26/6/12

La oscuridad de las luces / Jean-Jacques Rousseau en el tercer centenario de su nacimiento

Jean-Jacques Rousseau 
 David Levine
Miguel Manzanera Salavert

Especial para Gramscimanía
Celebramos este año el tercer centenario del nacimiento de Jean-Jacques Rousseau, el 28 de junio de 1712.  En estos momentos en los que la patente crisis de la civilización capitalista impulsa a las multitudes a buscar una alternativa al actual orden mundial, vale la pena que recordemos su pensamiento, mentor del republicanismo moderno y enormemente influyente en la tradición revolucionaria de los últimos siglos. Filósofo destacado de la Ilustración del XVIII, Rousseau fue un disidente de la corriente principal de carácter liberal, al defender un modelo social fundado sobre la ciudad soberana, frente al expansionismo imperialista dominante en su época dentro de los Estado europeos.  Idealizando su patria natal, la ciudad de Ginebra, nos la propone como el modelo de sociedad, proyectándola sobre los lugares clásicos de la filosofía política de Platón y Aristóteles,  si bien los depuró del elitismo aristocrático con que interpretaban el mundo.  Rousseau es un plebeyo de los pies a la cabeza, pensador vagabundo e inconformista, cristiano de todas la confesiones, con enormes conocimientos científicos y una profunda reflexión moral sobre la humanidad.


El Contrato Social, su obra más conocida sobre filosofía política, propone la democracia participativa como forma más adecuada de la organización política, como único orden social que permite mantener la libertad personal dentro del compromiso social.  Cada ciudadano participa en la elaboración de las leyes y las decisiones políticas, de tal modo que al obedecer la ley no se obedece más que a sí mismo;  la ley es el resultado del compromiso entre los ciudadanos para vivir en común, fruto del diálogo en la asamblea de hombre libres y soberanos, que ceden su independencia para formar parte del cuerpo social.  De ese modo se constituye la voluntad general, como una realidad colectiva con entidad propia.  Con esa propuesta teórica inspiró el sector más radical de la revolución francesa, el partido jacobino, y recibió el reconocimiento de Robespierre que ordenó trasladar sus restos al Panteón de hombres ilustres.

Crisis & Teoría de la Crisis

Paul Mattick

«Crisis y teoría de la crisis» fue publicado originalmente en 1974. El grueso de la versión aquí presentada ha sido tomado de la edición en castellano de Ediciones Península (Barcelona, 1977, Trad. de Gustau Muñoz), pero ha sido completada de acuerdo con la edición inglesa, que contiene un prefacio y añade a la obra como capítulo adicional la crítica del autor a «El capitalismo tardío» (1972) de Ernest Mandel, fechada asimismo en 1972. La traducción de este último texto se ha tomado de la versión también publicada por Península, incluida en la compilación «Crítica de los neomarxistas» (1977, Trad. de Gustau Muñoz). Todas las traducciones publicadas por Península fueron realizadas a partir de las versiones originales en alemán, Krisen und Krisentheorien y Ernest Mandels «Spätkapitalismus».

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El prefacio que el autor preparó, --y que transcribimos más abajo-- presumiblemente para la edición británica, ha sido traducido a partir de la versión digital, publicada por Class Against Class. Se ha insertado como capítulo final el artículo «Valor y precio en Marx», que está bastante relacionado con los temas tratados. Éste texto fue publicado en Negaciones (Revista Crítica de Teoría, Historia y Economía), N° 6, otoño de 1978 (Trad. de Justo G. Beramendi). 

Paul Mattick
Esta versión contiene diferencias de desarrollo con la disponible en inglés en el Marxists Internet Archive y publicada póstumamente en la compilación «Marxismo y economía burguesa» (1983). Puede suponerse que la aquí reproducida sea una versión anterior, más breve. Se han realizado correcciones mínimas en todos los textos, allí donde se detectaron erratas evidentes. Este libro puede considerarse una de las obras sintéticas fundamentales del comunismo de consejos, al mismo nivel que «De la revolución burguesa a la revolución proletaria», de Otto Rühle (1920), de los «Principios Fundamentales de Producción y Distribución Comunistas» del Grupo de Comunistas Internacionalistas de Holanda (GIKH, 1930) o la más famosa, «Los Consejos Obreros» de Anton Pannekoek (1942-47).

La enseñanza de la catástrofe y la iluminación infantil / Los guiones de Walter Benjamin para la radio alemana: 'Aufklärung für Kinder'

Helena Okón

Desde temprana edad me quedó claro que la historia se compone de desastres consecutivos. Las anécdotas felices son material pobre para la historia de la humanidad. Los cumpleaños y las comidas familiares se olvidan con facilidad; la evidencia de esas interacciones cotidianas, encapsuladas en fotos anodinas, aburre. En cambio, los desastres se quedan fijos en la memoria: las muertes, los suicidios, las largas enfermedades, esas nadie las olvida. Más allá de la catástrofe privada, invaden los desastres públicos a nuestra historia personal: a mi abuela le tocó la Gran Depresión, a mis tíos la Segunda Guerra Mundial, mi madre protestó la Guerra de Vietnam, a mi padre el 68. ¿A nosotros qué nos tocó?

Cuando al desastre público se une la ventaja del testimonio—“yo lo vi”, “mi abuelo lo miró suceder” —entonces el recuerdo se convierte en signo de identidad. La catástrofe marca así, a las generaciones. Yo pertenezco a la generación de la gran crisis económica mexicana. Nací en una de ellas (con cuidado mi madre apuntó en su diario el escalofriante tipo de cambio del día en que nací), y crecí a la par de ellas. Suponiendo que las catástrofes de la época marcan nuestra identidad, resultaría entonces fundamental proporcionar a los miembros de la sociedad, desde niños, una educación sobre la catástrofe.