19/6/12

Peter Sloterdijk & Walter Benjamin / Air Conditioning en el Mundo interior del Capital

Ambiente ✆ Ken Gailer
Adolfo Vásquez Rocca
Universidad Andrés Bello  (Chile) – Universidad Complutense de Madrid 

De los Pasajes a los Invernaderos de la posmodernidad

Si hubiera que ampliar las investigaciones de Walter Benjamin al siglo XX y principios del XXI, sería necesario –según Sloterdijk– además de algunas correcciones en el método– tomar como punto de partida los modelos arquitectónicos del presente: centros comerciales, recintos feriales, grandes estadios olímpicos, edificios corporativos, centros de convenciones y estaciones orbitales tendrían títulos como grandes úteros para masa infantilizadas, Estados Uterotopos, etc. Sin duda alguna, los pasajes encarnaron una sugestiva idea del espacio en los principios del capitalismo. Consumaron la fusión, que tanto había inspirado a Benjamin, entre salón y universo en un espacio interior de carácter público; eran un “templo del capital mercantil”, “voluptuosa calle del comercio”, proyección de los bazares de Oriente en el mundo burgués y símbolo de la metamorfosis de todas las cosas bajo la luz de su venalidad, escenario de una féerie que embruja a los clientes hasta el final de la visita.

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Una feria de vanidades donde el ceremonial social del lujo no sólo exige su vendibilidad, sino que la presupone –del mismo modo como los altos honorarios médicos del psicoanálisis forman parte del proceso de curación del enfermo, en cuanto hace digna de crédito su voluntad–. Sin embargo, el Palacio de Cristal, el de Londres – en 1850, que primero albergó las Exposiciones Universales y luego un centro lúdico consagrado a la “educación del pueblo”, y aún más, el que aparece en un texto de Dostoievski y que hacía de toda la sociedad un “objeto de exposición” ante sí misma, apuntaba mucho más allá que la arquitectura de los pasajes; Benjamin lo cita a menudo, pero lo considera tan sólo como la versión ampliada de un pasaje. Aquí, su admirable capacidad fisonómica lo abandonó. Porque, aun cuando el pasaje contribuyera a glorificar y hacer confortable el capitalismo, el Palacio de Cristal –la estructura arquitectónica más imponente del siglo XIX– apunta ya a un capitalismo integral, en el que se produce nada menos que la total absorción del mundo exterior en un interior planificado en su integridad.

El principio y el príncipe de inmanencia

Alfredo Lucero-Montaño

Especial para Gramscimanía
Esta es la historia de ‘El muñeco de sal’ de Leonardo Boff, que expresa con profunda sencillez las relaciones de mutua inmanencia entre la causa en sí (substancia) y el efecto (modo) que permanece en la causa, esto es, que no puede ser sin ésta:

«Había una vez un muñeco de sal. Después de peregrinar por tierras áridas llegó a descubrir el mar que nunca antes había visto y por eso no conseguía comprenderlo. El muñeco de sal le preguntó: «¿Tú quien eres?» Y el mar le respondió: «Soy el mar». El muñeco de sal volvió preguntar: «¿Pero qué es el mar?» Y el mar contesto: «Soy yo». «No entiendo», dijo el muñeco de sal, «pero me gustaría mucho entenderte. ¿Qué puedo hacer?» El mar simplemente le dijo: «Tócame». Entonces el muñeco de sal, tímidamente, tocó el mar con la punta de los dedos del pie y notó que aquello empezaba a ser comprensible, pero luego se dio cuenta de que habían desaparecido las puntas de los pies. «¡Uy, mar, mira lo que me hiciste!» Y el mar le respondió: «Tú me diste algo de ti y yo te di comprensión. Tienes que darte todo para comprenderme todo». Y el muñeco de sal comenzó a entrar lentamente mar adentro, despacio y solemne, como quien va a hacer la cosa más importante de su vida. A medida que iba entrando, iba también diluyéndose y comprendiendo cada vez más al mar. El muñeco de sal seguía preguntando: «Qué es el mar?». Hasta que una ola lo cubrió por entero. En el último momento, antes de diluirse en el mar, todavía pudo decir: «Soy yo».

Jürgen Habermas y los dilemas de Europa y la democracia

Foto: Jürgen Habermas
En el blog de la Editorial Trotta se pueden leer las reflexiones de Jürgen Habermas sobre la crisis política de la Unión Europea y los dilemas de la democracia actual, entre ellos el de más o menos Europa. Coinciden estos comentarios con la publicación de su obra La constitución de Europa, Trotta, 2012.



Miguel Ángel Presno Linera

Entre otras cosas, dice Habermas que los gestores políticos ocupan una posición especial en el sistema político, aparte de las posiciones de otros actores diversos. Pero solo en contadas ocasiones pueden actuar en el papel diferente y más inclusivo de exponentes del sistema político como un todo, por ejemplo, cuando buscan extender el alcance del poder político dentro de la sociedad más amplia. Un caso relevante son los fallidos intentos por regular los mercados globales financieros con el fin de volver a poner bajo control las operaciones destructivas del sistema bancario (por ejemplo, la introducción de un impuesto europeo sobre las transacciones financieras). El mayor obstáculo para tales intentos es la fragmentación política, esto es, la competición entre los Estados nacionales. Los Estados, que guardan celosamente sus prerrogativas, se resisten a construir nuevas competencias supranacionales para la acción política a costa de una transferencia de derechos soberanos.