5/5/12

Ludwig Wittgenstein / Datos sobre El Tractatus logico-philosophicus

Ludwig Wittgenstein 
@ David Levine
“... de lo que no se puede hablar, hay que callar la boca”. Wittgenstein [1]

Uno de los filósofos más importantes del siglo XX es sin duda Ludwig Wittgenstein (1889-1951), prueba de ello es su obra el Tractatus logico-philosophicus que escribió durante su estancia como prisionero durante la primera Guerra Mundial y que se publicó en 1921.

El propósito de esta obra es establecer límites al lenguaje[2], es decir que para Wittgenstein existen límites en las expresiones del pensamiento, o sea en las palabras, porque no todo puede ser expresado a través de ellas. En palabras del propio Wittgenstein: “lo que en cualquier caso puede decirse, puede decirse claramente; y de lo que no se puede hablar, hay que callar la boca”.[3]

Para Wittgenstein “el mundo es el caso y el caso es la totalidad de los hechos y no de las cosas” (1)[4]. Un hecho se compone de “estados de cosas”, el cual es una combinación o conexión de objetos entre sí. La diferencia entre un hecho y un estado de cosas es que un hecho tiene como constituyentes estados de cosas, que a su vez están compuestos de objetos; mientras un estado de cosas no puede descomponerse en otros estados de cosas, sino sólo en objetos o cosas.[5] Por lo tanto, “lo que es el caso, un hecho, es la existencia de estados de cosas” (2).[6]

Arthur Rosenberg / Historiador del socialismo y la democracia real

Foto: Arthur Rosenberg
Andreu Espasa

A finales de los años treinta, Nueva York era la capital emblemática del izquierdismo estadounidense. Era la época del Frente Popular, que en los Estados Unidos se concretaba en un amplio movimiento social que daba un apoyo crítico al presidente Roosevelt y donde el Partido Comunista de los Estados Unidos jugaba un papel central. Sus principales luchas eran la erradicación de la discriminación racista, la extensión de los derechos sindicales y la solidaridad internacionalista con China y, sobre todo, con la España republicana. El grueso de la izquierda frentepopulista eran sindicalistas, pero entre sus filas también se contaban numerosos artistas e intelectuales, muchos de los cuales eran refugiados de la Alemania nazi. Arthur Rosenberg, historiador de la democracia y el socialismo, era una las cabezas más privilegiadas de aquella generación.

La etapa norteamericana de Arthur Rosenberg es el último episodio de una biografía política y académica muy accidentada. Nació en Berlín en 1889, en el seno de una familia de clase media judía. Al estallar la Primera Guerra Mundial, Rosenberg era un joven de ideología nacionalista alemana que trabajaba como profesor de historia antigua. Se alistó como voluntario al ejército imperial en 1915 y sirvió la mayor parte del tiempo en su Departamento de Prensa de Guerra. Para Rosenberg, la catástrofe de la guerra significó una profunda decepción con el sistema político imperial.

Desde la crisis de la plusvalía a la crisis del euro

Por cuanto los acontecimientos que generan este análisis se suceden en una rápida secuencia, éste artículo será actualizado con cierta frecuencia.

Guglielmo Carchedi

Una de las características de la crisis financiera estallada en 2007 – y todavía n solucionada – es su relación con la crisis del Euro. En síntesis, la tesis de este artículo es que la crisis del Euro es la manifestación en la zona euro de la crisis de los derivados. Esta, a su vez, encuentra su raíz en la caída secular de la tasa media de beneficio en los sectores productivos de los EE.UU. 
Leer o descargar, PDF

Esta tesis ha sido desarrollada en Detrás y mas allá de la Crisis1. Este artículo sigue la misma línea de investigación. Con este objetivo, será necesario reproducir algunas argumentaciones presentadas ya en Detrás y mas allá de la Crisis, pero solo las estrictamente necesarias y en una versión recortada. Para empezar, consideramos los sectores que producen bienes materiales en los EE UU que por aproximación pueden ser considerados como representantes de todos los sectores productivos.

España / Tahúres con conexiones Reales

Salvador López Arnal

Especial para Gramscimanía
Vale la pena recordar, por su rigor, belleza y enorme actualidad, las ácidas y agudas críticas de Karl Marx a la aristocracia financiera que dominaba la Monarquía de Julio de Luis Felipe I de Francia, el Rey que gobernó el país vecino entre 1830 y 1848 (Tomo la cita del excelente –e imprescindible- libro de Josep Maria Antentas y Esther Vivas sobre la indignación planetaria [1]): “[…] Mientras la aristocracia financiera hacía las leyes, regentaba la administración del Estado, disponía de todos los poderes públicos organizados y dominaba a la opinión pública mediante la situación de hecho y mediante la prensa, se repetía en todas las esferas […] el mismo fraude descarado, el mismo afán por enriquecerse, no mediante la producción, sino mediante el escamoteo de la riqueza ajena ya creada. Y señaladamente en las cumbres de la sociedad burguesa se propagó el desenfreno por la satisfacción de los apetitos más malsanos y desordenados, que a cada paso chocaban con las mismas leyes de la burguesía […] La aristocracia financiera, lo mismo en sus métodos de adquisición, que en sus placeres, no es más que el renacimiento del lumpenproletariado en las cumbres de la sociedad burguesa” (El revolucionario de Tréveris debió añadir una breve nota del tipo: “con perdón para el lumpenproletariado”. Pero se olvidó, eran otros tiempos y eran otras las urgencias).

Zygmunt Bauman / La sociedad sitiada

Si la modernidad líquida es el paradigma en el que se desenvuelve el mundo de hoy, la sociedad sitiada es el personaje principal de los tiempos líquidos, fluidos, amorfos, que el escritor polaco Zygmunt Bauman ha sabido describir tan bien. Tanto que el término se ha introducido en el uso común académico, es parte de la jerga de la política y la globalización: todos saben a qué se refiere aunque no estén muy seguros de quién lo acuñó.

Y si la liquidez de la modernidad consiste en la desarticulación de patrones de conducta, en la difuminación de algo llamado el “interés común”, en la ruptura del Estado-nación en favor del mercado, el sitio de la sociedad radica en un marco de racionalidad muy poco racional que privilegia la volatilidad, la fugacidad, la inmediatez sin previsiones. La llamada sociedad moderna se ha autoimpuesto barreras conocidas como mercado, razón y, por paradójico que parezca, globalización.

En su libro Bauman reclama a esta sociedad el olvido de sus tradiciones y seguir el juego del mercado en el que para vender debe evitar a toda costa los hábitos arraigados: su secreto a voces es la creación perpetua de nuevas necesidades. Si uno está satisfecho con lo que es y tiene, entonces se equivocó de mundo o simplemente tiene un pensamiento “irracional”, en suma, está loco.

¿Quién controla la economía mundial? / El poder de las transnacionales

Alberto Garzón Espinosa

Especial para Gramscimanía
La pregunta es ambiciosa, desde luego. Algunos dirán que son los Estados-Nación más poderosos militarmente, como Estados Unidos. Otros dirán que son las personas más ricas y poderosas las que, conspirando, deciden en lugares poco transparentes cómo gestionar el mundo. Sin duda también habrá quienes crean que son las voluntades individuales las que conforman, a través del mercado, el destino de nuestra economía mundial. Incluso, en una derivación de esta última opción, puede pensarse que son precisamente las empresas transnacionales las garantes del futuro político y económico de nuestro mundo. En todo caso, probablemente todas tengan algo -aunque sea poco- de razón, si bien para intentar responder tamaña cuestión no pueden servir análisis simples o prejuicios sin confirmar empíricamente.