18/6/12

El pensamiento económico marxista

Diego Guerrero Jiménez

El artículo pasa revista a diferentes significados del pensamiento económico neomarxista. El significado principal es la corriente de pensamiento marxista ligada a las ideas de capitalismo monopolista, subdesarrollo e intercambio desigual, especialmente desde mediados del Siglo XX y tomando como punto de partida las elaboraciones de Paul Baran y Paul Sweezy. Pero hay otros significados del neomarxismo económico: dejando de lado una interpretación puramente cronológica, el marxismo keynesiano es el principal candidato, aunque sin olvidar otras formas blandas de marxismo como el regulacionismo, el pensamiento radical, el sraffismo y el marxismo analítico.

1. Introducción

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La idea de pensamiento «neomarxista» implica siempre una novedad respecto de algún «marxismo» anterior que sirve de referente. En el pensamiento económico el neomarxismo significa, antes que nada, un conjunto de aportaciones centradas en las tesis del capitalismo monopolista, el subdesarrollo y el intercambio desigual. Las figuras centrales son muchas, pero el núcleo del neomarxismo se asocia mayoritariamente con las figuras de Baran y Sweezy (apartados 3 y 4). Hay un pensamiento económico neomarxista en sentido más amplio: mencionaremos la concepción que tiene Schumpeter del neomarxismo, la idea del marxismo «keynesiano» (y kaleckiano), y las de varias corrientes que intentan compatibilizar las ideas marxistas con las procedentes de otras escuelas; más allá del marxismo keynesiano: las corrientes regulacionista, radical, sraffiana y el marxismo analítico (apartado 2).

Revista de Economía, N° 865, marzo-abril 2012, Pp. 31-42

El sujeto de la Historia

Carlos Pereyra

Al plantear la cuestión del sujeto de la historia, es necesario intentar una mayor precisión acerca de lo interrogado, pues la significación del término “sujeto” es cualquier cosa menos comprensible de suyo. Aun sin considerar los diversos significados de esta noción cuando se trata del sujeto lógico o epistemológico, sigue siendo ambiguo y confuso lo que pueda entenderse por “sujeto”. Etimológicamente significa “lo puesto debajo” o “lo que se encuentra en la base”: de ahí un sentido semejante al del término “sustancia”. A este sentido etimológico responde las más de las veces el significado ontológico del vocablo “sujeto”, conforme con el; cual el sujeto es el ente que está en la base sosteniendo o sustentando una determinada realidad. De acuerdo con el sentido mencionado, pues, el término “sujeto” indica la relación de un ente con una realidad sostenida por él o, lo que es igual, con una realidad en alguna manera dependiente del sujeto sustentante.

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El término adquiere un sentido derivado del anterior cuando se define al sujeto por oposición al objeto: significa entonces una entidad autónoma cuya actividad permite el establecimiento de relaciones, a diferencia del simple “objejto” o entidad pasiva de tales relaciones. Se puede extremar esta significación haciendo del sujeto el polo activo y constituyente enfrentado al objeto concebido como polo pasivo y constituido. Al plantear, pues, la cuestión del sujeto de la historia se estaría interrogando bien por el ente que está en la base sustentando el proceso histórico o bien por el ente constituyente de tal proceso. La primera pregunta remite a una problemática metafísica ya que exige como respuesta el señalamiento de un ente que, estando “más allá” o “debajo” pero, en definitiva, fuera de la historia, sea, sin embargo, la base sustentante de la misma. La segunda pregunta, en cambio, tiene una apariencia de mayor legitimidad, por cuanto interroga por una subjetividad libre, un centro de iniciativas, autor responsable de sus actos, es decir, interroga por el ente de cuya actividad el proceso histórico sería el resultado. Entendida así, la pregunta por el sujeto de la historia sería equivalente a la pregunta acerca de quién hace la historia.

Pereyra, Carlos. “El sujeto de la historia” en Dialéctica, año 1, no. 1, Universidad Autónoma de Puebla, 1976, pp. 71-91.

Adolfo Sánchez Vázquez y Bolívar Echeverría

Michael Löwy

El Fondo de Cultura Económica pondrá a circular en breve el libro Marxismo crítico en México: Adolfo Sánchez Vázquez y Bolívar Echeverría, en el que el autor, el filósofo alemán Stefan Gandler, reivindica las aportaciones que esos dos pensadores mexicanos han hecho a la filosofía mundial, con un punto de vista contrario al eurocentrismo imperante en los estudios filosóficos. Como una primicia para los lectores de La Jornada, ofrecemos las primeras páginas de este libro a manera de adelanto. Se trata del prólogo que escribió Michael Lowy y que a su vez, también a contracorriente de los usos y costumbres del ámbito académico, no sólo ubica, reseña, alumbra hacia el contenido del libro, sino que infunde un saludable espíritu crítico al mismo

Este hermoso libro nos habla de la contribución latinoamericana -en este caso, mexicana- a la renovación del marxismo crítico.

Stefan Gandler logró no sólo exponer, de manera profunda y coherente -¡pero no acrítica!-, el pensamiento de Adolfo Sánchez Vázquez y Bolívar Echeverría, su biografía, la evolución de sus ideas, la bibliografía completa de sus obras, sus convergencias y divergencias, sino también aportó la demostración de que la ruptura con el eurocentrismo es una condición indispensable para una verdadera universalización de la teoría crítica.

Jean Soler / El hombre que declaró la guerra a los monoteístas

En "Qui est Dieu?"(¿Quién es Dios?), Jean Soler, filósofo y estudioso ignorado, ataca a las tres religiones monoteístas. Un libro removedor que provocara grandes debates.

Michel Onfray

La Francia es rica en la escuela bíblica exegética de cuatro siglos de antigüedad: desde Richard Simon, su inventor, un contemporáneo de Bossuet, hasta Jean Soler, un estudioso que pronto será octogenario al cual nuestra época escandalosamente le dio la espalda, pasando por el cura Meslier, el barón de Holbach, el anarquista Proudhon, el laico Charles Guignebert, Paul-Louis Couchoud o Prosper Alfaric, que niega la existencia histórica de Jesús, hay un escuela francés remarcable de lectura de textos llamados sagrados como textos históricos, por supuesto que lo son. El silencio que acompaña a esta línea de fuerza científica se explica en un mundo inmerso en el judeo-cristianismo.

 ¿Quién es Juan Soler? Un estudios diplomático, un hombre que pasó su vida leyendo, traduciendo, analizando y espulgando minuciosamente en sus lenguas originales los textos fundadores del monoteísmo. Diplomático, que tenía ocho años en Israel, donde fue asesor cultural y científica en la embajada de Francia. También trabajó en Argelia, en Polonia, en Irán y Bélgica. Desde 1993, este defensor de las lenguas regionales vive en Países Catalanes y trabaja en una pequeña oficina-biblioteca luminosa como una célula monacal, entre mar y montaña, Francia y España. El hombre no se explaya, él va a lo esencial. Su obra densa concentra el resultado de años de trabajo solitario y de investigación, lejos del ruido y la furia. Ahí están los frutos de sus estudios se encuentran condensados en Aux origenes du Dieu unique (a los orígenes del Dios único), un ensayo en tres volúmenes: L'invention du monothéisme(La invención del monoteísmo (2002)), La loi de Moïse (La Ley de Moisés(2003)) y Vie et mort dans la Bible (Vida y Muerte en la Biblia (2004)).En 2009 añadió una nueva obra llamado La violence monothéiste (la violencia monoteísta).