10/6/12

La primavera encara el invierno

Mike Davis

En las grandes convulsiones, las analogías vuelan como metralla. Las electrizantes protestas de 2011 –la aún activa primavera árabe, el «cálido» verano ibérico y heleno, el «ocupado» otoño en Estados Unidos– han sido comparadas inevitablemente con los anni mirabiles de 1848, 1905, 1968 y 1989. Ciertamente, algunas cosas fundamentales siguen siendo aplicables y los patrones clásicos se repiten. Los tiranos tiemblan, las cadenas se rompen y los palacios son asaltados. Las calles se convierten en laboratorios mágicos en los que se crean ciudadanos y camaradas, y las ideas radicales adquieren un repentino poder telúrico. Iskra se convierte en Facebook. ¿Más persistirá este nuevo cometa de protesta en el cielo invernal, o es solo una breve y deslumbrante lluvia de meteoritos? Como nos advierte el destino de anteriores journées révolutionnaires, la primavera es la más corta de las estaciones, en especial cuando los communards luchan en nombre de un «mundo diferente» del que no tienen un verdadero proyecto, ni siquiera una imagen idealizada.

Pero quizá eso venga después. Por el momento, la supervivencia de los nuevos movimientos sociales –los ocupas, los indignados, los pequeños partidos anticapitalistas en Europa y la nueva izquierda árabe– exige que hundan sus raíces en la resistencia masiva a la catástrofe económica planetaria, lo que a su vez presupone –seamos sinceros– que el actual talante de «horizontalidad» pueda finalmente acomodar suficiente «verticalidad» como para debatir y aplicar estrategias de organización. Hay un camino aterradoramente largo solamente para llegar a los puntos de partida de anteriores intentos de construir un mundo nuevo. Pero al menos una nueva generación ha iniciado con valentía el camino.

Reflexiones amistosas sobre la crisis actual / Texto pedagógico

Antonio Negri

1. 
Texto en italiano
Los hombres por los cuales siento cierta simpatía se han batido, en Europa, en el siglo XX, en torno a tres objetivos: por el socialismo contra el fascismo; por una Europa unida contra el estado-nación; por la paz contra la guerra. Los dos primeros objetivos parecen estar fuertemente ensombrecidos en la crisis actual, y las luchas que se desarrollan en torno a ellos tienen un resultado incierto –y los resultados de las desarrolladas, olvidados o en crisis. Todavía hay paz, ¡pero tan insegura!
2. 
El socialismo se afirmó en Rusia en 1917. Su victoria local y su expansión ideológica originaron el cerco de la URSS por parte de las potencias occidentales y provocaron, primero, los fascismos (en Italia, en Alemania, en España, etc… ) y después la guerra fría, para mantener su aislamiento. Ni siquiera la gran crisis del 29 consiguió debilitar esta política de las elites capitalistas y liberales. Más bien aceptaron el keynesismo como una política de contención “reformista” de las luchas y de la expansión política del socialismo. Ya a finales de los años 30, y de nuevo tras los 70, cada vez que el “reformismo” se afirmaba y alcanzaba objetivos importantes, las elites capitalistas repitían experimentos reaccionarios, optando unas veces por la represión, otras por la guerra (ya sea caliente o fría). Tras la segunda guerra mundial los gobiernos, obligados a abandonar los imperios coloniales y a transferir la soberanía imperial a los Estados, combinan de forma diversa sus políticas internas, bien en sentido reaccionario o reformista: el fin es siempre el de ganar la guerra fría. Su odio antisocialista estaba por encima de cualquier otro objetivo. Como la Iglesia del tardo Renacimiento contra las revueltas campesinas y anabaptistas, así actuaban los Estados capitalistas contra los trabajadores y el socialismo – cediendo al mismo tiempo su poder al impero americano.

Sobre los orígenes de la crisis financiera

Rolando Astarita

Una de las explicaciones más extendidas de la crisis que estalló en 2007 dice que se debió a la sobreespeculación en el mercado del crédito inmobiliario. El argumento se basa en un fenómeno real: la crisis estuvo precedida por un boom hipotecario que colapsó y arrastró al resto de la economía a la recesión. Por esto, muchos sostienen que la crisis se debió a la codicia de los banqueros y a la falta de regulaciones estatales. Es la interpretación que encontramos en Krugman, Stiglitz, en el New York Times, y en una gama amplia de autores del progresismo keynesiano, o la izquierda. Pero si bien es indudable que el crédito y la especulación inmobiliaria fueron factores que llevaron a la crisis, es necesario conectarlos con dificultades y contradicciones que anidan en la acumulación capitalista. El objetivo de esta nota, por lo tanto, es pasar revista a las características centrales del boom, precisar las condiciones, arraigadas en la acumulación del capital, que lo posibilitaron, y el significado del crecimiento del capital ficticio vinculado a la especulación inmobiliaria. A los efectos de hacer accesible la lectura a la gente no especializada, a lo largo del texto introduzco breves explicaciones de algunos de los instrumentos financieros más utilizados.