29/6/12

Crisis orgánica y revolución pasiva / Americanismo y corporativismo

Antonio Gramsci  Renzo Galeotto
Donatella Di Benedetto

“[...] la cosa es si el desarrollo deba tener como su punto de partida lo íntimo del mundo industrial y productivo o si pueda producirse desde el exterior, por la construcción cautelosa y masiva de una armadura jurídica formal que guíe desde el exterior los desarrollos necesarios del aparato productivo”: Antonio Gramsci, Cuaderno 22

El interés gramsciano para el americanismo se confirma en los Cuadernos ya desde el programa de trabajo (con el cual inicia con fecha de 8 de febrero de 1929) el primer Cuaderno (1). Esta dirección se confirma claramente en la carta a la cuñada Tatiana Schucht del 25 de marzo de 1929: “Decidí ocuparme principalmente y tomar notas sobre éstos temas: 1º La historia italiana del siglo XIX con especial atención a la formación y desarrollo de los grupos intelectuales; 2º La teoría de la historia y de la historiografía; 3º El americanismo y el fordismo (2).

Un examen rápido del programa de trabajo iniciado el 8 de febrero y de la carta a Tatiana ilustra el hecho que el tema del americanismo primero aparece como parte de un proyecto de la historia de los intelectuales italianos, y sucesivamente, en el programa formulado al principio del Cuaderno 8, el tema del americanismo (3) asume un carácter ulterior que lo convierte, respecto a la reflexión sobre los intelectuales italianos, en el término dialéctico-dialógico de comparación constante y de análisis diferencial, en un intento por asir nexos, analogías y diferencias entre la realidad italiana y la internacional en sus partes más avanzadas mientras la misma noción de intelectual se somete a medida que se escriben las notas a una progresiva extensión de su significado (4).

Karl Marx, Baruch Spinoza y un Cuaderno

Entrevista a Nicolás González Varela sobre la aparición del Cuaderno Spinoza de Karl Marx

Salvador López Arnal

Especial para Gramscimanía
Autor del ensayo ‘Nietzsche contra la democracia’ (Montesinos, 2010), el editor, traductor y periodista cultural Nicolás González Varela ha enseñado Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires, así como traducido a Heidegger y Pessoa, entre otros. Autor de diversos artículos y estudios sobre Arendt, Blanchot, Heidegger, Engels, Graves, Marx, Pound, Spinoza, colabora en distintos medios impresos y digitales de actualidad y cultura.

Después de felicitarte por tu traducción, por tu deslumbrante prólogo, por tus notas, te pregunto por el nombre del autor del libro que has editado: ¿por qué Karl Heinrich Marx y no Karl Marx?

–Si es curioso, pero se trataba de ser fiel a Marx mismo. Incluso desde la rúbrica. El trabajo juvenil sobre el libro más político de Spinoza, por primer vez traducido al español, en su portada original, lleva como autor, escrito de su propia mano, “Karl Heinrich Marx”; simplemente traté de respetar el espíritu original que le había acuñado desde la escritura y quizá disolver el óxido de la marca “Karl Marx”, tan desigualmente conocida, y creo que provoca una productiva sensación al lector (y efectivamente es así) de que se introducirá en un Marx inédito, irreconocible, incómodo, menos familiar, un pensamiento que hay que volver a reencontrar y conocer. Por cierto, y nunca tan actual como hoy.

La democracia como emancipación en Cornelius Castoriadis

Cornelius Castoriadis
Luis Roca Jusmet

Especial para Gramscimanía
“A pesar de que él sabía perfectamente que ésta no podía quedar cerrada, porque la coherencia es de suyo creación, porque él no era el único ser pensante –por mucho que a cada cual le cueste admitir eso- y porque quedan tantas preguntas por responder (una infinidad, precisamente una infinidad). Hay una de ellas en concreto que Castoriadis, con todos nosotros en Socialismo o Barbarie, hemos ignorado, no fuimos los únicos, pues ante ella el pensamiento del siglo, y en última instancia la razón humana misma, vacila o pasa de largo. Me estoy refiriendo, evidentemente, a la cuestión planteada por el hecho concentracionario, la Shoa, los genocidios, es decir el derrumbamiento, bajo los golpes del nihilismo capitalista, de la certidumbre de “questo è un uomo”. Tal vez Castoriadis hubiera debido considerar este espanto ante lo indeterminado del ser, germen de toda la locura del siglo XX, como una de las “significaciones imaginarias” (por emplear su vocabulario) centrales de la sociedad moderna, Por otra parte ¿cómo se entreteje esto con la búsqueda de la autonomía? ¿Sabremos vivir con esta angustia sin volvernos locos? ¿Seremos capaces de darle la vuelta, transformándola en goce de la libertad? Etc. Estos interrogantes –y otros, ciertamente- a los que Castoriadis no respondió dejan su obra no solamente inacabada sino abierta.”: Daniel Blanchard

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Cornelius Castoriadis
Cornelius Castoriadis fue un filósofo comprometido en un proyecto revolucionario de tipo emancipatorio. Tuvo la lucidez de desmarcarse de las concepciones dogmáticas de la izquierda y mantener como esencial del proyecto socialista la autonomía personal y la autogestión colectiva. Cada vez más insistió en que la experiencia democrática griega y europea era la única vía que recogía históricamente este proyecto de manera consecuente. La democracia es, para Castoriadis, la sociedad que se crea a sí misma a partir de la participación activa de los ciudadanos y la deliberación sobre el bien común. Lo que hoy recibe engañosamente este nombre no es más que una oligarquía liberal al servicio de una sociedad capitalista y burocrática.