15/6/12

Antonio Gramsci viaja a Grecia

Decía Antonio Gramsci, una de las figuras más importantes del pensamiento comunista que las crisis son esos momentos en los que lo viejo no acaba de morir, lo nuevo no acaba de nacer, y lo que vemos entre los dos procesos son los monstruos.

En Grecia, las viejas estructuras políticas, representadas por los partidos de siempre, y por las familias de siempre, las prebendas y clientelismos con la clase dominante, las estafas millonarias a la Hacienda Pública de estamentos como los grandes empresarios armadores navales o la iglesia ortodoxa, la austeridad asesina dictada desde las grandes capitales financieras de Europa: Bruselas y Frankfurt, se resiste a morir, utiliza los elementos de represión del Estado y las estrategias de difamación que le proporcionan los medios que manejan con ese mismo clientelismo.

Eso 'viejo' que no termina de morir está creando monstruos en la sociedad griega, hambre como nunca se había visto desde la II Guerra Mundial, exclusión social, suicidios de personas desclasadas y desesperadas, exacerbación del nacionalismo a través del racismo, la xenofobia y el fascismo, registrando incluso nostalgias de barbaries pasadas como el régimen nazi.

1956 / Cuestión Nacional y Guerra Fría

Bandera de Hungría, 1956
Domenico Losurdo

¿Las nuevas reglas internacionales que han venido apareciendo a raíz de la derrota israelí de 2006 en Líbano y del fracaso de la OTAN en Siria en 2012 serán quizás similares a las que prevalecieron en tiempos de la guerra fría? En aquel entonces, el mundo se dividía en zonas de influencia. Cada bando estimulaba la rebelión en casa del vecino, aunque lo hacía obstaculizando a la vez victoria de los sublevados a los que respaldaba. Las aspiraciones nacionales se veían sometidas al predominio de la arquitectura internacional. En un artículo del filósofo italiano Domenico Losurdo describía, hace ya varios años, el funcionamiento histórico que pudiera aplicarse hoy en día a los dos nuevos bloques: OTAN vs. OCS. Este es ese artículo.

1. Una, dos, tres doctrinas Monroe

Mientras el Ejército Rojo destruía al ejército hitleriano y la invasión germana en Europa del este se desmoronaba, Stalin hacía la siguiente observación:
«Esta guerra es diferente a todas las anteriores; quien ocupa un territorio impone en él su propio sistema social. Cada cual impone su sistema social, hasta donde logra llegar su ejército: no podría ser de otra forma.» [1]

¿Hay que pagar la deuda?

El juego de la vida    Ben Heine
Esther Vivas

[Català]
La deuda es hoy una cuestión central en la agenda social y política. En su nombre se llevan a cabo privatizaciones, recortes, ajustes y, en definitiva, se transfiere el coste de la crisis a la mayor parte de la población. Pero, ¿a quién beneficia la deuda? ¿Quién la contrajo? ¿A qué ha servido? ¿Quién debe pagarla? A estas preguntas buscan respuesta aquellos que en el seno del movimiento indignado plantean una auditoría ciudadana de la misma.

En la década de los años 80, 90, 2000, vimos el impacto de la deuda externa en los pueblos del Sur, mediante la aplicación sistemática de programas de ajuste estructural y de recortes sociales, que se decían necesarios para hacer frente a su pago. Desde el 2010, con el estallido de la crisis de la deuda soberana, ésta se ha convertido en un tema clave en los países de la Unión Europea, y en especial en los de su periferia donde se condensan las contradicciones de la crisis contemporánea.

La deuda externa ha sido un instrumento de control y dominación de las élites políticas y económicas del Norte respecto al Sur, y un potente mecanismo de transferencia de recursos financieros en sentido inverso. Ahora, la misma lógica centro-periferia de sometimiento vuelve a darse aunque, en este caso, en el seno de Europa y se repite el mantra de que es necesario pagar la deuda y de que para hacerlo es imprescindible aplicar dichas medidas de ajuste.