero en la dirección opuesta, al menospreciar la economía marxista, calificada de “tradicional”, por su pretendida incomprensión de los problemas derivados de la crisis ecológica. Como consecuencia, los economistas marxistas hemos tendido al ver demasiada poca ecología y los ecologistas demasiada poca economía. Es hora de tender puentes para comenzar a entendernos.
Una cuestión de método

Comparto totalmente las críticas a la “izquierda tradicional” por no haber comprendido el problema ecológico. Durante la larga fase de expansión del capitalismo tardío, la generalización de las tecnologías sucias, el despilfarro de recursos, el problema de los residuos, etc., eran demasiado evidentes como para que la izquierda los hubiera incorporado a sus análisis teóricos y políticos. Pero no lo hizo, salvo en lo que se refiere a la energía nuclear e, incluso en este tema, las aproximaciones no siempre fueron correctas. Hay que reconocer que la ecología, como problema político, no fue considerado seriamente hasta que los Verdes alemanes demostraron, en la década pasada, su potencialidad electoral y movilizadora. Hoy es evidente que la izquierda transformadora no puede ser otra cosa que “rojiverde”.

Gramsci y la Educación

Foto de Antonio Gramsci proyectada como
fondo en la pantalla del Festival de San Remo
Graciela Hierro

“Es mejor avanzar y morir que detenerse y morir": Gramsci, Pasado y Presente

Nuestro interés en este artículo se ubica en el propósito de destacar algunas ideas educativas del pensamiento de Antonio Gramsci. Específicamente nos concretaremos al análisis de una cuestión que el filósofo italiano estudió a fondo: La formación de los intelectuales, en el proceso de la historia y la praxis política.

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Pensamos que la teoría sobre la formación de los intelectuales y su función social, más como el compromiso político y moral que estos suponen, contribuye en -gran medida- a enriquecer el pensamiento educativo actual en lo que se refiere a la relación entre educación y política. Dado que las ideas gramscianas acerca de la educación se desprenden en gran medida de su concepción de la filosofía, es por ello que también haremos referencia a esta cuestión así como a su concepto de “hegemonía", el cual constituye un eslabón indispensable para un primer acercamiento al pensamiento educativo de Gramsci.